La Catedral de las Sílfides

Ven a oír las historias del viento

La Palabra Perfecta – Mikhail

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Éste es el primer capítulo de mi libro “La Palabra Perfecta”, que nos revela los pensamientos y cavilaciones de aquellos seres encargados de buscar las almas de los fallecidos. Quien se presenta en esta situación es Mikhail, el más joven y enérgico de todos los servidores del Rey de los Muertos y la Muerte (ese es el título completo, es una sola entidad).

Además, está disponible también el capítulo de Kiel. Si lo quieres leer, click aquí.

El libro, en caso de que te atrape, lo puedes comprar haciendo click aquí o, si eres de mi ciudad, Neuquén (Argentina), contáctate directamente conmigo. Si eres de cualquier otra provincia o incluso otro país, puedes pedirlo a la editorial en el link que dejé y te lo enviarán sin ningún problemas.

¡Feliz lectura!

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LPP - Interior 002

La vida no es frágil. La vida es pura eternidad, y lo que se entiende por muerte desde la vida, es un despertar a la realidad para nosotros. Desde este lado, la vida es un sueño muy vívido y fuertemente absurdo al que el amanecer le debe llegar.

Admiro la intensidad con la que algunos pasan por ese largo sueño.

La vida no es frágil, pero las esperanzas se desarman en instantes y los corazones se rompen por unas cuantas palabras dichas con el tono incorrecto. La historia convulsiona bajo las acusaciones de unos cuantos ofendidos y el futuro se tambalea cada vez que alguien duda de sí mismo.

La respiración de mi alma asignada se irregulariza. Está entrando en shock. El polvo levantado por la caída del edificio no ayuda. Reviso rápidamente su cuerpo: no tiene más que unos cuantos cortes y golpes sin importancia, podría salir caminando si no fuera por la cantidad de escombros que hay sobre ella.

Reviso el registro y lo dejo a un lado. Por ahora no tengo más que hacer que esperar.

Podría ser llamado desalmado por esto, pero me gusta mucho mi trabajo. Me gusta ver a las almas partir a mi lado quejándose de que aún tenían mucho por hacer. Me gusta porque los accidentes no avisan; llegan y cortan el hilo de plata que te une a tu cuerpo y no hay nada que hacer.

Planes frustrados y finales abruptos. Llantos, lamentos, quejas, berrinches… Solían molestarme, me enfurecían hasta hacerme rechinar los dientes; pero la hipocresía eventualmente se volvió un absurdo, una comedia. Las almas se quejan de tantas cosas que no llegaron a hacer como si yo no supiera que pasaron todas sus vidas temerosos de tomar una decisión y hacer algo que valiera la pena; como si yo no supiera que pasaron sus días resguardados del peligro del que la cobardía finalmente no los protegió.

Hay almas que se accidentan haciendo algo grandioso, que se matan intentando superarse a sí mismas, esas almas me gustan. Vienen conmigo lamentándose un poco, pero finalmente se alegran de haberlo intentado. Comentamos sus hazañas y las admiro, genuinamente las admiro. Se regodean por ello y reímos todo el camino, discutiendo los planes para su futuro. Hay algunas con ideas tan descabelladas que se me saltan las lágrimas de la risa. He hecho buenos amigos gracias a este trabajo, he ganado mucho codeándome con seres tan valientes y he aprendido aún más cuando mi guadaña rasgó la vestidura de cobardía de aquellos que no se animaron a tanto.

Mi alma asignada se agita y tose. Lentamente ha ido entendiendo qué ocurrió. No me ve ni me escucha, pero aún así la saludo; es una costumbre que me gusta, así que no me esfuerzo en dejarla. Soy hablador y disfruto oír mi voz.

Locura dijo el Rey.

Locura es morir por no querer ponerte un cinturón de seguridad o por no usar un casco porque te despeina. Matarte al vencer tus miedos y saltar en paracaídas es una proeza, algo digno de aplauso. Y sí aplaudo, hasta que me duelen las manos.

Mi alma asignada grita pidiendo ayuda. Le aconsejo no hacerlo, se agotará demasiado deprisa. Muy en el fondo lo entiende y se calla. Agarra una piedra suelta y empieza a golpearla contra un tubo de metal cercano. Pronto se cansa. Comienza a llorar.

La vida no es frágil, aunque puede que no tengamos el mismo concepto de “vida”.

Le hablo para que no sea el aburrimiento quien la mate. Sé que no me escucha. Solo hablo para mí mismo. Me callo.

Llega la noche y un día que trae otra noche más. Los ruidos de los humanos estando  tan cerca la desesperan. Un guardián familiar con forma de perro está echado junto a ella. Aúlla de vez en cuando, tal vez buscando alertar a los espíritus que cuidan a la gente que está cerca para que ellos les avisen. Los humanos no están tan atentos a las señales sutiles; es decir, la mayoría a duras penas está atenta a cosas como el tráfico. Si lo habré visto…

Tercer día. El perro se fue al oír las voces de la familia, seguramente para advertirles. Ya están buscando a mi alma asignada, saben que les falta. Pero está débil, su consciencia va y viene. Su ángel guardián vino cuando ella lo llamó pero se volvió a ir, siguiéndola hasta el otro lado. Está ahí donde está su alma, pero yo no puedo alejarme del cuerpo, no aún.

Sé qué está pasando: duda. Su alma puede mantenerse determinada a continuar, pero si el ego que la ata al sueño terrenal no coopera, no durará mucho más. El juicio continúa. Debates, debates, debates. Me alegro de no tener que participar en todo eso. Su ser se mueve entre este y el otro plano sin decidirse a rendirse pero sin la fuerza suficiente para resolver quedarse.

Tantos planes, tantas ideas… Tiene mucho inconcluso aún, quizá hasta lograría superar los miedos y ataduras que esta experiencia genere aún en esta vida y verse libre de fobias que no tendrían sentido alguno para su próxima encarnación.

Sí, sabe que lograría grandes cosas con la motivación suficiente; y qué mejor motivación que rozar mi presencia y saber lo cerca que estuve de tomar su alma entre mis dedos y cortar el hilo con un movimiento limpio. Solo necesita decidirse, necesita reconocer esa fuerza innata y soltar el temor a la muerte que le da poder a su ego; solo así su alma estará libre para asumir que aún tiene mucho por hacer, que esta experiencia no es más que un episodio que pasar para descubrir aquello que es importante y poder aportar al mundo tanto como se propuso antes de nacer.

Su alma se acerca una vez más. No se ha rendido. Me saluda y le sonrío. Regresa a su cuerpo pero el hilo de plata está débil. Sujeto su mano y rezo una plegaria para que su determinación por vivir no sucumba al dolor y el miedo, ni a la angustia o las dudas.

Sus ojos se abren y pierden luz. Su cuerpo se muere. Un perro a la distancia aúlla, una madre llora, una flor se marchita.

Salto sobre ella y la cubro con mi capa. Dejo que mi oscuridad sobrepase la que la rodea y termine de borrar la dura realidad a la que se está enfrentando. Le beso la frente y respiro. Respiro. Respiro.

El aire lentamente me llena de vida y yo la soplo en el rostro de mi alma asignada. Dejo mi frente sobre la suya y rezo una vez más. Mi voz es fe, mi presencia es vida, mi blanco uniforme es la luz al final del túnel. Yo soy el faro en la noche sin luna.

Siento la presencia de sus guías y familiares de alma dándole un último abrazo y bendición antes de empujarla de regreso a este plano.

Un rescatista golpea una roca y grita algo a alguien. El ruido termina de conectarla con la vida y hacerla recuperar la consciencia. Tose, respira, suspira. Mi trabajo ha terminado.

Toco su mano, intensificando la presencia de la roca para que recuerde que la tiene, y me apuro en salir a la superficie. Me acerco a un rescatista y le digo que hay una mujer bajo los escombros, muy cerca de donde está. Él detiene su mente y me escucha como a su instinto. Pide a sus compañeros que detengan las ruidosas actividades que hacen y un golpe metálico rompe el silencio.

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