La Catedral de las Sílfides

Ven a oír las historias del viento


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¡Hijo, Hagrid te va matar!

Tomé los platos, aquellos caros para ocasiones especiales, y les di su lugar en la mesa. Éramos dos, pero, luego de no vernos por tanto tiempo, valía la pena celebrar. Mi madre se sorprendió al salir al comedor y ver mi elección de vajilla, pero la aprobó con un cabeceo convencido.

Y ni bien la delicadeza de los platos fue tapada con la comida casera con la que soñé todo el año, inició la conversación.

-¿Qué ocurrió de divertido en la escuela, Lyosha?

-Hubo… -No. Mencionar que había habido dementores rondando los alrededores daría problemas-. Hubo algunas clases interesantes –improvisé-. En clase de Cuidado de Criaturas Mágicas vimos un hipogrifo.

-¿Qué es eso? –preguntó con curiosa ingenuidad. Ella no había crecido en el mundo mágico, pero siempre se esforzaba mucho en entenderlo para que no me sintiera tan lejano a la magia aquellos meses de verano.

-Es un animal con el cuerpo de un caballo y la cabeza y las garras de un águila.

-¿De un águila?

-Sí, la cabeza y las patas de adelante. Y tiene alas.

-¿Y no son peligrosos?

-No. Bueno… -oiría lo de Malfoy de un modo u otro-, un chico de Slytherin salió herido, pero fue porque se acercó sin cuidado.

-¿Y está bien? ¿Lo lastimó mucho? –preguntó como si acaso fuese hijo suyo.

-No, no fue mucho –sonreí-. Le arañó un poco un brazo apenas; Malfoy es un exagerado. Los de Slytherin odian a Hagrid y quieren perjudicarlo con cualquier tontería.

-¿Cómo tontería? –Golpeó la mesa con la mano abierta-. ¡Un chico salió herido por un… un… ave de rapiña de tamaño industrial! –Me reí-. ¡Estoy hablando en serio, Alexei! ¿Tienes idea de lo que me pasaría a mí si llevo a clase un animal y acaba lastimando a uno de mis alumnos? ¡Y aunque no le hiciera ningún daño me metería en problemas por el sólo hecho de haber perdido el control sobre él!

-Lo sé, lo sé. El padre de Malfoy mandó a sacrificar al animal.

-Oh… ¿lo sacrificaron, entonces?

-No, se escapó. Dicen que se soltó la cadena, seguramente porque jalaba. Son animales muy fuertes.

-¿Cómo es que un animal así es legal de llevar a una escuela?

-Bueno, a Hagrid le gustan mucho los animales peligrosos… ¡pero sabe controlarlos! –me apuré a agregar.

-No lo suficientemente bien si atacó a un alumno.

-Malfoy en serio estaba buscando problemas.

-¿Quién es este Hagrid? Me suena su nombre.

-Es el guardabosque, da clases a partir de tercer año.

-¿El guardabosque? –Alguna idea peligrosa pareció conectarse en su mente-. ¿No es este hombre del que me contaste el año pasado? El que fue expulsado de Hogwarts porque una de sus mascotas mató a una alumna.

-Eh… -Demonios-. Sí, él.

-¡¿Y él es ahora quien enseña sobre criaturas mágicas?! ¡Pero… fue expulsado! ¿Cómo es que está habilitado para dar clases?

-Dumbledore confía en él.

-¿Y el ministerio no tiene reglas, leyes? ¿No debes presentar un título de docente para ser habilitado a trabajar como tal?

-No… sé. Las clases son afuera, no en el castillo, así que tal vez eso lo habilite.

-¡AL CONTRARIO! –Volvió a golpear la mesa-. Sacar a los alumnos del colegio requiere de un permiso por escrito de los padres, sobre todo si se los va a poner en situaciones de riesgo. Además, fuera del colegio, tiene que haber un adulto cada diez niños, ¿y dices que este hombre sin estudios completos ni habilitación real del ministerio les da clases a los tuyos Y a los de Slytherin a la vez?

-Las reglas del mundo mágico son distintas a las de tu mundo, ma –protesté.

-¡Pero los niños salen igualmente lastimados! ¿Cómo hago para poner una queja? Este hombre necesita cesar su enseñanza hasta no obtener la cualificación necesaria, y el director debe recibir una sanción disciplinaria.

-No podrás hacer nada. El ministerio no tiene poder sobre Dumbledore.

-¿El gobierno no tiene poder sobre el director de un colegio secundario?

-Dumbledore es uno de los magos más poderosos que existen.

-Por tener poder uno no debe ser inmune a la justicia. ¡Así es como acabas teniendo corruptos y gente peligrosa! –Algo pareció iluminarse en su mente y me dedicó una expresión de victoria mezclada con rabia-. ¡Así es como acabas con ese-del-que-no-debemos-hablar!

-“El-que-no-debe-ser-nombrado” –la corregí.

-¡ALEXEI! –Volvió a golpear la mesa-. ¡Esto es en serio! Esa escuela es una desgracia esperando ocurrir. Irás a otra.

-¡¿Qué?! ¡No, no quiero cambiarme!

-No voy a esperar a que el director se corrompa… ¡más aún! Claramente no sabe lo que hace si puso a alguien no cualificado en un cargo de tan alto riesgo para el alumnado.

-¡Dumbledore sabe lo que hace! Él tiene un sexto sentido y tal vez hasta un décimo.

-¿Y cómo fue que el año pasado se le pasó que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras era un absoluto fraude? –preguntó con una sonrisa maliciosa. Lancé mis brazos al aire.

-Tengo que dejar de contarte tanto.

-Llamaré a tu padre. Te irás a vivir con él y estudiarás allá. –Se levantó y agarró el teléfono con un rápido manotazo-. Hay una escuela en Rusia, ¿verdad? Creo recordar que sí.

-Sí, la hay –cedí, derrotado. Tal vez no fuera mala idea; tenía muchos amigos en mi país natal y sabía que Durmstrang era genial. Mi madre se calmó de pronto y me miró entrecerrando los ojos, con un dedo aún presionando el primer número.

-¿Quién es el director…?

-Uh… Karkarov –recordé-. Igor Karkarov. Es un sujeto rudo, pero los chicos dicen que sabe mantener el orden. –Ella bajó lentamente el teléfono, manteniendo esa expresión de desconfianza.

-¿Dónde pido sus antecedentes?

-Te ahorraré la molestia –gruñí deslizándome en la silla-: es un exmortífago.

-¡¿QUÉ?!

-Le dieron libertad condicional tras delatar a algunos de los suyos. –Mi madre soltó un gritito ahogado.

-Eso es todo –golpeó el teléfono-, no irás más a la escuela. Estudiarás magia aquí. Te compraré todos los libros y herramientas que necesites; puedes incluso practicar dentro de la casa. No me importa que explotes unas cuantas cosas si así estás lejos de toda esa corrupción.

-Para los menores de edad es ilegal hacer magia fuera de la escuela… -respondí, aburrido de tanto drama.

-¿Y qué pasará si te atrapan? ¿Te obligarán a dirigir alguna universidad? ¿Te darán el título de médico y un hospital a cargo? ¡Porque oí que si una mascota tuya asesina a una compañera de escuela y te expulsan, te convalidan todas las materias de magisterio! –gritó consternada y salió dando pisotones.

Suspiré.

En serio tenía que aprender a hablar menos.

Hippogriff_plushie


Gracias a todos por compartir conmigo esta nueva entrada sobre Harry Potter. Sí, tengo un problema con Dumbledore y su inmunidad legal, pero ser una tiquismiquis abre puertas a mundos jamás pensados.

Si no conocen mis otros escritos sobre la saga y quieren leerlos, les dejo los enlaces. Entra aquí para leer sobre mi visión sobre Azkaban y aquí para conocer mi opinión sobre el futuro de estos pobres jóvenes magos. Y suscríbanse para recibir noticias de futuros escritos, hay algunos más de Harry Potter por venir, así como cuentos tradicionales de los alas’arr (los que ya están disponibles están aquí y aquí).

~Ancient Forest


*Lyosha es una de las formas diminutivas de Alexei. Además, su apellido (dato que no sirve para nada. pero como lo pensé, lo comparto) es Roshan. La madre es británica, no rusa, y ni idea su nombre… *prioridades*

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Azkaban te da la bienvenida

Qué extraño, no recordaba que hubiera un puente aquí… ni una isla allá. Pero la dirección es la correcta, así que cruzo sin pensar mucho y me adentro en el terreno rocoso. Un torreón simple y añejo es el único edificio, agregando una pincelada de lobreguez al paisaje ya macabro. ¿Quién había diseñado aquel lugar? Era una desgracia arquitectónica. Seguramente por eso no lo hubiera visto antes; mi cerebro habría hecho un esfuerzo faraónico para ignorar aquel monstruo gris que se recortaba contra el paisaje.

Reviso mi lista de entregas y ésta me confirma que allí debo ir. Azkaban, tercer piso, celda 5 2/3, junto a la escalera. En el borde de la hoja alguien escribió “bwahaha”, lo cual me había hecho gracia en un primer momento, pero ya no. Representaba demasiado bien el espíritu de aquel lugar. Tal vez incluso fuese el nombre del puente. No me habría sorprendido.

Entro al lugar y me encuentro que, afirmativamente, es una prisión. Parece abandonada a simple vista, pero no tardo en ver celdas ocupadas. Algunas risas delirantes quiebran el silencio y me replanteo mis elecciones de vida. Más vale que saque una buena propina de esto.

La celda 5 2/3 tiene a un hombre muy descuidado en ella. Parece que no se ha bañado en meses. Su cabello es un asco y me esfuerzo por no mirarle las manos porque sé que comerá con ellas.

-¿Una pizza napolitana con ajo como para matar un vampiro? –pregunto leyendo mi lista de entregas con el mono-tono más profesional que puedo esgrimir.

-Sí, sí, aquí –me responde extendiendo su mano entre los barrotes de su celda. Le acerco la pizza teniendo cuidado de que no pueda agarrarme; no se me ha pasado por alto que allí no hay guardias para salvar mi vida.

El hombre asalta la caja con fiereza y come como si no hubiera un mañana, parando sólo para tragar y para echarme unos billetes. Luego pone una porción de pizza sobre otra y me las entrega.

-Dáselas al perro de allá –me indica.

-Los perros no deben comer ajo –digo sin pensar. ¿Por qué demonios hay un perro en una celda? ¿Qué clase de lugar es ese?

-Está bien, no es un perro en realidad. ¡Eh, Sirius! Muéstrale tu fea cara –grita a la negra criatura. En un parpadeo, el can se convierte en un hombre engarbado, tan sucio y desprolijo como mi cliente. Intento no pensar mucho en eso y le entrego las porciones de pizza, las cuales recibe sin mirarme a los ojos y murmurando algo ininteligible.

-¿Qué es este lugar? –pregunto sin poder salir de mi asombro.

-Es una prisión –responde mi cliente-, una prisión para magos.

-Vaya magia la de ustedes –exclamo retrocediendo unos pasos del hombre-perro.

-No sabes lo que me costó conseguir este aparatito muggle –dijo mostrándome un celular. Nunca oí la palabra “muggle”, pero supongo que es un insulto, una joya de la jerga carcelaria, así que no pregunto-. Generalmente comemos las ratas que podemos cazar, pero se están reproduciendo poco últimamente. Hay que tener cuidado; si las matamos a todas, nos quedaremos sin comida.

-¿No hay un alcaide a cargo de este lugar? ¿O policías o agentes penitenciarios?

-No, estamos a nuestra suerte.

-Pero… esto no es una condena carcelaria, es una reclusión mortal. Son más esclavos que presidiarios, y la esclavitud es ilegal en Inglaterra desde 1833.

-Sabes mucho para estar al servicio de una pizzería.

-Soy estudiante de trabajo social, reparto pizzas para pagarme la carrera. ¿No tienen familiares allá afuera que protesten por estas medidas? –Dudé-. ¿El gobierno sabe?

-El gobierno nos puso aquí.

-Se armaría un escándalo a nivel internacional si se supiera de este lugar.

-¡Deja de defendernos, somos escoria! –me grita un hombre desde otra celda. La angustia en su voz me hace un nudo en la garganta.

-Esto está mal… –repito mirando a mi cliente. Él me devuelve una mirada cansada.

-Somos magos tenebrosos, chico. Asesinos y criminales de guerra.

-Pero aun asesinos se pueden rehabilitar. Especialmente si fueron asesinos en tiempos de guerra, donde el matar o morir lleva a la gente a traicionar sus propios valores con tal de salvarse o proteger a sus seres queridos.

-No según nuestro ministro. La mayoría aquí tenemos prisión perpetua y es por eso que no les importa si nos rehabilitamos o no.

-¿Pero y las apelaciones? ¿Y la libertad condicional? ¿Reducción de condena…?

-Nada, nada.

-¡Es terrible!

-Y díselo a Sirius –señala al hombre-perro-, él es inocente. Todos aquí lo sabemos.

-¿Qué? ¿Y su abogado no tiene instancias para apelar la condena?

-¿Abogados? ¡Pff! Sobreestimas nuestro sistema legal. Él ni siquiera tuvo un juicio.

-¡¿Qué?! ¡¿Qué clase de juez lo condenó?! Tiene que ser destituido de inmediato y juzgado por crímenes de lesa humanidad.

-No fue un juez, fue el director del Departamento de Seguridad Mágica, que actualmente es nuestro primer ministro.

-¡¿Quién eligió ministro a ese monstruo?! ¿La gente sabe de esto?

-La gente sabe y celebra que estemos encerrados aquí. Somos asesinos, ¿sabes? –repite con una mueca perturbada.

-Sí, ya sé, pero… ¿Es por eso que no hay agentes penitenciarios en este lugar? ¿Para que nadie denuncie las terribles condiciones en las que viven?

-Hay unos seres custodiándonos, dementores se llaman. Ellos se alimentan de felicidad y pueden comerse nuestras almas.

-No vi ninguno de esos –medito. Pensaría que todo no es más que el delirio de un hombre loco, pero no puedo ignorar que algo mágico hay habiendo visto al hombre-perro.

-Los muggles no pueden verlos, pero ahí están, a toda hora, alimentándose de nosotros.

-Pero si esto es parte de un mundo mágico, ¿por qué no poner seres que destilen amor y felicidad? ¿Por qué torturar a almas ya atormentadas por pasados difíciles si se ha demostrado que la empatía y el cariño pueden mover montañas? Tal vez no a los que tengan alguna psicopatía, pero al menos a algunos rehabilitarías.

-Sería agradable –dice blandiendo un trozo de pizza con un gesto pensativo-. Una cárcel donde uno sólo sienta felicidad y alegría. Ciertamente disuadiría a los del otro piso que están planeando fugarse. Por cierto, ¿cómo es que te ves tan bien?

-¿A qué se refiere?

-¡A los dementores! Aunque no los veas deberían haberte afectado. ¿Por qué no te ves miserable? –Esta vez es mi turno de mostrarle a aquel lugar una risotada sombría.

-Señor, estoy en época de exámenes finales. Yo ya no sé lo que es la felicidad.

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Dedicado a la futura trabajadora social Noelia Rueda y a todos los estudiantes a los que les han robado sus almas a través del sistema educativo. Los dioses se apiaden de sus existencias.

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Si les gustó esta entrada, sepan que tengo otro escrito de Harry Potter esperándolos.


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Harry Potter arruinó mi vida

Nerviosa, golpeteé la silla con la punta de los dedos y respiré profundamente. Ser auror había sido el sueño de mi vida desde niña y sabía que sería buena en ello, aunque hubiera tardado en animarme a tomar la decisión. Los últimos eventos del mundo mágico me habían inspirado.

Varias personas pasaron antes que yo y salieron en silencio poco tiempo después. No había celebraciones ni expresiones de alivio, por lo que supuse que el entrevistador debía ser difícil.

Cuando finalmente fue mi turno, acomodé mi túnica, enderecé mi postura y entré con mi mejor sonrisa. Un hombre de mirada severa y mandíbula cuadrada me saludó con un cabeceo.

-Siéntese, por favor. Emmeline Abbott, ¿correcto? Soy Evan Silverwick, conduciré su entrevista hoy.

-Un gusto conocerlo, señor Silverwick.

-Cuénteme por qué desea ser auror.

-En mi país, Inglaterra, hubieron muchas instancias de gran peligro social y la impotencia una y otra vez ocupó un gran lugar en mi vida. Probé diferentes carreras, pero nunca se fue de mi mente que el proteger al más débil era mi destino.

-¿Por qué no se quedó a servir en Inglaterra?

-Había demasiados aplicantes; no necesitaban más aurores.

-Comprendo. –Quitó su atención de mí y la puso en mi currículo. Aproveché a rearmar mi postura y acomodar cualquier cabello fuera de lugar que pudiera hacerme ver rebelde o poco aplicada-. Veo que tuvo excelentes notas durante su cursada. ¿Ravenclaw?

-Sí, señor.

-Excelente, hemos tenido buena experiencia con los de su casa.

-Creí que los Gryffindor sobresaldrían en este trabajo.

-Para nada. Dejamos de contratarlos porque saltaban a la acción sin pensar dos veces en las consecuencias. Demasiado alocados, ¿sabe? Mucho papeleo y borrado de memorias a los muggles… –Pasó una hoja y la confusión se adueñó de su expresión-. ¿Dónde están sus notas de los ÉXTASIS?

-No pude tomar los exámenes.

-¿Por qué exactamente?

-A fin de mi séptimo año un alumno de segundo mató una serpiente en un baño y el director canceló todos los exámenes para celebrar.

-¿Disculpa? –exclamó perplejo. Me encogí de hombros-. Bueno… He oído que el director es algo extravagante. Necesitaría que me traiga una nota suya verificando lo que me dice y…

-Oh, no, fue asesinado –expliqué servicialmente. El señor Silverwick frunció el ceño pero torció una mueca que me indicó que deseaba no preguntar.

-Entonces… necesitaría una nota de quien sucediera a este hombre…

-Tampoco será posible, él fue quien asesinó al director anterior y…

-Está en Azkaban ahora.

-No, lo mataron también. –Silverwick me miró con expresión turbada.

-Tráigame una nota firmada y sellada por quien sea que haya sucedido a ese hombre, o a quien sucediera a ése en caso de que también lo mataran. Haré entonces una petición para que abran una instancia extraordinaria para que tome los ÉXTASIS.

-¿Me los tomarán en el colegio?

-¿Por qué? ¿Hay algún problema con el colegio?

-Es que el edificio entró en reparaciones luego de que un grupo de psicópatas y fugitivos de la ley le declararan la guerra a unos adolescentes. –Un denso silencio se alargó entre nosotros.

-¿Y… cree que las reparaciones tomen mucho tiempo?

-Sí, el presupuesto bajó mucho luego de que GreenSpell demandara al colegio tras enterarse que un par de alumnos tiraron hombres lobo por un acantilado o algo así. ¿Sabía que son una especie protegida? –Silverwick negó con la cabeza-. La actual directora tampoco sabía, por eso autorizó que pusieran los explosivos en…

-Agradezco su tiempo, señorita Abbott, la estaremos enviando una lechuza en los próximos días.

-No lo harán, ¿verdad?

-No, y por favor dé aviso a sus compañeros de Hogwarts que deben quedarse de su lado de la frontera o habrá represalias.

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Llevo tiempo sin reírme tanto mientras escribo. La idea de “los alumnos de séptimo perdieron los ÉXTASIS cuando Dumbledore canceló las clases” no es mía, la leí varias veces por ahí, pero no había encontrado a nadie que hubiera escrito algo con base en ella, así que decidí que lo haría yo. Hablamos mucho (dos horas) con un alumno de mi taller de escritura sobre la lógica del mundo mágico, así que pueden esperar que los escritos sobre Harry Potter continúen. ¡Toquen el botón de “seguir” para no perderse ninguno!

Decidí que la historia no ocurriría en Inglaterra porque sería absurdo que alguien del ministerio ignore lo que pasó en Hogwarts, pero no necesité irme muy lejos ya que, siendo que Voldemort nunca logró hacerse con el poder, los otros países podrían no haberse enterado o no tener su nombre tan presente. Si esta explicación no les satisface, les dejo otra, mucho más mágica: el buen Silverwick vive, literalmente, en un tupper.

Si les gusta mi arte, por favor consideren apoyarme en mi patreon. Toda contribución, por más pequeña que sea, es un enorme salto en mi carrera como escritora.

¡Ravenclaw rules!

Si les gustó esta entrada, sepan que tengo otro escrito de Harry Potter esperándolos.

~Ancient Forest