La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento


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Olvidados

Hace años, mientras meditaba en una historia, aparecieron dos personajes. Comencé a seguirlos y a dejarlos bailar y canturrear al ritmo de la música que estaba escuchando. Eran las encarnaciones de la Vida y la Muerte, una de las tantas versiones que había armado de ellos, pero esta vez había algo más…

Hacía años no pensaba en esos dos, por lo que esta imagen era más compleja, madura y, a mi parecer, interesante. Tenían una historia que contar, un origen que revelar. Les di tiempo a establecerse en mi interior, visitándolos a través de esa canción cada vez que lo deseaba, y eventualmente decidí que había sido suficiente. Regresé a casa desde mi lugar de meditación habitual y me senté a escribir su historia, pero, para respetar su espíritu, no hice más que tomar nota de lo que me habían cantado tantas veces.

Esta historia acabó formando parte de algo más y hoy día es canon dentro del mundo que creé para mis libros, pero son muy pocos (no solo lectores, sino también personajes) quienes la conocen. Después de años, al fin, decidí compartirla.

Si quieren oír la canción original que detonó todo esto, hagan click aquí. Sé que no es el lamento de guerra que tal vez esperarían, pero así son la Vida y la Muerte: confusas, misteriosas y, a veces, hasta irrisoriamente absurdas.

Los signos + representan el momento en el que los Reyes de los Vivos y la Vida y su hermano, el Rey de los Muertos y la Muerte, cantaban juntos. Los signos – señalan las líneas personales del primero y los », del segundo.

La historia en profundidad la planeo escribir un día, por lo que dejaré los detalles en el misterio y sean libres de rellenar los huecos que esta canción les deje.

Disfruten la lectura (y la música).

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+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería como aquella vez que nací junto a mi sombra.
+Crecíamos juntos, sujetándonos de las manos mientras la alegría florecía entre nosotros, lejos de pensar en la guerra o entender por qué nos separaron un día.
–A mí, mi padre me llevó lejos; me obligó a lamentar la muerte de mi madre y me llenó el corazón con su odio. Me enseñó sobre quiénes me habían quitado a mi sombra y no me dejó elegir qué sentir.
»Por mi parte, con una familia adoptiva crecí sano y fuerte. Me alistaron en el ejército y me dieron una espada; me negaron que hubiera tenido una vez una sombra…
+…y me dijeron que debería estar agradecido de estar en el lado correcto.

+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería para poder recordar cómo era tener una sombra.
+Buscaría poder escribirle una carta para contarle cómo es mi vida ahora.
+Y mientras sigo pensando en aquel deseo, sigo creciendo; oyendo historias de cómo es el mundo mientras las imágenes de la guerra florecen en mi mente, creando una realidad que se impone mientras intento creer que estoy del lado correcto.

–Mi padre pronto falleció, dejándome su casa, una daga y mucho resentimiento. No me dijo qué podía hacer ni cómo debía hacerlo, así que sólo seguí creciendo mientras me preguntaba por qué los injustos ansiaban perturbar mi paz.
»Yo crecía rápido y me ascendían de rango; estaba muy honrado de poder servir a mi gente. Lentamente entendía por qué habían tenido razón y comencé a agradecer estar en el lado correcto.

+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería para poder entender por qué a veces siento que algo me falta.
+Ah, cómo me gustaría poder escribir una carta preguntándolo; pero siento que ya no conozco al destinatario.
+Así que, si realmente fuese a pedir un deseo a una estrella fugaz, tal vez sería para recordar a quién le estoy escribiendo.
+Y que su nombre reemplace en mi mente los ruidos y chispas que estallan cuando dos espadas se encuentran en las batallas que ocurren tan cerca.

»Aquel día una invasión ocurrió en ese pequeño pueblo. Yo estaba emocionado por poder servir finalmente.
–Y pronto vi a aquella persona con mi mismo rostro, y no pude evitar preguntarme por qué; por qué mi sombra estaba en el lado equivocado.

+Nos encontramos en batalla absurdamente y no nos tuvimos piedad.
+No entendía por qué todo se sentía tan mal, pero si no quería morir debía batallar más tiempo que él.
+Quería saber quién era, lo hubiese pedido como un deseo, pero de algún modo sentía que ya lo conocía.
+Cuando dos manchas rojas florecieron a la vez, fuimos tomados por una fuerza mayor y el planeta empequeñeció en nuestras manos, que al fin estaban juntas como cuando éramos niños.
+El mundo se volvió monocromo y una voz nos dijo que, ahora y siempre, debíamos agradecer el estar juntos otra vez.

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Batalla sangrienta

La batalla estaba en aquel punto en el que ya casi acababa, pero el cansancio de tanta lucha hacía que los últimos minutos se estiraran más que un gato al despertar. Y, como si aquello no fuera suficiente, su útero comenzó a doler.

Gruñó y se dio unas palmaditas de consuelo en el abdomen. “Falta poco” se dijo a sí misma. Respiró hondo y acomodó su armadura. Tenía calor y se sentía sucia por tanto sudor, tierra y sangre. En su tierra natal todo era hielo y nieve; el agotamiento tras una batalla sólo se mostraba en moretones y algún que otro calambre. El calor atrapado entre su piel y el metal, la sofocación que le causaba la tela y el cuero… Era innatural.

Decidió quitarse el casco, porque aunque eso la dejara desprotegida, prefería que le rompieran la cabeza antes que tener que seguir aguantando la incomodidad que le causaba.

Ya pocos soldados quedaban combatiendo. El general, Sir Hass, había asustado con su magia a los más cobardes, y los valientes no eran los suficientes como para oponer resistencia a un ejército tan numeroso. A pesar de todo, ésta había sido una fácil.

Un hombre con una lanza dio el golpe de gracia a una soldado herida y luego miró a Escala, quien debía sobresalir en el paisaje por no estar combatiendo con nadie en ese momento.

-Mujeres. Un ejército de mujeres. –Escupió y la miró con desprecio-. Su lugar no es la guerra.

-¿Ah, sí? –respondió Escala con tono amenazador en lo que se acercaba-. ¿Cuál es nuestro lugar?

-Entre perfumes y flores, tal vez. Aquí sólo hay espacio para hombres; para muerte, dolor y sangre.

-¿Dijiste dolor y sangre? –Su boca se contorsionó en una mueca cruel a la vez que una contracción se extendía por sus entrañas, retorciéndole los músculos desde adentro-. Tú no tienes idea lo que hacemos las mujeres con la luna, ¿verdad?

-¿Se convierten en lobos? –bromeó el hombre poniéndose en guardia. Escala sonrió, tomó su espada con tanta fuerza que se dejó los nudillos blancos, y la desenvainó.

-Eso quisieras.


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La Palabra Perfecta – Kiel

Hola a todos. Sé que este capítulo ya estaba disponible en la página de mi abrazadora infinita, pero quería agregarlo aquí para que todos lo pudieran disfrutar.

Este es el segundo capítulo de mi libro “La Palabra Perfecta”, que nos revela los pensamientos y cavilaciones de aquellos seres encargados de buscar las almas de los fallecidos. Quien se presenta en esta situación es Kiel, un hombre sereno y de gran corazón que ve a la vida desde su lado más bello.

Además, está disponible también el capítulo de Mikhail. Si lo quieres leer, click aquí.

El libro, en caso de que te atrape, lo puedes comprar haciendo click aquí o, si eres de mi ciudad, Neuquén (Argentina), contáctate directamente conmigo. Si eres de cualquier otra provincia o incluso otro país, puedes pedirlo a la editorial en el link que dejé y te lo enviarán sin ningún problemas.

¡Disfruten la lectura!

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Cuando acepté buscar las almas de personas que fallecieran debido a enfermedades que no se hubieran contagiado, jamás creí que pasaría tanto tiempo entre gente joven. En todos los planos tengo siempre mucho trabajo, todas las razas me exigen mucho, pero los humanos de Tierra sobrepasan el límite.

El hombre al que sigo ahora tiene treinta y nueve años. Está casado y tiene dos hijos, un varón y una nena. Su familia está feliz con él, a pesar de las pocas horas que pasa con ellos. Es una buena persona, cariñosa y de sonrisa fácil, pero lleva tiempo exigiéndose demasiado. Su corazón no aguantará mucho más.

Llevo siguiéndolo varios días pero nadie reparó en mi presencia aún. Su secretaria señaló que se mataría si no se tranquilizaba, pero él no hizo caso. Pronto tendrá vacaciones. Como todos, está convencido que aguantará hasta que tenga tiempo libre.

El Rey teme que nos volvamos locos, pero dudo que entendiera la total dimensión de la locura en la que viven inmersos los que aún viven. Trabajar para poder obtener lo que desean, obtener lo que desean para ser felices, morir antes de completar el ciclo porque su mundo funciona solo mientras a ellos les falte algo, mientras haya algo más por lo que seguir trabajando. Si todos fueran felices, este sistema demencial se caería a pedazos.

Me pregunto si quienes crearon este monstruo son tan devotos a él como quienes lo alimentan.

Mi alma asignada se prepara para salir de su casa una última vez. Mana de su pecho una sombra oscura que ha estado creciendo los últimos días. Su hija lo besa, su hijo se cuelga de su brazo. La sombra pierde fuerza a medida que da un abrazo a cada uno y les dice que los ama. Su esposa es la última. Susurro a su oído para alertarla. La sensación de urgencia logra entrar en su consciencia, pero es demasiado buena para decir nada. No agregará exigencias a su marido pidiéndole que no se vaya. Lo considera egoísmo y él ya mucho hace por la familia. Su hija me percibe pero no me entiende. Mi presencia amable y cruel es demasiado contradictoria para su corta edad. Decide no hablar de mí.

Cruza la puerta y la sombra vuelve a apoderarse de su pecho. No está nada bien. Se sube a su auto y parto con él a su trabajo. El camino es lento y el tráfico abundante, empeorando todo. Comienza a irritarse. Sabe que llega tarde y las llamadas apurándolo no hacen ningún bien a su cuerpo y mente ya alterados.

Veo a su ángel guardián enviando señales: familias pasando un momento juntos, un perro relajándose al sol, una ambulancia que nos obliga a detenernos a un costado del camino; pero el hombre está lejos de entender que debe parar en más de un sentido. El pobre ser de luz repara en mi presencia, sabe que sus intentos son en vano; pero es un ser de fe y no puede escapar a su naturaleza así como una hoja arrojada a un río no puede hacer más que ser llevada por la corriente.

La vida es bella y este humano lo sabe; recuerda lo que es ser joven y libre. Pero las desgracias nunca le ocurren a uno, y los infartos solo son para quienes maltratan su salud y pasan sus días con amargura. Está lejos de entender que, si solo la gente así muriera, su mundo sería muy distinto a lo que es.

Pero distinto no es, y lo que determina la vida y la muerte no es la bondad con la que uno camina por el mundo, sino la bondad con la que uno se trata a sí mismo. Esta inocente alma está convencida de que vivirá mucho solo por ser un buen padre, marido y amigo. Ha olvidado mirar en su interior y cuidar de sí mismo. Ha vivido demasiado preocupado por ser un buen ejemplo para sus niños sin detenerse a disfrutar la vida con ellos tanto como desea hacerlo, tanto como se dice que hará cuando esas vacaciones por fin lo alcancen.

Realmente lo siento por esta vida, pero mantengo la esperanza de que todo sirva de enseñanza para la próxima. Mi corazón se conmueve por el suyo y me entristezco, pero estoy bien. Mientras sea capaz de reconocer mis propias penas, no me veré ahogado en ellas. Mientras conozca mis límites y los respete con gran amor, no enloqueceré como el Rey teme. Nada malo puede ocurrirme mientras recuerde que soy un ser sintiente, mientras no me permita dejar lo que queda de mi vida de lado. Puedo ser un cuervo, pero un cuervo no es todo lo que soy. No soy una gota de agua perdida en un océano titánico; yo tengo el océano y su voluntad dentro de mi pequeña existencia de gota. Moverme acorde a los grandes ciclos no significa que sea arrastrado por ellos. Yo bailo en armonía con la marea y soy la marea.

Me gusta ese pensamiento, recordaré compartirlo con mi alma asignada una vez que se corte el hilo de plata que la une a su cuerpo y pueda llevarla conmigo al otro lado del velo. Recuerdo que tenía un libro donde escribía poesías. Debí haberlo perdido al morir, pero tal vez alguno de mis descendientes lo tenga aún.

No, el papel no puede haber durado tanto, yo morí hace mucho.

Comenzaré a escribir uno nuevo. Siempre hay alguien dispuesto a canalizarme, aún sin saberlo, y tomar nota de lo que digo como si fuesen ideas propias. Mejor aún, tal vez consiga inspirar a ese alguien para que mezcle sus ideas con las mías. Siempre quise compartir un diario de poemas. Sí, eso haré, y agradeceré a mi alma asignada por haberme inspirado en cuanto llegue el momento en el que podamos hablar.

Detiene el auto de golpe y se lleva una mano al pecho. Su tiempo ya está por terminarse. Su expresión me indica que sabe lo que ocurre. Le señalo el teléfono y su consciencia lo percibe. Lo agarra pero no logra marcar. Lo deja caer y exhala una última vez.

Tomo su mano y cuento hasta tres para animarlo a soltarse. El hilo de plata se corta sin mi intervención. Su alma vuelve a ser libre. Ya no hay más horarios que lo aten ni juicios a los que responder.

Me mira y me ve. Le sonrío y le doy la bienvenida a la vida.


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Abrazo infinito

Saludos lectores, quería pasar a dar el pequeño aviso de que hay un capítulo más disponible de “La palabra perfecta”, esta vez en una página amiga llamada “Abrazo infinito”.

Pasen a leerlo y a conocer el trabajo de quien lo compartió, mi buena amiga y compañera de palabras, Poli, que no se queda atrás con la magia que hacer nacer de su lapicera.

https://abrazoinfinito.wordpress.com/2016/04/29/kiel-la-palabra-perfecta/

¡Abrazos infinitos para todos!


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Honrado, bendecido, seco y partido

El cielo rugió; los dioses anunciaron que hablarían a través de mí.

Me eligieron para ser el canal que dejara una marca ahí donde durante cientos de años estuve sentado; observando, meditando, recibiendo caricias de las manos que pasan cerca y viendo hachas y sierras caer sobre hermanos míos que, por la misma voluntad divina, no estaban destinados a llegar tan lejos.

Comenzó con una chispa intensa, una luz, una mirada entre cielo y tierra, besándose a través de mí. Mi cuerpo, tan lleno de vida, tan marcado por historias y ofrendas, inmune al pasar de los años como una estrella inmortal, fue golpeado por esa pasión.

Me recorrió un escalofrío y el fuego se llevó mi agua. La intensidad de las vidas de aquellos dioses me arrancó mis hojas y me despojó de mi identidad. Un sutil ronroneo creció en un rugido y las montañas y los volcanes me envidiaron: sus avalanchas y erupciones jamás podrían haber quebrado el aire con tanta fuerza, jamás podrían haber expresado tal ardor por la vida.

Mi suave piel, desnuda sin mi corteza, se tiñó de blanco con la luz que cayó sobre mí, llenándome de la luz propia de los ángeles cuando bajan al mundo a hablar en voz alta. Luego se apoderaron de mí el naranja, rojo y dorado, clamando por ese lienzo sin pintura en el que me había convertido, tornándome en un atardecer como tantos miles había presenciado desde mi pequeño lugar en el mundo.

Luego, negro.

Y silencio.

Los animales huyeron y los espíritus dejaron de cantar. Los otros árboles llevaron su atención a mí para verme explotar en gracia divina. Extasiado, admiré mi nuevo color ceniciento: soy un grito en el paisaje, una mancha en esta tierra, una fisura en el tiempo. Soy un guerrero pintado para combatir y un sabio con tatuajes que celebran su iluminación.

En lo que duró un instante, mi cuerpo, ahora blanquecino y seco, mutó como una tormenta de verano y, aunque se mantuvo en pie, ya no me encontró en él.

Luego de cientos de años viendo tantas noches caer, yo fui mi propio y último atardecer.

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Volviendo de viaje de Temuco, Chile, vi la silueta de un gran árbol seco en la neblina. La cordillera estaba tapada de espíritus de agua que no dejaban ver nada más, pero este cuerpo muerto tan lleno de historias se anunció con la presencia de una deidad y se impuso ante todo lo demás, clamando por mi atención y devoción.

Muchos dicen que los escritores tenemos historias por contar. Yo en realidad creo que no es tan importante qué haya en mí, sino qué historia quiere ser contada a través de mí. De todos los servicios que los humanos hemos venido a ofrecer al mundo, ser testigos de su belleza y poner por escrito su magia es el que me tocó a mí.

Si les gustó este breve relato, agradézcanlo a la próxima tormenta que vean o al siguiente árbol que crucen en su camino. Yo apenas fui una herramienta para su manifestación, nada distinta a mi lapicera.

Por mi parte, agradezco a los espíritus, desde al hada más pequeña al más gigantesco de los canto de ballena, por bendecirme de este modo. Ojalá pueda seguir escuchando sus historias aún después de que los dioses me llamen para que deje este cuerpo y regrese a ellos.

~Ancient Forest


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La Palabra Perfecta – Mikhail

Éste es el primer capítulo de mi libro “La Palabra Perfecta”, que nos revela los pensamientos y cavilaciones de aquellos seres encargados de buscar las almas de los fallecidos. Quien se presenta en esta situación es Mikhail, el más joven y enérgico de todos los servidores del Rey de los Muertos y la Muerte (ese es el título completo, es una sola entidad).

Además, está disponible también el capítulo de Kiel. Si lo quieres leer, click aquí.

El libro, en caso de que te atrape, lo puedes comprar haciendo click aquí o, si eres de mi ciudad, Neuquén (Argentina), contáctate directamente conmigo. Si eres de cualquier otra provincia o incluso otro país, puedes pedirlo a la editorial en el link que dejé y te lo enviarán sin ningún problemas.

¡Feliz lectura!

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LPP - Interior 002

La vida no es frágil. La vida es pura eternidad, y lo que se entiende por muerte desde la vida, es un despertar a la realidad para nosotros. Desde este lado, la vida es un sueño muy vívido y fuertemente absurdo al que el amanecer le debe llegar.

Admiro la intensidad con la que algunos pasan por ese largo sueño.

La vida no es frágil, pero las esperanzas se desarman en instantes y los corazones se rompen por unas cuantas palabras dichas con el tono incorrecto. La historia convulsiona bajo las acusaciones de unos cuantos ofendidos y el futuro se tambalea cada vez que alguien duda de sí mismo.

La respiración de mi alma asignada se irregulariza. Está entrando en shock. El polvo levantado por la caída del edificio no ayuda. Reviso rápidamente su cuerpo: no tiene más que unos cuantos cortes y golpes sin importancia, podría salir caminando si no fuera por la cantidad de escombros que hay sobre ella.

Reviso el registro y lo dejo a un lado. Por ahora no tengo más que hacer que esperar.

Podría ser llamado desalmado por esto, pero me gusta mucho mi trabajo. Me gusta ver a las almas partir a mi lado quejándose de que aún tenían mucho por hacer. Me gusta porque los accidentes no avisan; llegan y cortan el hilo de plata que te une a tu cuerpo y no hay nada que hacer.

Planes frustrados y finales abruptos. Llantos, lamentos, quejas, berrinches… Solían molestarme, me enfurecían hasta hacerme rechinar los dientes; pero la hipocresía eventualmente se volvió un absurdo, una comedia. Las almas se quejan de tantas cosas que no llegaron a hacer como si yo no supiera que pasaron todas sus vidas temerosos de tomar una decisión y hacer algo que valiera la pena; como si yo no supiera que pasaron sus días resguardados del peligro del que la cobardía finalmente no los protegió.

Hay almas que se accidentan haciendo algo grandioso, que se matan intentando superarse a sí mismas, esas almas me gustan. Vienen conmigo lamentándose un poco, pero finalmente se alegran de haberlo intentado. Comentamos sus hazañas y las admiro, genuinamente las admiro. Se regodean por ello y reímos todo el camino, discutiendo los planes para su futuro. Hay algunas con ideas tan descabelladas que se me saltan las lágrimas de la risa. He hecho buenos amigos gracias a este trabajo, he ganado mucho codeándome con seres tan valientes y he aprendido aún más cuando mi guadaña rasgó la vestidura de cobardía de aquellos que no se animaron a tanto.

Mi alma asignada se agita y tose. Lentamente ha ido entendiendo qué ocurrió. No me ve ni me escucha, pero aún así la saludo; es una costumbre que me gusta, así que no me esfuerzo en dejarla. Soy hablador y disfruto oír mi voz.

Locura dijo el Rey.

Locura es morir por no querer ponerte un cinturón de seguridad o por no usar un casco porque te despeina. Matarte al vencer tus miedos y saltar en paracaídas es una proeza, algo digno de aplauso. Y sí aplaudo, hasta que me duelen las manos.

Mi alma asignada grita pidiendo ayuda. Le aconsejo no hacerlo, se agotará demasiado deprisa. Muy en el fondo lo entiende y se calla. Agarra una piedra suelta y empieza a golpearla contra un tubo de metal cercano. Pronto se cansa. Comienza a llorar.

La vida no es frágil, aunque puede que no tengamos el mismo concepto de “vida”.

Le hablo para que no sea el aburrimiento quien la mate. Sé que no me escucha. Solo hablo para mí mismo. Me callo.

Llega la noche y un día que trae otra noche más. Los ruidos de los humanos estando  tan cerca la desesperan. Un guardián familiar con forma de perro está echado junto a ella. Aúlla de vez en cuando, tal vez buscando alertar a los espíritus que cuidan a la gente que está cerca para que ellos les avisen. Los humanos no están tan atentos a las señales sutiles; es decir, la mayoría a duras penas está atenta a cosas como el tráfico. Si lo habré visto…

Tercer día. El perro se fue al oír las voces de la familia, seguramente para advertirles. Ya están buscando a mi alma asignada, saben que les falta. Pero está débil, su consciencia va y viene. Su ángel guardián vino cuando ella lo llamó pero se volvió a ir, siguiéndola hasta el otro lado. Está ahí donde está su alma, pero yo no puedo alejarme del cuerpo, no aún.

Sé qué está pasando: duda. Su alma puede mantenerse determinada a continuar, pero si el ego que la ata al sueño terrenal no coopera, no durará mucho más. El juicio continúa. Debates, debates, debates. Me alegro de no tener que participar en todo eso. Su ser se mueve entre este y el otro plano sin decidirse a rendirse pero sin la fuerza suficiente para resolver quedarse.

Tantos planes, tantas ideas… Tiene mucho inconcluso aún, quizá hasta lograría superar los miedos y ataduras que esta experiencia genere aún en esta vida y verse libre de fobias que no tendrían sentido alguno para su próxima encarnación.

Sí, sabe que lograría grandes cosas con la motivación suficiente; y qué mejor motivación que rozar mi presencia y saber lo cerca que estuve de tomar su alma entre mis dedos y cortar el hilo con un movimiento limpio. Solo necesita decidirse, necesita reconocer esa fuerza innata y soltar el temor a la muerte que le da poder a su ego; solo así su alma estará libre para asumir que aún tiene mucho por hacer, que esta experiencia no es más que un episodio que pasar para descubrir aquello que es importante y poder aportar al mundo tanto como se propuso antes de nacer.

Su alma se acerca una vez más. No se ha rendido. Me saluda y le sonrío. Regresa a su cuerpo pero el hilo de plata está débil. Sujeto su mano y rezo una plegaria para que su determinación por vivir no sucumba al dolor y el miedo, ni a la angustia o las dudas.

Sus ojos se abren y pierden luz. Su cuerpo se muere. Un perro a la distancia aúlla, una madre llora, una flor se marchita.

Salto sobre ella y la cubro con mi capa. Dejo que mi oscuridad sobrepase la que la rodea y termine de borrar la dura realidad a la que se está enfrentando. Le beso la frente y respiro. Respiro. Respiro.

El aire lentamente me llena de vida y yo la soplo en el rostro de mi alma asignada. Dejo mi frente sobre la suya y rezo una vez más. Mi voz es fe, mi presencia es vida, mi blanco uniforme es la luz al final del túnel. Yo soy el faro en la noche sin luna.

Siento la presencia de sus guías y familiares de alma dándole un último abrazo y bendición antes de empujarla de regreso a este plano.

Un rescatista golpea una roca y grita algo a alguien. El ruido termina de conectarla con la vida y hacerla recuperar la consciencia. Tose, respira, suspira. Mi trabajo ha terminado.

Toco su mano, intensificando la presencia de la roca para que recuerde que la tiene, y me apuro en salir a la superficie. Me acerco a un rescatista y le digo que hay una mujer bajo los escombros, muy cerca de donde está. Él detiene su mente y me escucha como a su instinto. Pide a sus compañeros que detengan las ruidosas actividades que hacen y un golpe metálico rompe el silencio.


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Mis libros

"La Palabra Perfecta" dando la bienvenida a "Revolución Reign: Príncipe" y riéndose cariñosamente de lo gordo que es.

“La Palabra Perfecta” dando la bienvenida a “Revolución Reign: Príncipe” y riéndose cariñosamente de lo gordo que es.

He aquí mis libros, mis niños, mis años de trabajo, fantasías y esperanzas.

“La Palabra Perfecta” (el pequeño) fue creado a lo largo de cinco años (del 2010 al 2015) de trabajo y maduración espiritual e intelectual. Fue escrito en unos pocos meses y publicado por la Editorial Dunken. Aunque es breve, es intenso, ya que nos lleva a conocer los pensamientos y las cavilaciones filosóficas de los cuervos del Rey de los Muertos y la Muerte, aquellos seres que buscan las almas de los fallecidos y las acompañan en su camino al otro lado.

“Revolución Reign: Príncipe” (el gigantesco) nació en el 2012 tras un sueño en el que el protagonista, Reign, se presentaba a sí mismo y me mostraba un poco de su ciudad llena de secretos, su mundo fantástico ahogado en magia, y su vida intensa y excitante en la que los dioses no dejan de entrometerse. El libro, primero de una trilogía, nos muestra a este joven creciendo como político y ser humano, descubriendo su potencial y desarrollando una nueva visión del mundo para reemplazar aquella de su infancia, tan negativa y oscura, que trabó el fluir de su vida por tantos años.

Este último está actualmente en proceso de ser publicado por el grupo editorial Penguin Random House. Lo que ven en la foto es una versión impresa que hice para mí misma, para sentir que finalmente no es un proyecto sino una realidad, y para poderla mostrar en la presentación de ambos libros que tengo la alegría de realizar esta tarde en la Universidad del Comahue de la ciudad de Neuquén, Argentina. El libro saldrá a la venta en España en aproximadamente dos meses y podrá ser encargado por correo desde cualquier parte del mundo.

Si estás interesado/a en comprar tu propio ejemplar de “La Palabra Perfecta”, puedes pedirlo aquí: http://www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php?id=14440%20
Si deseas leer Revolución Reign: Príncipe, sígueme y mantente alerta, subiré los primeros siete capítulos pronto como una forma de celebrar la pronta publicación del libro.
Si quieres apoyarme a mí y a mi arte o leer gratuitamente los primeros siete capítulos de la trilogía antes de comprarla (y próximamente uno de “La Palabra Perfecta”), puedes pasar por aquí: www.patreon.com/nobleerror

Gracias por leerme, seguirme, apoyarme, enviarme tus buenos deseos desde el silencio y la distancia o la cercana algarabía.
¡Hasta la próxima entrada!
~Ancient Forest