La Catedral de las Sílfides

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Cómo y por qué poner nombre a los capítulos de tu libro

Saludos almas curiosas, bienvenidos a una nueva entrada de utilidades para escritores. Este es un tema en el que he estado pensando estos últimos días e, interesantemente, google no me ha dado resultados (en español) cuando investigué quién más se había dedicado a él (más allá de un par de foros discutiendo el tema): los nombres de los capítulos de un libro.

¡Pero, Ancient Forest, mi libro no tiene capítulos!

Bueno, a no ser que tu libro tenga entre dos y cinco páginas, déjame contarte de la vez que me prestaron un libro de casi cuatrocientas páginas (diciéndome que era una obra maestra) y el cual nunca leí por el mero hecho de que no tenía capítulos ni divisiones.

Sé que no soy la única que decide motivarse a leer con “un capítulo al día” o que, enganchada con la trama, dice “un capítulo más”. Si tu libro no tiene pausas para que el lector pueda levantarse de la silla a cubrir sus necesidades básicas y hacerle saber a sus familiares que todavía vive, la lectura podría acabar mal.

Bueno, si ya te convencí de que necesitas capítulos, vamos a lo importante: ¿para qué sirve nombrarlos?

Leí por ahí que no sirven para nada, que es mejor poner solo números y ya. Yo no creo eso. En general las cosas que no sirven para nada no existen. Incluso aquello que más inútil parece puede liberarnos del estrés, divertirnos un rato o servirnos de regalo para que alguien que nos frustra comparta lo que sentimos.

Los nombres de los capítulos son una excelente manera de rastrear en el índice dónde empieza esa escena que queremos releer, de ganarnos al lector cuando abre el libro para encontrar algo que lo convenza de comprarlo, de luego provocarle ganas de leer (¿quién no ha visto el título del capítulo siguiente y ha decidido adentrarse un poco más en el insomnio en vez de resignarnos al atrayente poder de la almohada?), y, si está bien hecho, el nombre de un capítulo le agregará valor a la historia.

Además, y esta es enteramente mi opinión, el nombrar capítulos es una parte íntima del proceso creativo. Me gusta darles un nombre como parte de su identidad ni bien acabo de corregirlos; lo veo casi como la culminación del dar a luz un montón de palabras en un papel (pantalla en mi caso).

”¿Cómo?” se preguntarán. Analicemos la magia detrás de cada opción:

La primera es dar el nombre de un personaje a los capítulos. Puede ser de un personaje que entrará o será el foco de lo que pase en dicho capítulo.

George R. R. Martin utiliza este recurso en la saga “Canción de hielo y fuego”, dejando ese espacio para anunciar quién narrará lo que leeremos a continuación. Aunque no es algo que yo haría, debo admitir que se ven geniales las citas de los personajes. “A Game of Thrones, Chapter 64, Daenerys VIII”. Me encanta, es casi bíblico. Aunque tristemente sirve sólo si los narradores abundan, de otro modo se torna repetitivo.

La segunda opción es la que más he visto: utilizar una palabra (que puede ser en cualquier idioma, de cualquier época o incluso estar inventada) o frase que anuncie lo que va a ocurrir en el capítulo. Esto lo vimos, por ejemplo, en Harry Potter y [inserte aquí elemento mágico] o la magnífica saga de Patrick Rothfuss, Crónica del asesino de reyes.

Hay una parte negativa a esto: así como algunos desubicados de antaño ponían más de diez nombres a sus hijos (los miro a ustedes, padres de Picasso), hay algunos autores a los que se les va la mano con el nombramiento.

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Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, y su perro.

No me hace feliz la idea de hablar mal de un libro cuando quien lo creó aún vive, por lo que no daré los datos específicos, pero un capítulo de una obra que se cruzó en mi camino se llamaba, y no es broma: “En el que [protagonista] experimenta muchos sentimientos intensos y discordantes en un espacio muy corto de tiempo; también se narra aquí la verdadera historia de [otro personaje] y de cómo perdió su oreja, junto con otros acontecimientos de gran importancia para este relato.”

La idea es que el lector que ya leyó el capítulo entienda de dónde viene el nombre y que el que no lo leyó sienta curiosidad por eso que estás insinuando que pasará (ej. “Revelación” en El nombre del viento), no escupir una reseña del capítulo. Esto lo había visto solamente en Las aventuras de Pinocho y es tan gracioso que incluso en la Wikipedia dice “El libro tiene un total de 36 capítulos que se titulan y se pueden resumir de la siguiente manera”. Así es, queridos lectores; lean los títulos de los capítulos de este clásico y no tendrán que enfrentarse al resto del libro. Increíblemente útil para cuando tu profesora de literatura te lo dé como parte del programa de la materia.

La tercera opción es similar a la segunda (a veces se usan ambas en un mismo libro), pero en vez de enfocarnos en lo que pasa en el capítulo, miramos hacia lo que le pasa a algún personaje (en general, el narrador o protagonista). El capítulo 8 de mi libro Revolución Reign: Príncipe es llamado “Running from myself” (escapando de mí mismo). Esto no sólo resume qué siente el personaje con todo lo que está ocurriéndole, sino que también nos muestra un poco de la historia en sí (Reign busca alejarse de un hombre llamado Myself).

Nota importante antes de continuar: si van a usar frases o palabras en otros idiomas, no hagan lo que yo poniendo solamente la traducción como nota al pie. El índice también la va a necesitar.

Cuarta opción (y una que no he visto hasta ahora pero me gustaría): revelar información que el libro no nos da de otro modo. Puede ser algo muy trivial (“Mi último día con el pelo rosado”) o complejo (“Siempre me arrepentí de no decirle que lo amaba”).

Mi autora favorita, Robin Hobb, en la Trilogía de los Vatídico agrega debajo del nombre de cada capítulo un texto adicional. Allí te cuenta del folklore del mundo que creó: su historia, sus pueblos, las creencias, costumbres y rumores. Es una magnífica forma de introducirte a esa realidad y hacerte enamorar de ella sin saturar la novela de información que la harían parecer un manual cultural.

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Si te gusta la fantasía medieval y no has leído todavía esta saga, ¡hazlo! Si ya la conoces o leíste, ¿por qué no estás leyéndola de nuevo?

Quinta opción, y funcionando más que nada para libros históricos o escritos a modo de diario (como algunos de los libros de la saga Assassin’s Creed de Oliver Bowden): poner la fecha en la que transcurren los hechos narrados. Así de simple. Ya sea del calendario gregoriano, judío o cualquier otro (inventado incluso), poner fechas dará carácter de documento a tu novela, lo cual puede ser de gran ayuda para llevar al lector al estado mental de credulidad que necesitas.

Si decides utilizar esta idea, asegúrate de que tienes todas las fechas bien puestas y que no te has equivocado, que un solo número fuera de lugar puede hacer que el capítulo 5 ocurra un año antes que el 4 y eso anulará por completo el poder de esta opción.

La sexta opción la vi en El profeta de Khalil Gibrán y en un montón de series de televisión: usar una frase de base. En dicho libro, la mayoría de los capítulos se llaman “sobre [inserte aquí tema del que habla el profeta]”, lo cual los une y hace parecer un diario o rejunte de discursos reales. En la serie Friends los capítulos empiezan con “the one with” (traducción: el de/del), ejemplo: “el del apagón” o “el de cuando Chandler no recuerda qué hermana era”. Genera una curiosa conexión y efecto de continuidad, y sin duda es una idea que tiene mucho potencial.

La séptima opción (¡respiren hondo que ya casi acabamos!) es una que nunca vi pero amé cuando leí sobre ella en una página en inglés sobre nombres de capítulos. La autora menciona que, en una novela no publicada suya, integraba los nombres de los capítulos a lo que ocurría en la trama. Así, por ejemplo, tras el capítulo que termina con una explosión, viene uno llamado “¡Boom!”.

Creo que sería trabajoso utilizar este recurso de manera constante en un libro, pero no imposible, y el resultado tiene el potencial de un nobel.

Y octava y última opción que se me ocurrió/encontré por ahí: utilizar la temática del libro para convertir en arte los nombres de los capítulos.

Digamos que tu libro trata sobre una mujer enamorándose de la cultura china; ¿qué tal utilizar proverbios o frases de grandes maestros de ese país? Si tu libro nos sumerge en la magia de los viajes en el tiempo, ¿por qué no usar frases de grandes filósofos y científicos sobre el tema?

Algo importante: si quieres usar frases famosas (como el slogan de alguna marca), ten presente que es muy probable que tengan copyright y debas pedir permiso. Investiga antes, google es tu amigo.

En el libro El vuelo del dragón de Anne McCaffrey, los capítulos tienen poemas por nombres. Tal vez podrías poner frases de canciones, nombres de pigmentos, o incluso jugadas de ajedrez (sé que vi esto en un libro, me encantaría recordar cuál era).

Apodérate de la temática de tu libro y explótala. El proceso artístico no tiene por qué detenerse en la trama y los personajes; así como lo dejamos invadir y adueñarse de la portada, del lomo de la contraportada y la reseña, dejémoslo también alcanzar el índice y revolucionarlo.

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Y luego está esa saga cuyo título en el lomo apunta hacia un lado en la primera parte y hacia el otro en la segunda.

Sin más que decir, gracias por acompañarme en esta larga entrada. Espero les haya dado algunas ideas (que son bienvenidos de compartir en la sección de comentarios) o, al menos, les sirviera de inspiración.

Si quieren leer leer más utilidades para escritores, recuerden que tengo una categoría entera sobre esto y una serie de entradas sobre los pasos para convertir tu manuscrito en un libro (en hiatus hasta que me ocupe de proyectos con una apremiante fecha límite).

¡Hasta la próxima entrada!

~Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 3: Personas importantes

Saludos, lectores, y bienvenidos a la tercera parte de este curso. Antes que nada quiero disculparme por la tardanza en comenzar a trabajar en esta entrega; he estado preparando las clases (las físicas, no virtuales) que daré este año. Cuando tenga todo terminado les estaré comentando en detalle de qué tratan junto a otro par de proyectos que tengo en mente.

Esta vez el tema son todas aquellas personas, algunas indispensables, otras no tanto, pero todas muy útiles, que hacen a un libro. Sí, luego de unos años uno se da cuenta que el escritor es sólo la excusa para reunir a un dedicado equipo de trabajo (y muy dedicado, siendo que la mayoría de estas personas de las que hablaré suelen hacer su trabajo sin cobrar ni rechistar).

Comencemos con aquellos trabajos más rápidos de describir (aunque no por ello más fáciles de hacer):

 

Editor:

Ya muy hablado en las clases anteriores, tu editor (o editora) es el director de orquesta de tu libro ni bien llegue éste a una editorial. Por lo general es esta trabajadora persona quien se ocupará de contactar con la imprenta, los diseñadores, el correo (en caso de que haya que enviarte algo), el departamento de legales, etc. Según la editorial podrás tener contacto directo con todas esas otras personas o no (en algunos casos prefieren que sea algo indirecto, para lo que estará siempre presente tu editor para hacer de nexo).

En caso de escritores profesionales, que saben esto mejor que yo pero lo digo para los curiosos, los editores se ocupan también de corregir los libros, criticar las tramas, etc. Un editor puede incluso hacer que un escritor quite una parte del libro si considera que no venderá. Pero todo esto depende del contrato con la editorial que hayan hecho, lo que veremos en una clase futura.

 

Artistas:

Refiriéndome desde a dibujantes hasta a diseñadores gráficos, los artistas tienen mucho que aportar. La portada, el diseño interior, las tarjetas de presentación a la presentación del libro (algunas editoriales las entregan junto a otras piezas de marketing), etc.

En mi caso, con lo perfeccionista y molesta que soy, decidí hacer yo la mayoría de mis diseños o contratar por mi cuenta a ciertas personas de las que me gustaba su arte y consideraba coherente con el estilo del libro en cuestión. Pueden hacer eso también, como vimos en la clase anterior, y ser tan cascarrabias como quieran.

Recomiendo si van a contratar a alguien que boceten lo que quieren y sean claros con los detalles que para ustedes son importantes que estén o brillen por su ausencia. Si tienen dudas, piensen bien qué quieren antes de volver locos a sus artistas (o confíen en su buen juicio y pídanle un par de opciones de las cuales elegir). Créanme, no quieren a un artista que abandone a mitad de camino, que les cobre locuras porque no lo dejaron dormir, o que finalmente les entregue un diseño que no les gusta y no les dé la opción de seguir arreglándolo. Dinero, tiempo y felicidad tirados al tacho.

 

Lectores de prueba:

También conocidos como lectores beta, muchos no los utilizan, porque o no saben que existe tal trabajo o porque subestiman su importancia.

Lo que estas personas hacen es leer nuestro libro antes que nadie más. Algunos lectores de prueba leen el libro cuando ya está terminado y dan su opinión sobre distintos aspectos, otros (como en mi caso) leen capítulo a capítulo a medida que uno va trabajando. La ventaja de esto último es que pueden marcarte errores o situaciones que te hagan cambiar radicalmente el rumbo al que vas (lo que sería trágico si ocurriera cuando el libro ya está “terminado”), pero la desventaja es que deben leer al ritmo en el que escribes y, en muchos casos, leer varias veces el libro completo a medida que va pasando de primer borrador a segundo, tercero, quincuagésimo, etc.

Para conseguir lectores hay dos opciones: la primera es pedir a amigos y familiares. Tal vez a algún profesor, persona que tenga su respeto u otro escritor. En estos casos debes ser muy precavido porque los betas entrarán y saldrán de tu vida como abejas de su panal. Puede que no te guste cómo te corrige, que no te sirva, que sea muy lento o cualquier otra cosa, y es difícil hacerle saber a un ser querido que está despedido.

Para evitar situaciones incómodas, yo soy muy clara con lo que quiero desde un primer momento y digo de manera frontal que estoy buscando lectores de prueba, no fans, por lo que si la corrección no me resulta útil, quien la haya hecho tendrá que esperar a que el libro sea publicado para continuar leyendo.

La otra opción es buscar gente en internet que quiera hacer de lector beta. Puedes encontrar gente muy respetable y que haga un excelente trabajo, dado que le resultará (o debería, al menos) más fácil hacerte una crítica gracias a que no hay una amistad por arruinar. El problema es que es difícil hacer entender a extraños cuán importante es el libro para el autor y puede que no pongan el esfuerzo que consideras necesario. Esto podría arreglarse pidiendo ayuda a otros escritores, pero he vivido la experiencia y muchos pasan por su propio juicio de escritor lo que están leyendo, dificultando que lo vean como lectores y dándoles una crítica que no les va a servir de nada porque, gracias a los dioses viejos y los nuevos, todos tenemos estilos diferentes. Pueden aun así intentarlo si gustan, no perderán nada y si el escritor al que buscan logra hacer de lector, será un beta fantástico.

Es importante que tengan en claro que no le deben nada a nadie y que si la relación con su lector de prueba no funciona como lo desean, lo pueden (y sanamente deben) dejar ir. Por otro lado, es de vital importancia que entiendan que el trabajo de beta es un TRABAJO, con todas las letras (y casi nunca es pago). Lleva tiempo, paciencia y dedicación. Los escritores estamos muy enamorados de nuestros trabajos y a veces nos cuesta aceptar críticas, por lo que podemos ser muy difíciles de abordar. Si deciden terminar la relación laboral con un lector de prueba, sean amables siempre. Agradezcan el servicio prestado, agradezcan las críticas hechas (les hayan parecido apropiadas o no) y salgan de la habitación luego de haber dado un cálido apretón de manos.

Para no irme de tema, he decidido que haré otra entrada (a modo de apéndice) para ampliar el trabajo de los lectores de prueba, así pueden ustedes comprender mejor cómo trabajar con ellos y enseñarles a ellos a trabajar mejor con ustedes. Espérenla pronto.

 

Corrector:

El lector de prueba leerá sus libros y les indicará qué cosas le han gustado, cuáles le hacen ruido, qué diálogo cree que se podría mejorar y en qué parte se nota que están forzando ese romance entre la protagonista y el dios nórdico.

El corrector, por otro lado, apuntará a los detalles. Gramática, ortografía, ortotipografía, estilo, coherencia, etc. Un corrector hará una lectura lenta y profunda buscando que no se le escape nada (no esperen infalibles, a todo ser humano se le pasan cosas). Estas personas cobrarán por su trabajo (o deberían, al menos), porque es algo que puede tomar hasta meses (según la extensión del libro).

Como dije en clases previas, si cuidan de tener la mejor escritura posible, este servicio les saldrá más barato, así que no subestimen la importancia de estudiar la lengua en la que escriben.

Algunas editoriales ofrecen un sistema de corrección (a veces cobrando el servicio aparte), por lo que recomiendo preguntar. Puede ocurrir que ellos no tengan un corrector contratado, pero podrán facilitarles varios contactos. Recomiendo que escriban a cada uno y vean cuál les resulta más simpático y trabajador, ya que le estarán viendo la cara por bastante tiempo.

Como pista, un corrector que sepa lo que está haciendo les pedirá un fragmento de su trabajo antes de darles un presupuesto, para que ustedes vean cómo trabajan y para ellos hacerse una idea de cuánta ayuda necesitan sus textos.

 

Traductor:

En caso de que deseen llevar su libro a otro idioma, puede que acaben trabajando con uno de éstos. Son muy similares a los correctores en lo que respecta a la cantidad de tiempo que toma hacer el trabajo y el hecho de que cobran según la extensión del texto.

Por favor corrijan sus textos a fondos o contraten a un corrector profesional antes de enviar su manuscrito a un traductor. Ahórrenle a esta pobre persona el sufrimiento de tener que trabajar con un texto mal escrito y sálvense a ustedes mismos de tener una mala traducción causada por frases o palabras inteligibles.

 

Asistente:

Del que voy a hablar no es el asistente que te alcanza las lapiceras o te hace té mientras trabajas (aunque amaría tener uno de esos). Los brainstorming assistants, asistentes de brainstorming, o simplemente asistentes de lluvia de ideas, son quienes saben tanto del libro como tú y posiblemente podrían terminarlo en tu nombre.

Su trabajo es estar en los detalles, conocer la lógica que opera en el mundo que creaste para tu libro y a todos quienes habitan en él. Ellos te ayudarán a resolver agujeros en la trama, a armar la extravagante sociedad extraterrestre que tu protagonista visitará en su viaje espacial, a decidir cuáles países son mejores para desatar esa guerra sangrienta sobre la que quieres escribir y a descubrir la mejor forma de hacer que la muerte de ese haga llorar a todos tus lectores (si dicho personaje es un perro, la tendrán fácil).

Recomiendo que esta persona sea muy cercana y ame tanto sus libros como ustedes, porque debe estar dispuesto a pasar horas de su tiempo libre charlando sobre la historia y todos sus detalles.

No olviden llevarse a este sujeto a su gira mundial cuando se vuelvan famosos.

 

Escritor fantasma:

¡Y el último de la lista! El escritor fantasma (o ghost writer en inglés, idioma en el que este término está más popularizado) es a quien recurrirán en caso de que no se vean capaces de escribir sus propias historias.

Puede que se deba a que no tienen una buena ortografía, a que no saben escribir una novela, a que no les guste su estilo para el tema que eligieron o a que tengan alguna discapacidad física que les impida escribir. El escritor fantasma escuchará la historia que desean contar y la escribirá por ustedes.

No hay vergüenza en utilizar un escritor fantasma, así que no duden en contratar los servicios de uno si lo necesitan. Grandes escritores de todos los tiempos han trabajado en colaboración con uno (incluso Alejandro Dumas tuvo un compañero que fue quien lo llevó a su gloria) y obras magníficas han salido de esa sociedad.

Usualmente el escritor trabaja por hora, frase o palabra, igual que un corrector o traductor, y no recibe tanto crédito como el autor. Alguno puede ser citado como co-autor, pero en general se mantienen en el anonimato, lo cual me provoca una gran tristeza.

¡Den crédito a quienes trabajan con ustedes!

 

Y esto es todo. Sin links ni imágenes adornando la página esta vez.

Espero les haya gustado la entrada y les resultara útil. Síganme si desean recibir notificaciones cada vez que subo algo y no olviden volver para la nota sobre lectores de prueba y la cuarta clase de este curso (además de mis escritos tradicionales que también estaré subiendo como siempre).

¡Cariños a todos y gracias por leerme!

Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 2: Legalidades

Saludos a todos y bienvenidos a la segunda parte de este pequeño curso que quita el sueño y rompe las ilusiones de aquellos que creen que publicar un libro es fácil. Espero hayan encontrado útil la primera clase y tengan ganas de continuar, porque más allá de todas las piedras en el camino, lograr la meta es lo más reconfortante que he hecho en mi vida.

Si se la perdieron, la primera parte de este curso está esperándolos aquí: https://lacatedraldelassilfides.wordpress.com/2016/01/24/del-manuscrito-al-libro-1-preparar-tu-manuscrito/

Hoy hablaré sobre cuestiones legales, algo que yo odié profundamente tener que aprender por mi cuenta, con la esperanza de ahorrarles algo de sufrimiento.

Habrá dos partes en esta entrada: una que hablará sobre lo que involucra el arte ajeno y otra sobre lo que involucra directamente a nuestro manuscrito. Comenzaré con la primera.

Cuando creen su manuscrito puede que se percaten de que les faltan habilidades (a no ser que sean Da Vinci) porque un libro no es sólo texto. Necesitarán obligatoriamente la portada y, como opcionales, los inicios de los capítulos, dibujos interiores, un diseño específico para la numeración o un índice que deje huella en la memoria colectiva de la sociedad, etc.

En cualquier caso, necesitarán combinar su arte con el de alguien más. Para “La Palabra Perfecta” contraté a un dibujante profesional, para “Revolución Reign” me valí de mis años de diseño gráfico y la ayuda de mis amigos (kudos a ellos).

Pero supongamos que no saben de diseño, dibujo ni tienen amigos, lo cual no sería tan extraño porque los escritores somos bastante ermitaños. ¿Qué hacer entonces? Bueno, no entren en pánico porque aún tienen varias opciones.

La primera es apoyarse en la editorial. Muchas de ellas ofrecen el servicio del diseño de la portada o ponen dibujantes a su alcance (mínimo les darán el contacto), pero tengan en mente que muchas cobran un extra por ello y los diseños que ofrecen usualmente son estándares (recomiendo que revisen los libros publicados por su editorial elegida para ver si hay algún patrón básico para las portadas). Así que, veamos más opciones.

Amazon te ofrece la posibilidad de diseñar tu portada, también estándar, con el creador de portadas de su página web (aquí: https://kdp.amazon.com/help?topicId=A1DHGMW609HBI8&ref_=kdp_BS_cc&language=es_ES). De nuevo, las opciones son algo limitadas y estándares, pero ¡hey! es gratis.

Si desean continuar en la línea autodidacta, pueden buscar cursos o tutoriales de Corel Draw, Photoshop, Illustrator o un programa que aún no he probado pero no quiero dejar de mencionar, llamado Canva (http://ebookhermanos.com/canva-el-programa-para-hacer-portadas-de-libros-gratis/) que sirve específicamente para hacer portadas y, por lo que veo, parece muy fácil de usar y los resultados son buenos. Hay muchos otros programas (Picasa, Ribbet, etc.) pero no los conozco tanto y no deseo recomendarlos sin saber. Hice la excepción con Canva porque realmente parece muy bueno.

En caso de que deseen hacer la portada u otras cosas ustedes mismos, recuerden dos elementos clave: imágenes y tipografía. Ambas pueden tener copyright, por lo que deben basarse sólo en lo que ustedes mismos hayan creado (tengan en mente que en algunos países los edificios públicos tienen copyright, por lo que deben averiguar esto antes de hacer una fotografía a uno de ellos y usarla) o acudir a la parte “libre” de internet.

Eso último es muy fácil, sólo tienen que poner “imágenes/tipografías sin copyright” en google y disfrutar de las opciones. Muchos dibujan, toman fotografías o hacen diseños y dejan las imágenes a disposición de todos. Aprovechen esas fuentes. Yo para imágenes uso mucho pixabay (https://pixabay.com/) y para tipografías 1001 fonts (http://www.1001fonts.com/). En esta última, deben fijarse que la tipografía esté con la licencia Creative Commons, que es la que les permite a ustedes usarlas para fines comerciales (incluso modificándolas). Lo único que esta tipografía no autoriza es que la vendan o alquilen. Para saber si tiene esa licencia o no, fíjense en este ícono:

ss+(2016-01-30+at+03.18.00)

Ícono rosa = pago; ícono verde = libre para uso comercial.

De esta misma página las dejo una tipografía (libre) que yo utilicé en mis diseños en la que cada carácter es un símbolo. Todos los símbolos juntos forman una guarda que puede ser usada para bordes, detalles o lo que gusten. La tipografía trae un pdf explicándose, así que me ahorraré hacerlo yo. Aquí la tienen: http://www.1001fonts.com/opattfram01-font.html

Para instalar una tipografía en sus computadoras, deben copiar el o los archivos con la extensión “otf” o “ttf” y pegarlos aquí:

ss+(2016-01-30+at+03.23.02)

IMPORTANTE: No borren tipografías de esta carpeta, ni aunque no les gusten, a menos que la hayan instalado ustedes. Algunos programas usan ciertas tipografías que vienen por defecto en la computadora y, si las borran, podrían tener problemas.

Si usan una tipografía que ustedes bajan de internet, recuerden pasar el archivo al diseñador o editor a cargo para que la puedan utilizar también, caso contrario ellos la cambiarán (tal vez incluso sin darse cuenta).

Regresando un poco a las imágenes, en caso de que ninguna gratuita les guste ni tengan dotes artísticas, pueden recurrir a alguien que sí las tenga. Busquen artistas en DeviantArt (https://www.deviantart.com/) y vean sus estilos para ver si es lo que están buscando, luego pónganse en contacto con ellos y ofrezcan comprarles una imagen predeterminada o encargarles una según estén necesitando.

Recuerden hablar con su artista contratado sobre si quiere reconocimiento en la página de legales del libro, lo cual casi seguro que dirá que sí. Tomar una imagen sin autorización ni reconocimiento al artista es ilegal y el juicio que les pueden hacer no es cosa menor, así que manténganse del lado de la ley, siempre.

Por otro lado, si le piden al artista dibujarles algo, recuerden que símbolos, imágenes y personajes tienen copyright también. Si quieren que un artista les dibuje a Mickey para la portada de su libro, van a necesitar autorización legal no sólo del artista para usar la imagen, sino también de Disney. Recuerden que las empresas tras esos personajes famosos tienen mucho dinero para tirarle a los abogados y no dudarán en llevarlos a juicio.

En caso de no encontrar un artista que les guste o se ajuste al estilo que buscan, pidan asistencia a Don Google para encontrar a quienes tienen páginas oficiales o pregunten a sus amigos artistas por referencias, ellos siempre saben dónde buscar o conocen dibujantes increíbles.

 

Por último nos queda lo referente al registro de su propio manuscrito. Intentaré ser breve porque ya me excedí más de lo que tenía considerado sano.

Hay dos tipos de registro para una obra: la primera es para el libro publicado y la otra es para la obra inédita. La primera les servirá sólo si el libro lo publicarán ustedes mismos, cosa de la que hablaremos en futuras entradas, porque de otro modo se ocupará la editorial. Hasta ahora no he visto una editorial (que se respete al menos) que no ofrezca gratuitamente este servicio.

Tengan en mente que el proceso de registrar un libro tiene un costo. Argentinos, los precios están aquí: http://www.isbnargentina.org.ar/web/aranceles.html

Si deciden registrarlo como obra publicada, tengan presente que deben donar ejemplares a distintos organismos gubernamentales donde las copias se quedarán archivadas por siempre. En caso de que sean de Argentina como yo, pueden encontrar más información aquí: http://www.jus.gob.ar/derecho-de-autor.aspx; en caso de que sean de otro país, busquen “registro de propiedad intelectual” + su país en el google y revisen las páginas del gobierno que salgan. Usualmente responden mails rápido y atienden el teléfono en horario comercial. No explicaré en más detalle porque estas legalidades cambian de país a país y, según el contador de visitas, hay gente de cada rincón del globo leyendo esto.

Recuerden que si deciden hacer una re-edición de su libro, deben volverlo a registrar. El registro de propiedad intelectual no cubre la obra en sí sino la edición. Las editoriales saben esto y, repito, es un trabajo que ellos harán, pero no pierdan de vista este detalle si están autopublicándose.

La otra opción es registrar la obra como inédita, lo que significa que su manuscrito está protegido aún sin estar terminado o publicado. Muchos (incluyéndome unos años atrás) temen terriblemente que sus obras sean robadas y por eso desean registrarlo, como si fuese alguna especie de bautismo que salvará a tu libro de caer en manos infernales.

Para estas personas diré lo siguiente: robar un libro no es fácil. Aún si no lo tienen registrado, mientras haya pruebas de que ustedes son sus autores (recomiendo que de tanto en tanto se envíen el manuscrito por mail a ustedes mismos, como copia de seguridad mientras trabajan y para demostrar que ya estaba en su poder en cierta fecha) o tengan testigos que los hayan visto trabajando, pueden iniciar acciones legales contra quien esté usando sus palabras para hacerse rico.

Habiendo dicho esto, no hace falta realmente que registren su libro como obra inédita. Este registro dura un tiempo breve (usualmente un año) y deben pagarlo otra vez tras ese tiempo para poderlo mantener.

Si están en campaña de cazar editoriales, para lo que desean enviar una copia de su manuscrito a todo lugar asociado a una imprenta, pueden entonces registrarlo para prevenir problemas, aunque es poco probable que editoriales de renombre roben, o bien pueden enviarse una copia del manuscrito a ustedes mismos por correo y nunca abrirla. En caso de llegar al terrible final que involucra jueces y abogados, tendrán su libro con la fecha del sello postal avalándolos.

La mayoría de las editoriales y concursos, una vez que descartan un manuscrito, lo destruyen, por lo que no deben temer que caiga en malas manos.

Para estar seguros de que sus ideas no serán robadas, busquen referencias de personas que hayan trabajado con su editorial elegida o pregunten en su librería de confianza cuál es la imagen pública de dicha editorial, ellos siempre saben bien e incluso podrán hablarles de detalles como la calidad de los libros que salen de allí.

Y así llegamos al final de la segunda clase. Espero les haya gustado y sido de utilidad. La parte legal es muy complicada de entender (para mí al menos) y jugar a “prueba y error” con algo que sientes que te llevará preso es material para un libro de Edgar Allan Poe.

No teman que no es tan terrible y, con suerte, su editorial estará dándoles la mano a todo momento.

No dejen de preguntar, comentar, decir, criticar (constructivo) o pedir lo que quieran.

¡Hasta la próxima clase!

Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 1: Formato y estilo

Hola a todos y bienvenidos a una sección algo distinta de mi blog. La gente de Novelas Zero (http://novelaszero.blogspot.mx/) me pidió que hiciera una especie de curso del proceso editorial y sucede que me pareció una excelente idea, así que aquí está.

En total serán siete clases (a no ser que vayan surgiendo más ideas en mi mente o me las hagan llegar ustedes), en las que abarcaré todos los pasos que uno se encontrará desde que decide salirse de la inocente escritura como pasatiempo y adentrarse en el tenebroso ámbito profesional.

Desde los primeros pasos del manuscrito hasta la participación en presentaciones del libro, veremos todo lo que he aprendido a través de la vivencia de esta incomparable experiencia. Si tienen dudas, preguntas o quieren que hable de algo en particular, no duden en hacérmelo saber.

¡Empecemos!

Hace un tiempo tuve una pequeña duda y decidí consultarla con don Google. Lo que ocurrió entonces fue que aprendí una regla de la lengua española que desconocía y tuve que detener mi escritura, releer todo lo que tenía hasta entonces y corregir allí donde me había equivocado.

Luego de eso decidí no preocuparme mucho más, después de todo mi ortografía siempre había sido muy buena y yo sabía de la existencia de correctores profesionales que me asistirían cuando llegara el momento. Entonces, continué escribiendo. Gran error.

Cuando terminé “La Palabra Perfecta” consulté a varios de dichos correctores antes de lanzarme a las editoriales y descubrí, trágicamente, que cobraban barbaridades por su trabajo. Por supuesto que es dinero bien cobrado, corregir un libro toma muchísimo tiempo, pero para alguien como yo era un número muy grande. Tristemente no lloro perlas como las sirenas ni tengo una gallina de huevos de oro, por lo que tuve que acallar mi voz interna compulsivamente perfeccionista y atenerme a lo que me permitía una carrera artística en sus comienzos.

Averigüé entonces en qué consistía el trabajo de un corrector profesional y decidí hacerlo por mi cuenta. Por supuesto que no sería tan buena como uno de ellos y muchos errores se me pasarían, pero al menos podría mantener mis órganos internos fuera del mercado negro.

¿A qué viene esta historia? A que aprendí dos lecciones importantes que son las primeras que deseo transmitir:

  1. Esfuércense en aprender bien el español (o el idioma en el que escriban) junto a todas sus reglas desde un comienzo para prevenir tener que hacer correcciones tediosas. Si ya tienen mucho escrito, quiten la mitad del tiempo a escribir y dénsela a estudiar. Tengan en mente que muchas reglas idiomáticas cambian con cada nueva edición de la Real Academia Española (o la institución cultural a cargo) y, nos gusten o no, hay que adaptarnos.
  2. El trabajo de un corrector profesional toma tiempo, así que si tienen el dinero para enviarles sus escritos a uno (o conocen a algún amigo que lo pueda hacer como favor o por algún valor en especias), háganlo algunos meses antes de que quieran tenerlo listo. Mientras más errores tenga su redacción, más tiempo tomará el trabajo y más caro les saldrá. Los correctores usualmente piden una muestra de sus escritos antes de pasar un presupuesto, por lo que sabrán si escriben dando cabezazos al teclado o son académicos de la lengua castellana.

A continuación les dejo algunas cuestiones básicas para que vayan comenzando (o perfeccionando) sus auto-correcciones. No pondré todo porque esta entrada alcanzaría dimensiones bíblicas, por lo que los aliento a que compren libros o revisen páginas de internet de ortografía, gramática y ortotipografía para continuar el aprendizaje. Yo recomendaré algunas que me fueron de gran utilidad.

Con respecto al formato, usualmente las editoriales se ocupan de ajustarlo a sus propios estándares, pero también lo incluiré para que sus manuscritos tengan ese aire a profesional que invita a leer. Empecemos con eso.

 

Formato:

  • Elijan una tipografía fácil de leer. Puede fascinarles la Wingdings o atraerles alguna gótica (porque puede que combine con la historia), pero vayan a lo clásico. La Calibri viene por defecto en los últimos Windows, pero la mejor para textos largos sigue siendo la Times New Roman. Una tipografía sencilla y con serif como esta hará que el lector se pierda menos al terminar una línea y comenzar otra, además de que ayudará a que la vista se canse menos. El tamaño ideal es 12 y el color siempre debe ser negro (imprimir cualquier otro color hará que las imprentas cobren lo suficiente como para que sus editores los hagan llorar sangre).
  • No varíen tipografías en ningún momento a no ser que quieran que alguna línea en particular destaque (tal vez por estar escrita a mano por los personajes en un papel o ser una advertencia en un tétrico templo maldito). Usen las mismas variantes de las tipografías para resaltar lo que necesiten (negrita, cursiva, bold, light, etc.). Si quieren que los títulos de los capítulos sean distintos al texto, mantengan la coherencia o consulten con un diseñador gráfico. Esa combinación entre Helvetica y la tipografía de Barbie a ustedes les puede parecer bella, pero para las editoriales no será más que un trágico accidente.
  • USEN SANGRÍA. Dejaré más abajo instrucciones de cómo utilizarla apropiadamente. ¡Nunca la olviden! La estructura de un texto puede parecer irrelevante, pero es lo que marca la diferencia entre un lector distraído y uno compenetrado. Si la estructura invita a la lectura y la facilita, será más difícil para el lector encontrar una excusa para dejar de leer.
  • No usen interlineado. Servía para alargar inútilmente las monografías del colegio y que pareciera que tenían más hojas, pero en este rubro no es buena idea. Mantengan el estilo de Word sin espaciado. Las versiones más nuevas traen un espacio de 8mm por defecto, lo que se llama “normal”, que queda perfecto para dar aire en textos breves, pero no se utiliza en textos académicos ni literarios (para eso es la sangría).
  • El texto va justificado. En caso de que alguien recite un poema o cante una canción, pueden elegir centrar el texto para respetar las estrofas o líneas. Para citar textos, les dejo el siguiente enlace que explica perfectamente cómo ha de hacerse: http://www.ull.es/view/institucional/bbtk/Citar_texto_APA/es

 

Sangría:

ss+(2016-01-24+at+07.44.16)

Como ven, la sangría va siempre al inicio de cada frase, ya sea descripción o diálogo. Se hace con el tabulador (al lado de la Q) y, una vez puesta la primera, el enter les entregará una nueva línea con la sangría incluida. En caso de que la longitud de la sangría no sea de su agrado, pueden modificarla (no lo recomiendo), moviendo los punteros en la regla del Word.

Debería quedarles así si está correctamente ajustada:

ss+(2016-01-22+at+06.36.48)

Ortografía:

  • A la N sigue una V, a la M una B. Siempre. Ej.: Embaucar, envidia, envase, emboscada.
  • “Ay” es una exclamación de dolor, “ahí” indica lugar, “hay” viene de haber.
  • Echar (expulsar) no viene de haber, por lo que va sin H. Algo “hecho” sí lleva H.
  • “Así” va con tilde, sin H y con S. Tantas veces he visto este error que creo que hay alguien enseñándolo mal.
  • Los interrogantes (qué, quién, cuándo, cómo y dónde) llevan acento, todos ellos. En caso de usarlo fuera de una interrogación, las reglas varían. Apréndanlas.
  • “Aún” (sinónimo de todavía) va con acento. En todos sus otros usos, no. Ej.: “Él aún no sabe.” / “Aun corriendo a toda velocidad, nunca gano la carrera.” Regla fácil: si pueden reemplazar “aún” con un “todavía”, lleva acento; si el reemplazo no es posible, no lo lleva.
  • “Pero” lleva coma antes en algunos casos y en otros no. Me ahorraré la explicación dándoles este link que lo explica mejor de lo que yo podría: http://www.fundeu.es/recomendacion/pero-con-coma-usos-apropiados/
  • Hay muchas palabras o frases que vienen del latín y están mal dichas, pero tan ampliamente que la gente las usa sin cuestionarlas. Si van a usar una expresión en otro idioma, búsquenla de antemano, aunque estén seguros de ella. Un ejemplo es el muy conocido “motu proprio” que la gente pronuncia como “motus propio”. Les dejo el siguiente enlace para profundizar: http://www.foroseries.com/recursos-y-dudas/1882-terminos-correctos-print.html

 

Gramática:

  • Las siglas no tienen plural. Si quieren hablar de múltiples Reales Academias Españolas, sigue siendo sólo “RAE”, no “RAEs”, ni aún si las siglas vienen del inglés. En el caso de palabras como “ovni” que acabó convirtiéndose en palabra por sí misma, sí puede pluralizarse pero se debe escribir en minúscula.
  • Es “delante de mí” o “atrás de mí”, no “delante mío” ni “atrás mío”. “Alrededor nuestro” sí es correcta.
  • Los nombres no llevan artículo. “La María” debe quedarse para lo verbal (y aun así estará mal) y debemos llevar sólo a “María” o “José” a lo literario.
  • Les dejo esta tabla que he visto aparecer en mi Facebook varias veces. Espero les resulte útil:

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Ortotipografía:

  • Los puntos suspensivos son tres y siempre tres. No dos ni doscientos. No llevan espacios entremedio y se pueden hacer como un solo carácter con ALT+0133 (…) para que nos evitemos problemas con el formato a futuro.
  • Las exclamaciones e interrogaciones se abren y cierran. Es muy común que sólo las cerremos en el ámbito informal porque así ocurre en el inglés; sin embargo, el inglés cambia la estructura de la frase al comenzar una pregunta, por lo que es fácil para los angloparlantes saber cuándo se comienza una interrogación. En español dicho cambio no existe, por lo que debemos abrir los signos también.
  • Si un personaje se fue en vicio monologando y necesitamos poner un punto aparte pero sin cortar el diálogo, no se vuelve a abrir el diálogo, se usa este símbolo: » (ALT+175).
  • Los diálogos no están marcados por comillas (eso es en inglés) ni de este modo “Pepe dijo: Soy la encarnación de lo etéreo y el rey de lo incongruente”. La raya de diálogo a mí me resulta muy larga (—) pero es la correcta. Se hace con ALT+0151. Si son rebeldes como yo, usen el guion largo (–) que da Word por defecto cuando se le antoja (ALT+0150). Usualmente lo que hago es escribir con simples signos menos (-) y reemplazarlos todos con la herramienta “buscar y reemplazar” de Word al finalizar (porque es más rápido).
  • Para saber el modo correcto de abrir y cerrar diálogos (para intercalarlos con descripciones), visiten este link: https://es.wikipedia.org/wiki/Raya_(puntuaci%C3%B3n). Es muy largo para mí escribir todo, pero insisto en que abran ese enlace. La estructura del diálogo es difícil pero obligatoriamente la deben tener correcta. Es muy tedioso de corregir por lo que un corrector profesional pedirá sus almas como adelanto si ven que tienen esto mal. NO LO DEJEN PASAR.
  • Para profundizar en reglas ortotipográficas, les recomiendo la siguiente página: http://xcastro.com/articulos/propios/errores-ortotipograficos/

 

Y así terminamos esta primera entrada. Me divertí mucho escribiéndola, así que espero hayan disfrutado leyéndola (aunque sé que estarán gritando de frustración si descubrieron algún error que les tomará tiempo y trabajo arreglar).

Siéntanse libres de compartir esta entrada en sus propios blogs o en sus redes sociales si gustan de hacerlo, solo pido que mantengan el enlace a La Catedral de las Sílfides para que no se pierda mi autoría y la gente sepa dónde puede ver el resto del curso.

¡Gracias por leerme y hasta la próxima entrada!

~Ancient Forest