La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento


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Batalla sangrienta

La batalla estaba en aquel punto en el que ya casi acababa, pero el cansancio de tanta lucha hacía que los últimos minutos se estiraran más que un gato al despertar. Y, como si aquello no fuera suficiente, su útero comenzó a doler.

Gruñó y se dio unas palmaditas de consuelo en el abdomen. “Falta poco” se dijo a sí misma. Respiró hondo y acomodó su armadura. Tenía calor y se sentía sucia por tanto sudor, tierra y sangre. En su tierra natal todo era hielo y nieve; el agotamiento tras una batalla sólo se mostraba en moretones y algún que otro calambre. El calor atrapado entre su piel y el metal, la sofocación que le causaba la tela y el cuero… Era innatural.

Decidió quitarse el casco, porque aunque eso la dejara desprotegida, prefería que le rompieran la cabeza antes que tener que seguir aguantando la incomodidad que le causaba.

Ya pocos soldados quedaban combatiendo. El general, Sir Hass, había asustado con su magia a los más cobardes, y los valientes no eran los suficientes como para oponer resistencia a un ejército tan numeroso. A pesar de todo, ésta había sido una fácil.

Un hombre con una lanza dio el golpe de gracia a una soldado herida y luego miró a Escala, quien debía sobresalir en el paisaje por no estar combatiendo con nadie en ese momento.

-Mujeres. Un ejército de mujeres. –Escupió y la miró con desprecio-. Su lugar no es la guerra.

-¿Ah, sí? –respondió Escala con tono amenazador en lo que se acercaba-. ¿Cuál es nuestro lugar?

-Entre perfumes y flores, tal vez. Aquí sólo hay espacio para hombres; para muerte, dolor y sangre.

-¿Dijiste dolor y sangre? –Su boca se contorsionó en una mueca cruel a la vez que una contracción se extendía por sus entrañas, retorciéndole los músculos desde adentro-. Tú no tienes idea lo que hacemos las mujeres con la luna, ¿verdad?

-¿Se convierten en lobos? –bromeó el hombre poniéndose en guardia. Escala sonrió, tomó su espada con tanta fuerza que se dejó los nudillos blancos, y la desenvainó.

-Eso quisieras.

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Gente mágica, textos en las sombras

Saludos, lectores, bienvenidos otra vez a mi pequeño rincón de palabras. Hoy vine a compartirles algo que surgió de un post en facebook. En una página se preguntaban cómo un autor los describiría y yo me ofrecí a hacerlo con quienes me pasaran una foto. Lamentablemente perdí el enlace y sólo recuperé tres de las que hice, pero me gustaron lo suficiente como para quererlas compartir.

En mi opinión, hay magia en leer la descripción de alguien, imaginar un nuevo rostro, y abrir la puerta a ese ser para que nos llene de historias. He inventado libros enteros gracias a una descripción, un dibujo o una fotografía de un rostro que me arrastraron a soñar con nuevas vidas en nuevos mundos.

Aprovecho a contarles que cambié las recompensas en mi patreon y que ahora los que donen 10 o más podrán acceder a textos que tengo guardados bajo llave por cuestiones de copyright. Todo lo que escriba y prepare para publicación o para participar en concursos lo iré compartiendo allí y lo podrán leer meses (a veces años) antes de que salga publicado (si es que alguna vez se publica). En mi opinión, son de mis mejores trabajos, así que si les gusta lo que escribo, consideren ayudarme a crecer como escritora y de paso ganarse así el acceso a estos textos tan exclusivos.

Sin más que decir, los dejo ir al texto prometido. ¡Feliz lectura!


“Ella era la noche misma. Oscura, calma, serena. Tenía un alma pacífica y un rostro delicado. Ella era la música que tocaba el corazón de los que se quedaban quietos en el silencio. Piel tersa y expresión eterna; espíritu eterno y bellísimos labios. Un beso y te hacía dormir; un beso y te hacía soñar.”

“Él era uno de esos hombres con los que podías encontrarte en cualquier lugar sin que te llamara la atención, porque una mirada perdida o un ceño fruncido distraído pueden fácilmente distraer a los mortales. Pero si esperas y tus ojos se encuentran con los suyos, una sonrisa astuta empezará a mostrarse. En un segundo, el hombre simple desaparece y surge le hechicero. Un nuevo mundo se abre para ti justo en el brillo de sus ojos, desbloqueado por su mágica sonrisa.
Y entonces él mira hacia otro lugar y parece ser un humano normal otra vez; pero tú ahora sabes que no lo es. Tú sabes que acabas de conocer a un viejo mago, a un espíritu travieso, un eterno cuentacuentos; y él te ha introducido a una nueva forma de ver la vida que jamás se irá.”

“Algunos decían que era un dios del sol, otros lo veían como a nada más que un viajero que accidentalmente se había tropezado con su taberna. Pero bien sabido es que los taberneros, tan acostumbrados a rarezas y con ojos aburridos para mirar lo extraordinario, nunca se fijaban en los jóvenes.
Éste en particular tenía rayos de luz por cabellos y una sonrisa que no conocía descanso. Su mirada simple escondía secretos de aquellas tantas veces que sus pies inquietos lo habían arrojado a aventuras en tierras mágicas, y su cuerpo enjuto camuflaba la astucia y agilidad de un zorro.
Qué tristeza, tabernero; por perder tu tiempo oyendo cómo un viejo hechicero, uno más del montón, mató a un dragón el siglo pasado, te quedaste sin oír la voz de quien el día de mañana será una verdadera leyenda.”


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Cuando somos

Alzo los ojos al cielo y te veo, luna, pero te he visto hace apenas un instante en otro lugar del firmamento. Me giro y encuentro a esa otra como tú. Y una más. Y una más. Las empiezo a contar: tres, cuatro… diez, once… veinte, veintiuno, veintidós… El cosmos está plagado de réplicas de tu belleza y de ese mágico fulgor musical que da sentido a la noche y sus estrellas.

La realidad me maravilla y grito a los presentes para que no se vayan de ella, que no desvíen su atención un solo segundo; porque la eternidad bien gastada estaría en mirarte a ti y a tus hermanas hasta que el tiempo deje de fluir y no haya más hálitos que suspirar.

Aparece entonces una magia que me habla y me asegura que no estás allí. Elijo no creerle porque te veo, y viéndote, te hago real. Pero a pesar de la resistencia, cae a mi mente esa realización súbita: no, no estás allí. Estoy soñando, lejos de mi cuerpo y en lo profundo de un mundo bendito por la presencia de tantas como tú.

Pero si no estás realmente ahí, ¿estoy realmente aquí? Yo confirmo tu realidad con mi mirada. Dicen que si pienso, existo, pero es cuando nos vemos que soy. Porque somos en relación y un alma solitaria no puede gritar tan fuerte como para que un universo vacío la perciba.

Si no estás ahí para que te dé existencia, si no puedo ver el fuego de mi alma reflejándose en tu luz tenue, ¿cómo saber quién es la que no existe de nosotras dos?

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Artista: JustV23

 


Dedicado a Sebastian Laria.


© Registado en Safe Creative, código 1606078093365.


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¡Nuevos espíritus acercándose!

Lu Ten fue el único hijo nacido de Lu Tse, la luna, y Tab Ban, un lamub’arr negro. Solía hablar con su madre todas las noches y cazar con su padre todos los días. Cuando decidió vivir con ella, siguiéndola a las profundidades de su reino, una poderosa magia lo tocó.
Esta historia será parte del libro de cuentos tradicionales de los alas’arr, esa raza de magnificencia física y espiritual.
¡Quédense cerca para no perderse nada!
Cuentos ya disponibles: