La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento


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Gente mágica, textos en las sombras

Saludos, lectores, bienvenidos otra vez a mi pequeño rincón de palabras. Hoy vine a compartirles algo que surgió de un post en facebook. En una página se preguntaban cómo un autor los describiría y yo me ofrecí a hacerlo con quienes me pasaran una foto. Lamentablemente perdí el enlace y sólo recuperé tres de las que hice, pero me gustaron lo suficiente como para quererlas compartir.

En mi opinión, hay magia en leer la descripción de alguien, imaginar un nuevo rostro, y abrir la puerta a ese ser para que nos llene de historias. He inventado libros enteros gracias a una descripción, un dibujo o una fotografía de un rostro que me arrastraron a soñar con nuevas vidas en nuevos mundos.

Aprovecho a contarles que cambié las recompensas en mi patreon y que ahora los que donen 10 o más podrán acceder a textos que tengo guardados bajo llave por cuestiones de copyright. Todo lo que escriba y prepare para publicación o para participar en concursos lo iré compartiendo allí y lo podrán leer meses (a veces años) antes de que salga publicado (si es que alguna vez se publica). En mi opinión, son de mis mejores trabajos, así que si les gusta lo que escribo, consideren ayudarme a crecer como escritora y de paso ganarse así el acceso a estos textos tan exclusivos.

Sin más que decir, los dejo ir al texto prometido. ¡Feliz lectura!


“Ella era la noche misma. Oscura, calma, serena. Tenía un alma pacífica y un rostro delicado. Ella era la música que tocaba el corazón de los que se quedaban quietos en el silencio. Piel tersa y expresión eterna; espíritu eterno y bellísimos labios. Un beso y te hacía dormir; un beso y te hacía soñar.”

“Él era uno de esos hombres con los que podías encontrarte en cualquier lugar sin que te llamara la atención, porque una mirada perdida o un ceño fruncido distraído pueden fácilmente distraer a los mortales. Pero si esperas y tus ojos se encuentran con los suyos, una sonrisa astuta empezará a mostrarse. En un segundo, el hombre simple desaparece y surge le hechicero. Un nuevo mundo se abre para ti justo en el brillo de sus ojos, desbloqueado por su mágica sonrisa.
Y entonces él mira hacia otro lugar y parece ser un humano normal otra vez; pero tú ahora sabes que no lo es. Tú sabes que acabas de conocer a un viejo mago, a un espíritu travieso, un eterno cuentacuentos; y él te ha introducido a una nueva forma de ver la vida que jamás se irá.”

“Algunos decían que era un dios del sol, otros lo veían como a nada más que un viajero que accidentalmente se había tropezado con su taberna. Pero bien sabido es que los taberneros, tan acostumbrados a rarezas y con ojos aburridos para mirar lo extraordinario, nunca se fijaban en los jóvenes.
Éste en particular tenía rayos de luz por cabellos y una sonrisa que no conocía descanso. Su mirada simple escondía secretos de aquellas tantas veces que sus pies inquietos lo habían arrojado a aventuras en tierras mágicas, y su cuerpo enjuto camuflaba la astucia y agilidad de un zorro.
Qué tristeza, tabernero; por perder tu tiempo oyendo cómo un viejo hechicero, uno más del montón, mató a un dragón el siglo pasado, te quedaste sin oír la voz de quien el día de mañana será una verdadera leyenda.”


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Revolución Reign: Príncipe – Capítulo 3

Capítulo anterior: https://lacatedraldelassilfides.wordpress.com/2016/01/31/revolucion-reign-principe-capitulo-2/

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Había creído que a partir de aquel momento Path no dejaría de aparecer en mi vida, como si fuese a cruzarme con sus ojos desgarradores de almas cada vez que doblara una esquina, entrara en mi habitación o hasta abriera mi ropero; pero no ocurrió. O se había tomado muy en serio los retos de Star, o el encuentro con Snow lo había espantado.

No pregunté por él ni intenté buscarlo y casi de inmediato renuncié a la comodidad de la casa de Rock para volver al castillo. Ya no sabía quién ocultaba qué y sentir que ya no había nadie en quien confiar, lentamente estaba destruyéndome por dentro.

Mi padre continuó su gobierno como si nada hubiese pasado y, dos días después de ya no tener a Snow a su lado, informó oficialmente que se había retirado para vivir con su familia en el área residencial norte de la clase media. Nadie cuestionó la veracidad de sus palabras y no volvió a saberse nada de él, su esposa o sus hijos.

Tardé en darme cuenta del motivo por el que de pronto me portaba tan bien, yendo a todas mis clases de piano, sin discutir ni hacer berrinche y hasta sonriendo en la mesa: estaba aterrado. ¿Sabría padre que yo sabía de su bastardo? Tal vez suponía que había sido Path el causante de la muerte de Snow, por lo que si alguien nos había visto juntos y llegaba el rumor a él, tal vez pensaría que yo estaba en su contra; y si eso ocurría no debería tomarse mucho tiempo en hacerme desaparecer también y decir que me había mandado a vivir con Snow.

Starling se comportaba como la muñeca estúpida que siempre había fingido ser y me pregunté si acaso tendría tanto miedo como yo. Si padre descubriera quién era ella en realidad y que tenía planes contra él, ¿la perdonaría por ser hija suya? Luego de invertir tanto en su educación me resultaba difícil creer que no le tendría piedad, pero algo en mi interior me decía que nadie estaba del todo a salvo. Path y Rock definitivamente no lo estaban.

Comencé a evitar a los farseers y no entraba en discusiones con ellos cuando accidentalmente me los encontraba. No más faltas de respeto ni resoplidos en sus autoritarias caras; no levantar la voz o escapar mientras me hablaban; y definitivamente no olvidar saludar cada vez, como el educado y obediente hijo que se suponía que yo era.

Sorsz notó de inmediato el cambio en mi actitud y comenzó a perseguirme allí a donde iba. Estaba convencido de que quien me hiciera el corte en la mano me había hecho algo más y no detendría su vigilancia sobre mí hasta atrapar al culpable. Siempre había entrado en mi habitación sin golpear a la puerta, pero ahora lo hacía tan a menudo que resultaba irritante, y a veces sólo se me quedaba viendo antes de volver a salir.

Entre mi paranoia y su acoso, sumado a que había convencido a Northern de que también me vigilara, no tardé mucho en saturarme; pero como no me animaba ya a refugiarme en lo de Rock y que mi padre no supiera qué hacía yo durante días, decidí que simplemente me tomaría una tarde para mí, y esperaba nadie notase mi ausencia.

Tomé uno de mis libros y me escabullí hasta la cocina de la guardia. Allí era fácil ser ignorado porque, siendo que tantos hombres exigían tanta comida, los trabajadores a duras penas tenían tiempo para mirar alrededor. Pasé desapercibido como quería, aún habiendo robado un poco de pan y, al estar completamente seguro, me agaché y metí bajo la gran mesada del fondo. Gateé como hacía de niño, pasé por detrás de los barriles de harina y frutas secas, y llegué a la trampilla que estaba en el muro, bien escondida de las miradas.

La abrí y pasé gateando, cerrando tras de mí sin hacer mucho ruido, y seguí por el oscuro conducto. Lo había descubierto en mi infancia y era un lugar excelente: nadie sabía dónde estaba y tenía acceso fácil a tanta comida como se me antojase, además de que no salía del castillo, por lo que si se me interrogaba a mi regreso, mentir era mucho más fácil.

Empujé la reja oxidada y salí al décimo tercer jardín. No conocía a nadie que supiera que existía, por lo que el número se lo había asignado yo. Algunos jardines eran simples patios empedrados donde no entraban más de veinte personas sin comenzar a odiarse intensamente; por lo que encontrar éste, tan amplio y verde, había sido una bendición. La tierra estaba perfectamente nivelada y había una galería de piedra un metro más alta que cubría toda la circunferencia del lugar, separándose del jardín por una barandilla del mismo material. Plantas no había, árboles tampoco, sólo césped en su estado más salvaje.

Respiré profundo y disfruté de la luz del exterior, del silencio y la soledad; las tres cosas más raras y difíciles de conseguir en Ars Vigil. ¿Por qué había dejado de ir a ese lugar? Abrí los ojos y vi un trozo de metal escondido entre la hierba, reflejándome la luz. Ah, sí, por eso había sido. Pero ya no era un niño, ya no tenía por qué temer a esas cosas. Simplemente cuidaría de mantenerme en la galería y no bajar al césped.

Comencé a caminar con una mano sobre la barandilla mientras comía el pan que había tomado de la cocina. Sabía que debía pedirles permiso para estar allí y así evitar que se enfadaran por mi sola presencia, pero hablarles me resultaba aún peor. Tal vez si hacía silencio no notarían que estaba allí.

Por la periferia de mi visión vi algo moverse y como si eso no hubiese bastado para hacer que el terror calara hasta mis huesos, una sombra saltó hacia mí con un rápido “¡bu!”.

Retrocedí, golpeé la barandilla, giré y caí en el césped sobre mi estómago. Arriba, Path reía a carcajadas y cuando me levanté estaba agarrándose el estómago del dolor que le ocasionaba no poder parar de reír.

–¿Qué haces aquí? –pregunté enojado.

–¿No viniste aquí para que te buscara? –dijo confundido con los brazos aún en el abdomen. Aún su cuerpo se contraía con algunas risas sofocadas.

–¿Cómo saber que sabías de este lugar?

–Dijiste “sabes encontrarme”; creí que sabías que podría encontrarte ahí donde fueras y que habías venido aquí para que nadie nos viera. –Me giré para enfrentarlo, pero no pude hablar. Tenía razón en que era un buen lugar para una reunión secreta, pero me daba escalofríos sentir que él sabría siempre dónde estaba. Era peor que Sorsz. Se levantó y miró al jardín–. ¿Qué hay ahí? –Señaló entre el alto césped a uno de los trozos de metal.

–¡No vayas…! –grité, pero ya estaba saltando la barandilla. Me mordí el labio y me pregunté si debía correr y dejarlo a su suerte o esperar y vernos sufrir a los dos.

–¡Mira, un yelmo! –dijo alzándolo–. Oh, disculpe señor no vi que estaba ahí dentro –le dijo a la calavera, luego me miró a mí con inocencia–. ¿Quién es?

–No sé, no los toques, se enfurecen.

–¿En plural? ¿Hay más? –Miró alrededor mientras estrujaba la cabeza del hombre muerto contra su pecho.

–Sí, hay muchos escondidos en el césped. Hay más en las habitaciones del fondo –señalé al final del jardín–; pero no les gusta que los toques. Deja a ese y vuelve aquí. –Me ignoró–. ¡Path! ¡No debes molestar a los muertos!

–¿Por qué? Ellos también se aburren. Y ve a saber cuánto tiempo llevan aquí.

–Debes dejar que el Rey de los Muertos y la Muerte venga a buscarlos y ya, no intervengas –ladré, pero no me hacía caso y no me animaba a bajar y sacarlo de allí a rastras.

–Mira, aquí está tu cuerpo –le dijo a la calavera con el yelmo.

–¡Path!

–¡Vamos Reign! Nunca desaparecerán con tanto metal. Les haremos un favor quitándoles todo esto y enterrándolos. Por lo pronto, amigo, aquí tienes tu cuerpo. –La dejó y volvió–. Busquemos un par de palas y hagamos una fosa.

–¿Acaso no le tienes miedo a nada?

–¿Por qué habría de tener miedo? Es gente, como tú y yo. Con menos carne.

–La magia de los muertos es poderosa, podrían maldecirte. –Path rió a carcajadas.

–No, Reign, morir no te da poderes mágicos.

–Está bien, haz lo que quieras, pero cuando yo no esté aquí. –Él me miró serio.

–Realmente te asusta.

–¡Si! ¡Y tú eres un tonto por tomártelo tan a la ligera!

–Está bien, está bien, tranquilo. Lo haré cuando esté solo. Ven, vamos a conocernos mejor –propuso con alegría y no me permitió discutir.

Resultó que aquel chico era un optimista sin remedio y eso casi que nos convertía en opuestos irreconciliables. A pesar de estar pasando momentos difíciles en su vida, siempre veía el lado alegre, y reía y lloraba casi a toda hora. Me exasperaba.

Comenzó a soltar lágrimas al contarme el miedo que había vivido los días anteriores, seguro de que nuestro encuentro con Snow había firmado mi sentencia de muerte. La culpa lo corroía y me abrazó y lloró como si acaso ya estuviésemos en mi funeral.

Había creído que las lágrimas le habían dado demasiado brillo a sus ojos, pero en ese momento me di cuenta de qué era eso que veía: la vida que todos perdíamos al crecer, él no la había perdido. Por eso lloraba, simplemente porque podía. Su corazón latía, él estaba vivo, totalmente vivo. La rutina no lo había tomado y ni en sus ojos ni en su alma existía ese gris que a mí me había tomado hacía tanto.

Quise preguntar cómo lo había hecho, pero me asustó lo que podría haber respondido; podría haber sido demasiado difícil como para lograrlo, o peor aún, podría haber sido tan fácil que no tendría más opción que armarme de un valor que no tenía, extender el brazo y tomar la solución en mis manos.

–¿Padre…? –dudé, la respuesta era una obviedad, pero no estaba seguro de soportar verificarlo–. Te conoce –afirmé, incapaz de formularlo como pregunta.

–Sí. No sé cuándo oyó de mí, pero cuando yo lo hice, él ya sabía.

–Entiendo. Esa vez de la golpiza…

–Fue la primera vez que nos encontramos. Vine a pedirle un favor y…

–¿Y te mandó a golpear?

–No. Me negó la ayuda que pedí, lo amenacé y entonces me mandó a golpear.

–No te imagino amenazando.

–No disfruté hacerlo. –¿Qué llevaba a un joven tan optimista a ese límite?

–¿Y no pensaste en… hablar simplemente? Si dieras un paso al frente destruirías el matrimonio de mi padre y su gobierno.

–Y tu vida. ¿Qué harías si no fueras noble? –De pronto su rostro se iluminó–. ¡Podrías trabajar conmigo! Te pincharías los dedos al principio, pero estoy bastante seguro de que aprenderías a coser botones en un instante.

–No creo que coser sea lo mío…

–Es relajante. Sino podrías trabajar de escriba. En la nobleza todos saben leer y escribir, pero fuera del área donde la gente come cuatro veces al día, es una habilidad rara.

–¿Tú no sabes?

–Sí sé. Mi madre insistió en que aprendiera, y también a sumar y restar. Fueron clases caras pero lo valieron. ¿Destruyo tu vida entonces?

–Creo que mejor no… –respondí y nos sumimos en el silencio.

En Gäel y la mayoría de los ducados del sur, a pesar de que el divorcio no acarreaba problemas sociales ni morales, una vez que una pareja se sentaba al poder, la sociedad presionaba para que salieran juntos o aguantasen hasta su muerte. Un líder soltero era aceptable, un líder enamorado, comprometido, casado o viudo, también; pero uno que hubiese fracasado en su vida romántica era interpretado como alguien que indudablemente fracasaría en su vida política.

Mi madre había escondido su infidelidad por eso. Ella vivía demasiado cómoda y era demasiado inútil en cualquier labor como para poder aceptar vivir desterrada de la zona noble. Además era la última de su familia, por lo que si se divorciaba, no habría condes ni marqueses que pudieran compartir los beneficios de sus títulos con ella, y llegaría sin demoras a la zona pobre a hacer el trabajo que la sociedad le impusiera.

Intenté ignorar el hecho de que mis hermanos y yo, inútiles por profesión, quedaríamos sin nada y viviríamos de lo que mendigáramos en los pasillos si eso llegase a ocurrir. Bueno, Sorsz podía ser un buen guardia y Star trabajar como actriz o cantante. Mis hermanos más chicos y yo estábamos condenados; a menos que aprendiésemos a coser botones para Path.

Pero Star tenía un plan… ¿Incluiría renunciar a mi vida? ¿Quitarnos del poder era parte de su idea? ¿Querría sentarse ella al poder o destruir por completo nuestra forma de gobierno? Ambas me parecían improbables, pero ahora ya no podía estar seguro de nada.

–¿En qué piensas? –preguntó Path deslizándose para quedar recostado en el piso, con la cabeza descansando en mi antebrazo; era una postura realmente incómoda, especialmente si a eso se le sumaba que tenía que mirar hacia arriba y atrás para poder verme.

–Si te digo te vas a reír.

–Seguramente, soy tu hermano, para eso estoy. –Lo empujé para que se quitara de mi antebrazo y se sentó–. Cuéntame, tenemos que recuperar el tiempo perdido.

–Estos días he estado muy asustado. Estoy seguro que mi padre nunca me haría daño, pero luego de lo que ocurrió con Snow…

–También le temo a ese hombre. No sólo por lo que pueda hacerme sino por lo que podría hacerle a la gente que me importa. No sé qué haría si llegase a pasarles algo.

–¿Cómo terminaste involucrado en todo esto? Sé que no querías vivir sin tus hermanos, pero ¿llegar a organizar un grupo armado?

–Esa fue Star –dijo deteniéndome–. Yo quería algo mucho más pacífico, aunque ahora sé que no hay una vía pacífica para esto. Cuando tengamos los suficientes hombres nos levantaremos contra Throne, no hay otra forma de que escuche a nuestra petición.

–¿Y la petición cuál es? ¿Quiere Star ser duquesa?

–No, no queremos hacerle nada a la familia ni forzar al ducado a cambiar de gobierno, sólo que nuestro padre se responsabilice de lo que ha hecho y sea juzgado por sus crímenes –mi mente se detuvo. ¿Crímenes? No, aún no quería saber eso.

–Pero tendría que dejar el poder de ser encontrado culpable.

–Sí, pero aún así no es Star la heredera, sino Sunrise.

–¿Y todo ese grupo está bien con eso?

–Sí, sólo queremos un líder justo. Si Sorsz puede serlo, lo aceptaremos.

–¿Y lady Leaf? ¿Qué opina ella de todo esto?

–Mi madre… –lo meditó un momento– ¿Te gustaría conocerla?

–Oh, no. No sé si sea seguro para ella, no quisiera que esté en peligro.

–No lo estará, y creo que entenderás mucho más de mí así. Ve a casa de Rock esta noche, di que dormirás allí, yo te voy a buscar.

–¿Seguro?

–Sí –me sonrió y, con un movimiento ágil, se levantó y alejó. Creí que iba a voltearse a decir algo, pero sólo se encaminó hacia el lugar del que había salido cuando me hubo asustado. Un instante más tarde me encontré solo otra vez.

Volví a la lectura, pero una pregunta me distraía: ¿por qué los espíritus no se habían agitado? Cada vez que me había tropezado con un hueso o que la búsqueda de un regalo de cumpleaños para Sorsz me había llevado a intentar apoderarme de una de sus espadas, habían comenzado a oírse fuertes pisadas y golpes de metal contra metal, acompañados de una agitación feroz que parecía que iba a aplastarme el corazón.

Pero a pesar de que Path había movido aquel cráneo, todo estaba tranquilo. ¿Habría sido porque no les temía? O tal vez su forma tan natural de tratarlos… O tal vez simplemente no había empezado aún. Decidí que era hora de partir.

Salí a la cocina y me quedé escondido bajo la mesa hasta que encontré el momento perfecto para salir y fingir que no había hecho nada raro. No permití que mi encuentro con Path me distrajera y completé mi día como si quisiera hacer llorar de alegría a mi madre.

En la noche Sorsz insistió en acompañarme a casa de Rock y no pude impedírselo. Algo sospechaba, pero nuestro cuñado pareció convencerlo con su actuación en cuanto llegamos. Luego de unos intercambios de palabras ácidas pero con sonrisas amables, mi hermano me llamó “bebé” imitando a madre, pellizcó mis mejillas, y se fue dejándome humillado. Por suerte nadie más que Rock estaba mirando y sus risas nunca eran muy hirientes.

–¿Quieres comer algo? –preguntó–. Si no cenaste aún, hazlo aquí.

–Ya lo hice –respondí extrañado.

–Bien. Path te buscará pronto, así que no salgas. Yo iré a la zona rebelde, tengo que…

–No me digas –interrumpí–, no me cuentes. No quiero saber.

–Como quieras, kelpie. En la mesa hay un poco de pan, carne, queso y una botella de vino. Llévate todo y déjalo allá. Bajo ningún motivo dejes que tu hermano te convenza de traerlo de regreso.

–¿No es de mala educación? –pregunté con cierta prudencia. Llevar comida a alguien que te invitaba era un gran insulto; casi escupirle en la cara a tu anfitrión que no pensabas que fuera capaz de recibirte con toda la dignidad que creías merecer.

–Sí, y se resistirá, así que demuéstrale todo lo terco que eres. Que se diviertan juntos entonces –sonrió–, adiós.

–Adiós.

–Adiós –dijo Path cuando Rock acababa de cerrar la puerta. Me giré sobresaltado y lo encontré allí, como si hubiese atravesado la pared–. Hola, ¿estás listo?

–Sí, vamos.

–Oh no, no así –me señaló–. Si vas vestido así tendremos problemas.

–¿Qué tiene de malo?

–¡Llamas mucho la atención! No queremos que grites que eres el hijo del duque.

–Pensé en eso y me puse la ropa más modesta que tengo. –Él rió.

–Bueno, menos mal que yo pienso mejor.

Path me llevó hacia una de las habitaciones de la casa de Rock y rebuscó en un gran mueble antiguo. Me hizo quitarme los zapatos, me dio unas botas de cuero mal trabajado y recibió mi camisa y saco. Luego me dio una camisola vieja con mangas que se ensanchaban un poco antes de alcanzar las muñecas y entonces se ajustaban con firmeza. Ambas prendas me quedaban largas pero ajustadas, indicando que sólo podía haber pertenecido al que era un poco más alto y más flaco que yo: Path.

–El pantalón puedes quedártelo, no se nota tanto –dijo cerrando las puertas del mueble y mirándome. Si mi madre me hubiera visto vestido así, habría llorado.

–Bueno, mejor. –Acomodé el cuello de la camisa y él agarró y miró una de mis manos.

–Sí, no le muestres tus manos a nadie; se nota mucho que no has trabajado nunca.

–Eres demasiado detallista –critiqué cruzándome de brazos–. Además tú lo dijiste hoy; podría ser un escriba, eso no lastimaría mis manos. –Path me miró con incredulidad y me mostró sus manos. Tenían algunos callos viejos y las uniones de sus uñas sangraban–. No me engañas, eso es porque seguro te las muerdes.

–Bueno, sí –admitió–, pero los callos y cicatrices no. No importa de qué trabajes, sólo un noble no tiene que cargar agua hasta su casa al menos una vez al día.

No discutí y él se dio por victorioso. No se me había ocurrido que alguien tendría que cargar agua, pero si cada casa hubiese tenido un pozo, la ciudad se habría desmoronado.

Path entró en la habitación contigua y reveló una puerta trampa tan bien escondida que uno no la habría visto si no estaba buscándola. Entró sin pensarlo dos veces y yo miré con detenimiento: estaba totalmente oscuro y salía de él un aire frío y húmedo que calaba los huesos. Path llegó al fondo y me llamó, pero recordé la comida que nos había dejado Rock y le dije que regresaría a buscarla. Lo oí protestar mucho más de lo que esperaba, pero aún así no me impidió hacerlo. Corrí a la cocina y regresé con rapidez, me resigné a bajar y comencé a seguir a Path sin seguir discutiendo. No veía su rostro en la oscuridad, pero el silencio que guardaba me indicó que estaba ofendido. No me extrañaba y no lo reproché.

Luego de varios minutos se detuvo ante una hendija por donde pasaba luz y se quedó observando por ella unos momentos, luego aflojó la madera, salió y me tendió una mano para ayudarme a salir. De inmediato me encontré completamente desorientado, ya que nuevamente estábamos en un lugar al que no había ido jamás.

Path volvió a acomodar la tabla y me instó a seguirlo. Me inquietaba hasta el terror tener que depender tanto de él, pero no tenía motivos para pensar que planeaba algo malo; al contrario, cuando lo había necesitado no había dudado en arriesgar su propia vida para ayudarme. Aún así mi mente estaba en alerta y no podía bajar la guardia.

Finalmente dejé de pensar en eso cuando las viejas botas que tenía casi me mataron y Path me regañó por no caminar bien. No me tardé en protestar, pero cierto era que llamaba demasiado la atención; a pesar de que era ya tarde y había muy poca gente en los pasillos, bastaba que sólo una persona nos reportara a los guardias para meternos en problemas.

Tardé en darme cuenta en dónde estábamos, pero al notarlo, me sentí un idiota porque era realmente obvio. A nuestro alrededor sólo había pasillos angostos, negocios con puertas desvencijadas, gente con expresiones vacías y guardias que iban de un lado a otro como si acaso pudiesen olfatear crimen: ésa era la zona más baja de Ars Vigil, la clase pobre.

El lugar se veía sucio y olía aún peor, como si algún borracho sin bañarse por varias lunaciones hubiese orinado por los rincones. El exceso de perfumes en algunas áreas sólo empeoraba la situación.

–Haz que no sea tan obvio que no eres de aquí –susurró Path.

–¿En serio tú vives entre todo esto?

–No, yo vivo en esta clase pero en el área siguiente.

–¿Y por qué pasamos por aquí?

–Hay muchos prostíbulos de ese lado y quienes más los usan son guardias, así que era peligroso llevarte por ahí.

–Es amable de tu parte –dije tapándome la boca y nariz con una mano. Path rió y aceleró el paso, pero yo me detuve. Mi hermano lo notó y regresó a apurarme.

–No lo mires así, eres muy evidente –me retó, pero era más fuerte que yo.

–¿Qué hace ahí?

–Duerme.

–¿Por qué no en su casa? –pregunté ingenuo.

–No tiene. –Aferró fuerte mi mano y apuró más aún su paso para salir de aquella plaza lo antes posible. Yo no podía dejar de mirar al hombre durmiendo en sus propios desechos.

–Hay una casa por cada gäélico –discutí citando a mi padre.

–Pero no un gäélico en cada casa –dijo Path con tristeza–, muchos no pueden pagar impuestos y las casas quedan vacías.

–Mi abuelo eliminó los impuestos en la zona pobre.

–Y Throne los creó de nuevo. No mires –volvió a repetir, pero esta vez con más urgencia, lo cual sólo tuvo el efecto contrario.

Dos guardias habían caminado hasta el hombre dormido y lo pateaban para despertarlo. Di un paso hacia ellos, pero Path jaló de mi mano y me sacó rápidamente de allí cuando la parte más violenta del encuentro comenzaba. Intenté liberarme, pero mi hermano se giró y me enfrentó.

–No puedes hacer nada –dijo como si no lo lamentara.

–Soy el hijo del duque, claro que puedo.

–No sin ponernos a nosotros dos en peligro.

–¡Pero ese hombre…!

–¡Se moverá a otra plaza que ya hayan revisado y dormirá unas horas hasta el cambio de guardia! ¡Olvídalo!

–¿Qué hacen escondidos aquí? –ladró una voz a mi espalda. Me volteé para encontrarme con un tercer hombre de mi padre. No lo conocía y eso significaba que él tampoco a mí–. ¿Qué tienes ahí? –me preguntó revisando con brutalidad lo que Rock me había dejado. Tomó la botella por el cuello y me dio un empujón–. ¡Largo! –Path tomó mi mano otra vez y nos alejamos. El guardia se volteó y caminó a la plaza, disfrutando su premio.

–Nos robó –dije consternado.

–Sólo el vino. Ése es conocido por siempre estar emborrachándose, así que era de esperarse. Hay otros que disfrutan de la violencia y golpean sin provocación. Hace tres días mataron a un vagabundo por excederse cuando lo corrían por estar durmiendo en la entrada de una casa.

–¡Eso es horrible!

–Y nadie va a intentar convencerte de lo contrario.

Seguimos caminando en silencio hasta llegar a un área indudablemente más tranquila. Todo estaba más limpio y no se sentía aquel fuerte olor, pero los pasillos seguían siendo angostos y las puertas y ventanas evidenciaban un paso del tiempo atroz. Aunque una llamó mi atención y fue justo donde nos detuvimos. La puerta de Path era vieja pero tenía flores y garabatos de distintos colores decorándola. La pintura estaba comenzando a saltarse de la madera, pero los amarillos, rojos, verdes y violetas seguían siendo una caricia al corazón entre tanta gris decadencia.

Entramos a una casa de una sola habitación de tres metros por tal vez siete u ocho. Al fondo había una única cama con un baúl, contra una pared un sofá, y, enfrente y más cercano a la mitad del lugar, una gran mesa de madera con telas blancas y retazos rosados ordenados de forma excesivamente cuidadosa. A su izquierda había un mueble alto con algunos estantes, y frente a la puerta una barra de madera de un metro por dos dividía la habitación a la mitad y se conectaba a una mesa contra la pared del fondo que seguramente era usada como mesada para lo que sólo pude interpretar que era la cocina.

Path me quitó la comida y dio la vuelta a la barra, sentándose del otro lado y tendiéndome un banco alto. Lo imité y él me miró casi con lástima.

–¿Estás bien? –preguntó.

–Sí, es sólo que… No puedo creer que pase esto. ¡En el castillo nadie sabe!

–Querido e ingenuo hermanito, Throne sabe. Es él quien manda a los guardias a “limpiar” las calles y eso no significa sólo sacar basura.

–Pero ¿qué mal hacen? Demasiada desgracia viven si no tienen siquiera un hogar.

–Yo comparto lo que piensas, pero Throne nunca mostró piedad. Nunca, con nadie.

–Me rehúso a creerlo. –Path me miró con ternura.

–Starling siempre dijo que eras muy duro y frío, con eso de que no gustabas compartir lo que sentías ni permitías que nadie te tocara –me sonrió–. Yo siempre le dije que es tonto esconder un escudo dentro de una armadura, las cosas duras se protegen solas; por lo que detrás de tu coraza sólo podía haber algo frágil y seguramente muy valioso como para que valga la pena protegerlo con tanto celo.

–¿De verdad crees eso?

–Sí. Ahora quisiera saber qué te hizo esconderte. Tú no conocías nada de esto, tú siempre tuviste una vida plena y cómoda en la nobleza. ¿De qué tenías que protegerte?

–No sé. –Jamás me había preguntado qué me había llevado a ser quien era.

–¿Qué te asusta? –inquirió. Dudé y sentí algo clavándose en mi garganta.

–No sé –respondí con mi voz quebrándose. Tosí para recuperar la compostura.

–¿Qué haría que no quisieras vivir más?

–Es que… no estoy vivo siquiera.

–¿Cómo podrías no estar vivo?

–No sé, siempre lo he pensado. Todos vivimos encerrados aquí, siguiendo rutinas y existiendo sólo por existir. Cuando me veo al espejo siento que he muerto hace mucho… No sé explicártelo, nunca se lo dije a nadie. Tú eres diferente, tú estás vivo. Tal vez por eso no puedas entenderlo. –Mi hermano se quedó pensativo–. Es como si todo fuese gris, como si la vida se hubiese ido de todos nosotros. ¡Pero no de ti! ¡Esos colores no te dejaron a ti! Dioses y arpías, ¡hasta hay colores en tu puerta!

–Sí, a mí me gusta vivir.

–¡¿Por qué?! ¡Este lugar es horrible y lo es cada día más! La zona noble me resultaba ya horrible y ahora veo cómo viven aquí y no puedo entender cómo puedes tolerarlo, cómo pudiste sobrevivirlo. –Path afirmó un par de veces con la cabeza y luego se levantó y caminó hasta mi lado.

–Te mostraré –dijo tomando mi mano y haciéndome bajar de la banqueta. Luego me llevó hacia el fondo de la casa, donde entre la mesa y la cama había un pequeño altar con flores y un trozo de corteza que rezaba “Leaf”. El corazón me dio un vuelco.

–Path…

–Mamá, éste es mi nuevo hermano, Reign –me miró–; Reign, mi madre, Leaf.

–Yo… Path, lo siento, no sabía.

–Está bien –sonrió triste–. Reign te llama “lady”, mamá –dijo a la pequeña placa fúnebre de madera y rió–. Él te agradaría mucho –agregó mientras apretaba con fuerza mi mano. Luego volvió a dirigirse a mí, llorando–. Mi madre fue la persona más alegre y determinada que jamás pisó la ciudad. Ella estaba viva, como tú dices, y compartía eso con todos sin distinción. Por eso un día al año ayunábamos y usábamos el dinero que ahorrábamos con eso para comprar pigmentos para la puerta. A los niños siempre les gustó verlas y les devolvía un poco la esperanza, porque traía algo de afuera. Les explicábamos todo sobre las flores y los ayudábamos a volver a creer que había un mundo maravilloso cruzando los muros.

–Pero es un mundo que nunca podrían alcanzar.

–Si está en tu interior, ya lo alcanzaste. Tal vez aquí falten flores, pero yo llevo flores en mi interior todos los días. Yo vivo con esos colores y esas esencias; yo soy eso y tú también lo eres, pero lo has olvidado. ¡Tienes que recordarlo! ¡Tienes que recordar esa vida que tienes, esa vida que eres! Si renuncias a eso estarás perdido; pero si te aferras a tus flores, ningún gris te podrá tocar. Tal vez no puedas impedir el invierno, pero tarde o temprano llegará la primavera. –Dejó de hablar y me miró con sus intensos ojos verdes. Suspiré al notar que no estaba respirando–. No puedes permitir que alguien con algo tan tonto como cuatro paredes te robe tu vida y mate tus flores.

–Pero ya ocurrió, Path. Soy lo que han hecho de mí y no puede una creación cambiar a su creador.

–¿No lo ves? Tú te has hecho a ti mismo excusándote con que fue cosa de alguien más, ¡y así te autorizas a no hacer nada por tu vida! Si has tenido un invierno interior muy largo es inevitable que veas tierra fría y yerma, pero hay semillas ahí.

–No guardo esperanzas para mí.

–Compartiremos las mías –dijo seguro con un asomo de sonrisa. Algunas lágrimas aún caían–, hasta que florezcas otra vez –extendió el brazo hacia atrás y tomó un trozo de tela de la mesa, que luego me tendió. No me había dado cuenta de que había comenzado a llorar–. Ya verás, podrás seguir mi ritmo, sólo mantente sonriendo.

–¿Y por qué no sigues tú mi ritmo?

–¿Y morir los dos? –Rió.

–No, pero… –Me encogí de hombros y me encerré en mi interior. De pronto sentía que ir allí había sido un gravísimo error.

Me senté en la cama y apreté los dientes. ¿Realmente era tan fácil? ¿Seguir sonriendo? ¿Nada más? Quería irme. Quería volver a casa y olvidarme de ese chico, olvidar cada encuentro que habíamos tenido y volver a tener la tranquilidad de creer que mi vida era algo que escapaba de mis manos. Una tranquilidad gris, angustiosa y miserable, pero tranquilidad después de todo.

Path debió adivinar mis pensamientos otra vez porque posó una mano en mi cabeza y cuando lo miré, me sonrió.

–No tengas miedo –dijo–. Sólo es sacrificar un poco de la comodidad, un poco de bienestar a corto plazo, para hacer algo que dure y embellezca el día a día por mucho tiempo. –Lo miré a los ojos en silencio. No se había equivocado al llamarse a sí mismo “un optimista”–. Hay varios niños en esta zona; siempre les alegró mucho vernos pintar y a veces nos ayudaban a hacerlo. Y créeme, no hay nada gris en el mundo entonces. Tal vez haya hambre, cansancio y tristeza; pero estamos todos vivos y estamos vivos juntos.

–¿De verdad es tan fácil? –pregunté con voz queda.

–No, no es nada fácil, pero lo vale, hermanito, te juro que lo vale –dijo arrodillado ante mí. Miré a la corteza con el nombre de Leaf y me pregunté qué clase de mujer habría sido para lograr criar un hijo así sola… y qué podría haber sido lo que la matara. ¿Qué hace que el Rey de los Muertos y la Muerte se lleve a alguien así? Miré a Path, él aún estaba atento a mí.

–¿Qué le ocurrió? –me animé. Él suspiró a la vez que esbozaba una mueca indecisa. Tal vez no debí haber preguntado, pero antes de retractarme, se levantó y se sentó a mi lado.

–Hace medio año mi madre había enfermado de gripe. Estuvo en cama dos días, pero cuando vio que no alcanzaba yo a terminar el encargo que nos habían hecho, se levantó y comenzó a trabajar conmigo. Le dije que no, pero lo hizo igual, decía sentirse peor si estaba quieta. Pasaron días y luego un par de fases y no mejoraba. Su tos seguía y siempre tenía fiebre, pero nada la hacía parar a descansar. El día que se desmayó decidí que no lo aguantaría más.

»Junté todo lo que habíamos ahorrado y lo que gané vendiendo algunas de mis cosas y fui a la zona media. Por algún motivo terminé frente a un boticario que creyó que estaba allí para robar… Bueno, para ser sincero, el agua, pasando el límite diario, es cara, y no me había bañado en días para ahorrar para la medicina que necesitaba mi madre, por lo que no es de extrañar que me mirara con malos ojos desde el primer momento.

»Llamó a un guardia y él me sacó de allí a golpes. Le dije que tenía permiso para estar en la zona media, pero prefirió no creerme y me arrojó por una escalera que daba a la zona baja. Cuando recuperé la consciencia me habían robado hasta las botas –se detuvo y se rascó la nuca, recordando algo que tal vez había querido olvidar–. Lloré en un rincón hasta que no pude más; no quería volver a casa y que mi madre me viera así. Y ahí fue cuando se me ocurrió…

»Sabía que Throne era mi padre desde hacía un tiempo, pero no me había interesado jamás ir a verlo. No sabía que tenía hermanos, no me interesaba saber. Mi madre y yo siempre habíamos podido solos, pero en ese momento la humillación me importó poco, así que busqué ropa en casa de un amigo y fui. Necesitaba su ayuda y como muy grave me diría que no. Bueno, eso creí. Se rió en mi cara y me echó a sus hombres encima. Apenas escapé vivo. Mi madre murió dos días después –finalizó como si ya no soportara hablar más de eso.

–Lo siento –susurré.

Path comenzó a dejar caer lágrimas otra vez y sus ojos se llenaron de apatía. Me desesperé al no saber qué hacer, o si siquiera tendría que hacer algo en una situación así. ¿Por qué no estaba allí Star? Ella con un abrazo y una canción de su dulce voz habría resuelto todo. ¿Debía abrazarlo? Él me miró y sonrió radiante. Se levantó, estiró, besó mi frente y preparó el sofá para dormir en él. Mi asombro por tal reacción me impidió moverme y me limité a mirarlo ir y venir.

–Tú dormirás en la cama, el sofá no te resultará cómodo.

–Los besos también me incomodan, pero eso no te detiene.

–Bueno, no –rió–, pero somos sureños y se supone que besar y abrazar a nuestros familiares y seres queridos es parte de nuestra cultura.

–Aún así no me gusta.

–Te gustará porque no voy a dejar de ser yo –dijo con una estúpida expresión de alegría, luego se acostó y se cubrió con una manta–. Buenas noches –dijo dándole un manotazo a la pared para apagar los hechizos de luz.

Me quedé a oscuras con excepción de la luz de los pasillos, que entraba atenuada por la cortina. En el castillo todas las luces se apagaban excepto aquellas en los accesos, que eran vigilados a toda hora. En la zona pobre no era de extrañar que se mantuviesen encendidas; sería imposible tener suficiente gente a custodiar los pasillos y ya había aprendido que a veces el peligro eran los mismos guardias.

Me quité las incómodas botas de Path y me acosté. No podía dejar de pensar que tal vez si hubiese detenido la golpiza de aquel día y tendido mi mano a aquel chico sucio y desesperado, le habría cambiado la vida. Yo no tenía oro, pero sí poder, y tal vez con mi influencia, Leaf no hubiese muerto y Path todavía tendría su tranquila y feliz vida junto a ella.

Mi padre me hubiese odiado, repudiado sin duda, pero podría haber vivido allí con mi medio hermano y su madre; y quién sabe, tal vez hubiese resultado que sería feliz. Path era feliz; sonreía a pesar del dolor, me besaba aunque podría haber querido matarme. ¿Cómo habría sido él cuando Leaf aún vivía? Dos sonrisas constantes, pintando flores en la puerta y alegrando vidas allí donde estuvieran…

¿Por qué? ¿Por qué a mi padre no le había importado matar eso? ¿Qué tan cruel tenía que ser? ¿Qué tan cruel podía llegar a ser?

Apreté los puños y lloré, pero por primera vez en lo que recordaba haber vivido, no fue por mí. Me cubrí los ojos con el antebrazo y mordí con fuerza para evitar que el sollozo me delatara, pero casi de inmediato, Path tomó una de mis manos.

¿Cómo podía tener un gesto así? ¿Cómo podía no odiarme? Cualquiera me hubiese deseado el peor mal existente, pero él era tan amable y su cariño tan auténtico que sólo hacía que me sintiera más culpable aún.

¿Por qué? ¿Por qué no pude ayudarlo cuando me necesitó? ¿Por qué tenía que ser tan egocéntrico?

–Gracias –susurró Path e instintivamente aferré con fuerza la mano que sujetaba la mía. La culpa y el dolor aumentaron mil veces y tuve que girarme para que la almohada me ahogara.

Tal vez ése fuese mi castigo. Tal vez mientras más me doliese en ese momento, antes superaría la muerte de aquella mujer que no conocía. Me animé a mirar a Path, quien estaba atento a mí y, de algún modo, no lloraba. Al contrario, me sonrió y liberó su mano para despeinarme.

–No es tu culpa, no creas que sí –me acarició la cabeza–. Por favor.

Sí, Rock había tenido razón: ese joven de los brillantes ojos verde manzana veía a través de las cosas y había visto a través de mí. Qué vería no me preocupaba, Path nunca podría ser un juez más cruel que el que yo había sido toda mi vida conmigo mismo.

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Revolución Reign: Príncipe – Capítulo 2

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La mañana me recibió con la horrible noticia de que mi madre tenía planes para mí: a pesar de mi mano herida y de lo que dijera mi padre, me forzaría a ir a clases de piano cada día por el resto del tiempo que me quedaba libre antes de comenzar mis otras clases. Protestar fue inútil, por lo que sólo me quedaba una opción.

–Padre –dije entrando en su estudio con confianza, como siempre decía que debíamos hacer por ser hijos suyos. Caminé hasta su escritorio y me paré firme y seguro, mientras esperaba a que me mirara. Finalmente levantó la cabeza y clavó sus fieros ojos en los míos.

–Habla, chico.

–Madre quiere obligarme a tomar clases de piano.

–Lo sé.

–Me había autorizado a dejarlas.

–Las dejarás cuando empiecen tus otras clases.

–Pero…

–He dicho –puntualizó sin piedad–. Ahora largo que tu padre está ocupado.

Me mantuve firme, apretando los dientes y preguntándome qué tanto más podría discutir antes de hacerlo levantarse y golpearme; aunque era poco probable que lo convenciera de todos modos.

Un farseer se adelantó, no como amenaza porque no llevaba armas, sino como recordatorio que tenía poder sobre mí y que me sacaría de ser necesario. Giré sobre mis talones y salí con toda la dignidad que me quedaba. De un manotazo robé un libro al pasar junto a una estantería sin siquiera mirar su título y seguí caminando hasta llegar al salón, donde Northern y Crown jugaban Elemental Dissension.

–Creí que odiabas ese juego –le dije a mi hermanita.

–Sí, pero Crown necesitaba ganarle a alguien para probar otra estrategia.

–Qué abusivo puedes ser a veces, enano –opinó Sorsz echándose sobre el sofá y dejando los pies sobre nuestro hermano.

–¡Quita! –dijo luego de los segundos que le tomó reaccionar y salir de su mundo interior, dándole manotazos en las piernas.

–¿Te sientas con nosotros, Reign? –preguntó Northern con dulzura. Miré a los presentes y me senté: Crown a duras penas hablaba, mi hermanita era tranquila y Sorsz había decidido que ése era un buen lugar y momento para afilar su espada, por lo que estaría tranquilo.

Abrí el libro y me zambullí en él. Resultó ser la historia de una wisper que cruzó las limitaciones de la clase social a la que pertenecía para conquistar al alto lord del que había caído enamorada tras verlo tocar el violín en una plaza. Usualmente no disfrutaba las historias de amor, pero aquella determinada mujer me cautivó desde la primera página. Tenía la lengua muy suelta pero jamás perdía su elegancia y estaba tan segura de poder conquistar al violinista que me hubiese comido el libro página a página si no lo conseguía.

–¿Reign? –llamó mi madre. Nunca significaba algo bueno cuando me buscaba a mí específicamente entre todos mis hermanos–. Ven a tocar el piano para mí.

–Oh, madre…

–¡Vamos! –Como si no odiara mi vida lo suficiente ya, ahora tenía que lidiar con ser esclavo de esa loca mujer. Me puse de pie y Sorsz me dedicó una mirada de lástima.

–Si quieres luego te corto la otra –dijo alzando su espada. Le di la espalda para que no viera que me reía y seguí a mi madre como una rata estúpida a un gato. Tuve que tocar para ella sólo con una mano, pero se mostró complacida a pesar de todo y el mensajero de las infidelidades nuevamente me permitió escapar antes de tiempo.

Los días pasaron sin que volviera a encontrarme al muchacho rubio, pero cada día había nuevas vendas en mi habitación, lo que me indicaba indudablemente que seguía yendo. Intenté ignorar ese hecho tanto como me fue posible, pero entre su presencia fantasmal y las presiones exageradas de mi madre con el piano, no aguanté mucho más.

Rock me recibió en su casa con una sonrisa y preparó rápidamente una habitación para mí. Su hogar era amplio y tenía varias habitaciones, aunque casi todas abarrotadas de instrumentos musicales, piezas de repuesto y elementos para hacer su trabajo de reparación. Siempre había polvo por todos lados, pero no me molestaba, ni eso podía tapar el olor de la madera y los aceites que usaba para mantenerla que tanto me gustaba. Además, irónicamente, su hogar siempre era tranquilo y silencioso, ya que vivía solo.

Felizmente disfruté la comida, la paz y los caprichos que me cumplía mi cuñado, como mentirle a mi madre para que no me molestara o comprarme pan de queso en la panadería que estaba cerca de su casa. Pasaron así varios días sin problemas y logré terminar de leer el libro de la dama wisper, quien consiguió a su hombre; luego comencé a aburrirme.

No tuve sueños mientras estuve en casa de mi cuñado, pero dos por tres algún que otro pensamiento indeseado me asaltaba. Aún no entendía por qué aquel chico había puesto tanto esfuerzo en cuidar mi mano y eso me desesperaba. ¿Qué quería? ¿Qué esperaba conseguir al atender mi herida y arriesgarse yendo hasta mi habitación en el castillo para dejarme las vendas? ¿Por qué era tan importante? Podría haberse ganado otra paliza haciendo eso y no me quedaba duda que lo tenía bien claro.

¿Querría acercarse un poco y, cuando ya me tuviese confiado y con la guardia baja, vengarse cruelmente por no haberlo ayudado cuando lo atacaron los guardias? O tal vez hubiese oído el rumor que iniciara el conde Sandcastle sobre mi sexualidad y yo le gustase.

–Reign –golpeó Rock mi puerta–, Star y yo vamos al teatro, suponemos que no quieres venir. –¿Otra vez? ¿Cómo podían soportarlo?–. ¿Reign? Ya estamos llegando tarde.

–Supusieron bien –respondí sin dudarlo–. Vayan sin mí.

–Está bien, tú te lo pierdes, kelpie. –Lo oí alejarse y cerré los ojos. Kelpie. Él me había puesto ese apodo en honor a aquellas bravas y territoriales criaturas acuáticas a las que se suponía que yo me parecía tanto. Sonreí y me permití dormitar un poco.

Comencé a ver agua, todo estaba tranquilo. Había kelpies y quería acercarme a verlos. Sabía que era estúpido, pero para estupideces…

Salí de mi ensueño de pronto y me senté, algo en mi mente acababa de encajar y tenía una idea que me resultaba difícil creer que no se me hubiera ocurrido antes. Casi sin darme cuenta estaba yendo al teatro, queriendo no llamar la atención pero difícilmente conteniendo la emoción que me generaba. Llevaba mucho tiempo sin sentirme así.

Las puertas principales estaban ya cerradas, por lo que tuve que rodear el lugar hasta encontrar la que creí que sería la entrada del personal. Di varias vueltas dentro del teatro hasta finalmente llegar al área oscura que me indicaba que estaba detrás del escenario, y de ahí pasé fácilmente al cuarto iluminado donde guardaban la ropa de los artistas.

Como pensé, entre todos los disfraces, trajes, vestidos, máscaras y sombreros, estaba mi misterioso perseguidor con la guardia baja. Tan baja que, de hecho, dormía. Su expresión delataba que posiblemente no hubiese dormido la noche anterior, por lo que apenas apoyó la cabeza sobre la mesa, debió caer en sueños. Hubiese reído a carcajadas.

¿Cómo no se me había ocurrido antes? Él trabajaba allí y era el lugar obvio para encontrarlo. Siempre parecía que nos cruzábamos cuando él quería y eso le había dado un gran poder sobre mí, pero ya no: ahora era yo el que estaba en la posición de control.

Me tomé mi tiempo para moverme. Disfruté profundamente el verlo tan indefenso y pensar cómo reaccionaría en cuanto lo despertara. Quería hacer algo ingenioso, que abriera los ojos y se quedara helado por verme a cargo de nuestro encuentro. Pensé varias opciones y me decidí, pero cuando fui a dar un paso alguien se me adelantó: uno de los guardias de mi padre, el único que además se había ganado el título de farseer.

Miraba al joven como si fuese una presa a la que podría despellejar y comer. Una voz de alarma gritaba en mi mente, pero no sabía qué hacer; ese hombre era uno de los pocos inmunes a mis órdenes y no había nada que yo pudiese hacer sin meterme en graves problemas.

–Lord Reign –dijo al verme. De algún modo me encontré parado entre el chico y el guardia y me quedé allí, mudo y aterrado pero estúpida e instintivamente valiente. Mi corazón estaba desbocado, pero esta vez no correría, ni tampoco ignoraría lo que estaba por ocurrir–. ¿Qué hace aquí? –No respondí, en cambio, miré atrás sin perder de vista lo que tenía en frente–. Es un criminal, milord. Tengo órdenes de llevárselo a su padre.

–No.

–¿No?

–No –repetí. El farseer meneó la cabeza.

–Pensé que usted era listo –dijo como si lo lamentara. Avanzó un paso y yo llevé lentamente mi mano hacia atrás hasta tocar al joven y agitarlo hasta despertarlo.

Se resistió, por lo que me esforcé en obligarlo a erguirse sin girarme para no perder de vista al guardia. Se desperezó lentamente mientras me veía obligado a cubrirlo cada vez más.

Finalmente lo oí bostezar y levantarse. En un instante entendió lo que estaba ocurriendo y agarró en su puño la manga de mi camisa. Extendí ese brazo para indicarle que esta vez lo protegería y corrió, pero el guardia era rápido y no tardó demasiado en cubrir la distancia que nos separaba.

Me aparté para dejarlo pasar, pero puse mi pie para hacerlo caer y darle unos segundos más al fugitivo. Sabiéndolo perdido, el farseer se puso de pie y me enfrentó. No esperaba eso.

–Es terrible que el hijo del duque proteja a un criminal –su voz calma se oía rabiosa y sus ojos se habían vuelto asesinos–, pero es peor aún que muera asesinado en las manos de aquel traidor al que intentó proteger. –Desenvainó su arma y dio varios pasos hacia mí. No era cierto, ¿verdad? Me merecía un golpe por lo que acababa de hacer, lo sabía; pero ¿matarme?

Mantuve distancia y esquivé dos cortes amplios. ¿Qué estaba pasando? ¿Eso era real? ¿De verdad iba a matarme? ¿A mí? Esquivé otro ataque y el chico rubio apareció detrás del farseer. Con un movimiento rápido agarró la vieja silla en la que había estado sentado y le destrozó la espalda con un golpe fuerte. Luego corrió hacia mí y me agarró de la muñeca para alejarme de allí, ya que no reaccioné a su primera orden de “¡corre!”.

No entendí qué acababa de pasarme hasta que nos detuvimos y el muchacho literalmente me cacheteó para hacerme reaccionar.

–¿Reign? –exclamó mirándome a los ojos–. ¿Sigues aquí?

–S–sí –balbuceé.

–Creo que no nos sigue. Vamos.

Miré atrás y noté que no reconocía el lugar, no sabía dónde estaba ni cómo hacer para volver. Pero ¿podría volver? ¿Por qué me había atacado el farseer? Sí, me había interpuesto entre él y su presa, ¡pero yo era el hijo del hombre que le pagaba! ¿Matarme a mí? Cuando mi padre se enterara le rompería el cuello y lo sabía, entonces ¿por qué?.

–¡Reign! –Oí que me llamaban otra vez y reaccioné a tiempo esta vez–. Vamos.

–¿A dónde vamos?

–A pedir ayuda –dijo avanzando con determinación. Sin duda conocía esa área por lo que no tuve más opción que seguirlo.

Entramos en una tienda de arte, pero así como el vendedor alzó la cabeza al oír la puerta, la volvió a bajar al vernos. El joven me guió a la parte trasera y movió un gran lienzo que ocultaba una vieja y modesta puerta. Pasó primero, asegurándose de que lo seguía y cerraba la puerta, y continuó avanzando por un camino que tenía memorizado.

El lugar era extraño: nada decoraba los muros y pequeñas salas que cruzábamos más que sillones viejos y mesas ladeadas; pero, curiosamente, los hechizos de luz eran nuevos. Mi guía golpeó a una puerta y un hombre se asomó, pero sin necesidad de pedírsele nada, indicó a alguien más que estaban buscándolo.

Viendo los hombres de cuerpos fuertes y expresiones desconfiadas que recorrían los pasillos, ciertamente me quitó el aliento la persona que cruzó la puerta.

–¿Star?

–¿Reign? –Me miró con horror, luego al rubio–. ¿Qué hace él aquí?

–Nos estaban persiguiendo, teníamos que escondernos.

–¿Y lo trajiste aquí? –Le gritó consternada–. ¡Te dije, Path! ¡Te dije que lo dejaras de buscar! ¡Te dije que sólo nos traería problemas! ¿Por qué no eres capaz de obedecer una orden tan simple?

–¡Yo no fui, él apareció en el teatro! Yo estaba trabajando.

–Es verdad –me adelanté–, yo quería hablar con él.

–¿Por qué? ¿Qué sabes de él? –me acusó. No supe qué decir; jamás creí que esa muñeca bonita pudiese tener un lado tan feroz.

–¡Star, nada! –habló por mí el joven llamado Path–. No le he dicho nada.

–¿Entonces por qué fue?

–No sé, pero no importa, salvó mi vida de uno de los farseers.

–Y él la mía –agregué. Star suavizó su semblante y nos miró preocupada.

–Entonces el farseer los vio juntos. ¿Quién era?

–Snow –respondí rápido. Ambos me miraron y me encogí en el lugar.

–Lo golpeé, creo que se desmayó… Tal vez aún esté en el teatro.

–Bien –miró a su alrededor–. ¡Salute! –Llamó a uno de los hombres que estaba cerca.

–Órdenes, miladi.

–Ve al teatro Blue Banshee y busca al farseer Snow. Tiene información que no debe compartir con nadie y bajo ningún motivo debe llegar a mi padre.

–Entendido –reverenció y salió a toda prisa.

–Y tú –apuntó amenazadora al rubio–: Snow muere por tu culpa, espero lo tengas claro. –Él bajó la cabeza–. No dejes que Reign se vaya sin tener noticias de Salute. Si mi padre se entera de esto lo tendremos que tener encerrado aquí y no será sin que se resista.

»Y dejarás el trabajo en el teatro.

–¡No! Necesito el dinero y no quiero que tú me lo des.

–Entonces sufre tu estupidez. No importa si Reign fue a buscarte esta vez, jamás debiste dejar que te vieran. –Me miró tan severa que me resultó imposible reconocerla–. No hagan más idioteces –nos dijo y volvió a entrar a la sala de la que había salido.

¿Qué acababa de pasar? ¿Ésa había sido Star? ¿Star había mandado a matar a alguien? ¿Star? ¿Mi amable y muy ingenua hermana? ¿Qué clase de mundo era ese en el que acababa de caer? Agité la cabeza para despejarme, me sentía mareado y a punto de vomitar.

–¿Tienes hambre? –me preguntó el chico–. Yo sí, ven conmigo. –Tomó mi mano y me arrastró sin esperar respuesta.

Dudé sobre qué hacer: era tonto negar que necesitaba respuestas y él era la fuente de información más cercana y accesible que había, pero quería irme. Aunque si realmente dejaba su trabajo en el teatro, y luego del regaño por buscarme, sería extremadamente difícil volverlo a encontrar. Decidí que me quedaría, pero quería que me soltara. Abrí mi mano y no reaccionó; parecía estar muy lejos, en un pensamiento profundo y oscuro.

El comedor era pequeño, con el techo demasiado bajo y varias mesas muy cerca una de la otra. Path fue hasta una barra y pidió allí algo mientras yo sostenía la mirada de los hombres que habían decidido que yo era digno de una pausa entre bocado y bocado.

–¿Quieres algo? –me preguntó el rubio. La vitalidad que siempre le había visto en sus chispeantes ojos lo había dejado. Parecía que se partiría si le hablaba demasiado fuerte.

–Té –respondí sin pensar.

–Y un té –le dijo al hombre del otro lado de la barra, luego rebuscó su bolsillo y pagó.

A los pocos minutos recibió una taza y un cuenco con varias legumbres y pequeños trozos de verduras, y se encaminó a una mesa. El lugar estaba casi vacío por lo que se sentó en el primer sitio que encontró y me tendió el té. Una joven de la cocina salió a dejarle agua y un trozo de pan, lo cual agradeció con una amplia sonrisa, aunque no pudo esconder esa expresión moribunda.

–Mi última comida decente en mucho tiempo –suspiró. Lo miré extrañado–. Tendré que dejar el teatro, ¿no? Sin trabajo, sin dinero, sin comida. –En realidad lo que me había sorprendido era que llamara a eso “decente”, pero me pareció grosero expresarlo en voz alta.

–Gracias por volver y salvarme.

–No podía dejarte ahí, tus posibilidades de defenderte son las mismas que las de un conejo con una sola pata. No me mires así, sabes que es cierto.

–Supongo. –No podía decir que no tenía razón, pero tenía derecho a ofenderme.

–Y gracias a ti por salvarme en primer lugar.

–Estaba en deuda por lo de la mano.

–Ah, sí –sonrió. Bebí un sorbo del té y tosí: eso era un insulto de té. A duras penas lo hubiese llamado agua con tierra. Aparté la taza y rebusqué las palabras; luego, se las arranqué a mi receloso guardián interior.

–Lo siento –dije–, por no haber hecho nada para ayudarte la primera vez.

–¿La primera vez?

–Cuando te golpearon en el castillo hace un poco menos de medio año.

–Ah, eso… No hubieses podido hacer nada; no sin ponerte a ti mismo en peligro. Ya viste lo que ocurrió ahora. –Volvió a concentrarse en comer y me quedé callado. El farseer había intentado matarme y ahora entendía sus palabras finales: iba a decirle a mi padre que Path había sido quien lo hiciera–. No te preocupes por Star –dijo luego de unos minutos–, no estaba realmente enojada.

–Nunca la había visto así.

–Tenía miedo. Ella no quería involucrar a nadie de la familia. –¿Involucrar en qué? No pregunté y bebí un poco más de té: todo indicaba que Path tenía problemas económicos y hubiese sido realmente desagradable que desperdiciara algo que él había pagado para mí, por más horrible que fuera.

–Snow… ¿De verdad ese hombre lo va a matar?

–Si tenemos suerte. Si escapa y le dice a Throne que nos vio juntos y que nos protegimos las espaldas, tendremos serios problemas.

–¡No estoy de acuerdo! ¡Es mi padre, nunca haría eso! Sé que es prepotente y egoísta con los empleados… y no trata bien a mi madre, pero a mis hermanos y a mí nos cuida mucho. Cuando se entere de que Snow intentó herirme lo castigará severamente. No importa lo que el farseer le diga, me creerá a mí. –Path me dedicó una expresión incrédula–. No en todas, pero sí de muchas formas él es un buen padre, de verdad. –Esta vez la respuesta fue una sonrisa melancólica.

–No con todos nosotros. –Me miró y se irguió–. ¿Qué? ¿No notas el parecido? –Bromeó. Alcé una ceja y me aparté como si me hubiese mostrado algo horrible.

–No. Mi padre no… tal vez mi madre, pero mi padre definitivamente no.

–Lamento ser el emisario de tu despertar, hermanito, pero eventualmente tenías que saberlo. Throne no es un buen padre y si te da la sensación de que lo es, es sólo porque sabe mentir muy bien. Tu madre no es la única que fue engañada.

–¡No!

–No tienes idea de lo mucho que te ha ocultado. A todos. Ars Vigil en su poder es un niño ciego, sordo y además estúpido. –Se veía seguro, pero aceptar lo que decía sería aceptar que yo era parte de ese colectivo ignorante, y eso no pasaría.

–¿No puedes estar equivocado? Es que mi padre… –Me detuve. Su expresión era casi de compasión. ¿Tan tonto me veía?–. No te pareces a mí.

–No, me parezco a mi madre, Leaf.

–No conozco a ninguna lady Leaf. –Rió. ¿Por qué todo era motivo de burla?–. ¿No hay alguna posibilidad de que tu madre se haya confundido y que no seas hijo de mi padre?

–No. –¿Acaso no existía la duda en ese chico?–. Tampoco me hizo feliz saber que él era mi padre si eso te lo hace más llevadero.

–No. No entiendo por qué mi padre engañaría a mi madre. No tiene sentido. No.

–Eres mucho más amable de lo que Star me había dicho –sonrió. ¿Yo? ¿Qué había dicho de amable?–. Algunas personas no tienen un porqué, Reign, simplemente… son.

–¿Y tú qué eres?

–¿Yo? –Lo pensó un momento–. Un optimista, tal vez. Es algo que Star nunca entendió de mí y por eso se enoja cuando me arriesgo por ir a verte a ti o a los demás. Por el bien de la familia ella haría lo que fuera, incluso vivir en el exilio, pero yo no puedo hacer eso. Yo no puedo saber que tengo cinco hermanos y no querer verlos.

»He crecido solo, como hijo único de una madre soltera… Es estúpido pensar que voy a poder seguir viviendo esa mentira. Algunos días los veía a todos juntos, tal vez no haciendo lo mismo, pero estaban juntos… Sorsz afilando su espada, Crown con sus juegos, tú con tus libros y las chicas haciendo música. ¿Qué clase de persona podría mantenerse al margen de eso? A duras penas me bastaba mirar de lejos, algunos días mis amigos me obligaban a alejarme porque no podía parar de llorar, pero ¿cómo? Cinco hermanos viviendo tan cerca y yo sintiéndome tan solo. –Clavó ambos codos en la mesa y se cubrió los ojos con las manos entrelazadas intentando controlar las lágrimas que comenzaban a caérsele.

Me desesperaba no saber qué hacer. Mis habilidades sociales eran más de mentira que el unicornio de seis patas que mi hermanita había jurado ver una vez.

Luego de unos momentos se enjugó las lágrimas y me miró. Sentía que arrancaba mi corazón y lo pisoteaba con fuerza. No fue difícil saber que se sentía igual y tal vez hubiese sido así desde hacía mucho.

Extendió un brazo hacia mí y me rodeó el cuello. A pesar de que estaba la esquina de la mesa entre ambos, logró acercarme lo suficiente como para abrazarme, y lo hizo con tanta fuerza que me pregunté si a pesar de sus palabras no había rabia hacia mí en su interior.

Sollozó y entendí que era diferente. Ése era el cariño violento con el que la hija del conde Grated trataba a su gato: un amor tan intenso que no bastaba con un simple abrazo, tenía que estrujar a la pobre criatura hasta hacerla suplicar por ayuda, y Path necesitaba expresarme su amor con tanta urgencia que me podría haber partido los huesos.

Luego de unos momentos se apartó y con una mano me acomodó el cabello con una ternura casi paternal. Luego se acercó a besarme la frente y volvió su atención a su plato a medio acabar.

–Lo siento –dijo–, acabo de recordar que Star dijo que no te gusta que te toquen.

–Está bien. –¿Por qué? ¿Por qué no me había molestado? Lo entendí rápido.

Cuando el cariño venía de mi madre era posesivo, como el de un amo a un esclavo; en cambio Path me había abrazado como si acaso yo valiese oro en su vida.

Me estremeció un escalofrío. ¿Realmente Path había pasado tanto tiempo añorando tener a un hermano cerca? ¿Realmente estaba tan solo? ¿Realmente podía amar tanto y tan sinceramente a alguien con quien jamás había compartido nada?

Suspiró y noté que ya no tenía hambre, pero no iba a desperdiciar “su último plato decente”, por lo que se obligó a seguir comiendo. Lo miré en toda su angustia y nada de vergüenza de expresarla, y en algún lugar de mi ser supe que no me había mentido.

–Así que… –intenté comenzar otra vez la conversación. Nuestros silencios se extendían demasiado–, lady Leaf…

–Leaf –corrigió–, sin el “lady”.

–Ah, entiendo –así que no era noble. Resultaba lógico considerando que su hijo no parecía tener demasiado en los bolsillos–. ¿Cómo es ella? –“¿Está tan loca como la mía?”.

–Es… alegre y muy bonita. –Parecía una rama seca a punto de partirse. Dejó la cuchara y apartó el plato. Tal vez esa no había sido buena elección del tema de conversación, pero no sabía qué más decir, no recordaba la última vez que yo voluntariamente hubiera intentado sostener una conversación con alguien.

–Aquí estaban –dijo una voz familiar y sentí una mano en mi hombro. La boba sonrisa de Rock me desconcertó. ¿Cómo? ¿También él era parte de todo aquello?–. ¡Reign! –exclamó aterrado–. ¡Hiciste llorar a Path! No, calma, calma –rió y me palmeó la espalda–, no es algo muy difícil de hacer. –Se sentó frente a Path en la mesa–. Path llora más que una fuente.

–¿Y el guardia farseer? –Le preguntó.

–Muerto. Estaba inconsciente en el teatro, intentaban despertarlo, pero Salute llegó antes de que lo lograran.

–¿Entonces me puedo ir? –pregunté. Rock dudó.

–¿Qué tanto hablaron?

–Sobre quién soy, nada más.

–Pero quiero saber más –me apuré a decir–, por favor –agregué para no sonar tan prepotente. Con Rock eso no servía–. Path dijo que mi padre nos mataría a ambos si se enteraba que nos conocíamos. No estoy de acuerdo. Quiero saber por qué él dijo eso y por qué me miraba como si yo fuese un idiota –ladré. ¿Por qué de pronto estaba tan irritado? Rock y Path se miraron un instante y finalmente mi nuevo hermano agarró su plato otra vez.

–Habla tú –le dijo a mi cuñado mientras volvía a comer. Él me miró.

–¿En serio quieres saber? Considera que luego tendrás que volver a tu vida. ¿Podrás seguir siendo quien eras cuando tengas la información que no tienes ahora?

–¿Cómo saberlo si no lo sé? –respondí. Path sonrió.

–Inteligente –apuntó Rock, luego volvió a enseriarse–. Escucha, kelpie, sé que luchas contra tu propia existencia a diario y a nadie le molesta eso porque es tu vida y eres libre de hacer con ella lo que quieras; pero si te muestro la realidad que te estás perdiendo, ¿podrás sentarte a la mesa con tu padre y no delatar a todos los que estamos intentando develar esa verdad? Un solo día de tu mal humor podría destruir todo lo que hemos logrado hasta ahora.

»Si crees que eres capaz de fingir una sonrisa inocente como Star y estás dispuesto a guardar nuestro secreto, lo compartimos contigo; si no, no te diremos nada y sólo tendrás que guardar el secreto de este lugar y de tu medio hermano.

–Entiendo. –Starling había mandado a matar a Snow y su orden fue cumplida en unos cuantos minutos. Si yo metía la pata, ¿qué me haría a mí? Path había dicho que ella haría lo que fuera por sus hermanos, pero de pronto era una completa desconocida. De todos modos… ¿podría salir de allí y volver a mi vida sabiendo que había algo más? ¿Podría vivir en una ignorancia voluntaria?–. ¿Tú qué quieres? –pregunté a Path tocando su brazo.

–¿Yo? ¿Para ti? –Me miró sorprendido.

–Sí. –Lo pensó un momento y se encogió de hombros.

–No sé, lo que quieras. Me gustaría seguir viéndote, pero para eso no hace falta que sepas qué ocurre aquí.

–Entonces no quiero saber. –Me levanté–. Y quiero irme ahora. –Miré a Path, iba a pedirle que me diese espacio, pero sus ojos de súplica me mataron–. Sabes encontrarme –le dije y me apuré a salir del comedor. Había avanzado bastante por el pasillo cuando me detuve y dejé pasar a Rock. Fue un alivio ver que sólo él me había seguido.

–Eres lindo cuando eres débil.

–No soy débil –rezongué–. Suficiente con saber que mi padre tiene un bastardo, quiero lidiar con eso antes de enterarme de nada más.

–No me refería a eso y lo sabes, kelpie. –Me crucé de brazos, ofendido y me mantuve en silencio–. Pero he de decir que de todos, me alegra que seas tú quien se haya involucrado. Star cree que ella debería bastarle a Path, pero no entiende que él no necesita una mujer que lo cuide y persiga, necesita hermanos con los que hablar de la vida y poder contarse secretos sin miedo a ser regañado. Creo que tú y él se harán grandes amigos por eso. Y no puedo esperar a ver lo mucho que crecerás teniendo a alguien como él a tu lado.

–No he dicho que lo acepte. Sólo que puede buscarme. Descubrirá cómo soy y se apartará. Ahora sólo quiere estar cerca porque tiene una imagen irreal de mí.

–No sé, kelpie, no sé. Path a veces parece poder ver a través de las cosas.

–Yo no soy una cosa.

–Pero tu máscara sí.

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Capítulo siguiente: https://lacatedraldelassilfides.wordpress.com/2016/02/09/revolucion-reign-principe-capitulo-3/

 


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El Revés del Viento – Prólogo

Este es el prólogo de un libro que tengo en mente. Los primeros capítulos están bocetados pero el libro está lejos de ser publicado. La historia está ligada a mi trilogía, Revolución Reign, ya que el personaje principal aquí es uno de los hermanos de Reign, Crown. Es posible que este libro avance de a saltos y tropezones; no tengo una fecha de finalización en mente, pero me gustaría que salga a la vez que el segundo libro de la trilogía.

¡Que disfruten la lectura!

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Ars Signum era una ciudad de tres ciudades.

La primera, tan magnánima como su nombre, era la ciudad de la que hablaban los libros, sobre la cual soñaban los eruditos, y aquella en la cima de la lista de prioridades de todo mago y trovador que se preciara. Era la ciudad del duque y los nobles exiliados, que escapaban de sus llamados al deber pero se mantenían reacios a olvidar quienes eran.

Pero por sobre todo, era la ciudad de los arcos inmunes al frío y al fuego, de los robustos puentes de almas incorruptibles, y de los castillos de tiempos dragónicos, inmensos y silenciosos, con muros llenos de espíritus dispuestos a susurrar sus historias a quienes callaran por tiempo suficiente.

Tiempo.

La primer ciudad era un lugar de tiempo. Tiempo que fluía lentamente y llevaba fluyendo miles de años antes de que el primer humano se animase a abrir sus ojos al mundo.

La segunda era la ciudad del pueblo y los mercaderes, de la leña y el vino especiado, de las tabernas ruidosas y los bailes animados.

Esta ciudad no contaba con las cálidas enseñanzas de espíritus ancestrales, pero poseía el brillo del ligero batir de alas de las hadas; débiles ante los colores con los que se teñía la piedra blanca con la caricia del sol del atardecer.

Hadas, humanos, dragones. Todos tenían lugar en la segunda ciudad, y lo ocupaban con regocijo.

La tercera y última era una que muchos se esforzaban en creer que no existía. No estaba a la vista y nada la caracterizaba, pero Ars Signum era suya.

No era un lugar de hadas, no era un espacio para historias.

La tercer ciudad tenía por rey al silencio y por ley a las sombras. Sus habitantes vestían de oscuridad y andaban con la cabeza gacha, desesperados por impedir que una chispa de astucia en sus ojos fuese más allá de sus capuchas.

Con los caminos teñidos por sus pisadas invisibles, el fugaz vistazo de sus existencias era todo lo que la gente necesitaba para no poder olvidar que, en algún lugar oculto, la tercer ciudad existía.