La Catedral de las Sílfides

Ven a oír las historias del viento


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Olvidados

Hace años, mientras meditaba en una historia, aparecieron dos personajes. Comencé a seguirlos y a dejarlos bailar y canturrear al ritmo de la música que estaba escuchando. Eran las encarnaciones de la Vida y la Muerte, una de las tantas versiones que había armado de ellos, pero esta vez había algo más…

Hacía años no pensaba en esos dos, por lo que esta imagen era más compleja, madura y, a mi parecer, interesante. Tenían una historia que contar, un origen que revelar. Les di tiempo a establecerse en mi interior, visitándolos a través de esa canción cada vez que lo deseaba, y eventualmente decidí que había sido suficiente. Regresé a casa desde mi lugar de meditación habitual y me senté a escribir su historia, pero, para respetar su espíritu, no hice más que tomar nota de lo que me habían cantado tantas veces.

Esta historia acabó formando parte de algo más y hoy día es canon dentro del mundo que creé para mis libros, pero son muy pocos (no solo lectores, sino también personajes) quienes la conocen. Después de años, al fin, decidí compartirla.

Si quieren oír la canción original que detonó todo esto, hagan click aquí. Sé que no es el lamento de guerra que tal vez esperarían, pero así son la Vida y la Muerte: confusas, misteriosas y, a veces, hasta irrisoriamente absurdas.

Los signos + representan el momento en el que los Reyes de los Vivos y la Vida y su hermano, el Rey de los Muertos y la Muerte, cantaban juntos. Los signos – señalan las líneas personales del primero y los », del segundo.

La historia en profundidad la planeo escribir un día, por lo que dejaré los detalles en el misterio y sean libres de rellenar los huecos que esta canción les deje.

Disfruten la lectura (y la música).

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+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería como aquella vez que nací junto a mi sombra.
+Crecíamos juntos, sujetándonos de las manos mientras la alegría florecía entre nosotros, lejos de pensar en la guerra o entender por qué nos separaron un día.
–A mí, mi padre me llevó lejos; me obligó a lamentar la muerte de mi madre y me llenó el corazón con su odio. Me enseñó sobre quiénes me habían quitado a mi sombra y no me dejó elegir qué sentir.
»Por mi parte, con una familia adoptiva crecí sano y fuerte. Me alistaron en el ejército y me dieron una espada; me negaron que hubiera tenido una vez una sombra…
+…y me dijeron que debería estar agradecido de estar en el lado correcto.

+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería para poder recordar cómo era tener una sombra.
+Buscaría poder escribirle una carta para contarle cómo es mi vida ahora.
+Y mientras sigo pensando en aquel deseo, sigo creciendo; oyendo historias de cómo es el mundo mientras las imágenes de la guerra florecen en mi mente, creando una realidad que se impone mientras intento creer que estoy del lado correcto.

–Mi padre pronto falleció, dejándome su casa, una daga y mucho resentimiento. No me dijo qué podía hacer ni cómo debía hacerlo, así que sólo seguí creciendo mientras me preguntaba por qué los injustos ansiaban perturbar mi paz.
»Yo crecía rápido y me ascendían de rango; estaba muy honrado de poder servir a mi gente. Lentamente entendía por qué habían tenido razón y comencé a agradecer estar en el lado correcto.

+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería para poder entender por qué a veces siento que algo me falta.
+Ah, cómo me gustaría poder escribir una carta preguntándolo; pero siento que ya no conozco al destinatario.
+Así que, si realmente fuese a pedir un deseo a una estrella fugaz, tal vez sería para recordar a quién le estoy escribiendo.
+Y que su nombre reemplace en mi mente los ruidos y chispas que estallan cuando dos espadas se encuentran en las batallas que ocurren tan cerca.

»Aquel día una invasión ocurrió en ese pequeño pueblo. Yo estaba emocionado por poder servir finalmente.
–Y pronto vi a aquella persona con mi mismo rostro, y no pude evitar preguntarme por qué; por qué mi sombra estaba en el lado equivocado.

+Nos encontramos en batalla absurdamente y no nos tuvimos piedad.
+No entendía por qué todo se sentía tan mal, pero si no quería morir debía batallar más tiempo que él.
+Quería saber quién era, lo hubiese pedido como un deseo, pero de algún modo sentía que ya lo conocía.
+Cuando dos manchas rojas florecieron a la vez, fuimos tomados por una fuerza mayor y el planeta empequeñeció en nuestras manos, que al fin estaban juntas como cuando éramos niños.
+El mundo se volvió monocromo y una voz nos dijo que, ahora y siempre, debíamos agradecer el estar juntos otra vez.

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El Viaje del Viento / Ráfaga de Música

¡Saludos queridos seguidores! Sé que ha estado muy abandonada esta página, pero es porque estoy trabajando incansablemente en la novela que deseo pronto poder publicar, además de otros proyectos de escritura. Si quieren conocer uno de ellos, pueden hacerlo en www.fragmentosdehistoriaperdida.wordpress.com

Paso fugazmente a dejarles uno de los textos que más me ha gustado de lo que he escrito.La historia surgió en un momento de inspiración en un viaje a Junín de los Andes que realicé en el 2007, y fue el primero de una serie de eventos que terminó por cambiar mi vida durante dicho viaje.

¡Disfruten la lectura!

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Hace muchos años, el viento era sólo uno. Sí, sólo uno. Si querías viento, debías salir a buscarlo; mirar aquí y allí, en cada rincón, debajo de cada montaña y detrás de cualquier roca, en todos lados podía estar.

Cuando el viento no estaba en sus viajes, en los que arrastraba hojas y arena o polen y lluvia, descansaba en algún silencioso lugar al que todos los seres vivos acudían, para oírlo cantar. Su voz era dulce; su mirada, pacífica; y su figura, bellísima. Sólo sus conciertos se oían durante horas y hasta días. Nadie se atrevía a interrumpir su magnífica música, no por temor a su cólera, sino a la de los oyentes a los que sólo les importaba oír y oír durante cualquier tiempo, porque nada era más importante.

Las plantas eran las favoritas del viento, pero principalmente los árboles, ya que eran, y aún lo son, sus más fervientes admiradores. Habían aprendido a caminar sólo para escuchar su música; se movían lenta pero decididamente. No se permitían faltar ni a un solo concierto. Muchos morían en el camino, se aventuraban en campañas que sabían que sus frágiles y leñosos cuerpos no resistirían; pero cualquier precio era aceptable, cualquier precio era justo.

Hasta que un muy esperado día, el viento simplemente se hartó. Su translúcido y bondadoso corazón no toleraba más sufrimiento ni más muertes. Llorando de dolor, pero felizmente orgulloso de sí mismo, dividió su alma, para que no haya uno, ni dos, sino miles de vientos en todos lados, donde todos puedan oírlo cantar sin necesidad de someterse a viajes suicidas.

Las plantas entonces pasaron de admiración a un amor apasionado en el que se inclinaban antes el viento cada vez que lo veían pasar, venerándolo por el enorme sacrificio que había hecho por ellas.

Y por un incontable tiempo fue así, el viento pasaba, las plantas se inclinaban, él cantaba, ellas eran felices. Pero llegó el día en el que una nueva raza apareció, una que no sólo había perdido la capacidad de amar y admirar al viento, sino que, también, era capaz de crear máquinas que hicieran ruido por ellos durante todo el día y nunca les molestaban las asombradas miradas y los furiosos murmullos que, aquellos que oían los conciertos, emitían. Ensordecieron a tal punto de creerse los únicos que se comunicaban, los únicos con un lenguaje. No lo escuchan, no lo reverencian, no lo aman.

Espero este cuento te acompañe siempre y represente cada momento en el que lo amaste; pero si nunca tuviste ese sentimiento, aprovecha a buscarlo cada vez que una ráfaga de viento te despeine. Por el contrario, si no te interesa tenerlo, guarda silencio cuando sientas al viento pasar y tengas una planta cerca, respeta su amorosa relación; y si no hay flora a tu alrededor, igual quédate callado, porque ese magnífico y etéreo ser, te está dedicando su amor.