La Catedral de las Sílfides

Ven a oír las historias del viento


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Mis sombras y las tuyas

Con lo ligero de su sueño, de inmediato comenzó a despertar. Había luces y sonido llegando desde el living comedor, pero él vivía solo. Intentó ignorar lo que ocurría. El cuerpo le pesaba y no tenía suficiente energía como para dejar la cama, pero de a poco la curiosidad comenzaba a picarle.
Tras un sonoro refunfuño, se levantó y salió de su habitación. El televisor estaba encendido y su consola conectada. Al final del cable del mando estaba un desconocido enmascarado de pelo blanco. En silencio se sostuvieron la mirada, a pesar de que la máscara blanca ocultaba las facciones del invasor. Alan rompió el contacto primero para ver a qué estaba jugando, autorizando así al hombre a reanudar su actividad.
-¿Cómo hiciste eso? –preguntó el dueño de casa señalando la pantalla. El enmascarado alzó el control y le mostró una combinación de botones-. Llevo días intentando pasar esa parte.
-Podrías haber buscado en internet –respondió el hombre. Su voz era suave y afilada, como la de quien está acostumbrado a ser hiriente con las palabras.
-Eso es para los débiles de voluntad –discutió Alan y se dejó caer en el sofá junto a él.
El enmascarado no discutió y continuó jugando. El dueño de casa comentaba lo que hacía, ya por completo despierto y profundamente compenetrado en la historia que se desarrollaba en la pantalla.
-Quiero una cerveza –dijo irguiéndose-. ¿Quieres una cerveza? –El hombre giró su cabeza hacia él y su máscara se desvaneció como si no hubiera sido más que humo. Su rostro era pálido, casi albino, y su piel tersa como la porcelana. Tenía ojos azules con largas pestañas blancas como su cabello. Su nariz y pómulos eran delicados y nada prominentes, su mandíbula tampoco estaba muy marcada. En realidad, sus facciones eran tan suaves y delicadas como los de una doncella-. Eres la alucinación más bonita que he tenido. –El hombre alzó una ceja y Alan se levantó-. ¿Cerveza?
-No –respondió con severidad. Sin la máscara de por medio, su voz era más cruel.


¡Hola lectores! Esto que leyeron es algo que hace mucho empujaba por salir de mi espíritu. Un día se convertirá en una novela, pero por ahora sólo tengo este primer acercamiento a la psiquis de Alan. Es posible que escriba un par de escenas más pronto; las compartiré con ustedes entonces.
Gracias por leerme y seguir conmigo a pesar de mis largas ausencias (bien justificadas, ¡lo juro!)
Amor y muchas letras
Ancient Forest

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Cuentos de la Manada 1

-Niños, les voy a contar de esa vez en la que me enfrenté al enemigo más astuto y escurridizo que haya existido –comenzó el viejo lobo sentado en la Roca de las Mil Historias. Los cachorros oían con las orejas en punta y las colas agitándose violentamente-. Yo era joven e inexperto, había estado en más cacerías dentro de mis sueños que fuera de ellos, pero mi alma ya era indomable y nada escapaba de mis ojos sagaces.

»Había seguido al alfa desde que abriera mis ojos por primera vez, y me uní a su manada ni bien él decidió formar una. Aquellos eran tiempos de escasez, y recién aprendía a aullar a la luna cuando tuve que defendernos por primera vez, ya que el alfa me eligió primero para ser un guardián. -Los cachorros jadearon de asombro y uno dejó escapar un aullido tan salvaje como su joven alma.

»Aquella tarde estaba echado a la sombra de unos árboles, descansando antes de una cacería. En mi corazón bullía ese futuro tan cercano y en mi mente ladraban los recuerdos de todas mis cacerías previas; estaba inquieto. Y entonces lo vi: a mi espalda una bestia se escabullía de mi visión. Yo sabía que era un maestro de la manipulación, así que le gruñí para que se apartara, pero no cedía terreno.

»Me quedé muy quieto, fingí ignorarlo, pero lentamente fui agazapándome –dijo tomando la postura. Los cachorros oían con gran atención y sus ojos se abrían más y más a cada segundo-. Me acomodé y lo miré: estaba justo frente a mis ojos y se quedó muy quieto, sabiendo que no escaparía. Tomé impulso y salté, pero mi enemigo era rápido y me esquivó.

»Corrí tras él, pero huyó de mí, intentando posicionarse a mi espalda para saltar sobre mí. Era una bestia engañosa y despiadada, así que no me rendí. Lo seguí, gruñendo y ladrando, mordiendo y arañando. La batalla duró hasta que cayó el sol, pero finalmente vencí; lo atrapé en mis fauces y suplicó clemencia. Es por eso, niños, que no deben nunca rendirse. La bestia acecha, siempre está muy cerca, pero siempre triunfarán si sus espíritus se mantienen fuertes.

El alfa, Kris, rió y se levantó, estirando las patas.

-A dormir, niños –anunció. Los cachorros se levantaron y corrieron, empujándose y gruñéndose. Esos cuentos del viejo Paul les agitaba las mentes y les dificultaba dormir, pero llamaban a los mejores sueños.

Lilly se acercó a North y caminaron juntas hasta el lugar donde dormirían esa noche.

-Hoy el viejo Paul nos contó mi cuento favorito otra vez –dijo North con emoción.

-¿El de esa vez que atrapó su propia cola?

-¡Sí! –celebró. Lilly sonrió.

-Nunca se cansa de ese…