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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 6: Presentación y venta

Bienvenidos, al fin, a la última parte de “Cómo hacer de tu manuscrito un libro”. Después de cinco clases, ya tenemos nuestro libro editado, física o digitalmente, por lo que la única pregunta que nos queda responder es “¿y ahora qué hago con este hijo que me tomó meses/años parir?”.

Bueno, primer paso:

Inventa una firma (en caso de que no tengas una interesante ya)

¿Te parece inútil este consejo porque no eres famoso ni piensas ir a eventos?  Subestimas a tus amistades. Ya sea por capricho o para venderlo por millones tras tu muerte, insistirán que lo firmes hasta que lo hagas o los quites de tu vida y bloquees de todas las redes sociales en existencia. Así que, a no ser que estés planeando irte a vivir a un templo en el Tíbet, toma un lápiz y ¡practica, practica, practica!

Y ten presente que es posible firmar PDFs también, si digitalizas tu firma. No es difícil de hacer y hay guías a montones, por si no te gusta o no te resulta útil la que comparto. Luego es solo cuestión de añadirla a tu archivo en el lugar indicado. No recomiendo que la pongas en el archivo que subas a Amazon o esa página elegida; si todas las copias digitales existentes están firmadas, será lo mismo que no lo estén. Guarda esto para Patreon, tu lista de correo o aquellos a los que quieras mimar. Sí, no es un gesto digno de las olimpíadas, pero es un detalle que puede expresar mucho si es usado correctamente.

Entonces, libros en mano, firma ensayada, ¿ahora qué?

Un toque personal

Una recomendación de mi parte: quédate con al menos dos ejemplares de tu propio libro. No seas como aquella banda que tuvo que piratear su propio disco porque vendieron todas las copias sin darse cuenta (no, no recuerdo quiénes eran, lo siento).

Y un consejo de Malala Yousafzai (en realidad no fue un consejo, pero amé la idea cuando la vi hacerlo): firma uno de tus ejemplares y dedícatelo a ti mismo. Que sean las palabras que necesites cuando pierdan motivación o las piedras de la vida te hagan tropezar hasta romperte las rodillas. No hay nada como recibir aliento de uno mismo. Después de todo, ¿quién nos conoce mejor?

Distribución

Si tenemos editorial, ellos muy probablemente nos ayuden a llevar nuestros libros a las librerías, pero el porcentaje que nos corresponderá es pequeño. Si pagamos por el servicio, ganaremos el 50% del precio de venta al público; si nos compraron los derechos, estará entre el 17 y 25%.

Pero si llevamos nuestros libros nosotros mismos, tendremos el 70-75%. No hay dueño de librería con el que me haya encontrado que no quiera darle una mano a un escritor de la zona, especialmente uno que tiene una sonrisa, una palabra amable y mucha pasión por su trabajo. Bueno, no; sí encontré una vez un lugar que se rió de mí cuando dije qué porcentaje me correspondía y prácticamente escondió mis libros debajo de una pila después de aceptar (a pesar de que para entonces ya me había arrepentido de pedirlo).

Fue un golpe bajo, sin duda, pero aprendí mucho de la experiencia. Nunca dejes que una librería te pisotee ni te menosprecie; tu trabajo vale y debes hacerlo valer. Así como tuve este desagradable encuentro, también tuve un poster pegado en la puerta de una librería por un mes como publicidad a pedido del dueño, sin costo alguno para mí. Hay gente ahí afuera que quiere verlte triunfar, búscalos y trátalos como a un aliado en la guerra.

Luego de eso es importante avisar a nuestros amigos y seres queridos en qué librerías pueden conseguir nuestro libro si lo buscan o quieren recomendarlo a alguien, pero no pierdas la oportunidad de venderlo tu mismo (si es que decides hacerlo en vez de regalarlo) para obtener así ganancia sobre el 100% del precio final. Puedes también agregar un marcador de páginas personalizado con la dirección de tu página web para quienes se queden a cruzar algunas palabras contigo. Otra vez, no es algo para una medalla de oro, pero es un gesto que hará mucho más personal la lectura de nuestro libro.

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Ten presente que no necesitas pagar a un diseñador para esto ni hacer algo muy complejo. Puede ser un marcapáginas de madera, origami, de tela o de un bello papel estampado en el que escribamos. Elige la opción que combine con tu libro y dale rienda suelta a tu creatividad.

Ahora, hagamos publicidad

Esto es tan sencillo como hablarle a cada persona que quiera escucharte sobre tu libro. Sé de una mujer de mi ciudad (a la que envidio desde lo profundo de mi alma porque esto es algo que yo no podría hacer) que va a las cafeterías y se sienta junto a quien esté dispuesto a dedicarle un momento para conversar sobre sus publicaciones y trabajo, vendiendo así al día tantos libros como yo en un par de meses. Si tienes el carisma, considéralo.

Recurre también a los medios. No hablo de que golpees las puertas de un estudio de televisión (o sí, hazlo, y cuéntame si tuviste éxito), sino de que acercarte a los canales de radio de tu ciudad que tengan programas culturales. Ellos seguramente tendrán al menos cinco minutos que regalarte y nunca les falta interés.

Muy bien, ya tenemos a nuestros amigos hartos y la ciudad empapelada con la portada de nuestro libro, ahora…

Presentemos nuestra obra

No te apresures con este paso. Primero debes buscar el lugar indicado: puede ser un centro cultural, un museo, una biblioteca o incluso la legislatura de la ciudad. Todos estos sitios tienen espacios que abrirán sus puertas de forma gratuita (tal vez te pidan alguna donación en forma de materiales, pero no mucho más) y hasta te ayudarán con la organización. Ten presente que es posible que tengas que reservar el espacio con tiempo y puedes sufrir cambios o cancelaciones, ya que hay muchos factores de peso en la organización general de esos lugares.

Si no quieres tener que lidiar con esas cosas, puedes pagar por un espacio privado o acercarte a eventos literarios específicos, cosa de la que hablaremos en un momento.

Lo segundo que debes hacer es tomarte el tiempo para invitar a tus seres queridos. Ya sea con una llamada por teléfono o con invitaciones formales, si el espacio depende de ti, haz una lista de quienes confirmaron para saber aproximadamente cuánta gente estará presente (y recuerda que tu lista no se corresponderá con los que asistan, siempre faltarán algunos a pesar de haber jurado que estarían ahí). Y sé realista: es tan malo tener cincuenta personas en una pecera como a la abuela sola en un estadio.

Ferias del libro

Esta es otra gran opción y puedes tomarla aunque hayas hecho una presentación previa. Las ferias tienen dos prioridades: los grandes autores que vienen de más allá de la frontera (o la capital del país) y los pequeños autores locales. Con un espacio de media hora o cuarenta y cinco minutos tendrás tiempo de sobra para hablar de tu obra y responder las preguntas del público. La organización, en general, pondrá a tu disposición un micrófono y proyector, además de gente que ayude a calmar tus nervios cuando estés caminando por las paredes cinco minutos antes de subir al escenario (o, al menos, eso me pasó a mí).

Una ventaja de participar en estos eventos que no tendrás en una presentación privada es el alcance a los medios (a no ser que los invites): desde canales de televisión que podrían pasar por ahí a bloggers que anden curioseando. Es muy difícil que nadie te vea en un evento tan grande y con tanta convocatoria.

Si el libro que vas a presentar es para niños, puedes también invitar a escuelas. Muchas de por sí tienen ya planeado asistir, así que tenlo presente al pedir el espacio en la feria: que te ubiquen entre actividades planeadas para escuelas o justo después.

Y ahora, lo único que falta es…

Vender el libro dentro de la feria

Algo muy popular en las ferias son las librerías invitadas, muchas de las cuales tienen descuentos y promociones. Una inmensa cantidad de gente las recorre a toda hora, pero la competencia es masiva porque los dueños de los stands apuntan a llevar variedad en vez de cantidad. Dejar nuestro libro ahí es una opción, pero hay algo mejor: el stand de escritores regionales.

Este es un pequeño espacio donde puedes dejar tus libros e incluso quedarte junto a ellos. Mucha gente se acercará y ahí es donde, otra vez, tu pasión por tu propio trabajo puede hacer una venta. Habla libremente, invita a todos a tu presentación y vende sin vergüenza.

Puedes aprovechar también a conocerte con otros escritores y compartir consejos e información. Algunos te hablarán de oportunidades, otros te desaconsejarán caminos que ellos tomaron y resultaron una pérdida de tiempo y/o dinero.

Estos puestos son fantásticos y, si tu feria no tiene uno, reclámalo. Alíate con escritores que conozcas y junten firmas, insistan al gobierno que les dé ese espacio. En mi ciudad es un stand administrado y cuidado por los mismos escritores. La organización nos deja el espacio con las mesas y nosotros somos quienes vendemos, cuidamos y mantenemos ordenado, turnándonos para que siempre haya alguien ahí.

Las ferias del libro son eventos masivos hechos para conectar a la gente a través de las letras. Aunque sea sólo para pasar a saludar, no pierdas la oportunidad de acercarte cada vez que se realice alguna cerca de donde vives. Nunca sabes qué puertas se pueden abrir.

 

Y dicho esto, ¡llegamos al final! Si tienes dudas, comentarios o pedidos, escríbeme en los comentarios o por privado. Deseo seguir haciendo utilidades para escritores (y ya tengo varias ideas), así que no te despidas de mi página. Si tienes propuestas, encantada estaré de oírlas.

Gracias por seguir este curso y nos vemos en la próxima entrada.

Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 5: Publicación editorial

Saludos, lectores, y bienvenidos a la quinta parte de este curso para hacer de sus manuscritos un libro. Ya hablamos la clase anterior de cómo autopublicarnos, tanto en formato digital como en papel, aunque este último lo resumí bastante porque en muchos casos incluye sí o sí a una editorial y quería explayarme apropiadamente. Eso es lo que veremos hoy, junto a todas las formas en las que uno puede llegar a trabajar con una de estas empresas.

Empecemos por lo primero:

¿Por qué elegir trabajar con una editorial en vez de autopublicarme?

Esto es algo que ya mencioné en la entrada anterior, pero me repetiré para aquellos que no la hayan leído por un motivo u otro.

Trabajar con una editorial en algunos países tiene cierto prestigio todavía. Muchos ven el sello editorial en la portada como un reconocimiento al autor por su trabajo. Además, la distribución en librerías que ellos tienen muchas veces supera con creces lo que uno puede hacer habiendo impreso y maquetado el libro por su cuenta. Aunque las hay que no hacen distribución alguna (siempre hay que preguntarlo), la mayoría tiene un alcance nacional y algunas internacional. Eso no significa que nuestro libro vaya a ser vendido a por montones en mil países, muchas veces las librerías tienen que pedir ejemplares para que la editorial las mande, pero si tenemos amigos o seguidores en el exterior, les facilitará conseguirse un libro.

También es importante por la llegada a eventos: muchas editoriales, como parte del contrato, te ofrecen un lugar en ferias del libro y hasta te invitan (el pasaje corre por cuenta propia) a ir a su stand a firmar ejemplares y hacerte conocido. Algunas editoriales incluso acercan tu libro a los medios, lo que no significa que sí o sí vaya a salir en la televisión o radio, pero si los presentadores leen tu trabajo y les gusta, hablarán de ti.

En resumen, tener una editorial es fantástico para empezar, ya que te abre muchas puertas y te orienta en el competitivo mundo de las letras y el papel. Este es el camino que yo tomé y le saqué provecho, pero no significa que la autopublicación no pueda ser igual de beneficiosa. Si uno es capaz de moverse lo suficiente o tiene contactos que faciliten la llegada del libro al mundo, tal vez la recomendaría; después de todo, es mucho más barato.

Dicho esto, ¿cómo entramos a una editorial? Bueno, depende de cómo se maneje la empresa y sobre eso vamos a hablar ahora.

Opción 1 – Contratar el servicio

Esto es muy sencillo: se busca una editorial que imprima a pedido (y se revisan sus antecedentes) y se les manda un mail o se hace una llamada para pedir presupuesto. Ellos toman cualquier cosa que les llegue y la editan si uno paga lo correspondiente (cantidad de páginas x cantidad de ejemplares). Muchos ofrecen también servicios que se suelen pagar aparte, como corrección, diseño de la portada, etc. Sé de al menos una editorial (De los Cuatro Vientos) que ofrece de forma gratuita la transcripción a computadora en caso de que tu texto sea manuscrito (con letra legible, obviamente). Siempre lean bien qué ofrece cada compañía antes de elegir una para encontrar la que se adapte a sus necesidades.

Algo importante a tener presente es el tamaño de la editorial. Es un tema explayado a fondo en el blog de Guillermo Schavelzon, pero es algo que no puedo dejar afuera: una editorial grande nos podrá ofrecer su tamaño en forma de calidad, profesionalismo, llegada a librerías, etc., pero aunque eso es importante, no debería obnubilarnos. Ellos publican muchísimos libros, lo que hace que no puedan dar una atención personalizada a cada escritor. Una editorial pequeña no tendrá tantos números de los que hacerse cargo, por lo que pondrá un esfuerzo extra en hacer que cada edición les dé tanto rédito como sea posible. Les recomiendo mucho la entrada de Schavelzon, ya que él va en mucho más detalle sobre este tema.

Pero ¿qué pasa si no tenemos dinero para contratar los servicios de una editorial? Bueno, para eso tenemos la…

Opción 2 – Ser elegidos

Ser pobres (algo que los artistas somos muy a menudo) no nos quita la posibilidad de ser editados por una editorial. Podemos enviar nuestro manuscrito (no hace falta que esté terminado, podemos aclarar que es un trabajo en progreso) y esperar que les guste lo suficiente como para invertir en nosotros. En ese caso se harán cargo de los gastos, pero también tendrán la mayoría de las ganancias. Mientras que editando con la opción 1 nos quedará una ganancia del 50% del precio que elijamos para nuestro libro (otra vez, siempre deben preguntarlo), si nos editan nos quedará entre un 15 y 25% del precio de venta al público. Parece poco para ese proyecto en el que pusiste sangre, sudor y años de tu vida, pero son las reglas del juego.

Algunas editoriales no piden el manuscrito completo, sólo unas cuantas páginas o un resumen, además del currículum vitae. Si tenemos además una carta de recomendación de otra editorial, un concurso ganado con ese texto (o parte de) o algún nombre importante que nos avale como escritores, las puertas se abrirán con mayor facilidad.

Tengan presente que muchas editoriales reciben miles de manuscritos al año, por lo que hay que tener paciencia con ellos. Algunos no nos leerán hasta que ya nos hayamos olvidado que los contactamos en un primer lugar, por lo que es buena idea escribir a muchas editoriales en simultáneo, porque si esperamos siete años para que la primera carta de rechazo nos aliente a buscar otra empresa, seremos autores publicados post-mortem.

Sea lo que sea que enviemos, siempre tengamos el recaudo de revisar los antecedentes de las editoriales en internet y registrar nuestra obra o, al menos, dejar asentado en algún lugar (con validez legal) que es nuestra. Luego de ello, la editorial, casi siempre, se hará cargo de hacer el registro apropiado de la edición. Este consejo también sirve si elegimos la opción número 3:

 

Opción 3 – Concursar

Ya sea para publicar pequeños cuentos para engrosar nuestro CV y ganarnos reputación o para llevar a papel nuestra obra magna, los concursos son una excelente opción. Algunos tendrán limitaciones de género, temática, cantidad de líneas, región en la que vivimos o nacimos, etc. Todo eso estará en las bases y condiciones, al igual que los detalles de los premios (incluyendo lo que ocurrirá con los derechos en caso de que uno gane), cómo y en qué dirección debe presentarse el manuscrito, la fecha límite*, etc.

*La fecha límite, en caso de que vivamos lejos de la entidad convocante y tengamos que enviar nuestra obra por correo, siempre es la fecha que aparece en el matasellos, es decir, la fecha en la que entró el paquete al correo. Es imposible que sepamos cuándo va a llegar a destino (sobre todo si son de Argentina o un país con un servicio postal igual de terrible), por lo que podemos estar tranquilos y enviar nuestro futuro ganador el último día.

Es importante tener presente que los trabajos casi siempre han de ser inéditos, lo que incluye internet en muchos casos, por lo que tendremos que tener textos que no estén publicados en nuestra web si queremos concursar con ellos.

Para aquellos con muchas ganas de competir con sus textos, les recomiendo seguir la página escritores.org, donde suben concursos de un montón de países y en varios idiomas. No revisen sólo los del país donde viven; tengan presente que hay algunos abiertos de forma internacional que pueden estar esperándonos más allá de la frontera.

Aunque la página es fantástica y tiene un filtro para publicar concursos (no suben aquellos que exijan un pago para inscribirse, por ejemplo), siempre revisemos a la entidad convocante antes de participar. También es recomendable leer la sección en la que la gente de escritores.org en la que nos dan recomendaciones y cosas a tener presentes antes de presentarnos.

Otra forma de enterarnos de concursos es seguir a través de nuestra red social preferencia a museos, revistas culturales, editoriales (psstt… Dunken siempre tiene abiertas convocatorias de lo más variadas), etc. Rodearnos de escritores y compartirnos concursos también será de provecho. No teman agregar competencia, confíen en su obra y sepan que la red de contactos les traerá más beneficios y crecimiento que cualquier concurso que puedan ganar.

 

Y para aquellos que vinieran de la entrada de autopublicación habiéndola elegido como el camino a seguir, les tengo una buena noticia:

Opción 4 – Que nos cace un cazatalentos

Hoy día las editoriales tienen incorporado internet en su accionar y saben que hay muchos grandes artistas publicando por su cuenta, a veces incluso de forma gratuita por Wattpad o plataformas similares, y están siempre atentos a aquellos que atraigan la suficiente atención como para que justifique una inversión. Cierta saga llegó a ser lo que es hoy día gracias a una editorial que vio los potenciales millones de dólares que podía ganar cuando todavía era un fanfiction.

A la gente que surge de este modo, publicando PDFs y siendo entonces “cazados” por editoriales, se le llama La generación Kindle. No son muchos todavía, pero no me queda duda de que veremos cada vez más y más a medida que pasen los años. Si ustedes quieren ser parte, escriban la mejor literatura que sean capaces de crear y apunten a ser un long-seller en vez de un best-seller, lo que quiere decir que su objetivo debería ser convertir sus libros en algo que deje su huella en la sociedad y se venda a lo largo del tiempo de forma constante en vez de buscar generar una gran controversia que venda de forma explosiva y los haga pasar al olvido en un par de meses.

Una cosa más que decir antes de finalizar:

Sea cual sea la forma que utilicen para ser publicados por una editorial, lean el contrato en detalle y no se salten la letra chica. No solo para asegurarse de qué servicios les corresponden y qué ganancia tendrán, sino para saber si están entregando o no los derechos de su obra. Hay editoriales que les comprarán el libro, pagándoles una buena suma por ello, pero reducirán sus ganancias a nada y les imposibilitará publicar un día con alguien más (a no ser que vuelvan a comprar sus derechos). A veces la editorial no les comprará los derechos pero demandará el permiso de hacer obras derivadas y compilaciones con su libro, además de traducciones, dándoles las regalías correspondientes pero nada más.

En otros casos la editorial requerirá los derechos sólo por un tiempo; a veces ellos nunca reclamarán la propiedad intelectual de la obra y ustedes serán libres de anular el contrato en cualquier momento que quieran, sacando su libro de librerías y  páginas web y perdiendo todos los beneficios que teníamos sin que los puedan demandar por ello.

 

Bueno, lectores, con esto terminamos la clase. Nos queda una más a no ser que se me ocurra otro tema en el camino o la entrada siguiente quede demasiado larga. Planeo continuar haciendo entradas informativas pero autoconclusivas, así no los tengo como rehenes entre una publicación y otra. Si alguien desea que hable de algún tema en particular, háganme llegar la petición en los comentarios o por mensaje privado y daré lo mejor de mí para cumplir con las expectativas.

Saludos y buenas letras.

Ancient Forest

 

Nota: Mis alumnos me preguntaron por las solapas en los libros. En mi experiencia, todas las editoriales me las han ofrecido para tener un espacio donde añadir una foto mía y biografía, pero siempre significando un aumento en el precio. No es mucho más por libro, pero al hacer varios cientos de ejemplares, la inversión que hay que hacer es bastante mayor.

Y si son tan poco fotogénicos como yo…


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 4: Autopublicación

Ya hemos visto cómo preparar el manuscrito, cómo asegurarnos que no sea robado, qué personas necesitamos y cómo trabajar con ellas. Estamos a un paso de que nuestro libro esté listo para salir al mundo.

Bienvenidos, lectores, a la clase número 4 de este pequeño paso a paso para convertir nuestros sueños de letras en una realidad de tinta y papel (o tinta digital y pantalla). Hoy vamos a ver las formas que hay para autopublicarse. Las posibilidades son más de las que seguro imaginan y están en aumento, ya que el mundo cada vez se vuelca más al hágalo usted mismo, abriendo puertas inimaginables hace veinte años. Para los que gusten de lo tradicional, no se preocupen, que en la próxima clase hablaremos sobre la publicación a través de una editorial.

Autopublicarse tiene dos salidas: digital y física. Yendo directo al punto: la versión digital siempre es más barata. Uno no tiene que pagar papel, tinta ni distribución en librerías. Si hiciste la portada y maquetación en PDF por tu cuenta, no necesitas más que leer los términos y condiciones de Amazon (o la página que sea de tu elección) y subir el archivo. El único costo que tendrás será tomado de tus ganancias, así que no tendrás que hacer una inversión inicial.

Esto es fantástico para quienes publican mucho o tienen libros muy grandes que serían muy caros de llevar al papel. La desventaja de esto es que no tendrás una compañía haciendo publicidad por ti, por lo que tendrás que mover cielo y tierra para que tu libro se mantenga relevante entre la marejada de PDF que son subidos a la web al día. Estas plataformas trabajan cada día más, abriendo las puertas a todo el que quiera publicar, pero también por eso la competencia que hay es (no, no es, pero se siente) infinita.

Si se elige esta opción es importante que tengamos una página con nuestro trabajo antes, ANTES, de publicar un libro, ya que esto nos ayudará a que más gente se entere y corra la voz. No es recomendable hacer una página por libro escrito porque una vez pase la emoción de la publicación y ya no tengamos tanto material y noticias que compartir, el lugar morirá. Un espacio con todo lo que hacemos ayudará a mantenernos relevantes y que la gente se entere de forma continua de lo que publicamos y dónde nos presentamos, además de acercarles muestras de nuestro trabajo que de otro modo se perderían entre notas y borradores.

La desventaja de la publicación digital es una ventaja en la física: el alcance personal. Tener el libro en una librería es algo que todavía atrae a mucha gente (más en algunos países que en otros; en Argentina los e-books no son muy populares aún) porque hay cierto misticismo y encanto en el papel. Además, en una librería o stand en una feria, la competencia es mucho más acotada que en internet, por lo que una buena portada y un ingenioso discurso pueden lograr mucho.

Y algo que no se puede ignorar es que también tenemos a nuestro favor la responsabilidad de ser amigo o pariente de un escritor:

-Ah, ¿sabías? Publiqué un libro.

-¡Oh, felicidades! ¿De qué trata?

Y ahí los tenemos en nuestras garras. Los escritores somos seres apasionados, por lo que encontrar a alguien que quiera saber de nuestro trabajo no es algo que desperdiciemos. Esa pasión se contagia y, por placer o compromiso, nos acabarán comprando un ejemplar si tenemos uno a mano para entregar. Esto funciona sobre todo (y a veces casi exclusivamente) si el libro no es muy caro, así que siempre es bueno tener presente que un trabajo breve será más fácil de vender.

Advertencia: Después de varias publicaciones, este truco dejará de ser tan efectivo con aquellos que nos compraran por compromiso nada más.

Algunos autores regalan sus libros y, sí, lo he hecho, pero si en tu país las ediciones son tan caras como en el mío, recomiendo dejar un precio bajo parejo para todos en vez de descontarle a amigos y cobrar de más a extraños que de por sí no estarán tan comprometidos con nuestra causa. En caso de que quieras imprimir tu libro, pero no tener que lidiar con una editorial, puedes hacerlo contactándote directamente con una imprenta. Esto será más barato, pero te tendrás que hacer cargo de los detalles finos de la maquetación, incluyendo el formato, las líneas de corte, los ajustes para que las páginas del principio y las del medio tengan el texto centrado a pesar de la forma del cosido, etc. Desconozco si las imprentas ofrezcan hacer este servicio, pero no sería descabellado. Consúltalo de antemano y no olvides que aún así seguirá saliendo más barato que pasarlo por una editorial.

Sin embargo, ten presente que si quieres publicar el libro en papel y no tienes el dinero necesario para hacerlo, siempre puedes recurrir al crowfunding o financiamiento colectivo. Algunas de las páginas que sirven para esto son Kickstarter, idea.me, Panaldeideas, etc. Si buscas “plataformas de financiamiento colectivo” en google, encontrarás a montones. Si usas una que no sea de esas tres que te mencioné, recomiendo antes pasarlas por el confiable Scam Adviser, que nos indicará si la página en la que pretendemos poner tanto tiempo y esfuerzo es realmente confiable o nada más que una estafa.

La forma en la que funciona el financiamiento colectivo es muy sencilla: subimos nuestro proyecto y el dinero que necesitamos para completarlo. Los interesados en vernos tener éxito pueden hacer donaciones tan pequeñas o grandes como quieran. A cambio de ellas, recibirán regalos (nosotros decidimos qué serán) de los que deberemos hacernos cargo una vez esté procesado el pago (lo que ocurrirá tras juntar el dinero necesario, siempre que lo hagamos dentro del tiempo establecido).

Es importante notar que el tener nuestro libro sólo en formato digital no nos deja afuera de presentaciones y eventos. El año pasado me encontré con un escritor regional que vendía su PDF en CD en la Feria del Libro de la ciudad. Me pareció una genialidad: una inversión pequeña para él, un costo bajo para el interesado y sin depender de que las ganas de leer nuestra obra duren hasta que tengan acceso a internet. También es posible entregar tarjetas prepagas con el código de descarga del libro, muchas editoriales las dan como parte del contrato que se firma con ellas (desconozco si Amazon lo hace, pero no me sorprendería). Sino una tarjeta con la dirección de la página donde comprarlo y una reseña del libro podrían hacer lo suyo también.

Hay una tercera opción, bastante nueva, que combina digital y físico y creo que será lo que llevará a las editoriales a tener que reinventarse (como la radio en su época) o morir en el camino (ah… VHS… que en paz descanses). Esta salida lleva tiempo existiendo en internet y ahora están comenzando a implementarla en Amazon (no, Amazon no me paga por la publicidad, pero es la página más grande y de mayor llegada que conozco).

Consiste en publicar nuestro libro en PDF y que se imprima a pedido. Basta con subir un lomo y contraportada, además de la portada, y asegurarnos de que la maquetación sea buena. Una vez hecho esto, si la persona quiere comprar el libro en papel, la empresa imprimirá y maquetará un ejemplar y se lo enviará (el costo se reducirá de tu ganancia, así que ten eso presente al decidir el precio). Algunas páginas ofrecen una copia de prueba para asegurarnos de que todo esté en orden y la edición cumpla con nuestros estándares personales, y copias para el autor, para tener ejemplares que llevar a esos eventos de los que hablamos antes o para empujar en los bolsillos de amigos y familiares.

No puedo hablar por todas las páginas que ofrecen este servicio, pero sé que algunas tienen una impresión de calidad, una buena encuadernación y cubiertas a todo color. Si esta es tu opción, te recomiendo visitar el Blog de Valentina Trunearu, donde explica todas las opciones disponibles. Su serie “Cuánto cuesta publicar un libro gratis” es tan detallada y clara que ni se me ocurriría intentar reproducirla. Vayan y disfruten de su sabiduría y experiencia (después de terminar de leer esta entrada, obviamente).

Y con esto llegamos al final de esta clase. Aunque podríamos hablar de mucho más, considero ya cubierto lo necesario. Cada página que quieran utilizar para dar vida a sus libros les explicará en detalle todo lo que necesiten saber. Por favor no tilden “he leído y acepto los términos y condiciones de uso” sin haberlos leído en detalle. Asegúrense de no perder sus derechos y de que la comisión que les cobren sea algo que les resulte apropiado. Algunas páginas pueden pedir que sus obras estén exclusivamente allí o que no las quiten por cierto tiempo luego de subirlas, y esas son cosas que querrán saber antes de firmar nada.

Espero esta lectura les haya resultado interesante y, tarde o temprano, les sea útil. Estaré atenta por cualquier pregunta, petición o comentario que quieran hacerme llegar.

¡Nos vemos en la próxima clase, historia o hipo creativo que me ataque!

Ancient Forest


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Cómo y por qué poner nombre a los capítulos de tu libro

Saludos almas curiosas, bienvenidos a una nueva entrada de utilidades para escritores. Este es un tema en el que he estado pensando estos últimos días e, interesantemente, google no me ha dado resultados (en español) cuando investigué quién más se había dedicado a él (más allá de un par de foros discutiendo el tema): los nombres de los capítulos de un libro.

¡Pero, Ancient Forest, mi libro no tiene capítulos!

Bueno, a no ser que tu libro tenga entre dos y cinco páginas, déjame contarte de la vez que me prestaron un libro de casi cuatrocientas páginas (diciéndome que era una obra maestra) y el cual nunca leí por el mero hecho de que no tenía capítulos ni divisiones.

Sé que no soy la única que decide motivarse a leer con “un capítulo al día” o que, enganchada con la trama, dice “un capítulo más”. Si tu libro no tiene pausas para que el lector pueda levantarse de la silla a cubrir sus necesidades básicas y hacerle saber a sus familiares que todavía vive, la lectura podría acabar mal.

Bueno, si ya te convencí de que necesitas capítulos, vamos a lo importante: ¿para qué sirve nombrarlos?

Leí por ahí que no sirven para nada, que es mejor poner solo números y ya. Yo no creo eso. En general las cosas que no sirven para nada no existen. Incluso aquello que más inútil parece puede liberarnos del estrés, divertirnos un rato o servirnos de regalo para que alguien que nos frustra comparta lo que sentimos.

Los nombres de los capítulos son una excelente manera de rastrear en el índice dónde empieza esa escena que queremos releer, de ganarnos al lector cuando abre el libro para encontrar algo que lo convenza de comprarlo, de luego provocarle ganas de leer (¿quién no ha visto el título del capítulo siguiente y ha decidido adentrarse un poco más en el insomnio en vez de resignarnos al atrayente poder de la almohada?), y, si está bien hecho, el nombre de un capítulo le agregará valor a la historia.

Además, y esta es enteramente mi opinión, el nombrar capítulos es una parte íntima del proceso creativo. Me gusta darles un nombre como parte de su identidad ni bien acabo de corregirlos; lo veo casi como la culminación del dar a luz un montón de palabras en un papel (pantalla en mi caso).

”¿Cómo?” se preguntarán. Analicemos la magia detrás de cada opción:

La primera es dar el nombre de un personaje a los capítulos. Puede ser de un personaje que entrará o será el foco de lo que pase en dicho capítulo.

George R. R. Martin utiliza este recurso en la saga “Canción de hielo y fuego”, dejando ese espacio para anunciar quién narrará lo que leeremos a continuación. Aunque no es algo que yo haría, debo admitir que se ven geniales las citas de los personajes. “A Game of Thrones, Chapter 64, Daenerys VIII”. Me encanta, es casi bíblico. Aunque tristemente sirve sólo si los narradores abundan, de otro modo se torna repetitivo.

La segunda opción es la que más he visto: utilizar una palabra (que puede ser en cualquier idioma, de cualquier época o incluso estar inventada) o frase que anuncie lo que va a ocurrir en el capítulo. Esto lo vimos, por ejemplo, en Harry Potter y [inserte aquí elemento mágico] o la magnífica saga de Patrick Rothfuss, Crónica del asesino de reyes.

Hay una parte negativa a esto: así como algunos desubicados de antaño ponían más de diez nombres a sus hijos (los miro a ustedes, padres de Picasso), hay algunos autores a los que se les va la mano con el nombramiento.

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Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, y su perro.

No me hace feliz la idea de hablar mal de un libro cuando quien lo creó aún vive, por lo que no daré los datos específicos, pero un capítulo de una obra que se cruzó en mi camino se llamaba, y no es broma: “En el que [protagonista] experimenta muchos sentimientos intensos y discordantes en un espacio muy corto de tiempo; también se narra aquí la verdadera historia de [otro personaje] y de cómo perdió su oreja, junto con otros acontecimientos de gran importancia para este relato.”

La idea es que el lector que ya leyó el capítulo entienda de dónde viene el nombre y que el que no lo leyó sienta curiosidad por eso que estás insinuando que pasará (ej. “Revelación” en El nombre del viento), no escupir una reseña del capítulo. Esto lo había visto solamente en Las aventuras de Pinocho y es tan gracioso que incluso en la Wikipedia dice “El libro tiene un total de 36 capítulos que se titulan y se pueden resumir de la siguiente manera”. Así es, queridos lectores; lean los títulos de los capítulos de este clásico y no tendrán que enfrentarse al resto del libro. Increíblemente útil para cuando tu profesora de literatura te lo dé como parte del programa de la materia.

La tercera opción es similar a la segunda (a veces se usan ambas en un mismo libro), pero en vez de enfocarnos en lo que pasa en el capítulo, miramos hacia lo que le pasa a algún personaje (en general, el narrador o protagonista). El capítulo 8 de mi libro Revolución Reign: Príncipe es llamado “Running from myself” (escapando de mí mismo). Esto no sólo resume qué siente el personaje con todo lo que está ocurriéndole, sino que también nos muestra un poco de la historia en sí (Reign busca alejarse de un hombre llamado Myself).

Nota importante antes de continuar: si van a usar frases o palabras en otros idiomas, no hagan lo que yo poniendo solamente la traducción como nota al pie. El índice también la va a necesitar.

Cuarta opción (y una que no he visto hasta ahora pero me gustaría): revelar información que el libro no nos da de otro modo. Puede ser algo muy trivial (“Mi último día con el pelo rosado”) o complejo (“Siempre me arrepentí de no decirle que lo amaba”).

Mi autora favorita, Robin Hobb, en la Trilogía de los Vatídico agrega debajo del nombre de cada capítulo un texto adicional. Allí te cuenta del folklore del mundo que creó: su historia, sus pueblos, las creencias, costumbres y rumores. Es una magnífica forma de introducirte a esa realidad y hacerte enamorar de ella sin saturar la novela de información que la harían parecer un manual cultural.

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Si te gusta la fantasía medieval y no has leído todavía esta saga, ¡hazlo! Si ya la conoces o leíste, ¿por qué no estás leyéndola de nuevo?

Quinta opción, y funcionando más que nada para libros históricos o escritos a modo de diario (como algunos de los libros de la saga Assassin’s Creed de Oliver Bowden): poner la fecha en la que transcurren los hechos narrados. Así de simple. Ya sea del calendario gregoriano, judío o cualquier otro (inventado incluso), poner fechas dará carácter de documento a tu novela, lo cual puede ser de gran ayuda para llevar al lector al estado mental de credulidad que necesitas.

Si decides utilizar esta idea, asegúrate de que tienes todas las fechas bien puestas y que no te has equivocado, que un solo número fuera de lugar puede hacer que el capítulo 5 ocurra un año antes que el 4 y eso anulará por completo el poder de esta opción.

La sexta opción la vi en El profeta de Khalil Gibrán y en un montón de series de televisión: usar una frase de base. En dicho libro, la mayoría de los capítulos se llaman “sobre [inserte aquí tema del que habla el profeta]”, lo cual los une y hace parecer un diario o rejunte de discursos reales. En la serie Friends los capítulos empiezan con “the one with” (traducción: el de/del), ejemplo: “el del apagón” o “el de cuando Chandler no recuerda qué hermana era”. Genera una curiosa conexión y efecto de continuidad, y sin duda es una idea que tiene mucho potencial.

La séptima opción (¡respiren hondo que ya casi acabamos!) es una que nunca vi pero amé cuando leí sobre ella en una página en inglés sobre nombres de capítulos. La autora menciona que, en una novela no publicada suya, integraba los nombres de los capítulos a lo que ocurría en la trama. Así, por ejemplo, tras el capítulo que termina con una explosión, viene uno llamado “¡Boom!”.

Creo que sería trabajoso utilizar este recurso de manera constante en un libro, pero no imposible, y el resultado tiene el potencial de un nobel.

Y octava y última opción que se me ocurrió/encontré por ahí: utilizar la temática del libro para convertir en arte los nombres de los capítulos.

Digamos que tu libro trata sobre una mujer enamorándose de la cultura china; ¿qué tal utilizar proverbios o frases de grandes maestros de ese país? Si tu libro nos sumerge en la magia de los viajes en el tiempo, ¿por qué no usar frases de grandes filósofos y científicos sobre el tema?

Algo importante: si quieres usar frases famosas (como el slogan de alguna marca), ten presente que es muy probable que tengan copyright y debas pedir permiso. Investiga antes, google es tu amigo.

En el libro El vuelo del dragón de Anne McCaffrey, los capítulos tienen poemas por nombres. Tal vez podrías poner frases de canciones, nombres de pigmentos, o incluso jugadas de ajedrez (sé que vi esto en un libro, me encantaría recordar cuál era).

Apodérate de la temática de tu libro y explótala. El proceso artístico no tiene por qué detenerse en la trama y los personajes; así como lo dejamos invadir y adueñarse de la portada, del lomo de la contraportada y la reseña, dejémoslo también alcanzar el índice y revolucionarlo.

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Y luego está esa saga cuyo título en el lomo apunta hacia un lado en la primera parte y hacia el otro en la segunda.

Sin más que decir, gracias por acompañarme en esta larga entrada. Espero les haya dado algunas ideas (que son bienvenidos de compartir en la sección de comentarios) o, al menos, les sirviera de inspiración.

Si quieren leer leer más utilidades para escritores, recuerden que tengo una categoría entera sobre esto y una serie de entradas sobre los pasos para convertir tu manuscrito en un libro (en hiatus hasta que me ocupe de proyectos con una apremiante fecha límite).

¡Hasta la próxima entrada!

~Ancient Forest


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¿Es éste el fin de la cultura?

Estos últimos días he visto y oído a mucha gente haciendo escándalo por la cantidad de personas que los youtubers atrajeron a la feria del libro de Buenos Aires con fundamentos como que sus libros son basura, que autores que socialmente son reconocidos como “de calidad” no atraen a tanta gente, blahblah.

Usualmente no escribo este tipo de cosas pero quería compartir mi pensamiento al respecto: la lectura es lectura.

Leer es importante y más aún en la niñez y adolescencia, que es a las edades a las que apuntan los youtubers con sus libros y canales.

Sí, hay libros que considero una desgracia para la humanidad, como 50 Sombras de Grey, pero si conozco a alguien que lo leyó, no repudio a esa persona ni la degrado. No tengo hijos pero si los tuviera y quisieran leer ese libro, o cualquier otro, los dejaría, y luego los invitaría a sentarse conmigo y hacer análisis. Incluso puede que los lea con ellos.

“No soy un completo inútil, por lo menos sirvo de mal ejemplo.” Ningún libro ha aportado tantas horas de debate y análisis a mis clases como 50 Sombras. Es increíble la cantidad de cosas que trae a la mesa y el error no es leerlos, es desaprovecharlos.

Comenzar a leer es importante y celebraré a cualquiera que invite a los jóvenes a hacerlo, que los aleje de la televisión y los estímulos sensoriales, y los aísle en un mundo de palabras que los obligue a activar su imaginación y hacerla volar. ¿El libro es una porquería? No importa, tendrá ese efecto de todos modos, y una vez que uno se ha animado a hacer silencio al mundo exterior para arrojarse al torrentoso río de imágenes y sonidos que nacen de la lectura, nuevos libros vendrán.

Así que, personas amargas y pesimistas, los invito a abrir la mente y alentar la lectura en todas sus formas, aún si no les gusta. Un niño hoy leyó el libro de Germán Garmendia, mañana leerá Harry Potter, en un par de años leerá a Cervantes. Lo importante es leer.

Y sí, como escritora también siento un poco de celos de su éxito, pero es propio de la condición humana, así que no me lo reprocho ni permito que afecte mucho mi vida tampoco.

Padres, alienten a sus hijos a leer, aunque lo que los atrape en un primer momento sea algo que ustedes no aprueben. Enséñenles a discernir, a analizar, a criticar. Acompáñenlos a leer todos los libros malos que haya, será la forma de enseñarles a apreciar aquellos que estén bien escritos.

Les voy a dejar un video, una charla TED, de 18 minutos de Daniel Cerezo. Él habla de la música, no de la escritura, pero su inicio en ese arte y cómo cambió su vida ejemplifica exactamente lo que quiero decir.

Pasen a ver y anímense a leer. Salgan de su zona de confort y entiendan que los libros no están ahí para suplir a la televisión, sino para ampliar la frontera de la mente.

La mala lectura puede ser terrible, un mundo sin lectura sin duda es una tragedia, pero un mundo en el que no se aprovechen los libros, cualquiera sean, para crecer y expandir la mente, es el verdadero apocalipsis de la cultura.

https://www.youtube.com/watch?v=rmEGBKXrxNs

~Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 3.5: Lectores beta

Siempre que termino una entrada de “Del manuscrito al libro” me digo que escribiré todas las que faltan al hilo, para irlas subiendo sin preocuparme por tener que encontrar tiempo para trabajar…

Saludos lectores y bienvenidos otra vez. Lo de arriba fue un lamento o un himno, una oda a mi inconstancia si se quiere. Honestamente, he estado trabajando en muchas otras cosas y no me había podido sentar hasta ahora a pensar en este curso. No se preocupen que no lo abandonaré.

Esta parte es una inesperada: mientras escribía la tercera entrada de este curso, noté que el tema de los lectores de prueba podía ser ampliado enormemente para facilitarles el trabajo con ellos (y a ellos el trabajar con ustedes). No quería que dicha entrada se extendiera hasta el infinito, así que decidí hacer un apéndice, ¡y éste es!

Si llegaste a esta entrada sin haber pasado por las anteriores, te recomiendo volver atrás para no perder detalle. En la parte superior del blog, en la categoría “utilidades para escritores” verás enlaces a todas las clases que ya están disponibles.

Los lectores de prueba o lectores beta (o sólo betas) son aquellas personas que leerán tu trabajo antes que nadie y quienes te ayudarán con sus opiniones a saber si vas por el camino correcto o tu libro los está matando del aburrimiento.

Estas personas pueden ser amigos, familiares, colegas, profesores o cualquier ser pensante, terrestre o extraterrestre, con el que tengas contacto y quiera darte una mano (si es escritor, editor o asesor literario, grita “eureka!”). Considera que el trabajo es compartido, por lo que no elijas a una persona por compromiso. Tu manuscrito es tu creación cuando está aún en pañales y, como padres sobreprotectores que usualmente somos, no se lo deja en manos de cualquiera.

Tómate tu tiempo para elegir a tus lectores de prueba. Busca gente que le guste el género que escribes pero no te limites a ellos si tienes la bendición de encontrar a alguien dispuesto a salir de su zona de confort. Si no estás seguro de quién de tus conocidos hará un buen trabajo, dale algunos capítulos o textos tuyos para leer y debatir. Cada persona te corregirá de un modo distinto según su personalidad y puntos fuertes. Algunos se fijarán más en la gramática, otros más en las descripciones, otros más en que el hermano de protagonista que fabrica drogas no le erre a los compuestos químicos para que la historia no pierda realismo.

Si llega a ocurrir que a medio camino un beta dejó de serte útil, por el motivo que sea, no dudes en terminar esa relación laboral. Agradécele por su servicio prestado (que casi seguro fue gratuito) y dile que decidirás no utilizarlo como beta. En mi experiencia, no suelen pedir explicaciones y no recomiendo darlas tampoco, porque entrar en detalles de qué hizo mal el otro es un rezo para que la amistad caduque.

Recuerde que tener un lector de prueba significa que tu obra será criticada. No lo debes tomar como una ofensa personal sino como una oportunidad para crecer. Algunas cosas o formas pueden enojar, pero intenta no crearte un prontuario criminal por algo así. Asumir los propios errores es la mejor forma de saber que no los cometeremos más. ¡Ánimo!

 

Continuemos: para hacer uso de estas personas trabajadoras hay varias opciones. Veremos tres de ellas y luego pasaremos a cómo trabajar con los betas.

La primera opción es darle tu libro a leer a tus lectores de prueba una vez lo tienes terminado. La ventaja de esto es… Honestamente me cuesta encontrarla. Supongo que la ventaja es que tienes más paz y tiempo para trabajar. Si eres constante, tal vez te sirva. El hecho de que la experiencia sea enteramente tuya puede ser un gran punto también.

La desventaja para mí es demasiado grande como para querer usar este método: si en al menos una parte de la trama perdiste la atención o el amor del lector, nadie va a estar ahí para hacértelo notar. No importa qué tan crítico y detallista sea uno, siempre habrán errores que no se verán fácilmente e inconsistencias que, para alguien que sabe en detalle todo lo referente al libro como ocurre con nosotros los autores, parecen no existir.

 

La segunda opción de la que hablaré es el extremo opuesto y la que actualmente yo uso: tener betas que lean cada capítulo a medida que lo terminas. La ventaja de esto es que ellos tendrán el ojo en el detalle, sus correcciones se basarán en frases o cosas puntuales que pasan en el capítulo y eso te permitirá saber si hay algo que cambiar en el cronograma que habías armado.

Una experiencia personal muy interesante fue cuando llegué al momento en el que un personaje abandonaría el libro. Tras ver eso, uno de mis betas me preguntó si acaso tal otro personaje no estaba enamorado de este que saldría. Yo no me había dado cuenta que había surgido cierta química entre ellos y esa realización abrió las puertas a muchas posibilidades.

Las desventajas de este sistema son las siguientes: para tus betas está el hecho de que podrían verse en la necesidad de leerse el libro completo más de una vez, ya sea porque lo primero era un borrador apenas y ahora estás cambiando muchas cosas de la trama que justifican una segunda lectura; o porque entre tiempos de descanso y pausas por motivos superiores, los has hecho olvidar qué leyeron hasta ese momento.

Además, como muchos dicen, un libro se lee por primera vez sólo una vez, por lo que lecturas reiteradas podrían quitarles un poco de perspectiva. La forma de solucionar esto es tener lectores de prueba para las distintas etapas, con algunos acompañándote desde el primer borrador y otros leyendo sólo la versión final.

Para ti, las desventajas de este sistema son principalmente dos: la primera es que hay ciertas críticas que podrían ser muy duras y dificultarte el desear continuar. Ya sea que tu beta sea muy crítico o tenga poco tacto, no será raro que alguna vez alguien te diga algo que te haga replantearte si tu libro no es una basura que merezca ser olvidada bajo la cama, entre las pelusas y los juguetes del gato. Esto, si por cuestiones divinas ocurre a la vez que un bloqueo artístico o un momento de baja autoestima, puede ser terriblemente destructivo.

La segunda desventaja es el agotamiento. Algunos betas entusiastas correrán a tus brazos a contarte qué les pareció el capítulo que acaban de leer; estarán ansiosos por analizar todo en detalle y pensar en voz alta qué va a ocurrir después; pero otros no serán tan diligentes.

Ya sea porque están ocupados con sus vidas o con papar moscas, muchos pueden olvidar datos o no desear profundizar en el tema. Tal vez no se ponen en contacto por días o postergaron tanto el sentarse a leer que, cuando subes el capítulo siguiente, aún no han leído el previo. Puede llegar a ser muy frustrante y significar un enorme gasto de energía y paciencia.

Nota: Está bien ponerles un límite de tiempo para la lectura y corrección (siendo realistas, nadie lee mil páginas en un fin de semana) aunque eso te asegura que no choques un día con un eventual procrastinador.

Nota 2: Por favor nunca maltraten a esta gente porque su trabajo es complejo y, en la mayoría de los casos, lo hacen ad honorem. Como dije antes, enojarse y frustrarse sí está permitido, lo mismo que dar de baja a un beta por no gustar su forma de trabajar o no haber química (del mismo modo que están ellos libres de irse), pero siempre agradezcan su servicio prestado (aunque no les haya servido para nada) y salgan con la frente en alto.

 

La tercera opción que tienen para trabajar con sus betas es un punto medio entre las otras dos: terminar de escribir el primer borrador del libro y entonces darlo a leer para hacer las correcciones pertinentes.

La desventaja de esto es que, si llegan a tener una situación como la de mi personaje enamorado que no noté, esas correcciones posteriores podrían desbarajustar todo el libro. Hay puntos en la trama que pueden ser realmente importantes y causar un quiebre que los obligue a tirar medio manuscrito al tacho. Hay pocas cosas que se me ocurran más irritantes que sentir que vuelves a empezar luego de tener el libro prácticamente terminado.

La ventaja es que les permite ser dueños de sus historias y su tiempo, salvarse de gran parte de las críticas más duras, ahorrarles a los betas el tener que esperar por cada capítulo con el riesgo de olvidarse algo importante y varias cosas más. Esto es enteramente cuestión de lo que cada uno prefiera y considere mejor. Para mí, por cómo trabajo, el riesgo no compensa las ganancias.

 

Espero hayan notado que la opción de no usar lectores de prueba no está siquiera en consideración. Como escritores podemos tener el modo lector y escritor, pero nunca reemplazaremos la visión de una persona externa, especialmente si consideramos que hay tantos puntos de vista como seres en la Tierra.

 

Y llegamos así a la última parte de esta entrada. ¿Vieron? Les dije que valía la pena un apéndice, había mucho por decir. Vayamos ahora a cómo trabajar con los lectores de prueba.

Como en todo, hay varias formas, describiré las que he probado y si ustedes tienen experiencias con otras (o distintas experiencias con las mismas), pueden dejarlas en los comentarios, me encantará leerlas.

Lo primero y principal es una regla que he visto a otros escritores usar y recomiendo a muerte: dos personas tienen que coincidir para que un cambio en el libro sea hecho (una de esas personas puede ser el escritor mismo). Si un beta me dice algo con lo que no estoy de acuerdo, lo dejo anotado y espero a ver si otro dice lo mismo. Si no, pregunto qué les parece esa corrección que me hicieron. Si dos betas coinciden o la corrección me pareció sensata desde un comienzo, el cambio es efectuado.

Para “La Palabra Perfecta” usé el método de darles el libro a los betas una vez lo hube terminado, porque al ser capítulos inconexos, además de breves, lo que me dijeran no haría tanto caos. Al menos dos personas me indicaron que el prólogo era confuso, por lo que inmediatamente me senté a reescribirlo.

A los lectores de prueba originalmente les di una serie de preguntas para que respondieran (que no todos siguieron porque rebeldes los hay en todos lados). En general las joyas están en las cosas más simples: personaje favorito, personaje más odiado, momento favorito, momento que te haya conmovido, qué creen que ocurrirá después, etc. Claro, siempre hay que pedir que justifiquen y que se explayen tanto como puedan (si se puede charlar, mejor aún). Un “justifica tu respuesta” es la diferencia entre saber cuál de tus personajes tiene más fans y cuál es el más atrapante, interesante, mejor hecho, etc.

Aunque crean saber la respuesta, siempre pregunten. Nunca den nada por sentado, aunque sea terriblemente obvio. Cuando el beta se sienta a filosofar sobre por qué le gusta o aborrece algo de la historia, acomódense en sus sillas y tomen nota.

Para la saga “Revolución Reign” me gusta consultar a mis betas de forma constante. Una historia tan larga y compleja necesita constantemente de un par de cerebros analizando en detalle qué ocurre y qué va a ocurrir.

La forma en la que trabajo con mis betas en este caso es, idealmente, estando del otro lado del Skype mientras leen. Para mí significa mucho escucharlos reír o tomar aire en sorpresa, porque sé que causé el efecto deseado. En caso de que eso no se pueda, un chat funciona igual de bien, porque les permite escribirme a medida que van reaccionando a la historia. En caso de que no coincidan los horarios, pueden dejarme los mensajes y los leeré cuando me conecte.

Pero no me quedo con las reacciones solamente, esa es la primera parte. La segunda es aquella en la que hablamos de todo lo que ocurrió en el capítulo. Puede que vayamos parte por parte o simplemente me cuenten en orden de relevancia qué les pareció lo que leyeron. Usualmente pregunto qué opinan de tal personaje, qué les pareció tal situación, qué imaginan que pueda llegar a suceder con ese dato revelado a último momento y qué esperan ver o sienten que falta. Como dije antes, aliento a que se explayen tanto como sea posible, a veces llegando a debatir por largo tiempo sobre un solo tema.

 

Una última aclaratoria antes de acabar: antes dije que se necesitaban dos personas estando de acuerdo para hacer una corrección, pero esto no aplica para “no entendí”. Si su lector de prueba indica que una parte lo confundió o lisa y llanamente no la entendió, requiere sí o sí una lectura crítica por su parte y un poco de ajuste. No hace falta cambiar la situación en sí, sólo no dejen que ese porcentaje de futuros lectores al que ese beta representa se pierda de entender qué acaba de pasar en la historia.

 

Y con eso dicho, creo que hemos cubierto todo. Espero les haya resultado útil la entrada y estén tan deseosos de continuar como yo. A partir de ahora entraremos en la parte de publicación y publicidad, así que no se alejen mucho porque se pondrá interesante.

 

Curiosamente entre que escribí y corregí esta entrada me encontré con un par de páginas que hablaban del tema. Les dejo los enlaces por si quieren seguir leyendo, ya hemos visto que tener múltiples puntos de vista es muy sano.

En este enlace les darán varios puntos importantes del tema y les ayudarán a encontrar betas a través de internet. ¡Muy útil!

http://www.techleo.es/beta-readers-informes-de-lectura-y-editores/

En esta otra página encontrarán mucha más información de los lectores de prueba (o lectores cero, como los llama la autora). Gabriella Campbell es, a mi criterio al menos, una maestra en todo lo referente a la escritura, por lo que recomiendo seguir su blog (¡sin abandonar el mío, eh!).

http://www.gabriellaliteraria.com/lectores-cero/

 

Cualquier duda, comentario o pregunta es más que bienvenida en la sección de comentarios.

Cariños a todos y nos estamos leyendo pronto.

~Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 3: Personas importantes

Saludos, lectores, y bienvenidos a la tercera parte de este curso. Antes que nada quiero disculparme por la tardanza en comenzar a trabajar en esta entrega; he estado preparando las clases (las físicas, no virtuales) que daré este año. Cuando tenga todo terminado les estaré comentando en detalle de qué tratan junto a otro par de proyectos que tengo en mente.

Esta vez el tema son todas aquellas personas, algunas indispensables, otras no tanto, pero todas muy útiles, que hacen a un libro. Sí, luego de unos años uno se da cuenta que el escritor es sólo la excusa para reunir a un dedicado equipo de trabajo (y muy dedicado, siendo que la mayoría de estas personas de las que hablaré suelen hacer su trabajo sin cobrar ni rechistar).

Comencemos con aquellos trabajos más rápidos de describir (aunque no por ello más fáciles de hacer):

 

Editor:

Ya muy hablado en las clases anteriores, tu editor (o editora) es el director de orquesta de tu libro ni bien llegue éste a una editorial. Por lo general es esta trabajadora persona quien se ocupará de contactar con la imprenta, los diseñadores, el correo (en caso de que haya que enviarte algo), el departamento de legales, etc. Según la editorial podrás tener contacto directo con todas esas otras personas o no (en algunos casos prefieren que sea algo indirecto, para lo que estará siempre presente tu editor para hacer de nexo).

En caso de escritores profesionales, que saben esto mejor que yo pero lo digo para los curiosos, los editores se ocupan también de corregir los libros, criticar las tramas, etc. Un editor puede incluso hacer que un escritor quite una parte del libro si considera que no venderá. Pero todo esto depende del contrato con la editorial que hayan hecho, lo que veremos en una clase futura.

 

Artistas:

Refiriéndome desde a dibujantes hasta a diseñadores gráficos, los artistas tienen mucho que aportar. La portada, el diseño interior, las tarjetas de presentación a la presentación del libro (algunas editoriales las entregan junto a otras piezas de marketing), etc.

En mi caso, con lo perfeccionista y molesta que soy, decidí hacer yo la mayoría de mis diseños o contratar por mi cuenta a ciertas personas de las que me gustaba su arte y consideraba coherente con el estilo del libro en cuestión. Pueden hacer eso también, como vimos en la clase anterior, y ser tan cascarrabias como quieran.

Recomiendo si van a contratar a alguien que boceten lo que quieren y sean claros con los detalles que para ustedes son importantes que estén o brillen por su ausencia. Si tienen dudas, piensen bien qué quieren antes de volver locos a sus artistas (o confíen en su buen juicio y pídanle un par de opciones de las cuales elegir). Créanme, no quieren a un artista que abandone a mitad de camino, que les cobre locuras porque no lo dejaron dormir, o que finalmente les entregue un diseño que no les gusta y no les dé la opción de seguir arreglándolo. Dinero, tiempo y felicidad tirados al tacho.

 

Lectores de prueba:

También conocidos como lectores beta, muchos no los utilizan, porque o no saben que existe tal trabajo o porque subestiman su importancia.

Lo que estas personas hacen es leer nuestro libro antes que nadie más. Algunos lectores de prueba leen el libro cuando ya está terminado y dan su opinión sobre distintos aspectos, otros (como en mi caso) leen capítulo a capítulo a medida que uno va trabajando. La ventaja de esto último es que pueden marcarte errores o situaciones que te hagan cambiar radicalmente el rumbo al que vas (lo que sería trágico si ocurriera cuando el libro ya está “terminado”), pero la desventaja es que deben leer al ritmo en el que escribes y, en muchos casos, leer varias veces el libro completo a medida que va pasando de primer borrador a segundo, tercero, quincuagésimo, etc.

Para conseguir lectores hay dos opciones: la primera es pedir a amigos y familiares. Tal vez a algún profesor, persona que tenga su respeto u otro escritor. En estos casos debes ser muy precavido porque los betas entrarán y saldrán de tu vida como abejas de su panal. Puede que no te guste cómo te corrige, que no te sirva, que sea muy lento o cualquier otra cosa, y es difícil hacerle saber a un ser querido que está despedido.

Para evitar situaciones incómodas, yo soy muy clara con lo que quiero desde un primer momento y digo de manera frontal que estoy buscando lectores de prueba, no fans, por lo que si la corrección no me resulta útil, quien la haya hecho tendrá que esperar a que el libro sea publicado para continuar leyendo.

La otra opción es buscar gente en internet que quiera hacer de lector beta. Puedes encontrar gente muy respetable y que haga un excelente trabajo, dado que le resultará (o debería, al menos) más fácil hacerte una crítica gracias a que no hay una amistad por arruinar. El problema es que es difícil hacer entender a extraños cuán importante es el libro para el autor y puede que no pongan el esfuerzo que consideras necesario. Esto podría arreglarse pidiendo ayuda a otros escritores, pero he vivido la experiencia y muchos pasan por su propio juicio de escritor lo que están leyendo, dificultando que lo vean como lectores y dándoles una crítica que no les va a servir de nada porque, gracias a los dioses viejos y los nuevos, todos tenemos estilos diferentes. Pueden aun así intentarlo si gustan, no perderán nada y si el escritor al que buscan logra hacer de lector, será un beta fantástico.

Es importante que tengan en claro que no le deben nada a nadie y que si la relación con su lector de prueba no funciona como lo desean, lo pueden (y sanamente deben) dejar ir. Por otro lado, es de vital importancia que entiendan que el trabajo de beta es un TRABAJO, con todas las letras (y casi nunca es pago). Lleva tiempo, paciencia y dedicación. Los escritores estamos muy enamorados de nuestros trabajos y a veces nos cuesta aceptar críticas, por lo que podemos ser muy difíciles de abordar. Si deciden terminar la relación laboral con un lector de prueba, sean amables siempre. Agradezcan el servicio prestado, agradezcan las críticas hechas (les hayan parecido apropiadas o no) y salgan de la habitación luego de haber dado un cálido apretón de manos.

Para no irme de tema, he decidido que haré otra entrada (a modo de apéndice) para ampliar el trabajo de los lectores de prueba, así pueden ustedes comprender mejor cómo trabajar con ellos y enseñarles a ellos a trabajar mejor con ustedes. Espérenla pronto.

 

Corrector:

El lector de prueba leerá sus libros y les indicará qué cosas le han gustado, cuáles le hacen ruido, qué diálogo cree que se podría mejorar y en qué parte se nota que están forzando ese romance entre la protagonista y el dios nórdico.

El corrector, por otro lado, apuntará a los detalles. Gramática, ortografía, ortotipografía, estilo, coherencia, etc. Un corrector hará una lectura lenta y profunda buscando que no se le escape nada (no esperen infalibles, a todo ser humano se le pasan cosas). Estas personas cobrarán por su trabajo (o deberían, al menos), porque es algo que puede tomar hasta meses (según la extensión del libro).

Como dije en clases previas, si cuidan de tener la mejor escritura posible, este servicio les saldrá más barato, así que no subestimen la importancia de estudiar la lengua en la que escriben.

Algunas editoriales ofrecen un sistema de corrección (a veces cobrando el servicio aparte), por lo que recomiendo preguntar. Puede ocurrir que ellos no tengan un corrector contratado, pero podrán facilitarles varios contactos. Recomiendo que escriban a cada uno y vean cuál les resulta más simpático y trabajador, ya que le estarán viendo la cara por bastante tiempo.

Como pista, un corrector que sepa lo que está haciendo les pedirá un fragmento de su trabajo antes de darles un presupuesto, para que ustedes vean cómo trabajan y para ellos hacerse una idea de cuánta ayuda necesitan sus textos.

 

Traductor:

En caso de que deseen llevar su libro a otro idioma, puede que acaben trabajando con uno de éstos. Son muy similares a los correctores en lo que respecta a la cantidad de tiempo que toma hacer el trabajo y el hecho de que cobran según la extensión del texto.

Por favor corrijan sus textos a fondos o contraten a un corrector profesional antes de enviar su manuscrito a un traductor. Ahórrenle a esta pobre persona el sufrimiento de tener que trabajar con un texto mal escrito y sálvense a ustedes mismos de tener una mala traducción causada por frases o palabras inteligibles.

 

Asistente:

Del que voy a hablar no es el asistente que te alcanza las lapiceras o te hace té mientras trabajas (aunque amaría tener uno de esos). Los brainstorming assistants, asistentes de brainstorming, o simplemente asistentes de lluvia de ideas, son quienes saben tanto del libro como tú y posiblemente podrían terminarlo en tu nombre.

Su trabajo es estar en los detalles, conocer la lógica que opera en el mundo que creaste para tu libro y a todos quienes habitan en él. Ellos te ayudarán a resolver agujeros en la trama, a armar la extravagante sociedad extraterrestre que tu protagonista visitará en su viaje espacial, a decidir cuáles países son mejores para desatar esa guerra sangrienta sobre la que quieres escribir y a descubrir la mejor forma de hacer que la muerte de ese haga llorar a todos tus lectores (si dicho personaje es un perro, la tendrán fácil).

Recomiendo que esta persona sea muy cercana y ame tanto sus libros como ustedes, porque debe estar dispuesto a pasar horas de su tiempo libre charlando sobre la historia y todos sus detalles.

No olviden llevarse a este sujeto a su gira mundial cuando se vuelvan famosos.

 

Escritor fantasma:

¡Y el último de la lista! El escritor fantasma (o ghost writer en inglés, idioma en el que este término está más popularizado) es a quien recurrirán en caso de que no se vean capaces de escribir sus propias historias.

Puede que se deba a que no tienen una buena ortografía, a que no saben escribir una novela, a que no les guste su estilo para el tema que eligieron o a que tengan alguna discapacidad física que les impida escribir. El escritor fantasma escuchará la historia que desean contar y la escribirá por ustedes.

No hay vergüenza en utilizar un escritor fantasma, así que no duden en contratar los servicios de uno si lo necesitan. Grandes escritores de todos los tiempos han trabajado en colaboración con uno (incluso Alejandro Dumas tuvo un compañero que fue quien lo llevó a su gloria) y obras magníficas han salido de esa sociedad.

Usualmente el escritor trabaja por hora, frase o palabra, igual que un corrector o traductor, y no recibe tanto crédito como el autor. Alguno puede ser citado como co-autor, pero en general se mantienen en el anonimato, lo cual me provoca una gran tristeza.

¡Den crédito a quienes trabajan con ustedes!

 

Y esto es todo. Sin links ni imágenes adornando la página esta vez.

Espero les haya gustado la entrada y les resultara útil. Síganme si desean recibir notificaciones cada vez que subo algo y no olviden volver para la nota sobre lectores de prueba y la cuarta clase de este curso (además de mis escritos tradicionales que también estaré subiendo como siempre).

¡Cariños a todos y gracias por leerme!

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