La Catedral de las Sílfides

Ven a oír las historias del viento


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¿Debería usar un seudónimo?

Desde que tengo memoria he tenido una guerra civil con mi nombre de pila. Nunca nos llevamos bien y, tras tantos intentos de declarar mi independencia, ese gigantesco e intimidante puñado de letras tampoco tenía motivos para empezar a quererme. Llegó el punto en el que me llamaban con un nombre distinto a cada lugar al que iba. Me sentía Gandalf, menos la magia y la barba… y el sombrero y… todo lo demás.

Pero al llegar el momento en el que la primera editorial con la que trabajé me preguntó si firmaría mis libros con mi nombre o con un seudónimo, dudé. No tenía motivos reales para no usar mi nombre, más allá de capricho y el sentirme una niña otra vez cuando alguien se refería a mí con él. Al final, lo usé, y por una larga lista de motivos, me alegra. Dejé de luchar conmigo misma y cuando la gente me habla, al fin siento que me hablan a mí y no a una de las tantas máscaras que tuve puestas por tantos años. Me costó acostumbrarme, pero mi nueva firma se ve bonita.

Pero hace una semana, mis alumnos sacaron el tema de qué nombre usar para suscribirse en el NaNoWriMo. No sabían si ir con su nombre real o decidirse por un seudónimo, así que para ellos (y todos los que tengan la misma duda), decidí hacer una serie de entradas. Veremos hoy 13 buenas razones por las que podrías necesitar usar un seudónimo y 5 motivos igual de buenos para usar tu nombre real.

Si el NaNo no se come mi alma, para la semana que viene tendrán una entrada sobre la forma de crear el seudónimo perfecto, así que estén atentos, suscríbanse a la página o síganme en Facebook, Twitter y/o Instagram, donde pueden no sólo enterarse de cuando hay una nueva entrada, sino también hacerme compañía en mi día a día como escritora de tiempo completo.

¡Empecemos!

13 buenas razones para elegir usar un seudónimo

  1. Odias tu nombre: Me pasaba a mí y lo entiendo perfectamente. Soy de quienes creen que uno no odia el nombre en sí sino la carga emocional con la que nos fue dado o que fue juntando a lo largo de los años. A veces es bueno trabajar con esa carga y aprovechar esto para sanar viejas heridas, pero si quieres dejar esta tarea en tu lista de pendientes para otra vida, no estoy aquí para juzgarte.
  2. Tienes un nombre demasiado común: Estadísticamente, esto es fácil que te pase. Tal vez te llamas John Smith en Estados Unidos o Juan Pérez en Argentina y haya demasiada gente ahí afuera capaz de adjudicarse tu obra a sus amistades y futuras conquistas románticas. Tal vez no sea un nombre común, pero abunden los autores llamados así en Amazon. Busca en internet y asegúrate de usar un seudónimo o agregarle alguna variante a tu nombre (un segundo nombre, por ejemplo) si necesitas diferenciarte.
  3. Tienes un nombre desafortunado: Si te llamas Susana y te apellidas Horia, considera firmar S. Horia, ponerte un segundo nombre de fantasía o cambiártelo por completo. A no ser que te fascine el chiste y quieras pasar a la posteridad como un autor a no ser muy tomado en serio. Susana Horia puede ser fantástica escritora de rimas infantiles o comedia absurda, pero le costará convencer a sus seguidores de que ese thriller sangriento es la obra maestra que es.
  4. Has decidido cambiar de género literario: Tal vez escribas policiales u obras de terror que hagan que Poe moje la cama, pero llegue un día en el que decidas darle una oportunidad a tu lado romántico y acabes con un bellísimo drama color rosa. Sería algo inesperado para tus lectores y podrías dejarlos con una expresión de desagrado tras hacer el equivalente a alentarlos a morder el chocolate sólo para decirles luego que era uno de esos jabones hiperrealistas. Si has hecho un proceso de mutación de un género a otro, yo recomendaría seguir con el mismo nombre, pero si te has consagrado en un género y la desviación a otros temas será una vez cada tanto, considera inventarte un alter ego.
  5. Has saturado el mercado: Esto ya no se ve tanto, pero hace un tiempo se consideraba que un autor debía sacar, como máximo, un libro al año. Stephen King consideró esto una limitación a su capacidad creativa y decidió usar un seudónimo para sus segundas publicaciones. Tal vez des a luz a diez libros al año y no quieras que tus lectores se confundan sobre cuál es tu “nuevo” libro ni que Amazon te mire con desconfianza, entonces tal vez puedas fingir personalidad múltiple y firmar con dos o tal vez hasta tres nombres distintos.
  6. Has tenido importantes fracasos literarios: Capaz ya has escritos algunos libros que han dado de qué hablar a los críticos. Tal vez seas tan conocido como temido en las editoriales. Tal vez la sola mención de tu nombre en Hollywood invoque a Night Shyamalan. En cualquiera de estos casos, reinventarte y empezar otra vez puede ser lo que necesitas.
  7. Estás huyendo: Esto suena dramático, pero es una realidad. Tal vez tuvieras una expareja, algún familiar o chiflado aleatorio que no desees que te encuentre o estás huyendo de una vida de la que no quieres que se sepa ni a la cual tengas intención de regresar. Un seudónimo podría ser una forma de salir al mundo sin exponerte y te lo recomiendo especialmente si usar tu nombre real te puede poner en peligro.
  8. La historia que escribes es personal: Tal vez el libro que estás escribiendo esté a punto de ventilar hasta tu ropa interior más sucia o vaya a hablar de secretos de familiares y amigos que juraste llevarte a la tumba. En general uno da nombres distintos a todos los personajes, pero tal vez eso no sea suficiente en este caso. Considera un seudónimo que incluso tenga un origen cultural y étnico radicalmente distinto al tuyo. No elijas otro nombre que se oiga en tu amado Chile, Ecuador o España, ve por un nombre nigeriano, hindú o maorí. Tal vez tírale un dardo a un mapamundi y fíjate qué sale.
  9. Tienes un familiar ya consagrado en la escritura: Si compartes profesión con algún familiar, sobre todo padres o abuelos que pueden haberse forjado su fama antes que tú, tal vez te interese un seudónimo para salirte de su sombra. El hijo de Stephen King es escritor de horror al igual que su padre, por lo que firma con el nombre “Joe Hill”, versión corta de su nombre completo, “Joe Hillstrom King”. Su hermano no tomó el mismo camino y firma como Owen King.
  10. Te preocupa tu género: Quiero dejar asentado que no estoy para nada de acuerdo con este punto, pero ignorar esta realidad no tiene sentido. Rowling temió que, por ser mujer, muchos niños no fueran dar oportunidad a Harry Potter, por lo que decidió firmar con sus iniciales, J. K. Rowling, en vez de su nombre real, Joanne Rowling (el “Kathleen” lo añadió por gusto) o usar el seudónimo Robert Galbraith en algunos otros escritos.
    Tal vez estés escribiendo un género literario más acostumbrado a ver en personas del género opuesto al tuyo y eso te intimide. Yo te recomiendo trabajar tu imagen de ti mismo y aceptarte como eres. Siempre habrá alguien que hablará mal de ti, y si no es porque eres “poco macho” al escribir dramas románticos o “demasiado machona” por hacer una historia sobre una escuela mágica, hablarán mal de ti porque eres muy alto/a, bajo/a, flaco/a, gordo/a o lo que se les ocurra. A mí me hicieron bullying en la escuela por años por gustarme los gatos; sé de lo que hablo, se burlarán de ti si quieren hacerlo, el motivo por el que lo hacen es en realidad una excusa nada más.
    Fortalécete y prepárate para los golpes, porque en el mundo actual es imposible no recibirlos. Sé fiel a ti mismo y, en última instancia, sigue a Rowling.
  11. Compartes tu nombre con alguien ya famoso: Si tu nombre es George Martin y no eres el escritor de Canción de Hielo y Fuego, podrías necesitar un seudónimo. Tal vez no quieras y estés dispuesto a luchar contra la fama de alguien más o lo veas como engancharte en su cinturón y dejar que te lleve, engañando a sus lectores para que te compren por error. Sea lo que sea que hagas, investiga las implicaciones legales en tu país y la extensión del copyright del autor/a con el que compartas nombre.
  12. Compartes tu nombre con alguien infame: Tal vez rescates animales heridos, seas voluntario en el hogar de ancianos y escribas cuentos tan dulces que empalagarías a Winnie the Pooh, pero si te llamas Adolf Hitler, tendrás un par de problemas a la hora de vender tus libros. ¿Sabes qué? Olvídate del seudónimo, ve al registro civil y cámbiate el nombre ya mismo si este es tu caso. Si tuviste un poco más de suerte y “solo” te llamas Federico Franco, evita firmar como F. Franco. Mejor Federico F. o cualquier otra cosa que se te venga a la cabeza. Excepto Adolf Hitler.
  13. Simplemente quieres: Tal vez te gusta el misticismo del autor desconocido, disfrutas de poder caminar por las calles sin que se asedien tus fans y los incansables paparazzi, o simplemente te parezca genial poder firmar tus libros como Lord Kingoftheworld IV o Lady Prometheus III. En ese caso, ¡adelante!

 

Veamos ahora:

3 buenos motivos para NO usar múltiples seudónimos

  1. Continuidad y conexión: No sé las tuyas, pero mis obras están hechas para conectarse todas en cierto punto. Comparten algún personaje, alguna mención… Me gusta saber que si leíste A antes de leer B, verás pequeños secretos en B y viceversa. Aunque no formen parte del mismo universo ni sean del mismo género, hay un hilo que la atraviesa a todas y las va conectando, generando un juego entre el lector y yo. Mientras más me hayas leído, más verás entre líneas, y la única forma en la que esto funcione es que todos mis libros estén firmados con el mismo nombre.
  2. Identidad: No sé si les haya tocado el hacerse una página web (o pagarle a alguien para que lo haga por ustedes), diseñar una marca personal y empezar a vender su producto. Es un proceso largo y engorroso. Incluso con las herramientas y conocimientos adecuados, uno puede tardar un par de años en hacerse conocido. Capaz estés pensando “pero no quiero hacerme conocido/a, quiero que mis libros sean leídos” y lo entiendo, la fama tampoco es algo que me atraiga, pero hoy día hay tantos autores y tantos libros siendo publicados en papel e internet que, aunque hayas escrito la octava maravilla del mundo, vas a necesitar suerte y mucho trabajo para darla a conocer. Si cambias de identidad con cada libro porque no logras decidirte o tienes varias por el motivo que fuera, cada nueva obra será como volver a dar el primer paso para aprender a caminar. Una y otra vez.
  3. Fandom: Para los que no lo sepan, los fandom son las comunidades de fans de algo o alguien en particular. Suena insignificante y medio infantil o adolescente tal vez, pero es un fenómeno psicológico muy primario: todos queremos pertenecer a algo. Los fans de una serie, un grupo musical o incluso un estilo de vida suelen unirse a compartir y festejar ese gusto en común. Ese gusto en común podemos ser nosotros y nuestras obras. Si vamos cambiando de identidad, será más difícil para la gente unirse para seguirnos; y, aunque esto parezca cosa de ego nada más, hay que tener presente que los fandom son el boca a boca en su máxima expresión. Es ínfima la cantidad de gente que encuentra a su autor favorito simplemente yendo a la librería y eligiéndolo al azar; la mayoría lo conoció gracias a la recomendación de alguien o el que le prestaran uno de sus libros. Y mientras más fuerte e intensa la comunidad, más formará parte de la vida del lector y con más pasión venderá a sus amigos ese libro, esa forma de pensar y esa nueva visión del mundo que tú le diste con tu obra.

 

Y acabemos con:

2 muy buenos motivos para NO usar un seudónimo

  1. Aliados: Mi primer libro, La palabra perfecta, vendió a montones. Me encantaría decir que fue por la temática poco común o mis increíbles habilidades literarias, pero la verdad es que lo que lo hizo volar fue mi nombre. Amigos, familiares, viejos compañeros de carrera… Ellos me vieron a mí y se llevaron el libro por mí. Mi abuela se lleva un ejemplar de cada uno de mis libros sólo porque le encanta que tengan mi nombre y luego los comparte con orgullo con gente a la que le pueda interesar. Revolución Reign tuvo dedicados tres segmentos de un programa de radio gracias a esto.
    Elegir un seudónimo es volver a nacer, y aunque a veces sea exacto lo que necesitamos, tenemos que tener presente que un recién nacido no tiene contactos, experiencias ni un pasado que lo avale.
  2. Psicología: Este punto es… muy relativo, poniéndolo con suavidad. No aplicará a todos y, aunque lo haga, podría igual no ser motivo para detener a los que sí, pero no quería dejarlo sin mención porque es lo que me terminó de hacer decidir a mí.

Sí, son sólo dos los motivos para no elegir un seudónimo, pero esto es para mí lo más importante de todo: en la vida necesitas aliados.

Mi lucha con mi nombre siempre fue una señal de algo más, una rebelión hacia lo que me había sido dado y una lucha contra partes mías con las que no estaba conforme. Capaz pueda ser tu caso también, así que te pregunto: ¿por qué quieres usar un seudónimo? Ve hasta el fondo de tu ser y respóndete con honestidad. Tal vez no haya un verdadero motivo, tal vez haya uno y no sea tan válido como por años creíste.

Al final eres libre de decidir si usar un seudónimo o no, más allá de motivos o ausencia de, pero si vas a desechar tu identidad de nacimiento y adquirir otra, asegúrate de que lo haces estando en paz contigo mismo. Lo veo como hacerse un tatuaje: me encantan, son obras de arte, pero conozco a alguien que se tatuó el hiragana (símbolo) japonés que representa la sílaba “RU” porque le dijeron que era una “A” (inicial de su nombre). Obviamente esta persona no investigó, no tenía conexión alguna con el japonés y no lo pensó dos veces a la hora de tatuarse.

Un seudónimo no te va a seguir toda tu vida necesariamente, pero al igual que un tatuaje, una vez creado y utilizado, quitártelo será tan costoso como doloroso.

Piénsalo bien.


Y con esto llegamos al fin de la entrada. Espero la lectura fuera de utilidad o, al menos, entretenida. Recuerda venir el lunes próximo para aprender a crear el seudónimo perfecto, en caso de que hayas decidido que lo necesitas.

¡Nos leemos pronto!

Priscilla Ferrari

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¿Cuál es la diferencia entre un cuento y una novela?

Hasta ahora no he encontrado a nadie que pueda decirme cuál es la diferencia entre un cuento y una novela, más allá de “uno es largo y el otro es corto”. Bueno, sí, en general ocurre así, pero ¿por qué? Por querer escribir algo de un par de páginas nada más no significa que lo que tengamos entre manos sea un cuento; hay algunas novelas que son breves, de hecho, acabo de terminar una de la que se enterarán pronto y que tiene solamente diez mil palabras, menos de 20 páginas en Word. Estas comúnmente son llamadas nouvelles, para diferenciarlas de lo que la gente espera ver cuando escucha la palabra “novela”, pero son novelas al fin y al cabo. ¿Por qué?

¿Qué es lo que hace que un relato sea uno u otro, entonces?

Utilizaremos de ejemplo para este análisis la conocida historia de una joven mujer en esa edad de rebeldía que decidió desoír a su madre y arrojarse a los oscuros caminos del mundo, poniendo en peligro su vida y la de sus seres queridos en un intento egoísta de descubrir si había algo más allá afuera que pudiera entretener su mente inquieta y espíritu de aventura. Exacto, Caperucita Roja.

¿Qué sabemos de ella? Nada, ni su nombre. La llaman Caperucita Roja por su caperuza de ese color y tiene una madre y una abuela. Eso es todo. Ésa es la clave del cuento: lo que importa es qué pasa, no a quién le pasa. No nos interesa la edad exacta de Caperucita ni dónde está su padre; no nos importa el color de su piel u ojos; podemos vivir perfectamente sin saber cuáles eran sus sueños, ambiciones y objetivos en la vida. Lo valioso es lo que ocurrió; podemos cambiar al protagonista y que la historia siga siendo la misma.

Es por esto que los cuentos suelen ser breves: el desarrollo de personajes, su historia personal, la estructura social y política que permitió que todo esto ocurriera… Eso puede estar ahí, en el fondo, pero no es relevante.

Pero imaginen ahora una novela que les haya gustado sin todas esas cosas: Harry Potter sin la profundidad de su relación con su propia orfandad, El Señor de los Anillos sin los conflictos entre las razas que pueblan la Tierra Media, El Nombre del Viento sin los pasos que llevaron a Kvothe a convertirse en el hombre que es. Perderían su esencia, su magia y todo lo que nos atrapó en ellas.

Las novelas se alimentan de los detalles y lo importante con ellas es a quién le pasa lo que pasa. ¿Así que X fue a la segunda guerra mundial? Sí, ¿y? Muchos fueron y murieron allí. Pero si esto le llega a ocurrir a alguien que amamos y conocemos, alguien cuya historia vivimos junto a él y nos ha abierto su corazón, mente y alma gracias al poder de la narración, entonces sí, ahí sí nos importa.

Pero lo que queremos saber no es qué vivió allá, sabemos cómo fue y muchos han hablado de los horrores de la guerra, lo que más nos importa es qué le pasa al protagonista con lo que le pasa. Es decir, ¿por qué fue a la guerra? ¿Qué motivaciones u obligaciones tenía? ¿Cuáles eran sus sueños y cómo se realizaron o fallaron en realizarse? ¿Qué sintió con lo que vio allí y en quién se convirtió tras vivir semejante experiencia?

Las novelas tienen muchas cosas que contarnos y, para que esas cosas signifiquen algo, deben hacer que empaticemos con el protagonista y sus allegados y que nos podamos poner no en sus zapatos, sino en su piel. Sabiendo eso es fácil darse cuenta por qué las novelas son tan extensas: necesitan llenarnos de páginas para que nos importe la persona a la que está ocurriéndole esto que podría haberle ocurrido a otras mil personas.

Pero esto no significa que escribir un cuento sea más fácil. Lamentablemente también es una joya de ignorancia que he encontrado a menudo.

“No estoy listo/a para escribir una novela todavía, empezaré con un cuento”.

“Si vas a empezar, haz algo fácil como un cuento, no arranques con una novela”.

Si menos palabras equivalieran a mayor facilidad de escritura, poesías y microrrelatos serían lo más fácil de hacer en el mundo y bien sabemos que no es así. Toda forma de literatura tiene su técnica y tiempo de perfeccionamiento. Escribir una larga novela que nos haga sentir en un mundo fantástico, que nos haga enamorar de personas que no existen y madurar en el viaje emocional del protagonista, es tan difícil como contar una historia que en su brevedad sea capaz introducirnos desde las primeras líneas en un mundo del que no queramos salir y que se mantenga en nuestra memoria tras años a pesar de haberle dedicado tan poco tiempo a su lectura.

Revolución Reign: Príncipe tiene más de ochocientas páginas y me tomó cuatro años de trabajo. La Palabra Perfecta tiene menos de cien y me tomó cinco. Y por favor no me pidas que escriba una carta, porque puedes perderme una década entre borradores.”

–Yo, mucho más a menudo de lo que me gustaría admitir.

En ambas estructuras debemos tener presente que habrá cosas importantes que contar y otras que ocultar. No sabemos cómo el Principito llegó a su planeta, pero el poderlo imaginar a gusto es parte de la magia que despierta en nosotros, parte de esa ilusión pura e inocente de infante que todos tenemos que nos permite aceptar una realidad distinta y un poco absurda sin mucho cuestionamiento.

Pero a pesar de que en El Señor de los Anillos sepamos hasta los detalles más insignificantes de la Tierra Media, nos queda oculto el rostro de Sauron y cuál era el verdadero poder del Anillo Único. Sabemos que no es bueno que vuelvan a reunirse, pero la extensión de la desgracia que supondría queda para que nosotros la imaginemos. No hay miedo más grande que a aquello que uno no es capaz de predecir, de entender, de dimensionar. ¿Quién no ha visto una película de terror magnífica que de inmediato se vuelve aburrida al revelarnos quién es el asesino en las sombras?

Es importante que tengamos siempre presente los trucos y limitaciones de lo que decidamos crear y que nunca subestimemos a la técnica ni a nosotros mismos.

Y la próxima vez que alguien les diga “¿escribes novelas? ¡Wow! Yo apenas tengo unas poesías / unos cuentos, nada importante”, ríanse. Ríanse, eduquen y devuélvanle la dignidad a los escritores que hayan perfeccionado el arte de la brevedad. Al fin y al cabo, bien decía Shakespeare:

“la brevedad es el alma del ingenio”.


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¿Qué necesito hacer antes de empezar a escribir?

Saludos, lectores, y bienvenidos otra vez a este humilde rincón del viento. Decidí hacer algunas entradas sobre los pasos previos a sentarse a trabajar en una historia, en honor al inminente NaNoWriMo. Siempre me extiendo, así que vayamos directo al punto.

Lo que separa a un escritor que apunta a que sus libros lleguen a best o long seller de uno que escribe nada más por expresión artística (que no tiene nada de malo, ambos son tan válidos como necesarios en el mundo) en general está en los pasos previos a ponerse a trabajar (y en corregir, pero eso lo veremos en el futuro).

Si tu objetivo es expresarte y nada más,  debes dejarte fluir por el papel como un río entintado. Si quieres hacer un trabajo más comprometido, antes de soltarte, haz tres cosas:

 

Inspiración

Empecemos con la más divertida de las tres I, y es la más divertida porque será la excusa infalible para vivir tu vida al máximo.

¿Te ha pasado de que algo te inspire de forma inesperada? A veces es una pequeña luz que se enciende, otras es un chispazo que viene de la nada misma y causa un incendio en tu interior. El cuento Honrado, bendecido, seco y partido llegó a mí cuando miraba por la ventana regresando de un viaje y vi la silueta de un árbol muerto apareciendo entre la niebla en las montañas de Chile. Seres del mal nació de mi frustración por no poder vender un globo en un puesto en el que trabajé por un tiempo y Batalla sangrienta por… No, te dejaré adivinar ese.

Como puedes ver, situaciones extraordinarias y llenas de belleza sirven para despertar tu impulso creativo tanto como cosas mundanas. Entonces, ¿qué hacer? ¡Vivir!

Ponte el objetivo de hacer una cosa que no hayas hecho antes por semana. Cocinar algo nuevo, probar un deporte o arte, seguir un tutorial, hacer origami o kanzashi. ¿Viste la película Yes Man? Allí alientan al protagonista, interpretado por Jim Carrey, a decir que sí a todo. Te recomiendo seguir esa filosofía (evitando cosas insalubres o peligrosas, por supuesto). Aprende a decir “hola” en seis idiomas distintos (aunque no sepas ninguna palabra más), elije un país al azar y busca en google fotos de sus atracciones turísticas (te sorprenderá lo fácil que es enamorarse de una tierra lejana), dile que sí a los Testigos de Jehová que tocan tu puerta y ten una interesante conversación con ellos (aunque no coincidas en nada con su visión).

Nunca sabemos detrás de qué se esconde una próxima gran historia, por lo que no debemos dejar de probar la vida. Y no te preocupes si estás en un mal momento, no es necesario que la experiencia sea alegre para inspirarnos. Bien sabemos que los escritores, históricamente, no somos las personas más felices del mundo.

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Lo importante es prestar atención: presta atención a lo que te rodea; a los olores, colores y sonidos. Deja el celular en tu bolsillo más a menudo, sal algunos días sin música. Los humanos tendemos a acostumbrarnos a hacer algo de una forma específica y en poco tiempo entramos en modo automático sin darnos cuenta. Ya sea por falta de cuestionamiento, por necesidad de acallar oscuras voces internas o puro aburrimiento, tendemos a caer en la pasividad de una vida rutinaria y gris y no salir de ahí hasta que la realidad no nos manda algo (bueno o malo) que nos sacuda con tanta fuerza que separe nuestra carne de nuestros huesos.

No lleguemos a ese punto. Despertemos antes.

Y una vez volvamos a vivir con los ojos abiertos, necesitaremos la segunda I:

 

Imaginación

Volveré a criticar a la actualidad. No tengo nada en contra de estos tiempos en los que vivimos, solo en contra de la FORMA en la que los vivimos. Los niños tienen una clase tras otra, los adultos deben a veces tener hasta dos o tres trabajos para poder mantenerse, el tiempo libre se va entre tablets, tvs y celulares. Soy culpable de esto último.

Siempre que me dicen “¡pero si Einstein, Miguel Ángel y Picasso tenían las mismas horas en el día que nosotros!”, respondo con un “sí, pero no tenían Facebook”. La verdad es que perdemos el tiempo más que nunca y muchas veces es por no saber qué hacer con el aburrimiento.

Tal vez te preguntes a qué me refiero con eso último. Hay un error de concepto allí que hace que muchos crean que cuando uno se aburre, es porque no tiene cosas que hacer. Aunque eso a simple vista es así, muchas veces sí tenemos cosas que hacer y sólo nos falta motivación y energía. Aunque muchas veces esto puede ser síntoma de depresión, la mayoría de las veces es que nos estamos subestimando a nosotros mismos. Si lo que haces te aburre, puede que sea demasiado fácil para ti. Ponte un objetivo y eleva el desafío. No demasiado, que si te pasas, comenzarás a frustrarte y no llegarás a ningún lado. Si escribir ya no es interesante, busca un concurso en el que participar http://www.escritores.org/concursos-argentina . Te dará una fecha límite, una temática y una extensión máxima o mínima.

Así que ten presente que, cuando te aburras, no debes recurrir a juegos repetitivos en tu celular, páginas con chistes, ni a ver trescientos videos en youtube uno tras otro. Eso está bien para hacerlo a veces, pero no es la solución al aburrimiento. Busca algo nuevo y desafíate. Si te faltan ideas sobre qué hacer, hice una lista de veinticinco cosas para hacer en menos de cinco minutos que te pueden dar el puntapié inicial para sacarte de la inactividad. Está en mi Patreon y puedes acceder a ella sin tener que contribuir (aunque se agradece si lo haces, por supuesto).

Dicho esto, vamos a la dichosa I, donde por un momento parecerá que me contradigo a mí misma: siempre digo a mis alumnos que un escritor mirando por la ventana está trabajando. Hoy día todo nos alienta a no permitirnos un momento de quietud. Las publicidades de bebidas, alcohólicas o no, nos hablan de que la vida es una fiesta y no hay que parar; las de medicamentos nos dicen que, duela lo que te duela, te tomes una pastillita y sigas.

Pero luego de vivir todas las experiencias de la primera I, la única forma en la que encontraremos ideas e historias en ellas es si nos damos tiempo a quedarnos con ellas. Abracemos la quietud, el silencio, el aburrimiento. Acallemos el televisor al terminar una película y quedémonos pensando en qué impacto tuvo en nosotros. Echemos a nuestros personajes en los lugares que hemos visitado y veamos cómo reaccionan a todo si les damos un recorrido turístico.

Si quieres ser artista, necesitarás imaginación. Lo bueno es que ésta nos es dada al nacer y viene del mismo lugar que la vida misma, así que no perderemos esa chispa mientras existamos, pero hay que darle madera si queremos que se convierta en un incendio, y en este caso la madera es quietud. Muchos grandes descubrimientos fueron hechos cuando una persona se sentó a rezar, meditar o simplemente no hacer nada más que mirar el cielo. No es que en ese instante se creara una gran teoría científica, que seguramente llevaba años de trabajo siendo hilada, pero fue ese instante de paz y comunión con uno mismo que le permitió salir de su descubridor y encontrarse con el mundo.

Resumiendo: permítete estar en paz, tal vez aburrirte un poco; te hará ver nuevas cosas en ti y en el mundo. Pero no des a tu cerebro estímulos sin sentido para tenerlo rumiando sin ir a ningún lado. Encuentra el balance entre el desafío y la quietud útil y no confundas meditación con aburrimiento.

 

Investigación

Otra cosa que repito mucho a mis alumnos es que el proceso de hacer un libro consiste de un 5% de escribir nada más. El 95% restante son la muy necesaria corrección (de la que hablaremos en otro momento) y las tres I. Sé que muchas veces queremos escribir y nada más, pero si apuntamos a crear la mejor literatura de la que seamos capaces (lo que inevitablemente resultará en una mejoría constante gracias a que empujamos nuestros límites) necesitamos investigar.

Y en una opinión personal, esto también es algo que disfrutar. Amo llenarme de datos que parecen inútiles, uno acaba convirtiéndose en una versión móvil de la Wikipedia (y siendo campeón de juegos intelectuales). ¿Sabías que es diez veces más probable que te mate un coco cayendo de su árbol que un tiburón? Tenlo presente para cuando quieras hacer tu propia versión de Jaws.

Como escritores debemos desarrollar nuestra curiosidad al máximo, tanto como nuestra humildad para aceptar que nunca sabremos tanto como es posible saber. Cualquiera sea el tema sobre el que vayamos a escribir, debemos buscar tanta información como podamos sobre él, pero cuidando de no cometer el error de creer que, porque hemos leído una o dos páginas de internet, ya somos expertos. Sí, algunas cosas bastarán con buscarlas una vez, pero muchas otras requerirán de un trabajo más exhaustivo. Busquen distintas fuentes, lean libros, hagan entrevistas, visiten lugares.

Si escribirás sobre una persona, busca a sus allegados, no sólo a ellos mismos. Si escribirás sobre una época determinada, estudia las reglas de ceremonial y protocolo del momento para saber cómo se comportaba la gente por aquel entonces; averigua cómo hacían las cosas en ese momento: cómo lavaban la ropa, cómo calentaban la comida, de qué colores podían ser sus ropas (no todos los colores estuvieron siempre disponibles, algunas tinturas eran muy caras [así fue que el color violeta fue asociado a la realeza por años en Europa; la tintura de ese color era muy cara]).

Si escribirás sobre un país lejano, visítalo, recorre sus calles, habla con los lugareños, obtén datos de quienes viven ahí y no te quedes con la mirada del turista. En caso de no tener los medios para viajar, habla con quien lo haya hecho; lee cartas, diarios personales, periódicos locales; mira fotografías y cuadros; recorre las calles con el Google Street View, con proyección astral o arrastra un muñeco vudú de ti mismo por un planisferio, lo que sea que te funcione.

Es tentador pensar “no necesito ser tan exacto, ¡nadie sabe la diferencia entre una sirena y una merrow!” y sí, a veces es cierto (no en este caso, ¡yo SÍ sé!), pero esto es cuestión de actitud. Hace poco vi una película terrible que parecía un drama romántico y acabó siendo un policial (créanme, era muy difícil notarlo desde un primer momento). El manejo de los interrogatorios, la evidencia, el cadáver… todo era incorrecto. Desconozco cómo sea la novela en la que la película está basada, pero puedo afirmar que al menos los guionistas (y director, productor y posiblemente los actores también) no habían investigado nada del género. De hecho, es probable que ni siquiera se hayan sentado a mirar el Discovery ID por un rato.

¿Por qué esto es tan grave? Porque aunque estas fallas en pequeñas dosis no destruirán una novela, sí pueden ser el final de un escritor. Cuando nos acostumbrados a no investigar, a tomar el camino fácil o a ignorar ese agujero en la trama porque es insignificante, acabamos cayendo en la vagancia. Y sí, podemos ser vagos aunque escribamos tres mil palabras al día todos los días religiosamente. El 95% del proceso de crear un buen libro no es escribir y es ahí donde marcaremos diferencia.

Sí, hay malos libros que se venden porque uno no necesariamente necesita talento para crear un best seller, pero si queremos que nuestras obras sean long sellers, es decir que duren en el tiempo, que sean leídos y vueltos a leer, agarrados por futuras generaciones, enseñados en escuelas y adaptados al cine una y otra y otra vez… entonces necesitamos trabajar no sólo en nuestra escritura, sino en todo nuestro proceso, empezando por nosotros mismos.

Y dicho esto, los libero de mi incapacidad para ser breve. Vayan a trabajar, a investigar, crecer y escribir y nos vemos en la próxima entrada.

Priscilla (Ancient Forest)


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El arte no está muerto

Soy hija de una artista, así que en mi casa nunca faltaron cuadros y los nombres de pintores famosos siempre sonaron familiares. Muchas veces oía de ellos junto a la palabra “maestro” y mi mente volaba a lo que ellos habrían hecho, siempre imaginando obras mil veces mejores que las que había crecido viendo en las paredes.

Hasta que un día en el colegio me encargaron hacer un trabajo sobre mi pintor favorito. ¡Era mi momento de sacar a relucir mi conocimiento! Con emoción me zambullí en los libros disponibles y el corazón se me rompió.

GUERNICA-DESTACADA

¡¿ESO era de Picasso?!

¡Pero Picasso era un maestro! ¿Dónde está su verdadero arte? Esto es horrible, ¡yo podría haberlo hecho! Mi madre lo idolatraba, así como a tantas otras de mis opciones para ese trabajo a las que descubrí igualmente horribles. No entendía. Ella hacía cuadros mucho mejores, mucho más detallados, más artísticos. ¿Por qué ella se consideraba aprendiz? ¿Por qué decía que todavía estaba aprendiendo y que tal o cual cosa no le salía bien aún? Picasso ni se esforzaba en que un ojo fuese igual a otro y acabó siendo famoso.

Qué injusto era el mundo.

Acabé eligiendo a Dalí, a quien nombré “mi pintor favorito” por varios años porque su trabajo, aunque extraño, tenía mucho esfuerzo puesto en él. Se notaba y eso lo hacía valioso.

Años pasaron y acabé comprando un libro de Miguel Ángel para mi madre, porque sabía que era otro de sus maestros y éste sí que hacía cosas bellas. Lloró cuando se lo di. Así de intenso es el amor al arte en casa.

El libro pasó de una mesa de lectura a la otra y al final cayó en mis manos otra vez. Comencé a pasar páginas y me encontré con El David.

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Era una estatua bonita, bien hecha. Su cabeza, pies y manos estaban fuera de escala y sus ojos daban un poco de miedo, pero se notaba el esfuerzo puesto en él y de eso se trata, ¿no? El esfuerzo.

Comencé a leer la nota junto a él, preguntándome por qué debía importarme esta estatua de un hombre desnudo más que las mil otras iguales, y algo pasó: me gustó.

No la estatua, esa ya me gustaba, sino su no-se-qué. Leí su historia, el contexto, lo que significaba para la gente de Florencia, el valor que tenía para Italia y lo que representaba en el mundo. Decidí darle esa oportunidad al Guernica y lo investigué, y también me gustó. Sí, el arte era raro, pero tenía sentido. Había una idea y un contexto. Me encontré diciéndome a mí misma que no, yo no podría haber hecho eso. Podría haber pintado el cuadro, sí, pero no podría habérseme ocurrido la idea porque yo no tenía ese no-se-qué.

Pero eso era trampa, ¿no? Que te guste una obra por el contexto en el que fue creada no vale. La obra debe poder venderse por sí misma del mismo modo que una película debe ser entendida sin que uno tenga que leerse el libro.

Con el tiempo dejé de pensar en esto y comencé a crear una relación espiritual y emocional con El David. No voy a meterme en detalles porque sino estaremos aquí hasta el Día del Juicio, pero acabó simbolizando tanto para mí que viajé a Italia sólo para conocerlo. Bromeé en la fila de entrada a la Galleria dell’ Academia con que tenía una cita con él. Para mi sorpresa, una mujer me dijo exactamente lo mismo y estuvimos conversando de lo que significaba aquel hombre de piedra para nosotras.

Entré a la Galleria, me quedé una hora sentada frente a la perfección hecha piedra y me horroricé viendo a la gente pasar, hacerle una foto y seguir camino. ¡Gente, por dios! ¡Éste es El David! No hay nada más que ver en la Academia que tenga su magnificencia. La entrada no valdría lo que vale si no fuese por Él. ¿A dónde van con tanta prisa? Si sólo vienen por una foto, la hubieran bajado de internet y pagado a alguien para que los photoshopee encima.

Increíble…

Al salir, regresé a mi hotel para poder llorar tranquila. El sueño que había impulsado gran parte de mi vida había sido concretado y ahora me había convertido en un barco sin velas a merced de un huracán. Me desolaba la perspectiva de regresar a la aburrida y descolorida ciudad en la que crecí luego de estar rodeada de tanto arte, tanta historia.

Decidí no enfrentarme a la realidad todavía y volví a salir de mi hotel. Acabé en la Piazza della Signoria, donde originalmente El David estaba. Allí había una copia exacta. EXACTA. Y nada. Era tan feo y desproporcionado como me había parecido la primera vez que viera una foto de la obra original.

¿Por qué? ¿Por qué el hermano gemelo no tenía el mismo encanto? Ese no-se-qué debía ser el responsable, sin duda, pero todavía estaba fuera de mi comprensión. No lloré al perderlo de vista.

Tras regresar a casa y aceptar que mi amor por esa roca blanca no sería más que una muy silenciosa relación a distancia, encontré algo en internet que volvió a despertar mi interés en entender qué era eso. Era como éste:

ss+(2017-09-11+at+07.16.11)

Me reí un rato. ¡Qué cierto! Pero la sonrisa me duró poco. Para ese momento ya tenía dos libros publicados y me había pasado más de una vez que alguien interpretara algo de mis obras que yo no había querido decir, algo que ni se me había ocurrido inclusive. Pero esa sensación me encantaba. ¿Por qué me estaba riendo ahora?

Fue mi momento ajá. Ese no-se-qué ahora tenía sentido. El arte no está muerto. El arte está vivo, respira, muta. Ese no-se-qué es vida.

Con el tiempo reflexioné en esto y llegué a dos conclusiones: el arte en sí mismo es sólo una parte, y la superficialidad humana tiene más dimensiones de las que había creído.

Sí, esa pintura se ve bien y esta canción es tan pegajosa que la estoy cantando todo el día aunque no le entiendo la letra, pero eso es sólo la vasija, lo superficial. ¿Qué más hay? Coincidiremos todos (o casi todos) que una cara bonita es algo lindo que ver al despertar, pero una relación no sobrevive sólo con eso. Ni la relación dura ni el arte que solamente es bonito sobrevive al paso del tiempo.

Aprendí a apreciar El Guernica y a entender a Picasso como el maestro que es cuando estudié el contexto de su obra. Del mismo modo que uno conoce a una persona durante varias citas y se enamora porque hay algo más ahí. A veces hay tanto ahí que incluso la cara que no nos llamó la atención dejó de ser importante, o capaz incluso llegó a gustarnos.

Antes de empezar a escribir este artículo me pregunté ¿qué es el arte? Para mí, es la representación de una idea, una emoción o una reflexión filosófica. El Guernica es lo que es por la reflexión que representa, por la emoción con la que fue pintada, por la idea que vino a transmitir. Pero… falta algo. Podría explicarle al mundo qué significa ese cuadro y todavía muchos lo encontrarían feo. ¿Por qué?

Bueno, tal vez porque el arte no está muerto. El Guernica es lo que es para mí por mi relación con él. El David me provoca lo que me provoca por lo que significa para mí. No caigamos en lo de las cortinas azules, que el autor no le importe mi emoción ni me conozca no es relevante. El arte está vivo y ES cuando quien lo mira lo hace SER. Eso es lo que faltaba para completar la idea: yo. Tú.

El arte no nació para ser estático, no nació para ser adorado y estudiado como un trozo de tiempo paralizado. El arte nació para relacionarse conmigo, contigo, con su contexto. Significó algo para su creador que no es lo mismo que significa para nosotros hoy. ¿No es eso algo que define a una gran obra, acaso? El Principito tiene su merecida fama porque puedes leerlo a cualquiera edad y siempre te dejará algo diferente, porque la relación que generas con ese montón de palabras que parecen detenidas en el tiempo es lo que da valor al libro, valor que no tendría sólo por existir.

Nuestra relación con el arte es lo que enriquece nuestras almas, es lo que hace avanzar nuestra cultura, es lo que da valor a nuestra sociedad.

Nuestra relación con el arte ES el arte.


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 6: Presentación y venta

Bienvenidos, al fin, a la última parte de “Cómo hacer de tu manuscrito un libro”. Después de cinco clases, ya tenemos nuestro libro editado, física o digitalmente, por lo que la única pregunta que nos queda responder es “¿y ahora qué hago con este hijo que me tomó meses/años parir?”.

Bueno, primer paso:

Inventa una firma (en caso de que no tengas una interesante ya)

¿Te parece inútil este consejo porque no eres famoso ni piensas ir a eventos?  Subestimas a tus amistades. Ya sea por capricho o para venderlo por millones tras tu muerte, insistirán que lo firmes hasta que lo hagas o los quites de tu vida y bloquees de todas las redes sociales en existencia. Así que, a no ser que estés planeando irte a vivir a un templo en el Tíbet, toma un lápiz y ¡practica, practica, practica!

Y ten presente que es posible firmar PDFs también, si digitalizas tu firma. No es difícil de hacer y hay guías a montones, por si no te gusta o no te resulta útil la que comparto. Luego es solo cuestión de añadirla a tu archivo en el lugar indicado. No recomiendo que la pongas en el archivo que subas a Amazon o esa página elegida; si todas las copias digitales existentes están firmadas, será lo mismo que no lo estén. Guarda esto para Patreon, tu lista de correo o aquellos a los que quieras mimar. Sí, no es un gesto digno de las olimpíadas, pero es un detalle que puede expresar mucho si es usado correctamente.

Entonces, libros en mano, firma ensayada, ¿ahora qué?

Un toque personal

Una recomendación de mi parte: quédate con al menos dos ejemplares de tu propio libro. No seas como aquella banda que tuvo que piratear su propio disco porque vendieron todas las copias sin darse cuenta (no, no recuerdo quiénes eran, lo siento).

Y un consejo de Malala Yousafzai (en realidad no fue un consejo, pero amé la idea cuando la vi hacerlo): firma uno de tus ejemplares y dedícatelo a ti mismo. Que sean las palabras que necesites cuando pierdan motivación o las piedras de la vida te hagan tropezar hasta romperte las rodillas. No hay nada como recibir aliento de uno mismo. Después de todo, ¿quién nos conoce mejor?

Distribución

Si tenemos editorial, ellos muy probablemente nos ayuden a llevar nuestros libros a las librerías, pero el porcentaje que nos corresponderá es pequeño. Si pagamos por el servicio, ganaremos el 50% del precio de venta al público; si nos compraron los derechos, estará entre el 17 y 25%.

Pero si llevamos nuestros libros nosotros mismos, tendremos el 70-75%. No hay dueño de librería con el que me haya encontrado que no quiera darle una mano a un escritor de la zona, especialmente uno que tiene una sonrisa, una palabra amable y mucha pasión por su trabajo. Bueno, no; sí encontré una vez un lugar que se rió de mí cuando dije qué porcentaje me correspondía y prácticamente escondió mis libros debajo de una pila después de aceptar (a pesar de que para entonces ya me había arrepentido de pedirlo).

Fue un golpe bajo, sin duda, pero aprendí mucho de la experiencia. Nunca dejes que una librería te pisotee ni te menosprecie; tu trabajo vale y debes hacerlo valer. Así como tuve este desagradable encuentro, también tuve un poster pegado en la puerta de una librería por un mes como publicidad a pedido del dueño, sin costo alguno para mí. Hay gente ahí afuera que quiere verlte triunfar, búscalos y trátalos como a un aliado en la guerra.

Luego de eso es importante avisar a nuestros amigos y seres queridos en qué librerías pueden conseguir nuestro libro si lo buscan o quieren recomendarlo a alguien, pero no pierdas la oportunidad de venderlo tu mismo (si es que decides hacerlo en vez de regalarlo) para obtener así ganancia sobre el 100% del precio final. Puedes también agregar un marcador de páginas personalizado con la dirección de tu página web para quienes se queden a cruzar algunas palabras contigo. Otra vez, no es algo para una medalla de oro, pero es un gesto que hará mucho más personal la lectura de nuestro libro.

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Ten presente que no necesitas pagar a un diseñador para esto ni hacer algo muy complejo. Puede ser un marcapáginas de madera, origami, de tela o de un bello papel estampado en el que escribamos. Elige la opción que combine con tu libro y dale rienda suelta a tu creatividad.

Ahora, hagamos publicidad

Esto es tan sencillo como hablarle a cada persona que quiera escucharte sobre tu libro. Sé de una mujer de mi ciudad (a la que envidio desde lo profundo de mi alma porque esto es algo que yo no podría hacer) que va a las cafeterías y se sienta junto a quien esté dispuesto a dedicarle un momento para conversar sobre sus publicaciones y trabajo, vendiendo así al día tantos libros como yo en un par de meses. Si tienes el carisma, considéralo.

Recurre también a los medios. No hablo de que golpees las puertas de un estudio de televisión (o sí, hazlo, y cuéntame si tuviste éxito), sino de que acercarte a los canales de radio de tu ciudad que tengan programas culturales. Ellos seguramente tendrán al menos cinco minutos que regalarte y nunca les falta interés.

Muy bien, ya tenemos a nuestros amigos hartos y la ciudad empapelada con la portada de nuestro libro, ahora…

Presentemos nuestra obra

No te apresures con este paso. Primero debes buscar el lugar indicado: puede ser un centro cultural, un museo, una biblioteca o incluso la legislatura de la ciudad. Todos estos sitios tienen espacios que abrirán sus puertas de forma gratuita (tal vez te pidan alguna donación en forma de materiales, pero no mucho más) y hasta te ayudarán con la organización. Ten presente que es posible que tengas que reservar el espacio con tiempo y puedes sufrir cambios o cancelaciones, ya que hay muchos factores de peso en la organización general de esos lugares.

Si no quieres tener que lidiar con esas cosas, puedes pagar por un espacio privado o acercarte a eventos literarios específicos, cosa de la que hablaremos en un momento.

Lo segundo que debes hacer es tomarte el tiempo para invitar a tus seres queridos. Ya sea con una llamada por teléfono o con invitaciones formales, si el espacio depende de ti, haz una lista de quienes confirmaron para saber aproximadamente cuánta gente estará presente (y recuerda que tu lista no se corresponderá con los que asistan, siempre faltarán algunos a pesar de haber jurado que estarían ahí). Y sé realista: es tan malo tener cincuenta personas en una pecera como a la abuela sola en un estadio.

Ferias del libro

Esta es otra gran opción y puedes tomarla aunque hayas hecho una presentación previa. Las ferias tienen dos prioridades: los grandes autores que vienen de más allá de la frontera (o la capital del país) y los pequeños autores locales. Con un espacio de media hora o cuarenta y cinco minutos tendrás tiempo de sobra para hablar de tu obra y responder las preguntas del público. La organización, en general, pondrá a tu disposición un micrófono y proyector, además de gente que ayude a calmar tus nervios cuando estés caminando por las paredes cinco minutos antes de subir al escenario (o, al menos, eso me pasó a mí).

Una ventaja de participar en estos eventos que no tendrás en una presentación privada es el alcance a los medios (a no ser que los invites): desde canales de televisión que podrían pasar por ahí a bloggers que anden curioseando. Es muy difícil que nadie te vea en un evento tan grande y con tanta convocatoria.

Si el libro que vas a presentar es para niños, puedes también invitar a escuelas. Muchas de por sí tienen ya planeado asistir, así que tenlo presente al pedir el espacio en la feria: que te ubiquen entre actividades planeadas para escuelas o justo después.

Y ahora, lo único que falta es…

Vender el libro dentro de la feria

Algo muy popular en las ferias son las librerías invitadas, muchas de las cuales tienen descuentos y promociones. Una inmensa cantidad de gente las recorre a toda hora, pero la competencia es masiva porque los dueños de los stands apuntan a llevar variedad en vez de cantidad. Dejar nuestro libro ahí es una opción, pero hay algo mejor: el stand de escritores regionales.

Este es un pequeño espacio donde puedes dejar tus libros e incluso quedarte junto a ellos. Mucha gente se acercará y ahí es donde, otra vez, tu pasión por tu propio trabajo puede hacer una venta. Habla libremente, invita a todos a tu presentación y vende sin vergüenza.

Puedes aprovechar también a conocerte con otros escritores y compartir consejos e información. Algunos te hablarán de oportunidades, otros te desaconsejarán caminos que ellos tomaron y resultaron una pérdida de tiempo y/o dinero.

Estos puestos son fantásticos y, si tu feria no tiene uno, reclámalo. Alíate con escritores que conozcas y junten firmas, insistan al gobierno que les dé ese espacio. En mi ciudad es un stand administrado y cuidado por los mismos escritores. La organización nos deja el espacio con las mesas y nosotros somos quienes vendemos, cuidamos y mantenemos ordenado, turnándonos para que siempre haya alguien ahí.

Las ferias del libro son eventos masivos hechos para conectar a la gente a través de las letras. Aunque sea sólo para pasar a saludar, no pierdas la oportunidad de acercarte cada vez que se realice alguna cerca de donde vives. Nunca sabes qué puertas se pueden abrir.

 

Y dicho esto, ¡llegamos al final! Si tienes dudas, comentarios o pedidos, escríbeme en los comentarios o por privado. Deseo seguir haciendo utilidades para escritores (y ya tengo varias ideas), así que no te despidas de mi página. Si tienes propuestas, encantada estaré de oírlas.

Gracias por seguir este curso y nos vemos en la próxima entrada.

Ancient Forest


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 5: Publicación editorial

Saludos, lectores, y bienvenidos a la quinta parte de este curso para hacer de sus manuscritos un libro. Ya hablamos la clase anterior de cómo autopublicarnos, tanto en formato digital como en papel, aunque este último lo resumí bastante porque en muchos casos incluye sí o sí a una editorial y quería explayarme apropiadamente. Eso es lo que veremos hoy, junto a todas las formas en las que uno puede llegar a trabajar con una de estas empresas.

Empecemos por lo primero:

¿Por qué elegir trabajar con una editorial en vez de autopublicarme?

Esto es algo que ya mencioné en la entrada anterior, pero me repetiré para aquellos que no la hayan leído por un motivo u otro.

Trabajar con una editorial en algunos países tiene cierto prestigio todavía. Muchos ven el sello editorial en la portada como un reconocimiento al autor por su trabajo. Además, la distribución en librerías que ellos tienen muchas veces supera con creces lo que uno puede hacer habiendo impreso y maquetado el libro por su cuenta. Aunque las hay que no hacen distribución alguna (siempre hay que preguntarlo), la mayoría tiene un alcance nacional y algunas internacional. Eso no significa que nuestro libro vaya a ser vendido a por montones en mil países, muchas veces las librerías tienen que pedir ejemplares para que la editorial las mande, pero si tenemos amigos o seguidores en el exterior, les facilitará conseguirse un libro.

También es importante por la llegada a eventos: muchas editoriales, como parte del contrato, te ofrecen un lugar en ferias del libro y hasta te invitan (el pasaje corre por cuenta propia) a ir a su stand a firmar ejemplares y hacerte conocido. Algunas editoriales incluso acercan tu libro a los medios, lo que no significa que sí o sí vaya a salir en la televisión o radio, pero si los presentadores leen tu trabajo y les gusta, hablarán de ti.

En resumen, tener una editorial es fantástico para empezar, ya que te abre muchas puertas y te orienta en el competitivo mundo de las letras y el papel. Este es el camino que yo tomé y le saqué provecho, pero no significa que la autopublicación no pueda ser igual de beneficiosa. Si uno es capaz de moverse lo suficiente o tiene contactos que faciliten la llegada del libro al mundo, tal vez la recomendaría; después de todo, es mucho más barato.

Dicho esto, ¿cómo entramos a una editorial? Bueno, depende de cómo se maneje la empresa y sobre eso vamos a hablar ahora.

Opción 1 – Contratar el servicio

Esto es muy sencillo: se busca una editorial que imprima a pedido (y se revisan sus antecedentes) y se les manda un mail o se hace una llamada para pedir presupuesto. Ellos toman cualquier cosa que les llegue y la editan si uno paga lo correspondiente (cantidad de páginas x cantidad de ejemplares). Muchos ofrecen también servicios que se suelen pagar aparte, como corrección, diseño de la portada, etc. Sé de al menos una editorial (De los Cuatro Vientos) que ofrece de forma gratuita la transcripción a computadora en caso de que tu texto sea manuscrito (con letra legible, obviamente). Siempre lean bien qué ofrece cada compañía antes de elegir una para encontrar la que se adapte a sus necesidades.

Algo importante a tener presente es el tamaño de la editorial. Es un tema explayado a fondo en el blog de Guillermo Schavelzon, pero es algo que no puedo dejar afuera: una editorial grande nos podrá ofrecer su tamaño en forma de calidad, profesionalismo, llegada a librerías, etc., pero aunque eso es importante, no debería obnubilarnos. Ellos publican muchísimos libros, lo que hace que no puedan dar una atención personalizada a cada escritor. Una editorial pequeña no tendrá tantos números de los que hacerse cargo, por lo que pondrá un esfuerzo extra en hacer que cada edición les dé tanto rédito como sea posible. Les recomiendo mucho la entrada de Schavelzon, ya que él va en mucho más detalle sobre este tema.

Pero ¿qué pasa si no tenemos dinero para contratar los servicios de una editorial? Bueno, para eso tenemos la…

Opción 2 – Ser elegidos

Ser pobres (algo que los artistas somos muy a menudo) no nos quita la posibilidad de ser editados por una editorial. Podemos enviar nuestro manuscrito (no hace falta que esté terminado, podemos aclarar que es un trabajo en progreso) y esperar que les guste lo suficiente como para invertir en nosotros. En ese caso se harán cargo de los gastos, pero también tendrán la mayoría de las ganancias. Mientras que editando con la opción 1 nos quedará una ganancia del 50% del precio que elijamos para nuestro libro (otra vez, siempre deben preguntarlo), si nos editan nos quedará entre un 15 y 25% del precio de venta al público. Parece poco para ese proyecto en el que pusiste sangre, sudor y años de tu vida, pero son las reglas del juego.

Algunas editoriales no piden el manuscrito completo, sólo unas cuantas páginas o un resumen, además del currículum vitae. Si tenemos además una carta de recomendación de otra editorial, un concurso ganado con ese texto (o parte de) o algún nombre importante que nos avale como escritores, las puertas se abrirán con mayor facilidad.

Tengan presente que muchas editoriales reciben miles de manuscritos al año, por lo que hay que tener paciencia con ellos. Algunos no nos leerán hasta que ya nos hayamos olvidado que los contactamos en un primer lugar, por lo que es buena idea escribir a muchas editoriales en simultáneo, porque si esperamos siete años para que la primera carta de rechazo nos aliente a buscar otra empresa, seremos autores publicados post-mortem.

Sea lo que sea que enviemos, siempre tengamos el recaudo de revisar los antecedentes de las editoriales en internet y registrar nuestra obra o, al menos, dejar asentado en algún lugar (con validez legal) que es nuestra. Luego de ello, la editorial, casi siempre, se hará cargo de hacer el registro apropiado de la edición. Este consejo también sirve si elegimos la opción número 3:

 

Opción 3 – Concursar

Ya sea para publicar pequeños cuentos para engrosar nuestro CV y ganarnos reputación o para llevar a papel nuestra obra magna, los concursos son una excelente opción. Algunos tendrán limitaciones de género, temática, cantidad de líneas, región en la que vivimos o nacimos, etc. Todo eso estará en las bases y condiciones, al igual que los detalles de los premios (incluyendo lo que ocurrirá con los derechos en caso de que uno gane), cómo y en qué dirección debe presentarse el manuscrito, la fecha límite*, etc.

*La fecha límite, en caso de que vivamos lejos de la entidad convocante y tengamos que enviar nuestra obra por correo, siempre es la fecha que aparece en el matasellos, es decir, la fecha en la que entró el paquete al correo. Es imposible que sepamos cuándo va a llegar a destino (sobre todo si son de Argentina o un país con un servicio postal igual de terrible), por lo que podemos estar tranquilos y enviar nuestro futuro ganador el último día.

Es importante tener presente que los trabajos casi siempre han de ser inéditos, lo que incluye internet en muchos casos, por lo que tendremos que tener textos que no estén publicados en nuestra web si queremos concursar con ellos.

Para aquellos con muchas ganas de competir con sus textos, les recomiendo seguir la página escritores.org, donde suben concursos de un montón de países y en varios idiomas. No revisen sólo los del país donde viven; tengan presente que hay algunos abiertos de forma internacional que pueden estar esperándonos más allá de la frontera.

Aunque la página es fantástica y tiene un filtro para publicar concursos (no suben aquellos que exijan un pago para inscribirse, por ejemplo), siempre revisemos a la entidad convocante antes de participar. También es recomendable leer la sección en la que la gente de escritores.org en la que nos dan recomendaciones y cosas a tener presentes antes de presentarnos.

Otra forma de enterarnos de concursos es seguir a través de nuestra red social preferencia a museos, revistas culturales, editoriales (psstt… Dunken siempre tiene abiertas convocatorias de lo más variadas), etc. Rodearnos de escritores y compartirnos concursos también será de provecho. No teman agregar competencia, confíen en su obra y sepan que la red de contactos les traerá más beneficios y crecimiento que cualquier concurso que puedan ganar.

 

Y para aquellos que vinieran de la entrada de autopublicación habiéndola elegido como el camino a seguir, les tengo una buena noticia:

Opción 4 – Que nos cace un cazatalentos

Hoy día las editoriales tienen incorporado internet en su accionar y saben que hay muchos grandes artistas publicando por su cuenta, a veces incluso de forma gratuita por Wattpad o plataformas similares, y están siempre atentos a aquellos que atraigan la suficiente atención como para que justifique una inversión. Cierta saga llegó a ser lo que es hoy día gracias a una editorial que vio los potenciales millones de dólares que podía ganar cuando todavía era un fanfiction.

A la gente que surge de este modo, publicando PDFs y siendo entonces “cazados” por editoriales, se le llama La generación Kindle. No son muchos todavía, pero no me queda duda de que veremos cada vez más y más a medida que pasen los años. Si ustedes quieren ser parte, escriban la mejor literatura que sean capaces de crear y apunten a ser un long-seller en vez de un best-seller, lo que quiere decir que su objetivo debería ser convertir sus libros en algo que deje su huella en la sociedad y se venda a lo largo del tiempo de forma constante en vez de buscar generar una gran controversia que venda de forma explosiva y los haga pasar al olvido en un par de meses.

Una cosa más que decir antes de finalizar:

Sea cual sea la forma que utilicen para ser publicados por una editorial, lean el contrato en detalle y no se salten la letra chica. No solo para asegurarse de qué servicios les corresponden y qué ganancia tendrán, sino para saber si están entregando o no los derechos de su obra. Hay editoriales que les comprarán el libro, pagándoles una buena suma por ello, pero reducirán sus ganancias a nada y les imposibilitará publicar un día con alguien más (a no ser que vuelvan a comprar sus derechos). A veces la editorial no les comprará los derechos pero demandará el permiso de hacer obras derivadas y compilaciones con su libro, además de traducciones, dándoles las regalías correspondientes pero nada más.

En otros casos la editorial requerirá los derechos sólo por un tiempo; a veces ellos nunca reclamarán la propiedad intelectual de la obra y ustedes serán libres de anular el contrato en cualquier momento que quieran, sacando su libro de librerías y  páginas web y perdiendo todos los beneficios que teníamos sin que los puedan demandar por ello.

 

Bueno, lectores, con esto terminamos la clase. Nos queda una más a no ser que se me ocurra otro tema en el camino o la entrada siguiente quede demasiado larga. Planeo continuar haciendo entradas informativas pero autoconclusivas, así no los tengo como rehenes entre una publicación y otra. Si alguien desea que hable de algún tema en particular, háganme llegar la petición en los comentarios o por mensaje privado y daré lo mejor de mí para cumplir con las expectativas.

Saludos y buenas letras.

Ancient Forest

 

Nota: Mis alumnos me preguntaron por las solapas en los libros. En mi experiencia, todas las editoriales me las han ofrecido para tener un espacio donde añadir una foto mía y biografía, pero siempre significando un aumento en el precio. No es mucho más por libro, pero al hacer varios cientos de ejemplares, la inversión que hay que hacer es bastante mayor.

Y si son tan poco fotogénicos como yo…


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 4: Autopublicación

Ya hemos visto cómo preparar el manuscrito, cómo asegurarnos que no sea robado, qué personas necesitamos y cómo trabajar con ellas. Estamos a un paso de que nuestro libro esté listo para salir al mundo.

Bienvenidos, lectores, a la clase número 4 de este pequeño paso a paso para convertir nuestros sueños de letras en una realidad de tinta y papel (o tinta digital y pantalla). Hoy vamos a ver las formas que hay para autopublicarse. Las posibilidades son más de las que seguro imaginan y están en aumento, ya que el mundo cada vez se vuelca más al hágalo usted mismo, abriendo puertas inimaginables hace veinte años. Para los que gusten de lo tradicional, no se preocupen, que en la próxima clase hablaremos sobre la publicación a través de una editorial.

Autopublicarse tiene dos salidas: digital y física. Yendo directo al punto: la versión digital siempre es más barata. Uno no tiene que pagar papel, tinta ni distribución en librerías. Si hiciste la portada y maquetación en PDF por tu cuenta, no necesitas más que leer los términos y condiciones de Amazon (o la página que sea de tu elección) y subir el archivo. El único costo que tendrás será tomado de tus ganancias, así que no tendrás que hacer una inversión inicial.

Esto es fantástico para quienes publican mucho o tienen libros muy grandes que serían muy caros de llevar al papel. La desventaja de esto es que no tendrás una compañía haciendo publicidad por ti, por lo que tendrás que mover cielo y tierra para que tu libro se mantenga relevante entre la marejada de PDF que son subidos a la web al día. Estas plataformas trabajan cada día más, abriendo las puertas a todo el que quiera publicar, pero también por eso la competencia que hay es (no, no es, pero se siente) infinita.

Si se elige esta opción es importante que tengamos una página con nuestro trabajo antes, ANTES, de publicar un libro, ya que esto nos ayudará a que más gente se entere y corra la voz. No es recomendable hacer una página por libro escrito porque una vez pase la emoción de la publicación y ya no tengamos tanto material y noticias que compartir, el lugar morirá. Un espacio con todo lo que hacemos ayudará a mantenernos relevantes y que la gente se entere de forma continua de lo que publicamos y dónde nos presentamos, además de acercarles muestras de nuestro trabajo que de otro modo se perderían entre notas y borradores.

La desventaja de la publicación digital es una ventaja en la física: el alcance personal. Tener el libro en una librería es algo que todavía atrae a mucha gente (más en algunos países que en otros; en Argentina los e-books no son muy populares aún) porque hay cierto misticismo y encanto en el papel. Además, en una librería o stand en una feria, la competencia es mucho más acotada que en internet, por lo que una buena portada y un ingenioso discurso pueden lograr mucho.

Y algo que no se puede ignorar es que también tenemos a nuestro favor la responsabilidad de ser amigo o pariente de un escritor:

-Ah, ¿sabías? Publiqué un libro.

-¡Oh, felicidades! ¿De qué trata?

Y ahí los tenemos en nuestras garras. Los escritores somos seres apasionados, por lo que encontrar a alguien que quiera saber de nuestro trabajo no es algo que desperdiciemos. Esa pasión se contagia y, por placer o compromiso, nos acabarán comprando un ejemplar si tenemos uno a mano para entregar. Esto funciona sobre todo (y a veces casi exclusivamente) si el libro no es muy caro, así que siempre es bueno tener presente que un trabajo breve será más fácil de vender.

Advertencia: Después de varias publicaciones, este truco dejará de ser tan efectivo con aquellos que nos compraran por compromiso nada más.

Algunos autores regalan sus libros y, sí, lo he hecho, pero si en tu país las ediciones son tan caras como en el mío, recomiendo dejar un precio bajo parejo para todos en vez de descontarle a amigos y cobrar de más a extraños que de por sí no estarán tan comprometidos con nuestra causa. En caso de que quieras imprimir tu libro, pero no tener que lidiar con una editorial, puedes hacerlo contactándote directamente con una imprenta. Esto será más barato, pero te tendrás que hacer cargo de los detalles finos de la maquetación, incluyendo el formato, las líneas de corte, los ajustes para que las páginas del principio y las del medio tengan el texto centrado a pesar de la forma del cosido, etc. Desconozco si las imprentas ofrezcan hacer este servicio, pero no sería descabellado. Consúltalo de antemano y no olvides que aún así seguirá saliendo más barato que pasarlo por una editorial.

Sin embargo, ten presente que si quieres publicar el libro en papel y no tienes el dinero necesario para hacerlo, siempre puedes recurrir al crowfunding o financiamiento colectivo. Algunas de las páginas que sirven para esto son Kickstarter, idea.me, Panaldeideas, etc. Si buscas “plataformas de financiamiento colectivo” en google, encontrarás a montones. Si usas una que no sea de esas tres que te mencioné, recomiendo antes pasarlas por el confiable Scam Adviser, que nos indicará si la página en la que pretendemos poner tanto tiempo y esfuerzo es realmente confiable o nada más que una estafa.

La forma en la que funciona el financiamiento colectivo es muy sencilla: subimos nuestro proyecto y el dinero que necesitamos para completarlo. Los interesados en vernos tener éxito pueden hacer donaciones tan pequeñas o grandes como quieran. A cambio de ellas, recibirán regalos (nosotros decidimos qué serán) de los que deberemos hacernos cargo una vez esté procesado el pago (lo que ocurrirá tras juntar el dinero necesario, siempre que lo hagamos dentro del tiempo establecido).

Es importante notar que el tener nuestro libro sólo en formato digital no nos deja afuera de presentaciones y eventos. El año pasado me encontré con un escritor regional que vendía su PDF en CD en la Feria del Libro de la ciudad. Me pareció una genialidad: una inversión pequeña para él, un costo bajo para el interesado y sin depender de que las ganas de leer nuestra obra duren hasta que tengan acceso a internet. También es posible entregar tarjetas prepagas con el código de descarga del libro, muchas editoriales las dan como parte del contrato que se firma con ellas (desconozco si Amazon lo hace, pero no me sorprendería). Sino una tarjeta con la dirección de la página donde comprarlo y una reseña del libro podrían hacer lo suyo también.

Hay una tercera opción, bastante nueva, que combina digital y físico y creo que será lo que llevará a las editoriales a tener que reinventarse (como la radio en su época) o morir en el camino (ah… VHS… que en paz descanses). Esta salida lleva tiempo existiendo en internet y ahora están comenzando a implementarla en Amazon (no, Amazon no me paga por la publicidad, pero es la página más grande y de mayor llegada que conozco).

Consiste en publicar nuestro libro en PDF y que se imprima a pedido. Basta con subir un lomo y contraportada, además de la portada, y asegurarnos de que la maquetación sea buena. Una vez hecho esto, si la persona quiere comprar el libro en papel, la empresa imprimirá y maquetará un ejemplar y se lo enviará (el costo se reducirá de tu ganancia, así que ten eso presente al decidir el precio). Algunas páginas ofrecen una copia de prueba para asegurarnos de que todo esté en orden y la edición cumpla con nuestros estándares personales, y copias para el autor, para tener ejemplares que llevar a esos eventos de los que hablamos antes o para empujar en los bolsillos de amigos y familiares.

No puedo hablar por todas las páginas que ofrecen este servicio, pero sé que algunas tienen una impresión de calidad, una buena encuadernación y cubiertas a todo color. Si esta es tu opción, te recomiendo visitar el Blog de Valentina Trunearu, donde explica todas las opciones disponibles. Su serie “Cuánto cuesta publicar un libro gratis” es tan detallada y clara que ni se me ocurriría intentar reproducirla. Vayan y disfruten de su sabiduría y experiencia (después de terminar de leer esta entrada, obviamente).

Y con esto llegamos al final de esta clase. Aunque podríamos hablar de mucho más, considero ya cubierto lo necesario. Cada página que quieran utilizar para dar vida a sus libros les explicará en detalle todo lo que necesiten saber. Por favor no tilden “he leído y acepto los términos y condiciones de uso” sin haberlos leído en detalle. Asegúrense de no perder sus derechos y de que la comisión que les cobren sea algo que les resulte apropiado. Algunas páginas pueden pedir que sus obras estén exclusivamente allí o que no las quiten por cierto tiempo luego de subirlas, y esas son cosas que querrán saber antes de firmar nada.

Espero esta lectura les haya resultado interesante y, tarde o temprano, les sea útil. Estaré atenta por cualquier pregunta, petición o comentario que quieran hacerme llegar.

¡Nos vemos en la próxima clase, historia o hipo creativo que me ataque!

Ancient Forest