La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento


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Cuando somos

Alzo los ojos al cielo y te veo, luna, pero te he visto hace apenas un instante en otro lugar del firmamento. Me giro y encuentro a esa otra como tú. Y una más. Y una más. Las empiezo a contar: tres, cuatro… diez, once… veinte, veintiuno, veintidós… El cosmos está plagado de réplicas de tu belleza y de ese mágico fulgor musical que da sentido a la noche y sus estrellas.

La realidad me maravilla y grito a los presentes para que no se vayan de ella, que no desvíen su atención un solo segundo; porque la eternidad bien gastada estaría en mirarte a ti y a tus hermanas hasta que el tiempo deje de fluir y no haya más hálitos que suspirar.

Aparece entonces una magia que me habla y me asegura que no estás allí. Elijo no creerle porque te veo, y viéndote, te hago real. Pero a pesar de la resistencia, cae a mi mente esa realización súbita: no, no estás allí. Estoy soñando, lejos de mi cuerpo y en lo profundo de un mundo bendito por la presencia de tantas como tú.

Pero si no estás realmente ahí, ¿estoy realmente aquí? Yo confirmo tu realidad con mi mirada. Dicen que si pienso, existo, pero es cuando nos vemos que soy. Porque somos en relación y un alma solitaria no puede gritar tan fuerte como para que un universo vacío la perciba.

Si no estás ahí para que te dé existencia, si no puedo ver el fuego de mi alma reflejándose en tu luz tenue, ¿cómo saber quién es la que no existe de nosotras dos?

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Artista: JustV23

 


Dedicado a Sebastian Laria.


© Registado en Safe Creative, código 1606078093365.


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Aventuras fuera de este mundo

El hombre a cargo era un sujeto que daba un poco de miedo. Tenía el pelo rojo, larguísimo, y unas marcas en las mejillas que de lejos parecían tatuajes y no quise ver de cerca por si resultaba que eran algo como las agallas de los peces.

Se presentó como Codrag Zedarth y nos pidió que no nos alejáramos del grupo ni nos acercáramos a los nativos, ya que eran primitivos y muy agresivos con los extraños. Estando a dos mil ochocientos millones de kilómetros de la Tierra y sin saber bien cómo había llegado allí, nunca se me hubiera ocurrido desobedecer, pero la advertencia no pareció tener el mismo efecto en todos nosotros.

Decidí alejarme de los que claramente eran extraterrestres con disfraces humanos y me pegué al que parecía genuinamente de mi raza: un joven de mi edad y pelo castaño, algo desalineado, que se mostraba increíblemente aburrido con el recorrido turístico.

Me presenté como Shiva, dado que Codrag nos prohibió usar nuestros nombres reales, y él dijo que le eligiera yo un pseudónimo. En base al gato/dios de la serie Natsume Yuujinchou que también es poseedor de ese aire de “ya lo sé todo, deja de hablarme”, decidí apodarlo Madara.

Ambos teníamos el mismo símbolo bordado en la ropa y yo sabía que ese símbolo representaba a la Tierra, por lo que teníamos que ser humanos, ¿no? No, Codrag no tardó en decir que éramos un representante por raza dentro del Sistema Solar. Ignoré a los de los planetas restantes y me enfoqué en Madara. Ambos compartimos el momento de realización.

“¡¿Eres reptiliano?!” exclamé eufórica a la vez que él me reflejaba con un asqueado “¿eres una humana…?”, pero nuestras reacciones opuestas no nos impidieron pasar juntos el resto del día. Además, el que él fuera el primer reptiliano que conocía en mi vida me impidió enojarme cuando me llamaba “primate”. Comencé a decirle “reptiloide” para que supiera que los dos podíamos jugar al mismo juego.

Luego de varias horas de recorrer la zona, llegamos a una especie de desierto con los vientos más fuertes que jamás he sentido (¡aun siendo neuquina!). Nos detuvimos en un mirador apartado de la tormenta para ver el paisaje y utilicé un pequeño aparato, como un celular pero totalmente transparente, para escanear el lugar y que me diera información.

Lo que más sobresalía allí era una gran torre que mi dispositivo dijo que tenía ochocientos kilómetros de alto. Lamentablemente no dio la circunferencia pero no necesitaba ese dato para admirar toda su magnificencia. Me quedé observándola largo rato con Madara a mi lado, aún algo aburrido, hasta que el jefe nos dijo que había nativos cerca y debíamos volver a la nave urgentemente. El paseo había acabado.

Eché un último vistazo al imponente paisaje ura… ¿”uraniense”? y fui tras el grupo, prometiéndome que al volver a la Tierra revisaría en internet porque no había forma que esa torre no se viera desde su atmósfera.

No fue hasta que Codrag me hubo devuelto a mi planeta que recordé que Urano no está disponible en Google Earth.

Aún.

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Saludos lectores, aquí les dejo otro sueño raro que tuve hace unos años. Crean lo que quieran de él, son libres de interpretarlo a gusto (y pueden dejar su idea en los comentarios si gustan, no voy a prejuzgar ni criticar).

Importante dato: no soy fan de los extraterrestres ni nada de eso. De hecho, la sola idea de algunas razas (como los grises) me da bastante miedo, así que evito todo programa sobre ovnis y aliens porque luego no puedo dormir.

¡Gracias por su lectura y nos vemos en la próxima entrada!

~Ancient Forest


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Sueño: De confianza (Revolución Reign)

Hoy llegué a uno de esos días en los que la vida parece que no se moviera más. No es que se haya detenido el tiempo, ni que no ocurra nada interesante, simplemente parece que cuando camino, lo hago en marte. No sé si esto me explique bien.

Me pasé la tarde divagando por los pasillos de la mansión. Por si nunca nos has visitado, en nuestra mansión viven aproximadamente mil seiscientas personas, prácticamente medio pueblo coexiste puertas adentro (el resto son campesinos, ladrones y comerciantes nómades). Los corredores y escaleras son inmensos, para que nunca sientas claustrofobia, y hay jardines por doquier con una inmensidad de animales exóticos que asombra. Estuve parte de mi tiempo en la zona de reptiles. ¿Sabes? Son inmensos, y muchos tienen grandes dientes, pero se comportan casi como mascotas. Como todos a mí alrededor.

No puedo quejarme, la vida es tranquila puertas adentro, pero demasiado tranquila. No puedo levantarme un día sin sentir que algo se escabulle entre los muros y a nuestras espaldas. ¡No puede la vida ser así de pacífica sin que algo esté siendo terriblemente ignorado! El gobernador sin duda algo tiene que ver, algo esconde, pero no se supone que sea yo quien se queje, soy uno de sus hijos. Ni el mayor, ni el menor, ni el más listo, ni el más tonto, ni el más guapo ni el más feo. Soy tan absolutamente promedio que de no ser por mi apellido, podría ser ninja, nadie jamás me notaría.

Mi hermana mayor en cambio… es hermosa y su voz es el deleite de la burguesía. Mi hermanita pequeña es la ternura de los corredores, tan bonita y abrazable como una cría de tigre. Mi hermano mayor es un gran guerrero, su destreza y fuerza son reconocidas hasta en otras mansiones, ni hablar de su belleza que marea mujeres. Mi hermano menor nació siendo un sabio y sus tutores no se cansan de hablar maravillas de su superdotado cerebro. Y yo, soy el promedio.

¿Pero de qué he de quejarme? ¿De que nada jamás pasa? Bueno, pasan muchas cosas, pero siempre cosas buenas o tranquilas. Jamás he visto a nadie alterado puertas adentro. Y tampoco tengo motivos para iniciar yo una revuelta: soy un hijo querido y consentido al igual que el resto. Mis padres jamás han permitido que nos falte nada y posiblemente eso jamás cambie.

Vida miserable.

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Mi hermana mayor me invitó a ir al teatro con el muchacho de clase media con el que siempre anda. A mi padre no le gusta porque lleva su rubio cabello “demasiado” largo: le toca los hombros por lo que se pone una cola de caballo, pero no da el brazo a torcer con cortárselo. Además, es una deshonra importante la diferencia de poder en los apellidos, pero mi hermana ha salido con él desde hace tiempo y, para no crear discordia, mi padre no se queja.

Me encantaría ver discordia.

Ya en el teatro (por si te lo preguntas, también está dentro de la mansión), nos sentamos en la primera fila, lo más a la izquierda que se puede estar. Es un sitio bastante incómodo, pero por algún motivo, “los de la familia del gobernador tienen privilegio y se sientan adelante”. Yo preferiría atrás, al medio, donde mi cuello no sufra.

No te aburriré contándote de qué iba la obra. Simplemente saltaré a la parte en la que, aburrido en mi asiento, noté a alguien vigilándome desde detrás del telón. Me puse de pie, subí al escenario y, sin dejarme iluminar, crucé la cortina escarlata.

De inmediato me vi en una lucha con alguien con un cuchillo. Reaccioné rápido buscando información sobre él que me diera ventaja: era joven, tal vez tuviera uno o dos años más que yo, de contextura similar, su negro cabello no era muy corto, pero lo suficiente como para no poderme agarrar de él. Su velocidad era muy buena y su habilidad de ataque también. Lo único de lo que pude aferrarme para equipararnos era que no parecía tener más armas.

Esquivé una estocada y con mi mano izquierda tomé el filo del cuchillo. Ignorando el dolor, lo empujé y se lo quité. Sin caer, dio unos pasos atrás y respiró agitado. Ahora yo estaba armado. Pareció oír algo y entonces salió de su postura de combate y se quitó la peluca. Su cabello en realidad era rubio y de alguna forma su parecido conmigo se acrecentó, tal vez porque mi cabello era claro también, aunque no rubio.

Nos miramos y oí música. Mi hermana se había puesto de pie y, sin vergüenza, comenzado a cantar a toda voz, como una de las mejores sopranos que era puertas adentro. La obra de teatro perdió protagonismo y las luces se difuminaron en aquella esquina. El telón, desgarrado por el combate, terminó de rasgarse por su propio peso y reveló la sangrienta escena que se desarrollaba.

Levanté ambas manos en señal de rendición. Yo tenía el arma y estaba bañado en sangre (muy notoriamente debido a mi larga chaqueta blanca). Sin duda los dedos apuntarían a mí. ¡A mi! ¡Al hijo del gobernador! Siempre quise ver ocurrir algo que desatara caos, pero mis fantasías jamás incluyeron sangre y muchos menos a mí mismo.

El sujeto que me había atacado me tomó por un brazo y me arrastró fuera de allí. Amablemente me pidió disculpas, se había creído en peligro cuando fui a enfrentarlo. Al parecer mi hermana tenía información sobre esto y su canto fue la señal que le indicó que yo no era enemigo. Al oírla fue cuando se relajó, unos segundos antes de que yo lo hiciera también.

Afirmé con balbuceos, mi corazón aún latía demasiado rápido como para dejarme volver a mi quietud analítica tradicional. Me cubrí con una capa de utilería del teatro y me separé del joven, quien pidió encontrarnos al día siguiente en un bar muy pequeño y casi escondido entre los pasillos (por supuesto, puertas adentro).

Acepté con desconfianza pero finalmente fui. Con ropa limpia y mi mano ya vendada, me aventuré en el oscuro bar. Mi hermana mayor y su noviecito estaban allí, en compañía del barbudo bartender y del joven rubio.

Me acerqué con cuidado y el muchacho preguntó por mi mano con ansioso interés. Sus ojos eran vivaces y sus palabras, rápidas. Le resté importancia mientras el novio de mi hermana me pasaba el diario de ese día. En la portada estábamos nosotros en el teatro bajo el titular “Se hace oficial el matrimonio entre la Alta Doncella y el hijo de los De’Feller”. Releí el título diez veces hasta resignarme a que ésas eran las palabras y bajar a mirar la fotografía. Mis manos, que debieron verse negras por la sangre en la fotografía en blanco y negro, estaban limpias, al igual que mi ropa.

El texto era más de lo mismo: el matrimonio entre mi hermana y el hijo de los fabricantes de instrumentos musicales parecía haber sido anunciado por nosotros de una forma bastante teatral: interrumpiendo la obra con un bello canto y una ficción de una lucha para representar ambas partes de la vida en pareja.

Me fue difícil creer lo que estaba leyendo. Miré a mi hermana confundido y ella, consternada, me confirmó que lo del matrimonio era cierto, pero que sólo habían logrado obtener esa noticia aún no revelada para explicar lo que había ocurrido.

-¿Quién? -Pregunté fuera de mí.
-¿Y quién más? La única persona capaz de hacer a los medios tragarse una noticia tan buena como una lucha en el teatro –respondió casi histérica.
-Tu padre –acotó mi cuñado abrazándola para tranquilizarla.
-¿Pero por qué?
-Por mí –sentenció con tristeza el joven desconocido, bajando la mirada con pena.

Y fue entonces cuando me enteré: aquel chico era nuestro medio hermano. Un hijo bastardo de parte de nuestro padre. El gobernador no era capaz de asumir sus infidelidades en público por lo que había silenciado a amenazas a su amante, aun cuando ella hubo quedado embarazada. El niño creció en soledad puertas adentro, escapando de la verdad tan constantemente como podía. Tras conocer a su media hermana mayor, había decidido reclamar su lugar como descendiente del gobernador, por más que lo único que eso le diese fuese aburrimiento, como a mí.

Mi hermana y su novio nos dejaron un poco de espacio para hablar en la intimidad del bar. Mi recién descubierto hermano me contó la forma en la que veía la vida. Sabía que su aparición generaría nada más que discordia, especialmente luego del accidente en el teatro, pero se llamaba a sí mismo “guerrero de la verdad” y vivir una mentira lo torturaba.

Finalmente nos sonreímos luego de un buen rato y comenzó una charla un poco más informal. Era casi mágico encontrar a alguien en quien uno pudiera confiar tan plenamente, nada más conocerse. Su personalidad se complementaba con la mía y prometía hacerlo el mejor amigo que hubiera yo tenido jamás. Es indescriptible la sensación de conocer a alguien, luego de tantos años de vida, que parece haber estado siempre allí a tu lado.

Disfrutamos el resto de aquellas horas contándonos nuestras vidas. Quería disfrutar esos momentos antes de abalanzarme a lo que sabía que sería una lucha contra nuestro padre para revelar la verdad.

Y al fin, algo, a mis dieciocho años de vida, empieza a pasar.

Soñado la madrugada del 25-01-12

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Aunque no he hecho acotaciones en los otros sueños, tengo que hacerlo con este, dado que fue este sueño el que dio origen a Revolución Reign. Mis lectores de prueba (y los futuros lectores, una vez el libro esté publicado) notarán que he cambiado cosas a montones. El lugar es mucho más chico, Reign es más joven, “gobernador”, “mansión”, etc. Releer esto me generó un poco de nostalgia y me da cierta ansiedad; quisiera que el libro volviese a ser lo vi cuando dormí aquel día. Pero bueno, a pesar de los cambios y de todos los días que me separan de aquel, esa noche cambió mi vida para siempre.

Ya veremos qué ocurre.

~Ancient Forest


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Sueño: De un planeta de agua

Me aferré a su mano con fuerza para que no desapareciera. Era costumbre suya caminar hacia una sombra y simplemente borrar su existencia entrando en ella cuando algo lo incomodaba.

Se mantuvo firme a mi lado, en su irrompible silencio y se lo agradecí. También yo estaba asustada, pero a la vista de tantos humanos, irnos no era fácil.

Una amiga se adelantó y, con un discurso que fue inventando sobre la marcha, logró sacarnos del aprieto. Tristemente, aquellos humanos tan religiosos eran, a causa misma de su religión, los más peligrosos de todos para gente como nosotros.

Suavicé la fuerza con la que sostenía su mano y aprovechó eso para zafarse. Sus piernas largas le permitieron en dos pasos alcanzar un muro y meterse en él. Mis manos golpearon el ladrillo justo cuando aquella puerta negra que conectaba varias dimensiones se cerró y no lo pude seguir. Lo lamenté, pero entendí que quisiera estar solo y el gran peligro había ya pasado.

Me hice amigos rápido. Pocos y muy fieles. Mi amado también los quería, pero no lo expresaba; simplemente porque él era así y así todos lo entendieron.

Sin perder demasiado tiempo, averiguamos lo que necesitábamos saber: había muchas leyendas de culturas antiguas y extrañas que habían vivido tiempo atrás en esas zonas, desapareciendo misteriosamente y sin dejar rastros.

Navegamos hasta la cueva con mi amado, unos amigos nuestros y dos hombres fornidos que esperaban conseguir algo con lo que trabajar allí y cobrarse algún dinero. Noté que a mi pareja ellos no le gustaban, pero los ignoró sin dificultad.

Entre las cuevas encontramos una casa abandonada, de azulejos rotos y caños oxidados. Mi amado entró en la bañera y se quedó de pie allí mirando el muro mientras los demás inspeccionaban el lugar. Me paré junto a él y acaricié su brazo y su pecho desnudo. La ropa siempre le había molestado y rabiaba cuando tenía que estar en público por eso.

Recordé de pronto su piel real, escondida debajo de aquella. Fría, firme y más gruesa que aquella piel de humano. Proyecté en su cuerpo aquel arco iris de azules que tan perfectamente nos camuflaba al nadar en las profundidades y sentí la nostalgia del hogar golpeándome con fuerza por primera vez. Siempre había querido ser fuerte por ambos y adaptarme rápido a aquel ambiente extraño para que mi amado pudiese hacerlo también.

Posó él su mano en el muro y movió un ladrillo hasta dejar un pequeño hueco. Guiados por el impulso de nuestra gente, comenzamos a quitarlos uno tras otro hasta que finalmente se hizo espacio para que pasáramos con nuestros cuerpos humanos. El mío no, pero el de mi amado era especialmente grande y de espalda ancha. Me tendió él sus manos para hacerme pie y poder introducirme en aquel hueco. Luego me siguió y, por supuesto, nuestros amigos lo hicieron también.

Entre las rocas desnudas se habría paso una playa abandonada. No había que hacer demasiado para que la arena revelase rocas pulidas, talladas, y joyas típicas de nuestros hermanos. Nuestros amigos humanos las confundieron con egipcias, al parecer por símbolos que compartíamos con ellos.

Pedí por favor que no tocaran demasiado. De inmediato habían empezado a juntar para llevarse como trofeo de cazadores de tesoros, jamás entendí ese afán humano de tomar lo que le gusta. Tomar, adueñar, llevar. Cuán difícil era para ellos simplemente ver, apreciar y llevarse nada más que el recuerdo, así otros humanos pudiesen descubrir aquello un día también.

Se decepcionaron ante mi pedido, pero lo comprendieron y cedieron a la tentación.

Uno de aquellos hombres fornidos se acercó a mí a gritos y con expresión pasmada. Había encontrado cadáveres de crías de dragón con su compañero. Mencionó que a pesar de tener el tamaño de un niño pequeño, pesaban lo suficiente como para dormirle los brazos luego de sostenerlas unos minutos. Pregunté si había huevos y lo negó para mi lamento, no habría forma de rescatar a esos hermanos.

Nuevamente pedí que no los movieran ni se los llevaran, que aquel sitio sería su descanso. De algún modo u otro, aquel hombre entendió la importancia de proteger el recuerdo de esas criaturas y vi en sus ojos el secreto guardándose para siempre.

Finalmente nos fuimos de allí en el bote ruidoso. Mi amado tomó mi mano con aire triste. Habíamos terminado nuestra búsqueda sin encontrar nada más que un lugar detenido en el tiempo, donde la vida no era ya compatible con el presente. Sentí su dolor y le compartí el mío. Entre dos siempre es más fácil.

Llegamos a tierra sin poder compartir la emoción de nuestros amigos. Aquella aventura los había unido como portadores de un gran secreto y se veía la alegría en sus caras.

Los miré con cariño y agradecimiento, aumentando la distancia entre nosotros aún sin moverme. Una de las chicas entendió aquel mensaje sin palabras y me devolvió la mirada con angustia, sin saber cómo detenerme, sabiendo que de todos modos no podría hacerlo.

Mi amado se arrojó al agua con un salto ágil y lo seguí. Nadamos hasta perdernos de sus vistas y nos quedamos esperando a nuestros hermanos, que sabíamos estaban en camino para llevarnos a nuestro planeta de agua.

Soñado la madrugada del 26-04-12

~Ancient Forest


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Sueño: Jugando en el río

Esa mañana llegó de visita una lejana prima. Su tez morena y abundante cabello rizado sobresalía entre nuestras caras pálidas y le daba un aire distinto a la mansión. A los pocos minutos se apareció allí un vecino, amigo de mi prima, de cuando ella aún vivía por allí. Suplicó que la ayudásemos con él, y mis múltiples hermanos y yo accedimos con picardía.

Dejamos la mansión con el abrigo suficiente y corrimos hasta la colina, donde el bravo río había quedado detenido en el tiempo gracias a la helada de la noche anterior. Era prácticamente entrar en un cuento de hadas al ver el agua correr debajo de aquella capa de hielo. Mis hermanos repartieron tablas de nieve y trineos, todos distintos uno de otro, y nos dejamos caer por el sinuoso sendero de hielo.

Varias veces lo hicimos, la diversión era inmensa. El invierno siempre traía juegos nuevos y el frío no lograba desalentar ni al más grande ni a la más chica de la familia.

Se detuvo el tiempo para mí también en cuanto vi al amigo de mi prima golpeando el hielo a medida que bajábamos. Inconsciente, seguramente, del peligro que acarreaba esa expresión de dominio sobre la naturaleza.

Inmediatamente el tiempo volvió a correr, el hielo se partió, siendo llevado por la fuerza del agua, destrozando todo lo que la noche helada había creado, y arrastrándonos a todos nosotros.

El agua estaba fría. La sentí rodearme y abrazarme, centímetro a centímetro, y punzarme a la vez que su frío me quemaba. El sufrimiento no se prolongó. Pronto sentí un brazo fuerte sujetándome. De algún modo, logró sacarme y llevarme a la seguridad del césped que con esfuerzo los jardineros mantenían.

Los sirvientes se acercaron con mantas y nos cubrieron. Noté que todos ya habían sido sacados del agua, mi hermano mayor y yo éramos los últimos. El frío había anulado mi percepción del tiempo y había resumido la agonía.

Miré alrededor y noté que mi hermana más pequeña no estaba allí. Claramente recordaba haberla visto deslizándose en la colina, justo frente a mí, en un trineo.

-¡Lavor! –Grité corriendo hacia él en cuanto lo vi. Era uno de los sirvientes de casa y a quien más confianza yo tenía-. ¡Lavor!
-Señorita –respondió en calma. Su rostro joven jamás se alertaba, su cabello blanco le confería la presencia y sabiduría de un anciano.
-Mi hermana, no está, ve a buscarla por favor –supliqué. Él me miró intentando buscar una excusa para escapar de aquel pedido. La vida poco le importaba. Los problemas nada lo turbaban-. Por favor, Lavor –repetí sabiendo que cedería, y así lo hizo. Tomó aire y con pesadez, salió a buscarla.

Soñado la madrugada del 21-04-12

~Ancient Forest


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Sueño: Sobrevivir

Corrí. Por suerte estaba sola y sólo tenía que cuidar de mi propio pellejo.

La gente que quedaba era poca y encontrar aliados se había vuelto difícil. Junto a mí corrían dos chicos jóvenes que parecían tener algo planeado. Me puse alerta y decidí sumarse a su plan, fuese cual fuese, si eso lograba salvar mi vida.

Los chicos se preguntaron si estaban listos o no y saltaron al techo de una pequeña caseta de madera que parecía haber sido el hogar de una virgen que ya no estaba allí. Salté también y nos aferramos con fuerza mientras el agua la arrancaba de la tierra y la convertía en nuestro bote de salvación.

Llegamos así a un edificio donde la caseta se trabó y amenazó con dejarnos ahogar. Nos sujetamos a unas barandillas metálicas en la última construcción que parecía en pie y nos encontramos allí con una jovencita aterrorizada y un hombre mayor sin fuerzas.

Todo había sido tan arduo. Deseaba dormir, así fuera entre los peces y para siempre. Abrí los ojos pesadamente y vi una inscripción grabada en una saliente blanca: “aquí me dejé morir en la mañana del día…” y una fecha a la que no di importancia. El cadáver de la mujer, seguramente autora de esa frase, flotaba junto al muro, ahogado.

Tomé aire. No me iba a morir ahí. Había aguantado tanto, no me iba a rendir así. En honor a esa desconocida, yo me iba a salvar. Trepé las barandillas y los jóvenes me siguieron. La chica, aterrada, se apresuró a moverse también y el hombre, obteniendo fuerzas de algún lugar misterioso, nos siguió.

Llegamos a una pequeña colina de césped verde. Había una mesita de madera de esas que uno ve en una zona de acampada y muchas plantas. Detrás de una fila de árboles se dejaba ver una casa precaria seguramente abandonada. Levantando la vista se veía una cadena montañosa con las puntas bautizadas con nieve.

-Miren, una cordillera –dijo el hombre.
-Han de ser los Alpes –respondí haciendo un mapa en mi mente. No recordaba otra geografía así cerca de Alemania que no fuese ésa. El agua realmente nos había arrastrado mucho.

Uno de los dos jóvenes se alejó corriendo hacia la casa mientras su compañero y la jovencita se dejaban caer en el césped.

Me di la vuelta y me deslicé por una pendiente que había creado un camión abandonado allí cerca. Llegué rápidamente a una zona detrás de la construcción blanca, de donde habíamos venido.

Allá lejos se levantaba un muro de agua de varios metros que hacía de cascada, seguramente hubiera alguna construcción humana haciendo el trabajo. Oleadas iban y venían. Todo estaba en silencio. Miré a la distancia y no había nada más que agua y cielo. El horizonte se había fundido entre ambos azules y me pregunté cómo era posible ver ese paisaje estando a la mitad de Europa; pero una ola un poco más grande que las demás alcanzó mis pies y regresé por temor, con mis rodillas acariciadas por esa fuerza de la naturaleza.

El hombre ahora estaba caminando hacia la casa, pero nada más había cambiado.

Levanté del piso dos macetas con bellas plantas y las puse sobre la mesa. ¿Quién cuidaría de ellas ahora?

Desperté a los jóvenes en el piso.

-Arriba, hay que subir la montaña –ordené a aquellos desconocidos. No quería estar a niveles bajos cuando una segunda ola masiva se aventurase a terminar de conquistar la Tierra.

Soñado la madrugada del 25-03-12

~Ancient Forest


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Sueño: Amada suerte

Me llamo Avian Gyong. O tal vez no. Cambio de nombre tan a menudo como el día deja lugar a la noche. Mis hogares y compañeros se van a la misma velocidad.

Mi hogar actual es pequeño. Mi compañero actual es un inepto.

Se dice que mientras menos gente sepa de uno en este rubro, mejor, pero yo considero que si hay alguien contigo, los que te persiguen tienen que dividirse y eventualmente sólo tienen el cincuenta por ciento de probabilidades de agarrarte, en comparación al cien si vas solo.

Me funciona a mí.

Pero sé que mis habilidades para escapar de la policía son poco frecuentes, por lo que suelo no encariñarme con mis compañeros, carentes de mi suerte, ni darles demasiados datos sobre mí. Inevitablemente logran descubrir dónde vivo al seguirme, pero en cuanto son atrapados, me mudo. En una ciudad hay tantos escondites como estrellas en el cielo, sólo tienes que saber buscarlos y no ser muy exigente con las comodidades, porque lo más probable es que la mitad de ellos tengas que compartirlo con algo que esté esperando que mueras para dejar de tener hambre.

Hace poco tuve que enfrentarme a un grandulón que se enfadó conmigo por algún motivo que sospecho que él mismo desconocía. Lo derroté. Con sahumerios. Específicamente con dos de ellos. No me gusta pelear ni tengo un estilo agresivo, pero ser acorralado te pone en una desventaja mucho más grande de lo que la gente considera.

Aún si nadie te persigue, estar atrapado más de diez segundos en el mismo sitio con la atención fija en un solo punto te convierte en una presa fácil para el primer policía que reconozca tu rostro. Hay que evitar todo obstáculo por más insignificante que sea.

Hoy caminaba de regreso a mi cubo de dormir. Salí con el inepto a reconocer esta nueva área ya que hace poco me mudé. Veo varias cosas que quiero adquirir pero tiempo al tiempo. Robar el primer día es un error digno del novato más apresurado que pueda haber, con el cual no me identifico.

Y entonces, la vi. Se me heló la sangre y se erizaron los pelos de mi nuca. La policía que no se tomaba vacaciones estaba allí y acabábamos de hacer contacto visual. De inmediato me reconoció como la presa que más manchas a su historial le había hecho. Me di media vuelta y sin delicadeza, me puse a correr.

Mi compañero me gritó “¡Avian!”, seguramente preguntándose qué había ocurrido. No habíamos robado nada aún, por lo que la policía no lo seguiría.

Corrí y corrí. Sentía su mirada clavada en mi espalda y sus pisadas desesperadas por alcanzar mis talones. Mis pasos ágiles competían con su destreza de mujer. A mi respiración no le tenía confianza, me cansaría rápido por el susto y la rápida aceleración de mi corazón al verla. La sorpresa había bajado poderosamente mis posibilidades de escapar y la inocencia de mi compañero agregó el toque que faltaba: ella ya sabía que era cien por ciento yo.

Recé para que mi suerte, mi más amada cualidad, se activara y me salvara.

De pronto oí “Oye, ¿no eres tú…?” y al mirar atrás un joven admirador de aquella mujer la había interceptado para contarle sobre su devoción hacia su persona. Doblé una esquina y desaparecí.

Llegué a casa, sea lo que sea, y me relajé entre las pocas pertenencias que me había guardado. Recordé entonces a mi compañero. No me preocupé, no conocía aún mi nuevo hogar, y de todos modos si no había tenido la astucia de escapar en cuanto me vio correr, era sin duda alguien que no duraría demasiado a mi lado.

Recordé mi suerte y reí acurrucándome sobre mi manta. Tomé mi talismán y lo besé.

Esto podría durar para siempre.

Soñado la madrugada del 15-02-12

~Ancient Forest