La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento


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¿Qué necesito hacer antes de empezar a escribir?

Saludos, lectores, y bienvenidos otra vez a este humilde rincón del viento. Decidí hacer algunas entradas sobre los pasos previos a sentarse a trabajar en una historia, en honor al inminente NaNoWriMo. Siempre me extiendo, así que vayamos directo al punto.

Lo que separa a un escritor que apunta a que sus libros lleguen a best o long seller de uno que escribe nada más por expresión artística (que no tiene nada de malo, ambos son tan válidos como necesarios en el mundo) en general está en los pasos previos a ponerse a trabajar (y en corregir, pero eso lo veremos en el futuro).

Si tu objetivo es expresarte y nada más,  debes dejarte fluir por el papel como un río entintado. Si quieres hacer un trabajo más comprometido, antes de soltarte, haz tres cosas:

 

Inspiración

Empecemos con la más divertida de las tres I, y es la más divertida porque será la excusa infalible para vivir tu vida al máximo.

¿Te ha pasado de que algo te inspire de forma inesperada? A veces es una pequeña luz que se enciende, otras es un chispazo que viene de la nada misma y causa un incendio en tu interior. El cuento Honrado, bendecido, seco y partido llegó a mí cuando miraba por la ventana regresando de un viaje y vi la silueta de un árbol muerto apareciendo entre la niebla en las montañas de Chile. Seres del mal nació de mi frustración por no poder vender un globo en un puesto en el que trabajé por un tiempo y Batalla sangrienta por… No, te dejaré adivinar ese.

Como puedes ver, situaciones extraordinarias y llenas de belleza sirven para despertar tu impulso creativo tanto como cosas mundanas. Entonces, ¿qué hacer? ¡Vivir!

Ponte el objetivo de hacer una cosa que no hayas hecho antes por semana. Cocinar algo nuevo, probar un deporte o arte, seguir un tutorial, hacer origami o kanzashi. ¿Viste la película Yes Man? Allí alientan al protagonista, interpretado por Jim Carrey, a decir que sí a todo. Te recomiendo seguir esa filosofía (evitando cosas insalubres o peligrosas, por supuesto). Aprende a decir “hola” en seis idiomas distintos (aunque no sepas ninguna palabra más), elije un país al azar y busca en google fotos de sus atracciones turísticas (te sorprenderá lo fácil que es enamorarse de una tierra lejana), dile que sí a los Testigos de Jehová que tocan tu puerta y ten una interesante conversación con ellos (aunque no coincidas en nada con su visión).

Nunca sabemos detrás de qué se esconde una próxima gran historia, por lo que no debemos dejar de probar la vida. Y no te preocupes si estás en un mal momento, no es necesario que la experiencia sea alegre para inspirarnos. Bien sabemos que los escritores, históricamente, no somos las personas más felices del mundo.

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Lo importante es prestar atención: presta atención a lo que te rodea; a los olores, colores y sonidos. Deja el celular en tu bolsillo más a menudo, sal algunos días sin música. Los humanos tendemos a acostumbrarnos a hacer algo de una forma específica y en poco tiempo entramos en modo automático sin darnos cuenta. Ya sea por falta de cuestionamiento, por necesidad de acallar oscuras voces internas o puro aburrimiento, tendemos a caer en la pasividad de una vida rutinaria y gris y no salir de ahí hasta que la realidad no nos manda algo (bueno o malo) que nos sacuda con tanta fuerza que separe nuestra carne de nuestros huesos.

No lleguemos a ese punto. Despertemos antes.

Y una vez volvamos a vivir con los ojos abiertos, necesitaremos la segunda I:

 

Imaginación

Volveré a criticar a la actualidad. No tengo nada en contra de estos tiempos en los que vivimos, solo en contra de la FORMA en la que los vivimos. Los niños tienen una clase tras otra, los adultos deben a veces tener hasta dos o tres trabajos para poder mantenerse, el tiempo libre se va entre tablets, tvs y celulares. Soy culpable de esto último.

Siempre que me dicen “¡pero si Einstein, Miguel Ángel y Picasso tenían las mismas horas en el día que nosotros!”, respondo con un “sí, pero no tenían Facebook”. La verdad es que perdemos el tiempo más que nunca y muchas veces es por no saber qué hacer con el aburrimiento.

Tal vez te preguntes a qué me refiero con eso último. Hay un error de concepto allí que hace que muchos crean que cuando uno se aburre, es porque no tiene cosas que hacer. Aunque eso a simple vista es así, muchas veces sí tenemos cosas que hacer y sólo nos falta motivación y energía. Aunque muchas veces esto puede ser síntoma de depresión, la mayoría de las veces es que nos estamos subestimando a nosotros mismos. Si lo que haces te aburre, puede que sea demasiado fácil para ti. Ponte un objetivo y eleva el desafío. No demasiado, que si te pasas, comenzarás a frustrarte y no llegarás a ningún lado. Si escribir ya no es interesante, busca un concurso en el que participar http://www.escritores.org/concursos-argentina . Te dará una fecha límite, una temática y una extensión máxima o mínima.

Así que ten presente que, cuando te aburras, no debes recurrir a juegos repetitivos en tu celular, páginas con chistes, ni a ver trescientos videos en youtube uno tras otro. Eso está bien para hacerlo a veces, pero no es la solución al aburrimiento. Busca algo nuevo y desafíate. Si te faltan ideas sobre qué hacer, hice una lista de veinticinco cosas para hacer en menos de cinco minutos que te pueden dar el puntapié inicial para sacarte de la inactividad. Está en mi Patreon y puedes acceder a ella sin tener que contribuir (aunque se agradece si lo haces, por supuesto).

Dicho esto, vamos a la dichosa I, donde por un momento parecerá que me contradigo a mí misma: siempre digo a mis alumnos que un escritor mirando por la ventana está trabajando. Hoy día todo nos alienta a no permitirnos un momento de quietud. Las publicidades de bebidas, alcohólicas o no, nos hablan de que la vida es una fiesta y no hay que parar; las de medicamentos nos dicen que, duela lo que te duela, te tomes una pastillita y sigas.

Pero luego de vivir todas las experiencias de la primera I, la única forma en la que encontraremos ideas e historias en ellas es si nos damos tiempo a quedarnos con ellas. Abracemos la quietud, el silencio, el aburrimiento. Acallemos el televisor al terminar una película y quedémonos pensando en qué impacto tuvo en nosotros. Echemos a nuestros personajes en los lugares que hemos visitado y veamos cómo reaccionan a todo si les damos un recorrido turístico.

Si quieres ser artista, necesitarás imaginación. Lo bueno es que ésta nos es dada al nacer y viene del mismo lugar que la vida misma, así que no perderemos esa chispa mientras existamos, pero hay que darle madera si queremos que se convierta en un incendio, y en este caso la madera es quietud. Muchos grandes descubrimientos fueron hechos cuando una persona se sentó a rezar, meditar o simplemente no hacer nada más que mirar el cielo. No es que en ese instante se creara una gran teoría científica, que seguramente llevaba años de trabajo siendo hilada, pero fue ese instante de paz y comunión con uno mismo que le permitió salir de su descubridor y encontrarse con el mundo.

Resumiendo: permítete estar en paz, tal vez aburrirte un poco; te hará ver nuevas cosas en ti y en el mundo. Pero no des a tu cerebro estímulos sin sentido para tenerlo rumiando sin ir a ningún lado. Encuentra el balance entre el desafío y la quietud útil y no confundas meditación con aburrimiento.

 

Investigación

Otra cosa que repito mucho a mis alumnos es que el proceso de hacer un libro consiste de un 5% de escribir nada más. El 95% restante son la muy necesaria corrección (de la que hablaremos en otro momento) y las tres I. Sé que muchas veces queremos escribir y nada más, pero si apuntamos a crear la mejor literatura de la que seamos capaces (lo que inevitablemente resultará en una mejoría constante gracias a que empujamos nuestros límites) necesitamos investigar.

Y en una opinión personal, esto también es algo que disfrutar. Amo llenarme de datos que parecen inútiles, uno acaba convirtiéndose en una versión móvil de la Wikipedia (y siendo campeón de juegos intelectuales). ¿Sabías que es diez veces más probable que te mate un coco cayendo de su árbol que un tiburón? Tenlo presente para cuando quieras hacer tu propia versión de Jaws.

Como escritores debemos desarrollar nuestra curiosidad al máximo, tanto como nuestra humildad para aceptar que nunca sabremos tanto como es posible saber. Cualquiera sea el tema sobre el que vayamos a escribir, debemos buscar tanta información como podamos sobre él, pero cuidando de no cometer el error de creer que, porque hemos leído una o dos páginas de internet, ya somos expertos. Sí, algunas cosas bastarán con buscarlas una vez, pero muchas otras requerirán de un trabajo más exhaustivo. Busquen distintas fuentes, lean libros, hagan entrevistas, visiten lugares.

Si escribirás sobre una persona, busca a sus allegados, no sólo a ellos mismos. Si escribirás sobre una época determinada, estudia las reglas de ceremonial y protocolo del momento para saber cómo se comportaba la gente por aquel entonces; averigua cómo hacían las cosas en ese momento: cómo lavaban la ropa, cómo calentaban la comida, de qué colores podían ser sus ropas (no todos los colores estuvieron siempre disponibles, algunas tinturas eran muy caras [así fue que el color violeta fue asociado a la realeza por años en Europa; la tintura de ese color era muy cara]).

Si escribirás sobre un país lejano, visítalo, recorre sus calles, habla con los lugareños, obtén datos de quienes viven ahí y no te quedes con la mirada del turista. En caso de no tener los medios para viajar, habla con quien lo haya hecho; lee cartas, diarios personales, periódicos locales; mira fotografías y cuadros; recorre las calles con el Google Street View, con proyección astral o arrastra un muñeco vudú de ti mismo por un planisferio, lo que sea que te funcione.

Es tentador pensar “no necesito ser tan exacto, ¡nadie sabe la diferencia entre una sirena y una merrow!” y sí, a veces es cierto (no en este caso, ¡yo SÍ sé!), pero esto es cuestión de actitud. Hace poco vi una película terrible que parecía un drama romántico y acabó siendo un policial (créanme, era muy difícil notarlo desde un primer momento). El manejo de los interrogatorios, la evidencia, el cadáver… todo era incorrecto. Desconozco cómo sea la novela en la que la película está basada, pero puedo afirmar que al menos los guionistas (y director, productor y posiblemente los actores también) no habían investigado nada del género. De hecho, es probable que ni siquiera se hayan sentado a mirar el Discovery ID por un rato.

¿Por qué esto es tan grave? Porque aunque estas fallas en pequeñas dosis no destruirán una novela, sí pueden ser el final de un escritor. Cuando nos acostumbrados a no investigar, a tomar el camino fácil o a ignorar ese agujero en la trama porque es insignificante, acabamos cayendo en la vagancia. Y sí, podemos ser vagos aunque escribamos tres mil palabras al día todos los días religiosamente. El 95% del proceso de crear un buen libro no es escribir y es ahí donde marcaremos diferencia.

Sí, hay malos libros que se venden porque uno no necesariamente necesita talento para crear un best seller, pero si queremos que nuestras obras sean long sellers, es decir que duren en el tiempo, que sean leídos y vueltos a leer, agarrados por futuras generaciones, enseñados en escuelas y adaptados al cine una y otra y otra vez… entonces necesitamos trabajar no sólo en nuestra escritura, sino en todo nuestro proceso, empezando por nosotros mismos.

Y dicho esto, los libero de mi incapacidad para ser breve. Vayan a trabajar, a investigar, crecer y escribir y nos vemos en la próxima entrada.

Priscilla (Ancient Forest)

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Recuerdos

En mi vida he logrado identificar dos tipos de recuerdos.

Los primeros son aquellos que, cuando encuentro perdidos en una caja o abandonados en un cajón, me llenan de nostalgia y alegría. Los agarro, los huelo, los beso y los pongo a trabajar. Ya sea que me los pueda poner, usar o simplemente decorar una repisa con ellos, regresan a mi vida. Se encuentra mi antiguo yo, en forma de memorias y sentimientos, con el actual yo, todo experiencia y nuevas perspectivas.

El segundo tipo de recuerdo es aquel que encuentro y me provoca ese mismo cosquilleo en el pecho, esa exclamación de “¡ohhhh, esto!” y me arrebatan una gran sonrisa. Pero, inmediatamente después, lo vuelvo a dejar en su lugar y sé que será olvidado ni bien me encuentre con algo más.

He visto gente dándole demasiado valor a estos últimos. No me malinterpreten, valor tienen, pero ¿tienen un lugar? Los primeros se reinventaron en el tiempo que nos dimos y llegaron a mi presente con una nueva fuerza y propósito; los segundos pasaron como esos amigos a los que uno ve una vez cada tanto y dice “¡deberíamos juntarnos a charlar y ponernos al día!”; amigos a los cuales uno no vuelve a ver luego de eso hasta que ese encuentro se repite, palabra por palabra. “¡Tanto tiempo!”, “¿qué es de tu vida?”, “tenemos que vernos más seguido”.

La vida nos da y nos quita muchas cosas, pero infinitas más nos deja para que nosotros decidamos qué hacer con ellas. A veces es difícil dejar ir, pero he descubierto que, al menos en mí, es una mentalidad muy tóxica. ¿Por qué temo donar este pantalón que hace cinco años no uso? ¿Por qué no quiero tirar esta taza que está ligeramente rota? ¿Por qué elijo usar el cuaderno viejo y moribundo en vez de agarrar esa belleza que compré en un arrebato en mi última visita a una librería?

¿Será que temo no poder reemplazarlas? ¿Será que no confío en que la vida me traerá algo más, algo mejor? ¿Será que temo que el futuro no vaya a ser capaz de proveer con tan buenos recuerdos como estos que ya tengo?

Soy un alma libre y por años los recuerdos me han pesado. Muchos me ayudan a anclarme a tierra, me recuerdan mis orígenes y mantienen mi mente despejada de nubes con castillos demasiado ligeros para ser reales. Pero la mayoría sólo me hunden en pensamientos que no percibo hasta no sentarme a reflexionar en ellos. “Una vez te gastes las páginas del cuaderno comprado en Italia, no podrás reemplazarlo”. No, tal vez reemplazarlo no, pero entonces vendrá uno nuevo, distinto, más acorde a la persona que yo sea en ese momento.

Estoy cansada de cargar memorias llenas de polvo. Estoy cansada de tener que desalojar arañas cada vez que entro en mi interior. Estoy ansiosa de vaciarme, desnudarme y renacer. Estoy ansiosa de ver con qué la vida llenará mis cajones, con qué ropa me vestirá y con qué nuevos recuerdos decorará mi hogar.

Tiraré todo lo que esté roto; representan partes mías que murieron ya. Donaré todas las prendas que me queden chicas; representan todo aquello que no fue capaz de crecer a mi ritmo y que ahora no puede más que ajustarse a mi figura como una camisa de fuerza. Reciclaré todo lo que pueda; mis pertenencias han de renacer si eso está dentro de sus posibilidades, del mismo modo que el sol no es el mismo en cada amanecer ni soy yo la misma persona que fui una vez.

Me desharé de todo. Transformaré todo. Soy un fénix; no me apegaré a viejas cenizas.

Hora de estirar las alas, levantar vuelo y arder.

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Estuve pensando en esto por varios días y lo escribí en un momento de pasión lingüística. Espero lo disfruten y recuerden que, si quieren que pueda dedicarme a esto a tiempo completo y escribir más y mejores artículos, pueden visitar mi patreon para apoyarme económicamente. Un par de dólares al mes pueden valer más de lo que uno cree.

Gracias por su lectura.

Priscilla (Ancient Forest)

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La imagen de la portada pertenece a Shadow-of-Destiny.


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Tu libro no me suena, todavía…

TLNS01
¡Hola, lectores!
Hago una pausa entre publicación y publicación para avisarles que Revolución Reign: Príncipe está participando en el concurso de Jon Icaro llamado “Tu libro no me suena todavía“.
¿De qué trata esta nueva y revolucionaria idea?
TLNS02
Jon estará subiendo los capítulos de los libros que participan en su página y cada semana saldrá el libro con menos votos, por lo que si una lectura los atrapa o quieren ayudar a su autor favorito a ganar, deben votar semanalmente.
Si leyeron Revolución Reign y les gustó, por favor entren a dejarle su voto. Si por un motivo u otro no lo han hecho todavía, consideren esta la perfecta ocasión para descargarlo y hacerlo.
TLNSlibro5
Está en sus manos el ayudarme a ser conocida para más lectores y el darle a Reign la posibilidad de hacer llegar su historia a nuevos e inexplorados rincones de internet.
¿Nos ayudan?
~Priscilla Ferrari (Ancient Forest)


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El arte no está muerto

Soy hija de una artista, así que en mi casa nunca faltaron cuadros y los nombres de pintores famosos siempre sonaron familiares. Muchas veces oía de ellos junto a la palabra “maestro” y mi mente volaba a lo que ellos habrían hecho, siempre imaginando obras mil veces mejores que las que había crecido viendo en las paredes.

Hasta que un día en el colegio me encargaron hacer un trabajo sobre mi pintor favorito. ¡Era mi momento de sacar a relucir mi conocimiento! Con emoción me zambullí en los libros disponibles y el corazón se me rompió.

GUERNICA-DESTACADA

¡¿ESO era de Picasso?!

¡Pero Picasso era un maestro! ¿Dónde está su verdadero arte? Esto es horrible, ¡yo podría haberlo hecho! Mi madre lo idolatraba, así como a tantas otras de mis opciones para ese trabajo a las que descubrí igualmente horribles. No entendía. Ella hacía cuadros mucho mejores, mucho más detallados, más artísticos. ¿Por qué ella se consideraba aprendiz? ¿Por qué decía que todavía estaba aprendiendo y que tal o cual cosa no le salía bien aún? Picasso ni se esforzaba en que un ojo fuese igual a otro y acabó siendo famoso.

Qué injusto era el mundo.

Acabé eligiendo a Dalí, a quien nombré “mi pintor favorito” por varios años porque su trabajo, aunque extraño, tenía mucho esfuerzo puesto en él. Se notaba y eso lo hacía valioso.

Años pasaron y acabé comprando un libro de Miguel Ángel para mi madre, porque sabía que era otro de sus maestros y éste sí que hacía cosas bellas. Lloró cuando se lo di. Así de intenso es el amor al arte en casa.

El libro pasó de una mesa de lectura a la otra y al final cayó en mis manos otra vez. Comencé a pasar páginas y me encontré con El David.

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Era una estatua bonita, bien hecha. Su cabeza, pies y manos estaban fuera de escala y sus ojos daban un poco de miedo, pero se notaba el esfuerzo puesto en él y de eso se trata, ¿no? El esfuerzo.

Comencé a leer la nota junto a él, preguntándome por qué debía importarme esta estatua de un hombre desnudo más que las mil otras iguales, y algo pasó: me gustó.

No la estatua, esa ya me gustaba, sino su no-se-qué. Leí su historia, el contexto, lo que significaba para la gente de Florencia, el valor que tenía para Italia y lo que representaba en el mundo. Decidí darle esa oportunidad al Guernica y lo investigué, y también me gustó. Sí, el arte era raro, pero tenía sentido. Había una idea y un contexto. Me encontré diciéndome a mí misma que no, yo no podría haber hecho eso. Podría haber pintado el cuadro, sí, pero no podría habérseme ocurrido la idea porque yo no tenía ese no-se-qué.

Pero eso era trampa, ¿no? Que te guste una obra por el contexto en el que fue creada no vale. La obra debe poder venderse por sí misma del mismo modo que una película debe ser entendida sin que uno tenga que leerse el libro.

Con el tiempo dejé de pensar en esto y comencé a crear una relación espiritual y emocional con El David. No voy a meterme en detalles porque sino estaremos aquí hasta el Día del Juicio, pero acabó simbolizando tanto para mí que viajé a Italia sólo para conocerlo. Bromeé en la fila de entrada a la Galleria dell’ Academia con que tenía una cita con él. Para mi sorpresa, una mujer me dijo exactamente lo mismo y estuvimos conversando de lo que significaba aquel hombre de piedra para nosotras.

Entré a la Galleria, me quedé una hora sentada frente a la perfección hecha piedra y me horroricé viendo a la gente pasar, hacerle una foto y seguir camino. ¡Gente, por dios! ¡Éste es El David! No hay nada más que ver en la Academia que tenga su magnificencia. La entrada no valdría lo que vale si no fuese por Él. ¿A dónde van con tanta prisa? Si sólo vienen por una foto, la hubieran bajado de internet y pagado a alguien para que los photoshopee encima.

Increíble…

Al salir, regresé a mi hotel para poder llorar tranquila. El sueño que había impulsado gran parte de mi vida había sido concretado y ahora me había convertido en un barco sin velas a merced de un huracán. Me desolaba la perspectiva de regresar a la aburrida y descolorida ciudad en la que crecí luego de estar rodeada de tanto arte, tanta historia.

Decidí no enfrentarme a la realidad todavía y volví a salir de mi hotel. Acabé en la Piazza della Signoria, donde originalmente El David estaba. Allí había una copia exacta. EXACTA. Y nada. Era tan feo y desproporcionado como me había parecido la primera vez que viera una foto de la obra original.

¿Por qué? ¿Por qué el hermano gemelo no tenía el mismo encanto? Ese no-se-qué debía ser el responsable, sin duda, pero todavía estaba fuera de mi comprensión. No lloré al perderlo de vista.

Tras regresar a casa y aceptar que mi amor por esa roca blanca no sería más que una muy silenciosa relación a distancia, encontré algo en internet que volvió a despertar mi interés en entender qué era eso. Era como éste:

ss+(2017-09-11+at+07.16.11)

Me reí un rato. ¡Qué cierto! Pero la sonrisa me duró poco. Para ese momento ya tenía dos libros publicados y me había pasado más de una vez que alguien interpretara algo de mis obras que yo no había querido decir, algo que ni se me había ocurrido inclusive. Pero esa sensación me encantaba. ¿Por qué me estaba riendo ahora?

Fue mi momento ajá. Ese no-se-qué ahora tenía sentido. El arte no está muerto. El arte está vivo, respira, muta. Ese no-se-qué es vida.

Con el tiempo reflexioné en esto y llegué a dos conclusiones: el arte en sí mismo es sólo una parte, y la superficialidad humana tiene más dimensiones de las que había creído.

Sí, esa pintura se ve bien y esta canción es tan pegajosa que la estoy cantando todo el día aunque no le entiendo la letra, pero eso es sólo la vasija, lo superficial. ¿Qué más hay? Coincidiremos todos (o casi todos) que una cara bonita es algo lindo que ver al despertar, pero una relación no sobrevive sólo con eso. Ni la relación dura ni el arte que solamente es bonito sobrevive al paso del tiempo.

Aprendí a apreciar El Guernica y a entender a Picasso como el maestro que es cuando estudié el contexto de su obra. Del mismo modo que uno conoce a una persona durante varias citas y se enamora porque hay algo más ahí. A veces hay tanto ahí que incluso la cara que no nos llamó la atención dejó de ser importante, o capaz incluso llegó a gustarnos.

Antes de empezar a escribir este artículo me pregunté ¿qué es el arte? Para mí, es la representación de una idea, una emoción o una reflexión filosófica. El Guernica es lo que es por la reflexión que representa, por la emoción con la que fue pintada, por la idea que vino a transmitir. Pero… falta algo. Podría explicarle al mundo qué significa ese cuadro y todavía muchos lo encontrarían feo. ¿Por qué?

Bueno, tal vez porque el arte no está muerto. El Guernica es lo que es para mí por mi relación con él. El David me provoca lo que me provoca por lo que significa para mí. No caigamos en lo de las cortinas azules, que el autor no le importe mi emoción ni me conozca no es relevante. El arte está vivo y ES cuando quien lo mira lo hace SER. Eso es lo que faltaba para completar la idea: yo. Tú.

El arte no nació para ser estático, no nació para ser adorado y estudiado como un trozo de tiempo paralizado. El arte nació para relacionarse conmigo, contigo, con su contexto. Significó algo para su creador que no es lo mismo que significa para nosotros hoy. ¿No es eso algo que define a una gran obra, acaso? El Principito tiene su merecida fama porque puedes leerlo a cualquiera edad y siempre te dejará algo diferente, porque la relación que generas con ese montón de palabras que parecen detenidas en el tiempo es lo que da valor al libro, valor que no tendría sólo por existir.

Nuestra relación con el arte es lo que enriquece nuestras almas, es lo que hace avanzar nuestra cultura, es lo que da valor a nuestra sociedad.

Nuestra relación con el arte ES el arte.


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Diario de viaje – Inicios

El año pasado cumplí el sueño de mi vida de ir a Europa (lo que inauguró muchos nuevos sueños). Hice un diario de viaje a cada paso y registré con cuidado todo lo que pensé y sentí. Llegué con la idea de compartirlo, junto a otros escritos, en esta Catedral, pero no fue hasta ahora que encontré la forma en la que quiero hacerlo.

Esta aventura fue un reflejo de lo que yo soy: momentos para encontrarme con mi espiritualidad; pausas para hacer reflexiones filosóficas; horas y horas de arte, cultura e historia. Recortarlo para ahorrarles cada tormenta interna, ya fuera emocional o mental, sería escupir en lo que hizo de esta experiencia algo extraordinario.

Debido a eso es que tomé la decisión de compartir sin mucho orden ni planeación. Podrán leer todo lo que hice, pensé y sentí, algunos de forma biográfica, otros como cuentos, monólogos, reflexiones, etc. Creo que es la única forma de ser fiel a mí misma y en la que puedo hacer que cada uno de ustedes viva este viaje conmigo.

Les dejaré al final mi itinerario porque no planeo seguir un orden cronológico, pero tal vez algunos quieran tenerlo. Espero que este caos no los espante y les resulte interesante. Hay una tormenta dentro de mí y no hay forma de saber qué ráfaga vendrá.

 



Meditaba. Tenía muchos sueños pujando en mi interior, librando cruentas batallas contra mi lado realista y sus experiencias con la decepción.

Meditaba. Necesitaba acallarlo todo. Necesitaba recuperar mi paz y dejar de juzgar mi propia madurez por negarme a abandonar mis sueños de toda la vida.

Meditaba cuando un ser apareció. No tenía un rostro y no se doblegó ante mi pedido de un nombre. Lo bauticé Escarlata, pues ése era el color que emanaba.

-¿Quién eres? –le pregunté. Su respuesta fue la imagen de un inmenso portal de doble hoja del mismo color que su aura. Por sus ranuras me llegaba una luz que cantaba sobre el destino. Mi destino-. ¿A dónde te abres?
-¿A dónde quieres que me abra? –oí su voz al fin. No era masculina ni femenina, era esa vibración pura que caracterizaba a los más elevados seres del plano astral.
-A Europa –respondí sin dudarlo. Una llave apareció en mi mano. Era cálida y latía, como toda posibilidad-. Pero no me animo a ir sola –aclaré-. ¿Puedes ayudarme a encontrar a alguien que cruce tu umbral conmigo?
-No –dijo rotundo-. Debes ser tú, por ti misma, quien dé el primer paso. Nadie puede llevarte a tu propio destino.
-Entonces, no me dejes opción. Haz que tenga que hacer esto y que no pueda postergarlo por miedo. –El aire se llenó de su risa de colores y, cuando volvió a hablar, lo hizo con la diversión todavía tiñendo su voz.
-Eso lo puedo arreglar.



Escribí esto de este modo porque quiero que sean libres de no creerme, pero no quiero fingir que no ocurrió. Escarlata puede haber sido un delirio, un invento de mi imaginación o el fruto de mi desesperación por viajar, pero la realidad es que, un mes después de esa conversación, un amigo me regaló tres mil dólares para que fuera a España a un festival de literatura fantástica. Tenía la fecha fija del evento, a nadie que me acompañara y la imposibilidad de fallarle a este amigo, quien creía tanto en mí, en mi pasión por la escritura y mi capacidad para arreglármelas sola, que ceder a mi miedo hubiera sido un insulto a él y todo lo bueno que él representa en mi vida.

Preparándome para este viaje, lo que más curiosidad me da no son los destinos a los que iré ni las experiencias que tendré, sino quién será la persona en la que esto me convertirá.

Estoy ansiosa por conocerla y ver mi vida desde su perspectiva.

Partí el jueves 28 de septiembre de 2016, sola en cuerpo, pero con tanta compañía dentro de mi alma que es un milagro que el avión despegara cargando tanto peso. Llegué a Madrid el viernes 29 y gasté ese día entre el aeropuerto, el tren y el hotel. El jetlag no me hizo tanto daño como el cansancio propio del viaje, pero al final el resultado fue el mismo: el día se escurrió entre mis dedos.

Mi padre tenía razón: siempre hay que considerar que el primer día está perdido.


 

La tierra en Europa late distinto. El toque de los árboles tiene otra magia. La Pacha en América Latina ha visto mucha sangre derramada y alberga demasiada rabia por no haber podido proteger a su gente. Gaia, del otro lado del mundo, no ha vivido menos aberraciones, pero en su palpitar no está la ira de una diosa violada, sino la luz de un espíritu antiguo que sabe que los tiempos de violencia siempre vendrán después de los de bienestar, sólo para ser reemplazados por nuevas eras de paz que también serán mortales.

Es evidente la misión de la tierra en mi continente natal una vez que se han puesto ambos pies fuera de él. La lucha de los alimentos, los pueblos nativos y las semillas de las plantas olvidadas es muy diferente a la que emana de Europa, donde su presente habla de religión, filosofía e historias que amenazan con repetirse una y otra vez, una y otra vez.

Dos cosas cruzan mi mente: el lazo entre mi misión de vida y la de las distintas tierras del mundo, y las ganas de conversar con un árbol en Madrid. Quiero oír de él una buena historia.

Y tal vez escribir una buena historia.


*Me disculpo de antemano por la calidad de las fotos. No tenía una cámara y la de mi celular trabajó sólo para permitirme registrar pequeños recuerdos. Utilizaré imágenes de Google cuando sea apropiado.


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Olvidados

Hace años, mientras meditaba en una historia, aparecieron dos personajes. Comencé a seguirlos y a dejarlos bailar y canturrear al ritmo de la música que estaba escuchando. Eran las encarnaciones de la Vida y la Muerte, una de las tantas versiones que había armado de ellos, pero esta vez había algo más…

Hacía años no pensaba en esos dos, por lo que esta imagen era más compleja, madura y, a mi parecer, interesante. Tenían una historia que contar, un origen que revelar. Les di tiempo a establecerse en mi interior, visitándolos a través de esa canción cada vez que lo deseaba, y eventualmente decidí que había sido suficiente. Regresé a casa desde mi lugar de meditación habitual y me senté a escribir su historia, pero, para respetar su espíritu, no hice más que tomar nota de lo que me habían cantado tantas veces.

Esta historia acabó formando parte de algo más y hoy día es canon dentro del mundo que creé para mis libros, pero son muy pocos (no solo lectores, sino también personajes) quienes la conocen. Después de años, al fin, decidí compartirla.

Si quieren oír la canción original que detonó todo esto, hagan click aquí. Sé que no es el lamento de guerra que tal vez esperarían, pero así son la Vida y la Muerte: confusas, misteriosas y, a veces, hasta irrisoriamente absurdas.

Los signos + representan el momento en el que los Reyes de los Vivos y la Vida y su hermano, el Rey de los Muertos y la Muerte, cantaban juntos. Los signos – señalan las líneas personales del primero y los », del segundo.

La historia en profundidad la planeo escribir un día, por lo que dejaré los detalles en el misterio y sean libres de rellenar los huecos que esta canción les deje.

Disfruten la lectura (y la música).

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+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería como aquella vez que nací junto a mi sombra.
+Crecíamos juntos, sujetándonos de las manos mientras la alegría florecía entre nosotros, lejos de pensar en la guerra o entender por qué nos separaron un día.
–A mí, mi padre me llevó lejos; me obligó a lamentar la muerte de mi madre y me llenó el corazón con su odio. Me enseñó sobre quiénes me habían quitado a mi sombra y no me dejó elegir qué sentir.
»Por mi parte, con una familia adoptiva crecí sano y fuerte. Me alistaron en el ejército y me dieron una espada; me negaron que hubiera tenido una vez una sombra…
+…y me dijeron que debería estar agradecido de estar en el lado correcto.

+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería para poder recordar cómo era tener una sombra.
+Buscaría poder escribirle una carta para contarle cómo es mi vida ahora.
+Y mientras sigo pensando en aquel deseo, sigo creciendo; oyendo historias de cómo es el mundo mientras las imágenes de la guerra florecen en mi mente, creando una realidad que se impone mientras intento creer que estoy del lado correcto.

–Mi padre pronto falleció, dejándome su casa, una daga y mucho resentimiento. No me dijo qué podía hacer ni cómo debía hacerlo, así que sólo seguí creciendo mientras me preguntaba por qué los injustos ansiaban perturbar mi paz.
»Yo crecía rápido y me ascendían de rango; estaba muy honrado de poder servir a mi gente. Lentamente entendía por qué habían tenido razón y comencé a agradecer estar en el lado correcto.

+Si le fuera a pedir un deseo a una estrella fugaz, sería para poder entender por qué a veces siento que algo me falta.
+Ah, cómo me gustaría poder escribir una carta preguntándolo; pero siento que ya no conozco al destinatario.
+Así que, si realmente fuese a pedir un deseo a una estrella fugaz, tal vez sería para recordar a quién le estoy escribiendo.
+Y que su nombre reemplace en mi mente los ruidos y chispas que estallan cuando dos espadas se encuentran en las batallas que ocurren tan cerca.

»Aquel día una invasión ocurrió en ese pequeño pueblo. Yo estaba emocionado por poder servir finalmente.
–Y pronto vi a aquella persona con mi mismo rostro, y no pude evitar preguntarme por qué; por qué mi sombra estaba en el lado equivocado.

+Nos encontramos en batalla absurdamente y no nos tuvimos piedad.
+No entendía por qué todo se sentía tan mal, pero si no quería morir debía batallar más tiempo que él.
+Quería saber quién era, lo hubiese pedido como un deseo, pero de algún modo sentía que ya lo conocía.
+Cuando dos manchas rojas florecieron a la vez, fuimos tomados por una fuerza mayor y el planeta empequeñeció en nuestras manos, que al fin estaban juntas como cuando éramos niños.
+El mundo se volvió monocromo y una voz nos dijo que, ahora y siempre, debíamos agradecer el estar juntos otra vez.


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Cómo hacer de tu manuscrito un libro – 6: Presentación y venta

Bienvenidos, al fin, a la última parte de “Cómo hacer de tu manuscrito un libro”. Después de cinco clases, ya tenemos nuestro libro editado, física o digitalmente, por lo que la única pregunta que nos queda responder es “¿y ahora qué hago con este hijo que me tomó meses/años parir?”.

Bueno, primer paso:

Inventa una firma (en caso de que no tengas una interesante ya)

¿Te parece inútil este consejo porque no eres famoso ni piensas ir a eventos?  Subestimas a tus amistades. Ya sea por capricho o para venderlo por millones tras tu muerte, insistirán que lo firmes hasta que lo hagas o los quites de tu vida y bloquees de todas las redes sociales en existencia. Así que, a no ser que estés planeando irte a vivir a un templo en el Tíbet, toma un lápiz y ¡practica, practica, practica!

Y ten presente que es posible firmar PDFs también, si digitalizas tu firma. No es difícil de hacer y hay guías a montones, por si no te gusta o no te resulta útil la que comparto. Luego es solo cuestión de añadirla a tu archivo en el lugar indicado. No recomiendo que la pongas en el archivo que subas a Amazon o esa página elegida; si todas las copias digitales existentes están firmadas, será lo mismo que no lo estén. Guarda esto para Patreon, tu lista de correo o aquellos a los que quieras mimar. Sí, no es un gesto digno de las olimpíadas, pero es un detalle que puede expresar mucho si es usado correctamente.

Entonces, libros en mano, firma ensayada, ¿ahora qué?

Un toque personal

Una recomendación de mi parte: quédate con al menos dos ejemplares de tu propio libro. No seas como aquella banda que tuvo que piratear su propio disco porque vendieron todas las copias sin darse cuenta (no, no recuerdo quiénes eran, lo siento).

Y un consejo de Malala Yousafzai (en realidad no fue un consejo, pero amé la idea cuando la vi hacerlo): firma uno de tus ejemplares y dedícatelo a ti mismo. Que sean las palabras que necesites cuando pierdan motivación o las piedras de la vida te hagan tropezar hasta romperte las rodillas. No hay nada como recibir aliento de uno mismo. Después de todo, ¿quién nos conoce mejor?

Distribución

Si tenemos editorial, ellos muy probablemente nos ayuden a llevar nuestros libros a las librerías, pero el porcentaje que nos corresponderá es pequeño. Si pagamos por el servicio, ganaremos el 50% del precio de venta al público; si nos compraron los derechos, estará entre el 17 y 25%.

Pero si llevamos nuestros libros nosotros mismos, tendremos el 70-75%. No hay dueño de librería con el que me haya encontrado que no quiera darle una mano a un escritor de la zona, especialmente uno que tiene una sonrisa, una palabra amable y mucha pasión por su trabajo. Bueno, no; sí encontré una vez un lugar que se rió de mí cuando dije qué porcentaje me correspondía y prácticamente escondió mis libros debajo de una pila después de aceptar (a pesar de que para entonces ya me había arrepentido de pedirlo).

Fue un golpe bajo, sin duda, pero aprendí mucho de la experiencia. Nunca dejes que una librería te pisotee ni te menosprecie; tu trabajo vale y debes hacerlo valer. Así como tuve este desagradable encuentro, también tuve un poster pegado en la puerta de una librería por un mes como publicidad a pedido del dueño, sin costo alguno para mí. Hay gente ahí afuera que quiere verlte triunfar, búscalos y trátalos como a un aliado en la guerra.

Luego de eso es importante avisar a nuestros amigos y seres queridos en qué librerías pueden conseguir nuestro libro si lo buscan o quieren recomendarlo a alguien, pero no pierdas la oportunidad de venderlo tu mismo (si es que decides hacerlo en vez de regalarlo) para obtener así ganancia sobre el 100% del precio final. Puedes también agregar un marcador de páginas personalizado con la dirección de tu página web para quienes se queden a cruzar algunas palabras contigo. Otra vez, no es algo para una medalla de oro, pero es un gesto que hará mucho más personal la lectura de nuestro libro.

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Ten presente que no necesitas pagar a un diseñador para esto ni hacer algo muy complejo. Puede ser un marcapáginas de madera, origami, de tela o de un bello papel estampado en el que escribamos. Elige la opción que combine con tu libro y dale rienda suelta a tu creatividad.

Ahora, hagamos publicidad

Esto es tan sencillo como hablarle a cada persona que quiera escucharte sobre tu libro. Sé de una mujer de mi ciudad (a la que envidio desde lo profundo de mi alma porque esto es algo que yo no podría hacer) que va a las cafeterías y se sienta junto a quien esté dispuesto a dedicarle un momento para conversar sobre sus publicaciones y trabajo, vendiendo así al día tantos libros como yo en un par de meses. Si tienes el carisma, considéralo.

Recurre también a los medios. No hablo de que golpees las puertas de un estudio de televisión (o sí, hazlo, y cuéntame si tuviste éxito), sino de que acercarte a los canales de radio de tu ciudad que tengan programas culturales. Ellos seguramente tendrán al menos cinco minutos que regalarte y nunca les falta interés.

Muy bien, ya tenemos a nuestros amigos hartos y la ciudad empapelada con la portada de nuestro libro, ahora…

Presentemos nuestra obra

No te apresures con este paso. Primero debes buscar el lugar indicado: puede ser un centro cultural, un museo, una biblioteca o incluso la legislatura de la ciudad. Todos estos sitios tienen espacios que abrirán sus puertas de forma gratuita (tal vez te pidan alguna donación en forma de materiales, pero no mucho más) y hasta te ayudarán con la organización. Ten presente que es posible que tengas que reservar el espacio con tiempo y puedes sufrir cambios o cancelaciones, ya que hay muchos factores de peso en la organización general de esos lugares.

Si no quieres tener que lidiar con esas cosas, puedes pagar por un espacio privado o acercarte a eventos literarios específicos, cosa de la que hablaremos en un momento.

Lo segundo que debes hacer es tomarte el tiempo para invitar a tus seres queridos. Ya sea con una llamada por teléfono o con invitaciones formales, si el espacio depende de ti, haz una lista de quienes confirmaron para saber aproximadamente cuánta gente estará presente (y recuerda que tu lista no se corresponderá con los que asistan, siempre faltarán algunos a pesar de haber jurado que estarían ahí). Y sé realista: es tan malo tener cincuenta personas en una pecera como a la abuela sola en un estadio.

Ferias del libro

Esta es otra gran opción y puedes tomarla aunque hayas hecho una presentación previa. Las ferias tienen dos prioridades: los grandes autores que vienen de más allá de la frontera (o la capital del país) y los pequeños autores locales. Con un espacio de media hora o cuarenta y cinco minutos tendrás tiempo de sobra para hablar de tu obra y responder las preguntas del público. La organización, en general, pondrá a tu disposición un micrófono y proyector, además de gente que ayude a calmar tus nervios cuando estés caminando por las paredes cinco minutos antes de subir al escenario (o, al menos, eso me pasó a mí).

Una ventaja de participar en estos eventos que no tendrás en una presentación privada es el alcance a los medios (a no ser que los invites): desde canales de televisión que podrían pasar por ahí a bloggers que anden curioseando. Es muy difícil que nadie te vea en un evento tan grande y con tanta convocatoria.

Si el libro que vas a presentar es para niños, puedes también invitar a escuelas. Muchas de por sí tienen ya planeado asistir, así que tenlo presente al pedir el espacio en la feria: que te ubiquen entre actividades planeadas para escuelas o justo después.

Y ahora, lo único que falta es…

Vender el libro dentro de la feria

Algo muy popular en las ferias son las librerías invitadas, muchas de las cuales tienen descuentos y promociones. Una inmensa cantidad de gente las recorre a toda hora, pero la competencia es masiva porque los dueños de los stands apuntan a llevar variedad en vez de cantidad. Dejar nuestro libro ahí es una opción, pero hay algo mejor: el stand de escritores regionales.

Este es un pequeño espacio donde puedes dejar tus libros e incluso quedarte junto a ellos. Mucha gente se acercará y ahí es donde, otra vez, tu pasión por tu propio trabajo puede hacer una venta. Habla libremente, invita a todos a tu presentación y vende sin vergüenza.

Puedes aprovechar también a conocerte con otros escritores y compartir consejos e información. Algunos te hablarán de oportunidades, otros te desaconsejarán caminos que ellos tomaron y resultaron una pérdida de tiempo y/o dinero.

Estos puestos son fantásticos y, si tu feria no tiene uno, reclámalo. Alíate con escritores que conozcas y junten firmas, insistan al gobierno que les dé ese espacio. En mi ciudad es un stand administrado y cuidado por los mismos escritores. La organización nos deja el espacio con las mesas y nosotros somos quienes vendemos, cuidamos y mantenemos ordenado, turnándonos para que siempre haya alguien ahí.

Las ferias del libro son eventos masivos hechos para conectar a la gente a través de las letras. Aunque sea sólo para pasar a saludar, no pierdas la oportunidad de acercarte cada vez que se realice alguna cerca de donde vives. Nunca sabes qué puertas se pueden abrir.

 

Y dicho esto, ¡llegamos al final! Si tienes dudas, comentarios o pedidos, escríbeme en los comentarios o por privado. Deseo seguir haciendo utilidades para escritores (y ya tengo varias ideas), así que no te despidas de mi página. Si tienes propuestas, encantada estaré de oírlas.

Gracias por seguir este curso y nos vemos en la próxima entrada.

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