La Catedral de las Sílfides

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Revolución Reign: Príncipe – Capítulo 2

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La mañana me recibió con la horrible noticia de que mi madre tenía planes para mí: a pesar de mi mano herida y de lo que dijera mi padre, me forzaría a ir a clases de piano cada día por el resto del tiempo que me quedaba libre antes de comenzar mis otras clases. Protestar fue inútil, por lo que sólo me quedaba una opción.

–Padre –dije entrando en su estudio con confianza, como siempre decía que debíamos hacer por ser hijos suyos. Caminé hasta su escritorio y me paré firme y seguro, mientras esperaba a que me mirara. Finalmente levantó la cabeza y clavó sus fieros ojos en los míos.

–Habla, chico.

–Madre quiere obligarme a tomar clases de piano.

–Lo sé.

–Me había autorizado a dejarlas.

–Las dejarás cuando empiecen tus otras clases.

–Pero…

–He dicho –puntualizó sin piedad–. Ahora largo que tu padre está ocupado.

Me mantuve firme, apretando los dientes y preguntándome qué tanto más podría discutir antes de hacerlo levantarse y golpearme; aunque era poco probable que lo convenciera de todos modos.

Un farseer se adelantó, no como amenaza porque no llevaba armas, sino como recordatorio que tenía poder sobre mí y que me sacaría de ser necesario. Giré sobre mis talones y salí con toda la dignidad que me quedaba. De un manotazo robé un libro al pasar junto a una estantería sin siquiera mirar su título y seguí caminando hasta llegar al salón, donde Northern y Crown jugaban Elemental Dissension.

–Creí que odiabas ese juego –le dije a mi hermanita.

–Sí, pero Crown necesitaba ganarle a alguien para probar otra estrategia.

–Qué abusivo puedes ser a veces, enano –opinó Sorsz echándose sobre el sofá y dejando los pies sobre nuestro hermano.

–¡Quita! –dijo luego de los segundos que le tomó reaccionar y salir de su mundo interior, dándole manotazos en las piernas.

–¿Te sientas con nosotros, Reign? –preguntó Northern con dulzura. Miré a los presentes y me senté: Crown a duras penas hablaba, mi hermanita era tranquila y Sorsz había decidido que ése era un buen lugar y momento para afilar su espada, por lo que estaría tranquilo.

Abrí el libro y me zambullí en él. Resultó ser la historia de una wisper que cruzó las limitaciones de la clase social a la que pertenecía para conquistar al alto lord del que había caído enamorada tras verlo tocar el violín en una plaza. Usualmente no disfrutaba las historias de amor, pero aquella determinada mujer me cautivó desde la primera página. Tenía la lengua muy suelta pero jamás perdía su elegancia y estaba tan segura de poder conquistar al violinista que me hubiese comido el libro página a página si no lo conseguía.

–¿Reign? –llamó mi madre. Nunca significaba algo bueno cuando me buscaba a mí específicamente entre todos mis hermanos–. Ven a tocar el piano para mí.

–Oh, madre…

–¡Vamos! –Como si no odiara mi vida lo suficiente ya, ahora tenía que lidiar con ser esclavo de esa loca mujer. Me puse de pie y Sorsz me dedicó una mirada de lástima.

–Si quieres luego te corto la otra –dijo alzando su espada. Le di la espalda para que no viera que me reía y seguí a mi madre como una rata estúpida a un gato. Tuve que tocar para ella sólo con una mano, pero se mostró complacida a pesar de todo y el mensajero de las infidelidades nuevamente me permitió escapar antes de tiempo.

Los días pasaron sin que volviera a encontrarme al muchacho rubio, pero cada día había nuevas vendas en mi habitación, lo que me indicaba indudablemente que seguía yendo. Intenté ignorar ese hecho tanto como me fue posible, pero entre su presencia fantasmal y las presiones exageradas de mi madre con el piano, no aguanté mucho más.

Rock me recibió en su casa con una sonrisa y preparó rápidamente una habitación para mí. Su hogar era amplio y tenía varias habitaciones, aunque casi todas abarrotadas de instrumentos musicales, piezas de repuesto y elementos para hacer su trabajo de reparación. Siempre había polvo por todos lados, pero no me molestaba, ni eso podía tapar el olor de la madera y los aceites que usaba para mantenerla que tanto me gustaba. Además, irónicamente, su hogar siempre era tranquilo y silencioso, ya que vivía solo.

Felizmente disfruté la comida, la paz y los caprichos que me cumplía mi cuñado, como mentirle a mi madre para que no me molestara o comprarme pan de queso en la panadería que estaba cerca de su casa. Pasaron así varios días sin problemas y logré terminar de leer el libro de la dama wisper, quien consiguió a su hombre; luego comencé a aburrirme.

No tuve sueños mientras estuve en casa de mi cuñado, pero dos por tres algún que otro pensamiento indeseado me asaltaba. Aún no entendía por qué aquel chico había puesto tanto esfuerzo en cuidar mi mano y eso me desesperaba. ¿Qué quería? ¿Qué esperaba conseguir al atender mi herida y arriesgarse yendo hasta mi habitación en el castillo para dejarme las vendas? ¿Por qué era tan importante? Podría haberse ganado otra paliza haciendo eso y no me quedaba duda que lo tenía bien claro.

¿Querría acercarse un poco y, cuando ya me tuviese confiado y con la guardia baja, vengarse cruelmente por no haberlo ayudado cuando lo atacaron los guardias? O tal vez hubiese oído el rumor que iniciara el conde Sandcastle sobre mi sexualidad y yo le gustase.

–Reign –golpeó Rock mi puerta–, Star y yo vamos al teatro, suponemos que no quieres venir. –¿Otra vez? ¿Cómo podían soportarlo?–. ¿Reign? Ya estamos llegando tarde.

–Supusieron bien –respondí sin dudarlo–. Vayan sin mí.

–Está bien, tú te lo pierdes, kelpie. –Lo oí alejarse y cerré los ojos. Kelpie. Él me había puesto ese apodo en honor a aquellas bravas y territoriales criaturas acuáticas a las que se suponía que yo me parecía tanto. Sonreí y me permití dormitar un poco.

Comencé a ver agua, todo estaba tranquilo. Había kelpies y quería acercarme a verlos. Sabía que era estúpido, pero para estupideces…

Salí de mi ensueño de pronto y me senté, algo en mi mente acababa de encajar y tenía una idea que me resultaba difícil creer que no se me hubiera ocurrido antes. Casi sin darme cuenta estaba yendo al teatro, queriendo no llamar la atención pero difícilmente conteniendo la emoción que me generaba. Llevaba mucho tiempo sin sentirme así.

Las puertas principales estaban ya cerradas, por lo que tuve que rodear el lugar hasta encontrar la que creí que sería la entrada del personal. Di varias vueltas dentro del teatro hasta finalmente llegar al área oscura que me indicaba que estaba detrás del escenario, y de ahí pasé fácilmente al cuarto iluminado donde guardaban la ropa de los artistas.

Como pensé, entre todos los disfraces, trajes, vestidos, máscaras y sombreros, estaba mi misterioso perseguidor con la guardia baja. Tan baja que, de hecho, dormía. Su expresión delataba que posiblemente no hubiese dormido la noche anterior, por lo que apenas apoyó la cabeza sobre la mesa, debió caer en sueños. Hubiese reído a carcajadas.

¿Cómo no se me había ocurrido antes? Él trabajaba allí y era el lugar obvio para encontrarlo. Siempre parecía que nos cruzábamos cuando él quería y eso le había dado un gran poder sobre mí, pero ya no: ahora era yo el que estaba en la posición de control.

Me tomé mi tiempo para moverme. Disfruté profundamente el verlo tan indefenso y pensar cómo reaccionaría en cuanto lo despertara. Quería hacer algo ingenioso, que abriera los ojos y se quedara helado por verme a cargo de nuestro encuentro. Pensé varias opciones y me decidí, pero cuando fui a dar un paso alguien se me adelantó: uno de los guardias de mi padre, el único que además se había ganado el título de farseer.

Miraba al joven como si fuese una presa a la que podría despellejar y comer. Una voz de alarma gritaba en mi mente, pero no sabía qué hacer; ese hombre era uno de los pocos inmunes a mis órdenes y no había nada que yo pudiese hacer sin meterme en graves problemas.

–Lord Reign –dijo al verme. De algún modo me encontré parado entre el chico y el guardia y me quedé allí, mudo y aterrado pero estúpida e instintivamente valiente. Mi corazón estaba desbocado, pero esta vez no correría, ni tampoco ignoraría lo que estaba por ocurrir–. ¿Qué hace aquí? –No respondí, en cambio, miré atrás sin perder de vista lo que tenía en frente–. Es un criminal, milord. Tengo órdenes de llevárselo a su padre.

–No.

–¿No?

–No –repetí. El farseer meneó la cabeza.

–Pensé que usted era listo –dijo como si lo lamentara. Avanzó un paso y yo llevé lentamente mi mano hacia atrás hasta tocar al joven y agitarlo hasta despertarlo.

Se resistió, por lo que me esforcé en obligarlo a erguirse sin girarme para no perder de vista al guardia. Se desperezó lentamente mientras me veía obligado a cubrirlo cada vez más.

Finalmente lo oí bostezar y levantarse. En un instante entendió lo que estaba ocurriendo y agarró en su puño la manga de mi camisa. Extendí ese brazo para indicarle que esta vez lo protegería y corrió, pero el guardia era rápido y no tardó demasiado en cubrir la distancia que nos separaba.

Me aparté para dejarlo pasar, pero puse mi pie para hacerlo caer y darle unos segundos más al fugitivo. Sabiéndolo perdido, el farseer se puso de pie y me enfrentó. No esperaba eso.

–Es terrible que el hijo del duque proteja a un criminal –su voz calma se oía rabiosa y sus ojos se habían vuelto asesinos–, pero es peor aún que muera asesinado en las manos de aquel traidor al que intentó proteger. –Desenvainó su arma y dio varios pasos hacia mí. No era cierto, ¿verdad? Me merecía un golpe por lo que acababa de hacer, lo sabía; pero ¿matarme?

Mantuve distancia y esquivé dos cortes amplios. ¿Qué estaba pasando? ¿Eso era real? ¿De verdad iba a matarme? ¿A mí? Esquivé otro ataque y el chico rubio apareció detrás del farseer. Con un movimiento rápido agarró la vieja silla en la que había estado sentado y le destrozó la espalda con un golpe fuerte. Luego corrió hacia mí y me agarró de la muñeca para alejarme de allí, ya que no reaccioné a su primera orden de “¡corre!”.

No entendí qué acababa de pasarme hasta que nos detuvimos y el muchacho literalmente me cacheteó para hacerme reaccionar.

–¿Reign? –exclamó mirándome a los ojos–. ¿Sigues aquí?

–S–sí –balbuceé.

–Creo que no nos sigue. Vamos.

Miré atrás y noté que no reconocía el lugar, no sabía dónde estaba ni cómo hacer para volver. Pero ¿podría volver? ¿Por qué me había atacado el farseer? Sí, me había interpuesto entre él y su presa, ¡pero yo era el hijo del hombre que le pagaba! ¿Matarme a mí? Cuando mi padre se enterara le rompería el cuello y lo sabía, entonces ¿por qué?.

–¡Reign! –Oí que me llamaban otra vez y reaccioné a tiempo esta vez–. Vamos.

–¿A dónde vamos?

–A pedir ayuda –dijo avanzando con determinación. Sin duda conocía esa área por lo que no tuve más opción que seguirlo.

Entramos en una tienda de arte, pero así como el vendedor alzó la cabeza al oír la puerta, la volvió a bajar al vernos. El joven me guió a la parte trasera y movió un gran lienzo que ocultaba una vieja y modesta puerta. Pasó primero, asegurándose de que lo seguía y cerraba la puerta, y continuó avanzando por un camino que tenía memorizado.

El lugar era extraño: nada decoraba los muros y pequeñas salas que cruzábamos más que sillones viejos y mesas ladeadas; pero, curiosamente, los hechizos de luz eran nuevos. Mi guía golpeó a una puerta y un hombre se asomó, pero sin necesidad de pedírsele nada, indicó a alguien más que estaban buscándolo.

Viendo los hombres de cuerpos fuertes y expresiones desconfiadas que recorrían los pasillos, ciertamente me quitó el aliento la persona que cruzó la puerta.

–¿Star?

–¿Reign? –Me miró con horror, luego al rubio–. ¿Qué hace él aquí?

–Nos estaban persiguiendo, teníamos que escondernos.

–¿Y lo trajiste aquí? –Le gritó consternada–. ¡Te dije, Path! ¡Te dije que lo dejaras de buscar! ¡Te dije que sólo nos traería problemas! ¿Por qué no eres capaz de obedecer una orden tan simple?

–¡Yo no fui, él apareció en el teatro! Yo estaba trabajando.

–Es verdad –me adelanté–, yo quería hablar con él.

–¿Por qué? ¿Qué sabes de él? –me acusó. No supe qué decir; jamás creí que esa muñeca bonita pudiese tener un lado tan feroz.

–¡Star, nada! –habló por mí el joven llamado Path–. No le he dicho nada.

–¿Entonces por qué fue?

–No sé, pero no importa, salvó mi vida de uno de los farseers.

–Y él la mía –agregué. Star suavizó su semblante y nos miró preocupada.

–Entonces el farseer los vio juntos. ¿Quién era?

–Snow –respondí rápido. Ambos me miraron y me encogí en el lugar.

–Lo golpeé, creo que se desmayó… Tal vez aún esté en el teatro.

–Bien –miró a su alrededor–. ¡Salute! –Llamó a uno de los hombres que estaba cerca.

–Órdenes, miladi.

–Ve al teatro Blue Banshee y busca al farseer Snow. Tiene información que no debe compartir con nadie y bajo ningún motivo debe llegar a mi padre.

–Entendido –reverenció y salió a toda prisa.

–Y tú –apuntó amenazadora al rubio–: Snow muere por tu culpa, espero lo tengas claro. –Él bajó la cabeza–. No dejes que Reign se vaya sin tener noticias de Salute. Si mi padre se entera de esto lo tendremos que tener encerrado aquí y no será sin que se resista.

»Y dejarás el trabajo en el teatro.

–¡No! Necesito el dinero y no quiero que tú me lo des.

–Entonces sufre tu estupidez. No importa si Reign fue a buscarte esta vez, jamás debiste dejar que te vieran. –Me miró tan severa que me resultó imposible reconocerla–. No hagan más idioteces –nos dijo y volvió a entrar a la sala de la que había salido.

¿Qué acababa de pasar? ¿Ésa había sido Star? ¿Star había mandado a matar a alguien? ¿Star? ¿Mi amable y muy ingenua hermana? ¿Qué clase de mundo era ese en el que acababa de caer? Agité la cabeza para despejarme, me sentía mareado y a punto de vomitar.

–¿Tienes hambre? –me preguntó el chico–. Yo sí, ven conmigo. –Tomó mi mano y me arrastró sin esperar respuesta.

Dudé sobre qué hacer: era tonto negar que necesitaba respuestas y él era la fuente de información más cercana y accesible que había, pero quería irme. Aunque si realmente dejaba su trabajo en el teatro, y luego del regaño por buscarme, sería extremadamente difícil volverlo a encontrar. Decidí que me quedaría, pero quería que me soltara. Abrí mi mano y no reaccionó; parecía estar muy lejos, en un pensamiento profundo y oscuro.

El comedor era pequeño, con el techo demasiado bajo y varias mesas muy cerca una de la otra. Path fue hasta una barra y pidió allí algo mientras yo sostenía la mirada de los hombres que habían decidido que yo era digno de una pausa entre bocado y bocado.

–¿Quieres algo? –me preguntó el rubio. La vitalidad que siempre le había visto en sus chispeantes ojos lo había dejado. Parecía que se partiría si le hablaba demasiado fuerte.

–Té –respondí sin pensar.

–Y un té –le dijo al hombre del otro lado de la barra, luego rebuscó su bolsillo y pagó.

A los pocos minutos recibió una taza y un cuenco con varias legumbres y pequeños trozos de verduras, y se encaminó a una mesa. El lugar estaba casi vacío por lo que se sentó en el primer sitio que encontró y me tendió el té. Una joven de la cocina salió a dejarle agua y un trozo de pan, lo cual agradeció con una amplia sonrisa, aunque no pudo esconder esa expresión moribunda.

–Mi última comida decente en mucho tiempo –suspiró. Lo miré extrañado–. Tendré que dejar el teatro, ¿no? Sin trabajo, sin dinero, sin comida. –En realidad lo que me había sorprendido era que llamara a eso “decente”, pero me pareció grosero expresarlo en voz alta.

–Gracias por volver y salvarme.

–No podía dejarte ahí, tus posibilidades de defenderte son las mismas que las de un conejo con una sola pata. No me mires así, sabes que es cierto.

–Supongo. –No podía decir que no tenía razón, pero tenía derecho a ofenderme.

–Y gracias a ti por salvarme en primer lugar.

–Estaba en deuda por lo de la mano.

–Ah, sí –sonrió. Bebí un sorbo del té y tosí: eso era un insulto de té. A duras penas lo hubiese llamado agua con tierra. Aparté la taza y rebusqué las palabras; luego, se las arranqué a mi receloso guardián interior.

–Lo siento –dije–, por no haber hecho nada para ayudarte la primera vez.

–¿La primera vez?

–Cuando te golpearon en el castillo hace un poco menos de medio año.

–Ah, eso… No hubieses podido hacer nada; no sin ponerte a ti mismo en peligro. Ya viste lo que ocurrió ahora. –Volvió a concentrarse en comer y me quedé callado. El farseer había intentado matarme y ahora entendía sus palabras finales: iba a decirle a mi padre que Path había sido quien lo hiciera–. No te preocupes por Star –dijo luego de unos minutos–, no estaba realmente enojada.

–Nunca la había visto así.

–Tenía miedo. Ella no quería involucrar a nadie de la familia. –¿Involucrar en qué? No pregunté y bebí un poco más de té: todo indicaba que Path tenía problemas económicos y hubiese sido realmente desagradable que desperdiciara algo que él había pagado para mí, por más horrible que fuera.

–Snow… ¿De verdad ese hombre lo va a matar?

–Si tenemos suerte. Si escapa y le dice a Throne que nos vio juntos y que nos protegimos las espaldas, tendremos serios problemas.

–¡No estoy de acuerdo! ¡Es mi padre, nunca haría eso! Sé que es prepotente y egoísta con los empleados… y no trata bien a mi madre, pero a mis hermanos y a mí nos cuida mucho. Cuando se entere de que Snow intentó herirme lo castigará severamente. No importa lo que el farseer le diga, me creerá a mí. –Path me dedicó una expresión incrédula–. No en todas, pero sí de muchas formas él es un buen padre, de verdad. –Esta vez la respuesta fue una sonrisa melancólica.

–No con todos nosotros. –Me miró y se irguió–. ¿Qué? ¿No notas el parecido? –Bromeó. Alcé una ceja y me aparté como si me hubiese mostrado algo horrible.

–No. Mi padre no… tal vez mi madre, pero mi padre definitivamente no.

–Lamento ser el emisario de tu despertar, hermanito, pero eventualmente tenías que saberlo. Throne no es un buen padre y si te da la sensación de que lo es, es sólo porque sabe mentir muy bien. Tu madre no es la única que fue engañada.

–¡No!

–No tienes idea de lo mucho que te ha ocultado. A todos. Ars Vigil en su poder es un niño ciego, sordo y además estúpido. –Se veía seguro, pero aceptar lo que decía sería aceptar que yo era parte de ese colectivo ignorante, y eso no pasaría.

–¿No puedes estar equivocado? Es que mi padre… –Me detuve. Su expresión era casi de compasión. ¿Tan tonto me veía?–. No te pareces a mí.

–No, me parezco a mi madre, Leaf.

–No conozco a ninguna lady Leaf. –Rió. ¿Por qué todo era motivo de burla?–. ¿No hay alguna posibilidad de que tu madre se haya confundido y que no seas hijo de mi padre?

–No. –¿Acaso no existía la duda en ese chico?–. Tampoco me hizo feliz saber que él era mi padre si eso te lo hace más llevadero.

–No. No entiendo por qué mi padre engañaría a mi madre. No tiene sentido. No.

–Eres mucho más amable de lo que Star me había dicho –sonrió. ¿Yo? ¿Qué había dicho de amable?–. Algunas personas no tienen un porqué, Reign, simplemente… son.

–¿Y tú qué eres?

–¿Yo? –Lo pensó un momento–. Un optimista, tal vez. Es algo que Star nunca entendió de mí y por eso se enoja cuando me arriesgo por ir a verte a ti o a los demás. Por el bien de la familia ella haría lo que fuera, incluso vivir en el exilio, pero yo no puedo hacer eso. Yo no puedo saber que tengo cinco hermanos y no querer verlos.

»He crecido solo, como hijo único de una madre soltera… Es estúpido pensar que voy a poder seguir viviendo esa mentira. Algunos días los veía a todos juntos, tal vez no haciendo lo mismo, pero estaban juntos… Sorsz afilando su espada, Crown con sus juegos, tú con tus libros y las chicas haciendo música. ¿Qué clase de persona podría mantenerse al margen de eso? A duras penas me bastaba mirar de lejos, algunos días mis amigos me obligaban a alejarme porque no podía parar de llorar, pero ¿cómo? Cinco hermanos viviendo tan cerca y yo sintiéndome tan solo. –Clavó ambos codos en la mesa y se cubrió los ojos con las manos entrelazadas intentando controlar las lágrimas que comenzaban a caérsele.

Me desesperaba no saber qué hacer. Mis habilidades sociales eran más de mentira que el unicornio de seis patas que mi hermanita había jurado ver una vez.

Luego de unos momentos se enjugó las lágrimas y me miró. Sentía que arrancaba mi corazón y lo pisoteaba con fuerza. No fue difícil saber que se sentía igual y tal vez hubiese sido así desde hacía mucho.

Extendió un brazo hacia mí y me rodeó el cuello. A pesar de que estaba la esquina de la mesa entre ambos, logró acercarme lo suficiente como para abrazarme, y lo hizo con tanta fuerza que me pregunté si a pesar de sus palabras no había rabia hacia mí en su interior.

Sollozó y entendí que era diferente. Ése era el cariño violento con el que la hija del conde Grated trataba a su gato: un amor tan intenso que no bastaba con un simple abrazo, tenía que estrujar a la pobre criatura hasta hacerla suplicar por ayuda, y Path necesitaba expresarme su amor con tanta urgencia que me podría haber partido los huesos.

Luego de unos momentos se apartó y con una mano me acomodó el cabello con una ternura casi paternal. Luego se acercó a besarme la frente y volvió su atención a su plato a medio acabar.

–Lo siento –dijo–, acabo de recordar que Star dijo que no te gusta que te toquen.

–Está bien. –¿Por qué? ¿Por qué no me había molestado? Lo entendí rápido.

Cuando el cariño venía de mi madre era posesivo, como el de un amo a un esclavo; en cambio Path me había abrazado como si acaso yo valiese oro en su vida.

Me estremeció un escalofrío. ¿Realmente Path había pasado tanto tiempo añorando tener a un hermano cerca? ¿Realmente estaba tan solo? ¿Realmente podía amar tanto y tan sinceramente a alguien con quien jamás había compartido nada?

Suspiró y noté que ya no tenía hambre, pero no iba a desperdiciar “su último plato decente”, por lo que se obligó a seguir comiendo. Lo miré en toda su angustia y nada de vergüenza de expresarla, y en algún lugar de mi ser supe que no me había mentido.

–Así que… –intenté comenzar otra vez la conversación. Nuestros silencios se extendían demasiado–, lady Leaf…

–Leaf –corrigió–, sin el “lady”.

–Ah, entiendo –así que no era noble. Resultaba lógico considerando que su hijo no parecía tener demasiado en los bolsillos–. ¿Cómo es ella? –“¿Está tan loca como la mía?”.

–Es… alegre y muy bonita. –Parecía una rama seca a punto de partirse. Dejó la cuchara y apartó el plato. Tal vez esa no había sido buena elección del tema de conversación, pero no sabía qué más decir, no recordaba la última vez que yo voluntariamente hubiera intentado sostener una conversación con alguien.

–Aquí estaban –dijo una voz familiar y sentí una mano en mi hombro. La boba sonrisa de Rock me desconcertó. ¿Cómo? ¿También él era parte de todo aquello?–. ¡Reign! –exclamó aterrado–. ¡Hiciste llorar a Path! No, calma, calma –rió y me palmeó la espalda–, no es algo muy difícil de hacer. –Se sentó frente a Path en la mesa–. Path llora más que una fuente.

–¿Y el guardia farseer? –Le preguntó.

–Muerto. Estaba inconsciente en el teatro, intentaban despertarlo, pero Salute llegó antes de que lo lograran.

–¿Entonces me puedo ir? –pregunté. Rock dudó.

–¿Qué tanto hablaron?

–Sobre quién soy, nada más.

–Pero quiero saber más –me apuré a decir–, por favor –agregué para no sonar tan prepotente. Con Rock eso no servía–. Path dijo que mi padre nos mataría a ambos si se enteraba que nos conocíamos. No estoy de acuerdo. Quiero saber por qué él dijo eso y por qué me miraba como si yo fuese un idiota –ladré. ¿Por qué de pronto estaba tan irritado? Rock y Path se miraron un instante y finalmente mi nuevo hermano agarró su plato otra vez.

–Habla tú –le dijo a mi cuñado mientras volvía a comer. Él me miró.

–¿En serio quieres saber? Considera que luego tendrás que volver a tu vida. ¿Podrás seguir siendo quien eras cuando tengas la información que no tienes ahora?

–¿Cómo saberlo si no lo sé? –respondí. Path sonrió.

–Inteligente –apuntó Rock, luego volvió a enseriarse–. Escucha, kelpie, sé que luchas contra tu propia existencia a diario y a nadie le molesta eso porque es tu vida y eres libre de hacer con ella lo que quieras; pero si te muestro la realidad que te estás perdiendo, ¿podrás sentarte a la mesa con tu padre y no delatar a todos los que estamos intentando develar esa verdad? Un solo día de tu mal humor podría destruir todo lo que hemos logrado hasta ahora.

»Si crees que eres capaz de fingir una sonrisa inocente como Star y estás dispuesto a guardar nuestro secreto, lo compartimos contigo; si no, no te diremos nada y sólo tendrás que guardar el secreto de este lugar y de tu medio hermano.

–Entiendo. –Starling había mandado a matar a Snow y su orden fue cumplida en unos cuantos minutos. Si yo metía la pata, ¿qué me haría a mí? Path había dicho que ella haría lo que fuera por sus hermanos, pero de pronto era una completa desconocida. De todos modos… ¿podría salir de allí y volver a mi vida sabiendo que había algo más? ¿Podría vivir en una ignorancia voluntaria?–. ¿Tú qué quieres? –pregunté a Path tocando su brazo.

–¿Yo? ¿Para ti? –Me miró sorprendido.

–Sí. –Lo pensó un momento y se encogió de hombros.

–No sé, lo que quieras. Me gustaría seguir viéndote, pero para eso no hace falta que sepas qué ocurre aquí.

–Entonces no quiero saber. –Me levanté–. Y quiero irme ahora. –Miré a Path, iba a pedirle que me diese espacio, pero sus ojos de súplica me mataron–. Sabes encontrarme –le dije y me apuré a salir del comedor. Había avanzado bastante por el pasillo cuando me detuve y dejé pasar a Rock. Fue un alivio ver que sólo él me había seguido.

–Eres lindo cuando eres débil.

–No soy débil –rezongué–. Suficiente con saber que mi padre tiene un bastardo, quiero lidiar con eso antes de enterarme de nada más.

–No me refería a eso y lo sabes, kelpie. –Me crucé de brazos, ofendido y me mantuve en silencio–. Pero he de decir que de todos, me alegra que seas tú quien se haya involucrado. Star cree que ella debería bastarle a Path, pero no entiende que él no necesita una mujer que lo cuide y persiga, necesita hermanos con los que hablar de la vida y poder contarse secretos sin miedo a ser regañado. Creo que tú y él se harán grandes amigos por eso. Y no puedo esperar a ver lo mucho que crecerás teniendo a alguien como él a tu lado.

–No he dicho que lo acepte. Sólo que puede buscarme. Descubrirá cómo soy y se apartará. Ahora sólo quiere estar cerca porque tiene una imagen irreal de mí.

–No sé, kelpie, no sé. Path a veces parece poder ver a través de las cosas.

–Yo no soy una cosa.

–Pero tu máscara sí.

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Capítulo siguiente: https://lacatedraldelassilfides.wordpress.com/2016/02/09/revolucion-reign-principe-capitulo-3/

 

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