La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento

Un nombre al azar

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–Gäelum –murmuró el rey para sí mismo, cómodamente sentado en el trono del duque mientras éste y su familia lo rodeaban–, ¿de dónde viene?

–Es una reinterpretación del viejo nombre de la ciudad, “Kaetsum” –respondió el duque.

–Significaba “montaña brillante” en Angok –agregó la duquesa.

–No me gusta –dijo Isaac–. Es muy largo. ¡Gäel! Eso es; breve, intenso, poderoso. Cuatro letras son más que suficientes para un nombre.

–¿Está seguro, majestad…?

–Sí. Iniciamos una nueva era y necesitamos una nueva energía. Los nombres definen quiénes somos y no quiero que ustedes sean una reinterpretación de una ciudad muerta. Gäel es un buen nombre.

–Pero cambiar un nombre por capricho…

–Me gusta –acotó uno de los hijos del duque, sentado en el piso–. Y no creo que sea un capricho, el rey tiene razón: los nombres portan energías y a veces esas energías pueden debilitarse por su vejez y anclar a su portador en el pasado. Seguramente los dioses nos renombrarían si viviésemos tanto como una ciudad, por los mismos motivos. ¿No hacen algo así los alas’arr?

–Me gusta este chico –dijo Isaac señalándolo–. ¿Es su heredero, lord Garden?

–No, Dragon es mi heredero. Silent es mi segundo hijo.

–Una lástima… –Miró otra vez al muchacho–. ¿Te gustaría trabajar para mí?

–Sería un enorme honor, majestad, aunque se suponía que serviría de banderizo para mi hermano.

–Bueno, considéralo. Quisiera tener una entrevista contigo cuando termine de reordenar a mi gente.

–Lo tendré en consideración.

–¿Ha pensado en algún nombre para el nuevo reino, mi rey? –preguntó la duquesa–. En caso de que los lores Veneno y Card acepten su propuesta.

–Aún no…

–Debería ser un nombre poderoso y con autoridad –habló Dragon por primera vez–. Así como Bellion lo fue.

–No, Bellion hablaba de guerra y convulsión –opinó el duque–. El nuevo debería ser un nombre que hable de la paz y estabilidad que nuestro rey traerá a estas tierras, del comienzo de una nueva era. Puedo verlo, somos el principio de algo grande.

–En el principio estaba la Palabra… –murmuró Isaac para sí mismo.

–¿Majestad?

–Génesis. El nombre será Génesis.

——————————-

“Kaetsum” fue mal escrito en algún momento de la historia, olvidando un escriba hacer el palito de la T, convirtiéndola en L. “Kaelsum” a “Kaelum” por mala pronunciación y eventualmente fue convertido a “Gäelum” con el pasar de los años. Estas mutaciones son increíblemente comunes en todos los idiomas y, sí, la mayoría se dan por errores de escribas, hablantes nativos analfabetos o extranjeros con fuertes acentos.

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