La Catedral de las Sílfides

siéntate a oír las historias del viento

Sueño: Sobrevivir

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Corrí. Por suerte estaba sola y sólo tenía que cuidar de mi propio pellejo.

La gente que quedaba era poca y encontrar aliados se había vuelto difícil. Junto a mí corrían dos chicos jóvenes que parecían tener algo planeado. Me puse alerta y decidí sumarse a su plan, fuese cual fuese, si eso lograba salvar mi vida.

Los chicos se preguntaron si estaban listos o no y saltaron al techo de una pequeña caseta de madera que parecía haber sido el hogar de una virgen que ya no estaba allí. Salté también y nos aferramos con fuerza mientras el agua la arrancaba de la tierra y la convertía en nuestro bote de salvación.

Llegamos así a un edificio donde la caseta se trabó y amenazó con dejarnos ahogar. Nos sujetamos a unas barandillas metálicas en la última construcción que parecía en pie y nos encontramos allí con una jovencita aterrorizada y un hombre mayor sin fuerzas.

Todo había sido tan arduo. Deseaba dormir, así fuera entre los peces y para siempre. Abrí los ojos pesadamente y vi una inscripción grabada en una saliente blanca: “aquí me dejé morir en la mañana del día…” y una fecha a la que no di importancia. El cadáver de la mujer, seguramente autora de esa frase, flotaba junto al muro, ahogado.

Tomé aire. No me iba a morir ahí. Había aguantado tanto, no me iba a rendir así. En honor a esa desconocida, yo me iba a salvar. Trepé las barandillas y los jóvenes me siguieron. La chica, aterrada, se apresuró a moverse también y el hombre, obteniendo fuerzas de algún lugar misterioso, nos siguió.

Llegamos a una pequeña colina de césped verde. Había una mesita de madera de esas que uno ve en una zona de acampada y muchas plantas. Detrás de una fila de árboles se dejaba ver una casa precaria seguramente abandonada. Levantando la vista se veía una cadena montañosa con las puntas bautizadas con nieve.

-Miren, una cordillera –dijo el hombre.
-Han de ser los Alpes –respondí haciendo un mapa en mi mente. No recordaba otra geografía así cerca de Alemania que no fuese ésa. El agua realmente nos había arrastrado mucho.

Uno de los dos jóvenes se alejó corriendo hacia la casa mientras su compañero y la jovencita se dejaban caer en el césped.

Me di la vuelta y me deslicé por una pendiente que había creado un camión abandonado allí cerca. Llegué rápidamente a una zona detrás de la construcción blanca, de donde habíamos venido.

Allá lejos se levantaba un muro de agua de varios metros que hacía de cascada, seguramente hubiera alguna construcción humana haciendo el trabajo. Oleadas iban y venían. Todo estaba en silencio. Miré a la distancia y no había nada más que agua y cielo. El horizonte se había fundido entre ambos azules y me pregunté cómo era posible ver ese paisaje estando a la mitad de Europa; pero una ola un poco más grande que las demás alcanzó mis pies y regresé por temor, con mis rodillas acariciadas por esa fuerza de la naturaleza.

El hombre ahora estaba caminando hacia la casa, pero nada más había cambiado.

Levanté del piso dos macetas con bellas plantas y las puse sobre la mesa. ¿Quién cuidaría de ellas ahora?

Desperté a los jóvenes en el piso.

-Arriba, hay que subir la montaña –ordené a aquellos desconocidos. No quería estar a niveles bajos cuando una segunda ola masiva se aventurase a terminar de conquistar la Tierra.

Soñado la madrugada del 25-03-12

~Ancient Forest

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