La Catedral de las Sílfides

Ven a oír las historias del viento

Plegarias (primera parte)

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El joven miró al cielo, fundiendo el brillo de su mirada con la luz que los hermanos nocturnos emanaban desde el otro lado del universo.

-¿En qué mundos vaga su mente ahora, Disantaea-neb?
-¿Cuál es el más lejano? –Murmuró en respuesta sin regresar a la realidad, luego frunció el ceño-. ¿Crees que los sahídires estén viendo el mismo cielo?
-Ha de ser aún de día en la Tierra Hogar.
-¿Tan distante es? –Preguntó volviendo la cabeza. Las plumas oscuras que entornaban su rostro relampaguearon con la luz de la luna.
-No tan lejos, Nesu.
-Pero no podemos llegar allí –se lamentó meneando la cabeza. El silencio se apoderó de ambos durante un tiempo que se alargó enormemente, hasta que finalmente el boháiride mayor se levantó. Abrió su pecho al echar sus hombros hacia atrás y extendió sus brazos hasta su límite. Luego volvió a encogerse en su lugar y a recuperar su expresión melancólica-. Iré a rezar –dijo como si se lo ordenase a sí mismo. Reaea afirmó; Disantaea era el único que aún no perdía la fe, pero sabía que cada día sus plegarias eran más huecas. Pronto llegaría el día en el que ni él sería capaz de mantener la fe en el único dios con un rostro conocido en aquel mundo extraño, y no había día que el pequeño boháiride plateado temiera más.

Disantaea agitó los brazos y sus largas y delgadas manos se convirtieron en inmensas plumas cobrizas, extendiendo sus alas lo suficiente para aguantar el peso de su cuerpo. Esperó un momento, como si algo más buscase ser dicho por él, pero finalmente avanzó un paso y se dejó caer. Casi de inmediato reapareció en un elegante planeo, atrapando el viento bajo su cuerpo; y se adentró en la seguridad de la noche que simpatizaba con el oscuro plumaje que cubría el resto de su cuerpo.

Reaea atrajo sus piernas contra su pecho y las rodeó con sus brazos emplumados, luego escondió su cabeza entre sus rodillas y se animó a volver a alzar su rostro sólo cuando su corazón estuvo lo suficientemente desnudo, como la tradición en su sangre se lo exigía. Unió sus manos, entrelazando cuidadosamente sus dedos en señal de sumisión y miró a la distancia.

-Entre mis padres y mis hijos –susurró-; entre el cielo y la tierra; yo aquí, a quien han llamado Raeia, pido que mis palabras sean oídas –las comisuras de sus labios cayeron y de sus ojos manaron lágrimas-. Por favor hagan que el gran Fayenza oiga a Nesu… por favor, que oiga a Disantaea-neb –sollozó-. Queremos volver a casa, Fayenza. No ignores nuestras súplicas ya más.

Enjugó sus lágrimas con torpeza y un ruido a su espalda lo sobresaltó, haciéndolo levantarse. Su cuidador había subido hasta el techo con una gran escalera y lo miraba con tristeza. No era común que llorasen aquellas criaturas.

-Birthmark –balbuceó el pequeño boháiride-, ¿qué haces…? ¿Oíste mi nombre? –Preguntó horrorizado.
-No, Reaea-neb, no oí nada –lo tranquilizó. El humano entendía, había sido adiestrado bien y respetaba aquella idea, aunque pocas cosas le resultaban tan absurdas-. Astridae-hemef me ordenó llevarlo a dormir, es tarde ya –dijo con su voz grave. No tenía autoridad, pero con el niño a su cargo, sabía hacerse respetar-. ¿Y Nesu-neb?
-Rezando –respondió acercándose al hombre con una sonrisa burlona. El hombre afirmó, aunque su rostro no expresaba seguridad, no había entendido por qué se había reído su señor tan de pronto.
-Es grande ya para tener un niñero, ¿verdad? –Bromeó. Reaea afirmó y saltó a su espalda, sentándose en sus hombros. El hombre comenzó a bajar, pero antes de llegar al piso, el boháiride saltó y corrió por la calle oscura.
-¡Nesu! –Exclamó deteniéndose frente a él, quien le sonrió; pero el resto de su expresión estaba lejos de manifestar cualquier vida-. ¿Estás herido? –Preguntó el pequeño al verlo arrastrando las alas por el piso. Disantaea negó, puso más esfuerzo en la sonrisa y le acarició la cabeza sin desarmar sus alas.
-Tal vez aquí los dioses sean sordos –exclamó alzando un hombro en señal de alegre indiferencia. Sus ojos, por un momento, volvían a mostrarlo a él.

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Saludos a todos nuevamente, espero hayan disfrutado la primer parte de este breve cuento. Tengo planeadas dos más, siguiendo siempre a Disantaea, las cuales espero poder hacer y publicar pronto.

Tal vez les llame la atención que siempre haya un rey o príncipe en mis escritos (Disantaea es rey), la verdad es que no es que los haya siempre, sino que coincide que lo que he estado escribiendo son hitos en la historia de este mundo que he creado (Errantia), buscando darle más profundidad. Es difícil crear una historia en un mundo ficticio si el mismo está lleno de entes sin rostro ni cultura; fue por eso que decidí ponerle un alto a mi libro para crear este tipo de cosas, y la verdad es que estoy realmente feliz con los resultados que esto está dándome.

Los eventos narrados aquí ocurren ocho mil años antes de la novela en la que estoy trabajando actualmente (Revolución Reign) y seis mil años antes del nacimiento de los príncipes Isaac e Instinto (del escrito anterior).

Siéntanse libres de dejarme sus comentarios, críticas o correcciones. Recibo todo con gran alegría.

~Ancient

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Notas:

1. Disantaea y Reaea (y Astridae) son una especie de arpía llamada quibti (los humanos, posteriormente, la reconocerán como los “lord arpía”). Su sub-raza es la boháiride, mientras que aquellos que viven en la Tierra Hogar son sahídires. No tienen diferencias biológicas, sólo de lugar de nacimiento; pero la sangre de algunos boháirides está mezclada con la de humanos o elfos por la fusión cultural a la que tuvieron que someterse por no tener un territorio propio. Aquí, Reaea es mestizo y Disantaea es un pura sangre (los nobles de mayor rango siempre son pura sangre).

2. En el idioma de estas criaturas, agregar “-neb” tras un nombre indica que tienes conocimiento que la persona a quien le hablas es superior a ti en rango; en algunos casos, un ligero cambio en la entonación puede además indicar un gran cariño por dicha persona. De forma similar, “-hemef” se utiliza para quien ha tenido algún cargo jerárquico elevado (rey, reina, duque o duquesa; también a veces utilizado en ancianos) pero no ostenta el poder en la actualidad por haberlo pasado en herencia. “Nesu” significa “rey” y se utiliza en reemplazo al nombre, sin artículo y con mayúscula.

3. Reaea se horroriza al ser descubierto por Birthmark porque, para los boháirides, tu verdadero nombre es algo que sólo compartes con los dioses. Los nombres que utilizan entre ellos son todos apodos (aún el de Birthmark, ya que Reaea se niega a llamarlo por su verdadero nombre –Behave-). El nombre de Reaea es Raeia, y Disantaea se llama Disantea.

4. Reaea, luego de eso, ríe al oír “Nesu-neb” porque es una falla gramatical y queda redundante. Sería equivalente a decir “milord-señor”. El idioma de estas criaturas es complicado y tiene muchas palabras sumamente situacionales o que cambian abruptamente de significado según la entonación, lo que ha hecho que Birthmark no lo hable bien.

5. Para los entendidos, Reaea llama “gran Fayenza” al Holder de Abyss.

6. Amaría saber que alguien se ha sorprendido por la complejidad y el desarrollo de esta raza, para luego contarles que la armé en dos días (separados por un par de semanas, pero sólo dos días fueron empleados en el desarrollo de esta intrincada cultura y este cuento). Quiero agradecer a Fede (Reutemann) por la gran ayuda que me dio armando esto; sin aquellas tantas noches de desvelo frente al mapa de Errantia, poco de esto sería posible.

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One thought on “Plegarias (primera parte)

  1. Me encanta que sea tan descriptivo, para ayudarnos a entrar a este mundo tan hermoso! Igualmente fue muy corto para poder entender bien lo que estaba pasando, al menos me paso a mi que no conocía nada de la historia!! Espero los siguientes capítulos!!!!!!!!!

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